¿Qué propicia a la violencia?
José Pinto* / Soberania.org - 17/04/06
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La delincuencia es propiciada por
las
frustraciones de la esencia del vivir humano
México. 2006. Aumenta la delincuencia por falta de prevención. Avanza la criminalidad en las principales ciudades de Morelos debido a que no existen programas de prevención del delito; la pobreza, falta de empleo, planes educacionales y la desintegración familiar son la base para que se formen delincuentes y se sumen a peligrosas bandas criminales, denuncian comités ciudadanos.
Chile. 2006. Encuesta realizada por Paz Ciudadana, halló que el porcentaje de la población que tiene un "alto” grado de temor de convertirse en víctima de la delincuencia había llegado al 17,4%; para el 64,1%, el temor era “moderado” y sólo el 18,5% señaló que era bajo.
Argentina. 2006. Los militares argentinos se atreven con mujeres y al igual que los de Franco, pero la hora de rendir cuentas ha llegado y pagarán ellos y sus “padrinos” gringos.
Colombia. 2004. Aumenta delincuencia femenina. El número de delitos cometidos por mujeres se incrementó en 40 %.
Guayaquil. 2005. Ya sea en barrios suburbanos como en el centro de la ciudad, la frecuencia con la que se cometen delitos aumenta en la urbe porteña.
España. 2006. El PP denuncia el grave incremento de la delincuencia en España mientras el Gobierno se preocupa del Estatuto de Cataluña.
China. 2006. Las personas que cometen robos desde vehículos en marcha y recurren a la violencia podrían ser condenadas a muerte, según un alarmante anuncio de las autoridades provinciales de Guangdong.
EEUU. 2004. La delincuencia de cuello blanco y empresarial se incrementa en los Estados Unidos. Si queremos hacer algo con las poderosas instituciones y personas que determinan nuestras vidas, tenemos que conocer su cultura delictiva y los esfuerzos públicos para hacer que se sienten en el banquillo.
Venezuela. 2006. Incremento de la delincuencia en Venezuela es consecuencia de la revolución bolivariana, expresa un sector de la oposición.
Abundan las noticias y titulares de la prensa mundial sobre los altos niveles de violencia y delincuencia en las distintas regiones del orbe, plasmando sus causas, consecuencias y posibles soluciones. Los causales atribuidos son diversos, unos bien sustentados otros viscerales cargados de odios políticos y raciales. Así mismo, se proponen diversas soluciones, algunas antagónicas: Un mayor control del estado, privatización de la seguridad, implementación de la pena de muerte, alargamiento del tiempo de reclusión, militarización de las policías, armar a la población civil, incremento del número de policías, reformas al sistema procesal penal, etc., etc.
Ashley Montagu famoso antropoligista inglés hacía el siguiente análisis en su libro “La violencia innata del ser humano es un mito”:
¿Por qué está el mundo tan lleno de agresividad? ¿Por qué son tan frecuentes la hostilidad y la crueldad entre los seres humanos? ¿Por qué se amenazan entre sí las naciones con el exterminio nuclear? ¿Por qué aumenta la delincuencia prácticamente en todas partes? ¿Cuál puede ser la respuesta?
La más cómoda es, desde luego, afirmar que el ser humano es un ser imperfecto, nacido en pecado y agresivo por naturaleza. Además, ésta explicación es satisfactoria para casi todo el mundo, porque a quien nace predeterminado no puede culpársele por su forma de comportarse.
Muchos escritores, científicos, dramaturgos y cineastas han apoyado la concepción de la supuesta maldad innata del ser humano. Si por todas partes se manifiesta la violencia y la agresividad, ¿cómo podemos negar que la agresividad sea instintiva, que pertenezca a la propia naturaleza humana? Así se llega a una explicación. La explicación que lo explica todo.
La verdad es, sin embargo, que una interpretación tan gratificante nos hace sentirnos muy tranquilos, nos libera de toda culpabilidad, nos exime de la responsabilidad de hacer todo lo que podamos para reducir la violencia que se manifiesta en nuestra convivencia y en el mundo en general. Pero las respuestas que lo explican todo, de hecho no explican nada. Como escribió el gran filósofo inglés John Stuart Mill,
"...de las posibles maneras de eludir las influencias de la moral y la sociedad sobre la mente humana, la más corriente es la de hacer responsable de las diferencias de comportamiento y carácter a diferencias naturales innatas".
Luego de rebatir algunas teorías sobre el mito de la violencia humana, tales como “La maldad intrínseca del ser humano; la violencia, la agresividad y el egoísmo innato de las personas.”, Ashley concluye:
Los humanos han nacido para vivir, como si vivir y amar fueran una misma cosa. Para amar hay que aprender a amar y sólo se aprende a hacerlo cuando se es amado. El afecto es una necesidad fundamental. Es la necesidad que nos hace humanos. De ahí que una persona que no haya sido así humanizada durante los seis primeros años de su vida padezca un proceso de deshumanización que le lleva a comportamientos destructivos, aprendidos en un intento desordenado y equivocado de adaptarse a un mundo también desordenado y provocador de tensiones. De estos desórdenes surgen toda la agresividad y los enfrentamientos violentos, tanto a escala individual como colectiva.
Muchos profetas apasionados han predicado largamente las virtudes del amor, pero pocos han señalado por sí mismos el camino. El significado de una palabra radica en los actos en que se manifiesta; al amor se le ha atribuido una significación ritual, pero casi nunca ha expresado su significado real como compromiso en el sentido de algo que se practica, de algo que es parte de nuestro comportamiento diario. Recordemos siempre que la humanidad no es algo que se hereda, sino que nuestra verdadera herencia reside en nuestra capacidad para hacernos y rehacernos a nosotros mismos. Que no somos criaturas, sino creadores de nuestro destino.
En una entrevista para el diario El País, de España, en marzo del 2005, Ashley explicaba que los humanos hemos nacido para la cooperación, para jugar, amar y vivir, y que sólo la frustración de estos impulsos conduce a la agresividad y a la violencia.
Reflexionando sobre estas lecturas de Ashley, podemos concluir que mientras no nos ocupemos fundamentalmente de propiciar el desarrollo armónico de los derechos del hombre y de la familia (sede incuestionable del amor), incrementando la educación y las oportunidades de trabajo (camino del amor), disminuyendo la pobreza y marginalidad (camino del amor), propiciando la libertad (camino del amor), acabando con el odio y el rencor (camino del amor) e incrementando la justicia (camino del amor), entonces no alcanzaremos a conformar esa estructura de familia necesaria para alcanzar el objetivo de una sociedad humanizada llena de amor. En la medida que los Gobiernos sean capaces de promover las mejores condiciones para formar y vivir en una familia, asegurarán que los hijos, futuros ciudadanos, disfruten del clima armonioso para su desarrollo físico, psíquico y social.
(*) José Pinto - Email: guariche1000@yahoo.com
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