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Caracas / Venezuela -
 


¿Estamos ante otra revolución energética?
Alberto Méndez Arocha* / Soberania.org - 31/03/06


Normalmente se aceptan cuatro revoluciones energéticas básicas en la historia de la humanidad:

  • El control del fuego; la producción de la candela voluntariamente, como calefacción, cocción; años inmemoriales.


  • La época de producción de los “convertidores biológicos” (las plantas y los animales); o sea el descubrimiento de la agricultura y la domesticación de los animales. Se acabaron los recolectores y en lo sucesivo se podían producir las frutas y las vacas a voluntad. Cerca de 8.000 a.c., lo que implicó un alza en la fabricación y  el consumo de la energía. Básicamente como alimentos.


  • La “revolución industrial” – asociada al uso del carbón (en lugar de leña) y la máquina de vapor, digamos mediados del siglo XIX.


  • La entrada del petróleo y otros hidrocarburos asociados al motor de combustión interna (incluidas las turbinas de gas).

Notemos que antes del carbón fueron muchos los bosques que rindieron su vida a favor del calentamiento de la humanidad, incluso el cerro del Ávila en Caracas, cuyos matorrales antes circundaban la ciudad, para no hablar del bosque de Sherwood, el de Robin Hood, ni de los bosques europeos citados en la época del César.

La sustitución de la leña todavía se está llevando a cabo en muchas zonas rurales del Tercer Mundo, y podría decirse que gracias al carbón se evitó la finalización fatal de muchas reservas forestales. En cambio, la irrupción del petróleo aconteció cuando todavía quedaba (y quedan) amplias reservas del carbón, fue más bien un acontecimiento tecnológico (la máquina de combustión interna), lo que aceleró la entrada de los nuevos hidrocarburos a principios del siglo XX. La lámina a continuación (Fig. 1), registra las etapas en secuencia de sustitución entre recursos energéticos y sus niveles de dominancia (f = fracción del mercado-oferta mundial de energías).

Fig. 1


Para el avezado lector que esté rumiando en este momento qué vino primero: si el vapor o el carbón, el motor o la gasolina, recordamos la opinión del sabio Georgescu-Roegen (1976, p. 18):


“La historia económica confirma un hecho más bien elemental –el hecho que los grandes hitos del desarrollo tecnológico han sido generalmente afectados por un descubrimiento de cómo usar una nueva forma de energía accesible. De otra parte, un gran hito en el progreso tecnológico no puede materializarse a menos que la innovación correspondiente sea seguida por una gran expansión mineralógica..”

Evidentemente, la crisis de precios de fines del siglo XX y comienzos del XXI –un alza desmesurada nunca antes vista— está ahora  indirectamente asociada con la disponibilidad del recurso, en cuanto  el nivel de descubrimientos no ha mantenido la tendencia requerida por los niveles crecientes de consumo, y esta eventual escasez se refleja en las condiciones del mercado. Ver Fig. 2.

No podría vincularse esta  con el tipo de alza del 73 que se podría explicarse a su vez directamente como un reajuste en la remuneración de los factores participantes (especialmente la mayor participación de los países productores exportadores). La de ahora sería una “crisis estructural” producto de las nuevas condiciones del mercado. Cada vez es más difícil y más costosa la producción de crudos. Hay aquí algo de marginalismo, como teoría económica.

Fig. 2 – Descubrimientos y producción de petróleo [Fuente: AEREN, “Los retos energéticos del siglo XXI]


En estas condiciones habría que aceptar que estamos ante una nueva “revolución energética” –no directamente por agotamiento inmediato— sino en cuanto el sistema de precios, que mide justamente la apreciación del producto por el mercado, lo que  ha determinado que debe seguirse consumiendo bajo otra perspectiva, que seguramente redundará en una mayor eficiencia en el consumo, una reducción del despilfarro y la intensidad energética (BEP/PIB) y la introducción de nuevas energías sustitutivas; probablemente el regreso del carbón y de esa energía “diabólica”, la nuclear, cuyos desechos radiactivos todavía serán un detestable “regalo” para las próximas generaciones.

Estamos llamando así revolución energética cualquier variación abrupta o disrupción  en los patrones tradicionales de consumo y precios de los energéticos. Las variaciones iniciadas en 1973 serían parte de los ajustes del reacomodo de la remuneración de los factores de producción más que la “revolución del 2005”, un anuncio de escasez. En vista de la dificultad para modificar los patrones de consumo (asociados al nivel de bienestar en los países emergentes) es probable que los primeros ajustes vengan por el lado de la estructura de la oferta, con nuevas y viejas energías.








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