Rafael De León, Discurso de Incorporación a la Academia
Soberania.org - 06/04/06
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RECEPCIÓN ACADÉMICA
DISCURSO DE INCORPORACIÓN DEL
DOCTOR RAFAEL DE LEÓN ALVAREZ
Señor Doctor Arturo Luis Berti, Presidente y demás miembros de la
Junta Directiva de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y
Naturales.
Señores Académicos
Invitados Especiales
Doctor Armando Vegas Sánchez y Señora y demás Familiares del
Doctor Luis Felipe Vegas
Señoras y Señores
Esta docta corporación, cuyo seno acoge los más altos exponentes de la cultura científica nacional, en las distintas especialidades que la integran, al hacerme recipiendario del honor de incorporarme en este acto, en la capacidad de individuo de número, con lo que me encumbra a una de las posiciones más altas de la estimación nacional, empeña mi más profundo agradecimiento, y compromete formalmente mi propósito de servirla en el cumplimiento de los fines, tareas y competencias que le atribuye su ordenamiento legal, dirigidas al fomento y promoción del conocimiento científico que debe guiar el engrandecimiento nacional.
La honrosa distinción comporta en mi caso tanto mayor responsabilidad, cuanto que me ha correspondido ocupar el sillón número XX, vacante hasta ahora por el sensible fallecimiento del Doctor Luis Felipe Vegas Sánchez, uno de los más brillantes y destacados ingenieros de la presente centuria. Su personalidad egregia descuella por sus limpias ejecutorias, por la fecundidad de su labor profesional como ingeniero geodesta, y por el mérito de su labor como investigador científico en el campo de la física experimental.
Es propicia la ocasión para hacer un recuento de los resultados y éxitos que logró alcanzar durante su vida, con el deseo de que los mismos puedan servir de inspiración para quienes pretendan o tengan oportunidad de orientar responsablemente el futuro de nuestro país, rescatándolo, en buena parte, de la postración a que le ha conducido el desapego a las normas de ética y conducta social que distinguieron las actuaciones del Doctor Vegas.
El Doctor Vegas nació en esta ciudad de Caracas, en diciembre de 1903, o sea, a principios de este siglo, y falleció el año de 1989, a los ochenta y cinco años cumplidos; su vida se extendió en uno de los períodos más críticos y decisivos del acontecer de Venezuela y del mundo en general, cuyas implicaciones se dejaron sentir sensiblemente, tanto en el adelanto científico, como en el consecuente progreso material y el desenvolvimiento acelerado, no siempre de signo positivo, de los valores éticos, sociales y económicos, que ha provocado a veces conflictos, convulsiones y cambios profundos en las sociedades de todo el mundo.
Vástago de una distinguida familia de raigambre caraqueña y destacada figuración social, cultural y patriótica, tuvo la fortuna de ser guiado desde su edad más temprana por los sanos principios de la educación hogareña, bajo la experta y solícita dedicación de su padre, el Doctor Luis Vegas Sanabria, algunos de los cuales consigna reverentemente el Doctor Vegas en un apunte autobiográfico:
Trató mi padre de educamos de modo que nos desempeñáramos lo mejor posible cualquiera que fuese el ambiente o las circunstancias que nos rodeasen"..."Siempre Insistió en que nunca dejásemos de estar en contacto directo con la dura realidad"; ..."Le angustiaba que sus hijos fueran a actuaran la vida con ideas falsas, desvarios o quimeras, odiaba la mentira y despreciaba a los mentirosos". "Ambos nos Inculcaron la honradez, la responsabilidad y el cumplimiento del deber". "Mis padres procuraban endurecernos para que no perdiéramos el ánimo ante las circunstancias adversas de la vida".
Abroquelado su carácter con tales preceptos y prudentes consejos, no es de sorprender que en sus años jóvenes, ya estudiante de Ingeniería, se sintiera llamado a comprometerse en defensa de los valores cívicos de la patria, que venían siendo conculcados desde hacía ya largos años por los sucesivos gobiernos nacionales, de la más genuina extracción castrense. Fue en el año de 1928, cuando concurrió, junto con sus otros hermanos, a participar en la revuelta estudiantil, que protestaba contra los abusos de la tiranía gomecista, entonces en el ápice de su régimen opresivo y autocrático. Los primeros amotinados en el mes de abril, fracasaron en su intento de provocar una sublevación
cuartelaria y fueron fácilmente dispersados frente la muralla del San Carlos; en dicha ocasión, pudieron los hermanos Vegas escapar ilesos; pero en el siguiente mes de octubre, por haber firmado un manifiesto de protesta colectivo, fue apresado y enviado con un grupo de disidentes a la colonia penal llamada Bolívar, próxima al pueblo de Araira; de allí fue transferido, junto con otros compañeros de universidad, para efectuar trabajos forzados, en la construcción del tristemente célebre tramo carretero de Palenque. Fue puesto en libertad un año más tarde, después de haber sido tratado con todo el rigor reservado entonces para los presos políticos.
Transcurrido el dramático episodio estudiantil, que hoy la historia nacional recuerda con legítimo orgullo, reingresó a la universidad para recibir, en el año de 1930 y en este mismo paraninfo, el título de Doctor en Ciencias Físicas y Matemáticas, que, como tal, legalmente lo facultaba para ejercer la profesión de Ingeniero Civil.
Respecto a los sucesos del año 28 mencionados, caber lucubrar que si bien no tuvieron consecuencias inmediatas, ya que el General Gómez se sostuvo inconmovible en el poder hasta su muerte, acaecida en diciembre de 1935, la gesta estudiantil tuvo una muy alta significación, valedera en todas las épocas posteriores; fue, en realidad, la alborada de una nueva era de esperanza en la reconstrucción política del país, y no fue vana en su momento, pues vino en rescate del decoro y de la dignidad nacional, hasta entonces preterida y humillada.
La motivación de la juventud, inconforme con los gobiernos de fuerza, pareció, consistir en una mezcla de idealismo, patriotismo y ambición; así lo fue seguramente, pero para muchos de ellos sólo perduró ésta última. Luis Felipe Vegas, sus hermanos y otros que el país bien conoce, supieron mantener su integridad y se conservaron fieles a los principios que entonces dieron prestigio y lustre a la grey estudiantil.
A poco de graduado, fue nombrado Vegas, Ingeniero Auxiliar de la "Comisión demarcadora de los límites con el Brasil", bajo la dirección del doctor Francisco J. Duarte. Seguramente, para el desempeño de este cargo, le aprovecharon las prácticas de topografía y geodesia que con las limitaciones del caso, podía a veces ofrecer en el observatorio Cagigal del Calvario, el Doctor Luis Ugueto Pérez, profesor de dichas asignaturas, aprovechando su condición dual de Profesor y de Director de dicho Instituto astronómico.
Durante el desempeño de su cargo, tuvo el Doctor Vegas la buena fortuna de conocer en el Brasil a la señorita Georgina Cordeiro, con la que contrajo matrimonio el 17 de marzo de 1932, constituyendo desde entonces, hasta el fin de sus días, una ejemplar unión familiar. Por retiro del Doctor Duarte, que debió ausentarse fuera del país, fue promovido a desempeñar la jefatura de la Comisión Demarcadora con la asistencia de su hermano Armando que había sido nombrado como su sustituto para el cargo anterior. Los Ingenieros Vegas actuaron con encomiable diligencia y celo profesional en el desempeño de su delicada misión. Como resultado de su trabajo, para la fijación de la línea fronteriza al Sur de nuestro territorio, quedaron, instalados además del primer poste trifinio, colocado en el extremo oriental, al borde la de la Guayana Inglesa (hoy Guyana), ocho postes limítrofes adicionales, debidamente localizados por sus coordenadas geográficas, a lo largo del primer tramo de arranque de la frontera brasileña.
Eventualmente, ante las dificultades naturales que implicaba la ejecución de la mensura por un sector inhóspito y abrupto, que se adentraba cada vez más por un territorio selvático de difícil travesía, propuso al gobierno que se pospusiera el trabajo de demarcación, hasta contar con las facilidades que brinda el método aerocartográfico, inexistentes en el país para entonces. Aceptada su recomendación, los trabajos fueron suspendidos hasta 1939.
Desde 1936, el Doctor Vegas estuvo encargado de dirigir la División de Geodesia del Ministerio de Obras Públicas, precisamente adscrito a la recién fundada Dirección de Cartografía Nacional, donde se llevaban a cabo los primeros ensayos de aerofotogrametría. Por su brillante desempeño, tanto administrativo como técnico, en dicha División, se considera con justicia al Doctor Vegas como el fundador e impulsor de los estudios de Geodesia, vinculados a la Cartografía.
Los resultados de su tesonera labor pueden apreciarse al considerar que a su ingreso apenas se habían cubierto unos 10.000 Km2 de territorio, que se extendían al Distrito Federal y sus alrededores; en cambio que para 1959, ya podía disponerse de 10 bases de 1er. orden, 12 estaciones astronómicas, 840 postes básicos de nivelación y 132 figuras de triangulación de 1er. orden y otras 152 en reconocimiento; el conjunto ya cubría 500.000 Km2, o sea la mitad del territorio nacional. A tal efecto, se habían incorporado los estudios y prácticas correspondientes del sistema geodésico, y se contaba para la fecha con suficiente personal idóneo, que había sido oportunamente enviado al exterior a proseguir cursos e instrucción especial, sobre las distintas especialidades del ramo.
En el año de 1952 fue transferido a la Dirección de Obras Hidráulicas del Ministerio de Obras Públicas, donde de inmediato procedió a incrementar la instalación de estaciones hidráulicas, fluviométricas y meteorológicas. Una vez acopiada toda la información disponible a partir de 1940, el año de 1954, dirigió la publicación del voluminoso registro, haciendo así accesible esta valiosa información a todos los interesados.
El 25 de octubre de 1961 tuve la satisfacción de imponerle, a nombre del Gobierno Nacional, del cual para entonces formaba parte, en reconocimiento de sus valiosos servicios prestados a la República, la insignia de la Orden del Libertador en el grado de Oficial con ocasión de la celebración de los 25 años de la instalación del servicio de Cartografía Nacional en el Ministerio de Obras Públicas.
El 1° de enero de 1965, le correspondió el retiro del Ministerio por jubilación.
Hasta ahora me he referido a lo que podría ser considerado apenas como un bosquejo de su actuación pública, pero, por otra parte, su extremada laboriosidad, aunada a su curiosidad intelectual, lo condujo a ocuparse, por cuenta e iniciativa propias, en el estudio de temas especializados de las ciencias físicas, mostrando especial predilección por determinadas investigaciones dirigidas a orientar la clasificación de diversos cuerpos y substancias, en base a parámetros relativos a ciertas propiedades físicas de posible identificación. Así, en 1936, como resultado de estas primeras investigaciones, publicó un "Estudio sobre la relaciones entre el poder inductor específico, el índice de refracción de la luz y la densidad". De sus variadas y minuciosas correlaciones deduce la siguientes propiedades:
1) Entre el poder inductor específico de una substancia y la densidad, existe una relación constante.
2) Entre la enésima potencia del índice de refracción de una substancia y su densidad, también existe una relación constante.
3) Entre el poder inductor específico de una substancia y la enésima potencia de su índice de refracción, existe una notable igualdad.
El eminente físico francés Louis de Broglie (Nobel 1929), consultado sobre dicho trabajo, formuló la siguiente observación:
"Las relaciones que usted señala... son curiosas ...es interesante haberlas señalado".
Quizás, en parte estimulado por esta observación, en 1944 publicó como un complemento del anterior "La armonía de las substancias vitales... "en la cual, clasificó varios grupos de acuerdo con dichas relaciones, y en 1946, como segunda parte: "La finalidad biológica de las substancias y sus agrupaciones ópticas", en la cual concluye: "Las substancias que tienen una finalidad biológica similar, ya sea estructural o funcional, o ambas a la vez, son en general del mismo grupo".
En el año de 1960, su trabajo de incorporación a esta academia se tituló: "Las masículas y la incorporación de los quanta de luz"; en dicho trabajo trata de explicar, por medio de una ley general, las relaciones citadas anteriormente, entre el índice de refracción y las densidades. Allí se extiende el estudio de las mismas relaciones a varios cuerpos simples y encuentra nuevos grupos que corresponden a las divisiones de Mendeleiev.
Del concepto de un cubo de materia de un lado igual a la longitud de onda de la luz refractada, que denomina "Masícula", establece una ecuación general que le permite demostrar que las relaciones por él encontradas, son el parámetro de una función general.
Sobre este estudio comentó el académico, Doctor Alberto E. Olivares al acompañarlo en el propio acto de su incorporación a esta Academia en el año de 1960:
"Es interesante ver cómo, partiendo de otro punto de vista, la del choque de los fotones con los cuerpos, establece una fórmula que le permite dividir también las substancias en grupos". "Con un rayo de luz, el Doctor Vegas ha iluminado el mundo ultra pequeño de la composición de los cuerpos, y el rayo se comporta como si atravesase retículas semejantemente dispuestas; para muchos de ellos, hay moléculas pequeñas como las del agua, formadas por pocos átomos, y grandes moléculas como en las albúminas, que se comportan de un modo similar, que parecen indicar que las retículas atómicas que las forman, deben tener disposiciones semejantes". Las relaciones encontradas pueden ofrecer un nuevo medio para el estudio de esos problemas".
La Sociedad Alemana de Física Técnica, en cooperación con la Sociedad de Física, del mismo país, refiriéndose al primer trabajo del Doctor Vegas observó en 1938: "La constante dieléctrica es proporcional a la potencia del índice de refracción, lo que para el caso de N=2, da la conocida relación de Maxwell".
Todo ello indica que las atinadas deducciones del Doctor Vegas, aún constituyendo una senda al parecer extremadamente intrincada, y
laboriosa para una completa clasificación de cuerpos y substancias tan heterogéneas en su composición, podrían quizás encaminar hacia una investigación de ciertos grupos definidos, como parece sugerirlo la observación del doctor De Broglie.
Otros trabajos del Doctor Vegas, que sería prolijo analizar con detalle, se refieren a:
"La transformación atómica de la energía eléctrica en calorífica (abril 1962), donde determina que: "La potencia eléctrica es inversamente proporcional al volúmen atómico, si dicha potencia es capaz de producir, en los volúmenes unidad de los diversos elementos y en un tiempo igual, una elevación de temperatura de igual número de grados", y así establece una nueva ley: "El producto de la capacidad electrocalorífica por el volumen del átomo-gramo, es también para los elementos sólidos, sensiblemente constante". Los resultados se expresan en un nutrido cuadro al que se llega luego de conjugar los asertos de la Ley de Dulong y Petit sobre la constancia de la capacidad calorífica de los sólidos y el cálculo del calor que desprende un conducto atravesado por la corriente eléctrica, según la Ley de Joule y tomando en cuenta el número de moléculas contenidas en la molécula-gramo según la fórmula de Avogadro".
Como extensión de la anterior, disertó en marzo de 1967, sobre: "La Transformación atómica de la energía eléctrica en la calórica en las aleaciones".
En 1971 opinó sobre: "Las fuerzas desconocidas de la materia y la energía cinética del fotón".
En un trabajo paralelo: "El impacto de los quanta de luz", señala la relación "Entre la pérdida de velocidad que sufre la luz al pasar del vacío al interior de un cuerpo y su densidad, existe una relación que tiene un valor constante para un número indeterminado de substancias; o expresado de otro modo: para un grupo de estas substancias"; refiriendo su análisis a los cuadros que acompaña.
En 1974: "Posible origen de los rayos cósmicos".
En 1976: "Reacciones mecánicas que se producen a velocidades superiores a las de la propagación de la luz".
En 1976: "La velocidad de la luz como factor determinante de la transformación de la materia en radiación".
Estos casos se presentan como resultado de un balance energético que incluye, tanto el dinamismo de la radiación, como el equivalente energético de la materia corpuscular. En todo caso, sugiere una confirmación de las extraordinarias afirmaciones de Max Born (Nobel de Física 1954), sobre la velocidad de la luz, que contrasta con la limitación de su valor propuesto por Einstein.
Aparte del valor intrínseco que involucran estos trabajos, por su especial interés y alto grado de especialización científica, tienen el mérito adicional de haber podido realizar toda la fase experimental en su modesto laboratorio particular e íntegramente a sus expensas. Este extraordinario esfuerzo, que realizó en tales condiciones, sólo impulsado por su irrefrenable vocación y guiado por su superior intelecto, puede que no se debiera únicamente al prudente deseo de aislarse del mundanal ruido, sino también a la imposibilidad de haberlos podido efectuar en la única universidad que existía para la época. Recordemos que el Doctor Vegas manifiesta en su escrito, que su interés por la física comenzó a despertarse en 1934 y que su primer trabajo data de 1936. Para entonces, ni siquiera se enseñaba la física media como asignatura en la Universidad Central de Venezuela (a la que nos referimos como la Universidad, por antonomasia, por ser la única existente para la época). Para dictar los limitados cursos de aplicaciones prácticas, referidos a la Ingeniería Civil, que respaldaban el flamante título de Doctor de Ciencias Físicas y Matemáticas, no se contaba con ninguna biblioteca, laboratorio, cuerpo de profesores con dedicación integral a la docencia, ni investigadores profesionales. No había comunicación oficial con otros institutos, universidades y escuelas técnicas del exterior; sólo se contaba con la buena voluntad del profesorado, con algunos inveterados libros a fuer de buenos textos, para la parte propedéutica, en su francés original, mientras que la práctica se reducía a las lecciones de topografía y la resolución de algunos proyectos sencillos, aplicando un manual de Ingeniería, traducido del alemán. Las sucesivas promociones se titulaban normalmente después de cuatro años de estudio, cada dos años cuando ya poseían un mínimo de conocimientos básicos indispensables para poder iniciarse en la profesión.
Puede afirmarse que durante todo el período que comprendió el gomecismo, la universidad se mantuvo pobre y preterida, ante la indiferencia, incomprensión e incluso la suspicacia de un gobierno que, pese a pregonar como uno de sus logros, un famoso plan de carreteras, entre las que destacaba la carretera trasandina, encargaba de dirigir los trabajos a los prácticos llamados "Coroneles de Carretera", duchos en el manejo de peones agrícolas, reclutas y presidiarios.
Las deficiencias que acusaban los recién graduados, fueron superadas por el interés profesional y por las necesidades de la práctica y para los más afortunados, los estudios de postgrado en el exterior, porque para entonces sobraba buena voluntad para la acción, una alta moral profesional y una verdadera mística del deber para con la patria, acendrada por los sucesos del 28; en otras palabras, se poseía la fortaleza espiritual necesaria para afrontar la contienda por la vida, capaz de asegurar el éxito profesional. Correspondía esta actitud al consejo: "Cualquiera que fuesen las circunstancias que nos rodeasen debíamos desempeñarnos de la mejor manera posible". -Ciertamente, no puede el navegante perder el rumbo, si aprende a orientar su barco al paso de las estrellas.
Infortunadamente no podía favorecer aún la circunstancia universitaria a pesar de que el exaltado y depurado idealismo, referido a la lucha antigomecista, había florecido el año 28 en el claustro universitario. La propia institución, todavía años después, quedaba al margen de los planes de superación académica. La antítesis de la historia, representada por la política partidista, había decidido hacer de la universidad campo de entrenamiento de la masa inexperta y fogosa del estudiantado, capitalizando un prestigio sólo acreditado por sus pasadas actuaciones. El pensamiento político resultaba entonces confuso; las ideologías a las que se adscribían las facciones estudiantiles mayoritarias y que se portaban, como prendidas desde fuera con alfileres, se referían a un socialismo-libertario difícil de discernir; una buena parte, sin embargo, la más radical e intransigente, nutría su pensamiento con literatura extranjera sobre el bolchevismo, en traducciones hechas en mayoría por editoriales mejicanas, siendo a la vez acuciados por la moda izquierdizante de muchos intelectuales y artistas de la misma época, que en todo el continente parecían ser tan susceptibles al contagio del morbo stalinista, como lo fueron para el bacilo de la tisis, sus homónimos del siglo anterior. En todo caso, la praxis degeneró en rivalidades personales y directas, cuyos objetivos, para desacreditaral contrario, no podían ser nunca sinceros: cada facción fingía ignorar, como cuestión dogmática, los aspectos positivos que pudieran ofrecer sus rivales y cada uno acusaba a los otros de inconsistencia y falsía; en tales condiciones, quedaba establecida la legitimidad de la mentira como arma política y el desorden entronizado como un mal endémico.
La organización de estudios de ingeniería y ciencias, fue acometida en el decenio de los años cuarenta, proponiéndose alcanzar la autonomía docente y administrativa. Se constituyó entonces la Facultad de Ciencias Matemáticas y Naturales, que englobaba las Escuelas de ingeniería, de Arquitectura y de Ciencias, esta última de reciente creación; se proyectaron edificios y laboratorios con la participación del profesorado, de los cuales un buen número quedaba comprometido a trabajar con exclusiva de dedicación.
Pero todavía había de pasar algún tiempo antes de que se pudiera intentar llevar a cabo una investigación experimental comparable a la que pudo realizar el Doctor Vegas en su modesto laboratorio privado. Es preciso reconocer a este punto, que parecía haberse olvidado por parte de ciertos sectores influyentes, que a los efectos de la reforma, son los profesores y no los estudiantes, quienes constituyen el cuerpo permanente y esencial de la universidad; a ellos corresponde legítimamente su dirección y representación. Los maestros son los depositarios de la ciencia y del saber que se imparte y así es también a ellos a quienes se refieren principalmente los logros y ventajas implicadas en la autonomía, en garantía de su idoneidad y estabilidad y encarnan el prestigio de la universidad, de sus escuelas, institutos y cátedras dentro y fuera del país, como resultado de su habilidad o capacidad docente o de su producción científica. Quizás la Academia, de acuerdo con la responsabilidad que le atribuyen los dos primeros numerales del Artículo 4° de su Ley, debería estar informada sobre las nóminas, calificaciones y credenciales del profesorado en las ciencias físicas, matemáticas y naturales, que actúa en todo el país.
Dado el fomento de los estudios en Venezuela y el crecido número de instituciones dedicadas a la enseñanza superior y a la investigación, sobrevenido en estos últimos decenios, la situación actual debe ser mucho mas equilibrada que la que prevalecía para la época productiva del Doctor Vegas, a la cual hago referencia, recordando a un tiempo, muy de pasada, algunas de las causas que entonces, ocasionaron el alejamiento de un número considerable de profesores y especialistas de marcada excelencia y extraordinaria vocación docente con menoscabo de la pronta y necesaria nivelación de los estudios superiores. Las circunstancias adversas, supeditadas a los sucesos de la política local, los forzaron a dedicarse a otras ocupaciones más estables o productivas que la docencia o a gestionar una posición en un nicho más cómodo y visible, a la vez que más sólido y respetable en universidades del
exterior.
Es que la vocación de un genuino investigador, por principio, ha de estar reñida con la inestabilidad y sobre todo con la falsedad. El que busca sinceramente la verdad hace de ello un culto y a veces con la obsesión del fanático. Después de todo, en la admiración por la
naturaleza y en el intento de explicar sus fenómenos incomprendidos, estuvo siempre el gérmen de las antiguas religiones. El estudio de la ciencia natural se equipara, en cierta medida a un credo religioso y el investigador a un devoto con mejores augurios que los de la sibila o del arúspice.
La composición, congruencia, inmutabilidad e interrelación de las leyes naturales implican ciertamente una racionalidad y omnipotencia infinitamente sobrehumanas.
El investigador, por su parte, confía en que las leyes naturales son asequibles al uso de su razón, porque el hombre forma parte de la naturaleza y su razón, por lo mismo, ha de estar a tono con la armonía cósmica. Después de todo, se ha afirmado que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios; y para no halagar la idea panteísta cabe manifestarlo, si se quiere, de un modo más rotundo con la ortodoxia del Santo de Aquino, que aquí me respalda: "En ese campo, la razón tiene derecho a gobernar como representante de Dios en el hombre".
No puede pues extrañar que para el científico la verdad y la realidad sean absolutas; bien entendido, porque a primera vista pudiera parecer relativa, bien por estar referida al hombre que cree poseerla, o atenido al modo de ver las cosas en las diferentes épocas. Tampoco es de esperar que toda nueva teoría contenga toda la verdad y nada más que la verdad, que todas las anteriores son falsas y que por lo tanto el pasado de las ciencias queda reducido a las cenizas de un arsenal de errores, nada de eso, es sólo que la naturaleza gusta de esconder su secreto, como ya lo advirtió Heráclito, 500 A.D., y el tratar de alcanzarlo es precisamente el placer del científico, excursionista en pos de la verdad; cada paso adelante resulta más esforzado que el anterior, pero en el camino selectivo recoge leyes, que son las flores que mantienen vivo su interés, como en el caso del Doctor Vegas, y las que deben poder interpretarse y encuadrarse en una concepción más general, en un ramillete, como parece expresarlo la indicación de Broglie que antes mencionamos.
Siendo el proceso de la investigación iterativo, o allegado por aproximaciones sucesivas, como diríamos los ingenieros, los pasos se toman un tiempo dispar que en ocasiones parece medidos en una escala exponencial. Si durante cerca de 2.000 años pudo perdurar la canonización de la lógica y de buena parte del mundo físico de Aristóteles; la ciencia experimental que vino a su encuentro, fue iniciada por Galileo al finalizar el siglo XVI, llegando a constituirse con Newton sólo un siglo más tarde. En esta sólida base pudo desarrollarse el árbol de la ciencia en toda sus ramas durante el siglo XVIII, y sus resultados prácticos concurren en el siglo XIX a crear la llamada Revolución Industrial. En esta centuria, a la que referimos el ciclo vital del Doctor Vegas y de todos los presentes, la era industrial se nos abalanza incontenible y vuelca sobre nuestras cabezas la rebosante cornucopia de sus más variadas y asombrosas invenciones y producciones. Ello conforma en gran medida una circunstancia compleja y dinámica, la que como afirma Ortega, nos envuelve, y a la que, quieras que no, hemos tenido que plegarnos, porque no hay escapatoria posible -hemos hecho con ella de nuestra vida, esa continua conciliación entre nuestra deseada estabilidad y su constante mutación. Así la describe metafóricamente Melville en su conocida novela: "La estructura de ciertos acontecimientos fijos es la trama sobre la cual la lanzadera del libre albedrío teje los hilos de distintos colores y espesores que crean la tela de la vida".
Es digno de reflexión el sólo recuento de algunos de los logros y realizaciones que contribuyeron a conformar el acontecer de hogaño y dieron lugar a los sucesos y vicisitudes de nuestra agitada existencia. Así lo fueron la aparición, la introducción o el tránsito del coche automóvil, el aeroplano, la radiotelefonía, la televisión, las computadoras, el sumergible atómico, el avión supersónico y el helicóptero, la filmadora instantánea, el eco-sonido, el radar, el láser; la intromisión de la electrónica en toda clase de instrumentos, maquinarias e implementos de uso diario y tantas otras maravillas de la técnica y la ciencia. Las excursiones a la luna, la relatividad de Einstein, los quanta de Planck, la estructura del átomo y otros portentos que resultaría prolijo enumerar. Las dos guerras más mecanizadas y devastadoras que conoce la humanidad, también en nuestro siglo, nos dejan, en el legado de las bombas atómicas, la moderna versión apocalíptica.
Hasta el fin del siglo pasado el mundo era infinito en el espacio y en el tiempo y por su misma infinitud quedaba convertido en símbolo de la divinidad, pero se ha llegado hasta el extremo en que, para el tiempo y el espacio, convertidos en objeto de experiencia, quedaba perdido su contenido simbólico. El tiempo renuncia ahora a su perfecta continuidad y sincronismo universal, y la razón nos impone un espacio curvo, más que surrealista, que desafía la imaginación.
Vale la pena transcribir al respecto la autorizada y más general opinión de Oppenheimer sobre el palpitante tema:
"Para las ciencias naturales, éstas son, han sido y continuarán siendo días heroicos. Los descubrimientos suceden a los descubrimientos y cada uno abre una
nueva cuestión o concluye una nueva búsqueda, ofreciendo nuevos instrumentos para conducir a otra. Hay fundamentales vértigos de pensamiento que son insólitos para el sentido común, alejados decenios o siglos por experiencias cada vez más especializadas y extrañas".
"Los descubrimientos del saber producen tecnologías y artes prácticas y éstas, a su vez, ofrecen posibilidades de observación y experimento. La especialización de la ciencia acompaña inevitablemente al progreso, a pesar de que es cruelmente dispersiva porque la mayor parte del mundo no está en posición de participar en tantos descubrimientos iluminadores".
Ciertamente, nos estamos adentrando en un mundo nuevo, en el que la unidad del saber, el orden de las ideas y hasta las nociones de sociedad y cultura han dado un fuerte cambio y no podrán ser lo que antes fueron.
Estamos presenciando una revolución radical. Más que nunca debemos reconocer y tratar de elevar la fuerza de nuestros valores espirituales, morales y científicos, para saber conducirnos con propiedad en el mundo de hoy, y prepararnos para el compacto y complejo del mañana que avizoramos. Parece, en fin, que varios siglos hubieran sido condensados en esta centuria, y el peso que gravita sobre los estudiosos, los profesionales de las ciencias y los ingenieros, los ha apremiado como nunca antes, a hacer un esfuerzo extraordinario para poder adaptarse a la dinámica situación y para confrontar con éxito la arrolladora embestida tecnocientífica.
En estas circunstancias no hay duda de que la responsabilidad de la Academia es fundamental y que la atribución que se le asigna (Art. 4°) de: "Esforzarse por el desarrollo de las ciencias", supone la realización de una ímproba labor, para estar a la altura de los tiempos.
Como es de rigor, en esta acto me permitiré hacer un esbozo de los alcances y objeto del trabajo que he presentando a la consideración del Cuerpo, como uno de los requisitos de incorporación y que he designado "Método directo para el cálculo del golpe de ariete".
En el campo de las aplicaciones de la ingeniería Hidráulica se designa con el nombre en cuestión, al fenómeno de los impactos que se producen en el interior de un conducto forzado o tubería como consecuencia de las fluctuaciones de la velocidad, inducidas en la corriente transpor-tada, utilizando una llave de paso u otro mecanismo regulador. Las rápidas variaciones de la energía cinética se traducen en fuertes oscilaciones de la presión, que de no ser debidamente estimadas y atendidas, pueden poner en peligro la seguridad de la conducción.
El cálculo de las sobrepresiones que produce el golpe de Ariete fue resuelto satisfactoriamente desde principios del presente siglo, gracias a las investigaciones casi coetáneas de Joukowsky en Rusia y de Allievi, en Italia.
Desde el punto de vista histórico, el trabajo experimental de Joukowsky en San Petersburgo, fue el primero y sus resultados fueron publicados en 1898 y en Leipzig, en alemán, en 1911, pero el nombre de Allievi queda vinculado a la teoría porque, como dice el profesor suizo Jaeger, "Su presentación analítica, sobre todo la de 1913, publicada en Roma, en esa fecha, en la Revista de la Sociedad de Arquitectura, es una obra maestra de claridad y elegancia matemática".
Por su parte, el profesor español Pastor Rupérez, en su libro sobre la materia comenta (1980) "Cabe pues a Lorenzo Allievi el mérito de haber sido el primero que, concibiendo claramente el fenómeno lo ha interpretado con rigor en su famosa teoría que hasta la fecha no ha sido superada, sino que, por el contrario, constituye fuente de inspiración de cuantos han aparecido con posterioridad"... y continúa: "siguiendo los principios de su teoría han llegado a conclusiones experimentales exactas en todas sus aplicaciones prácticas", y agrega en su libro: "no existía en nuestra lengua ninguna obra especial que tratase un tema tan frondosamente estudiado, por el contrario, en la literatura extranjera. La única observación que se ha hecho al método de Allievi hasta el presente, es la de que la aplicación de sus fórmulas resulta ser muy laboriosa, lo cual por otra parte, explica la aparición de numerosos trabajos de aproximación por otros métodos, fórmulas y soluciones gráficas, todos los cuales, como dice el profesor español, inspirados por el método clásico. El propio Allievi produjo como complemento de su trabajo, ábacos y gráficos para facilitar la resolución del problema.
En mi estudio sobre el mismo fenómeno parto del propio esquema simplificado propuesto por Allievi, con el fin de poder comparar los resultados con los que arrojan sus fórmulas, de universal aceptación, por haber sido medidos o comprobados experimentalmente en todos los casos así tratados. Como mis resultados no discrepan de los obtenidos por Allievi, puede colegirse que el procedimiento por mí empleado, es igualmente idóneo: los puntos de partida y de llegada son iguales, la diferencia sólo estriba en el camino a seguir. Luego de analizado el fenómeno, que en su concepción no difiere de las oscilaciones que se
producen en una cuerda vibrante y al que resuelve la ecuación diferencial de segundo orden de D'Alembert, los caminos o métodos se bifurcan: Allievi trata de eludir la resolución de los valores de las funciones que representan las ondas, por una sustitución en la que introduce los valores progresivos de la velocidad y de la presión, lo que determina una serie de ecuaciones cuadráticas concatenadas que hay que resolver en forma sucesiva; yo elijo la vertiente que pasa por las ondas y opero directamente en su composición, obteniendo al final los valores de la velocidad y de la presión, en una formulación sencilla.
Esto explica el nombre que he dado a mi trabajo: "Método"; significaba para los griegos, el camino, "Directo", es decir, sin interrupciones; así que la frase greco-latina "Método-Directo" podría traducirse como el atajo, el camino más corto y expedito.
Para facilitar el cálculo, he elaborado una planilla o cuadro que permite hacer los cálculos en una forma ordenada y casi automática, a partir de las cinco primeras columnas que asientan los datos del problema. Todas las operaciones son de aritmética elemental, que pueden ser ejecutadas con la calculadora de bolsillo más sencilla. La única ecuación cuadrática, aunque también es de composición muy elemental, por cuanto su variabilidad sólo queda afectada por un factor de entrada en cada caso, por su generalidad y para mayor simplificación fue resuelta en forma tabular, la cual se incluye como anexo o apéndice al final del trabajo.
Una ventaja adicional del método, que no ofrece el de Allievi, ni ninguna de las otras fórmulas o procedimientos aproximados, es la de poder aplicar el cuadro, en forma reversible, o sea, que a partir de una distribución de presiones y de velocidades razonables, inscritas en la última columna, pueden determinarse las condiciones en que habría que efectuar el manejo de la llave, o sea, que el "Método" en este caso es como el sendero señalado por guijarros de los cuentos de Grimm, que permitió a Hansel y Gretchen la salida y entrada del bosque con igual facilidad, sin correr el nesgo de extraviarse.
El Método directo puede sin duda hacerse extensivo, con las debidas adaptaciones, a los diversos casos de instalaciones más complejas, cuya solución haya sido tratada como una extensión del método Allievi, por cuanto en ambos casos se trata de la aplicación rigurosa de la misma ecuación de D'Alambert de carácter general.
Me siento muy complacido por la aceptación que han dignado dar a este trabajo, agradeciendo particularmente a los académicos doctores Santiago Vera Izquierdo, Víctor Sardi Socorro y Pedro Pablo Azpúrua Quiroga, el esfuerzo y el tiempo dedicados para su revisión.
Por otra parte, la diversidad, generalidad y amplitud de los asuntos y trabajos presentados de ordinario a la consideración de la Academia, constituyen un estímulo para llevar a cabo una labor interesante, útil, y productiva. Aún cuando haya siempre que individualizar el esfuerzo, adelantándolo por medio de la lectura y la conversación, puede a veces rendir aún mucho más, cuando hay ocasión de exponer ante un grupo afín, los problemas o cuestiones de avanzada que exijan una preparación técnica especializada, que resulte demasiado vasta para la fatiga individual. Es ya usual que la mayoría de los trabajos de algún mérito sean el resultado del trabajo en equipo.
Es ciertamente satisfactorio formar parte de una corporación científica de esta jerarquía, no considerada como un simple ornamento, "Vanitas Vanitatum", sino sobre todo por el conocimiento, aunado al aprecio que despiertan los colegas del mismo interés científico o de la misma rama o afines, por sus pensamientos creadores, sus innovaciones y sobre todo porque toda esta útil labor habrá de redundar en definitiva, en beneficio directo del progreso científico nacional.
Por todo ello mi más profunda gratitud.
He dicho.
[*] Boletín de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales / Año L - Tomo L - Nros. 161 - 162 / Tercer y Cuarto Trimestres - Año 1990
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