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Caracas / Venezuela -
 


La Rebelión contra el Poder (IV)
Migdalia Valdéz * / Soberania.org - 20/04/06

La estructura de la relación entre la pareja


“Toda forma  de control y dominación frena la conquista de  una  sociedad justa”

Continuando con esta puerta que hemos abierto para buscar incluir, en quienes cuestionamos los desmanes inaceptables del poder, cómo compartimos y reproducimos la lógica que lo mantiene, en esta entrega al igual que las anteriores,  evidenciamos otra de sus manifestaciones.


Contextualizando el problema

El resultado de la sociedad “civilizada” nos muestra cómo, desde sus primeras manifestaciones, el poder opresor  impuso su valoración y clasificación en  lo terrenal  y lo divino. El poder ha normado la vida, su funcionamiento, los vínculos del ser humano consigo mismo, con quienes debe vivir y con el entorno donde se desarrolla como especie.

El poder dominante creó el racismo, el esclavismo y la explotación laboral como formas  de opresión y expropiación del derecho a la vida de otros seres humanos. Estos sistemas han sido demostrados y denunciados como inaceptables y oprobiosos por diferentes corrientes de pensamiento, que desnudan las infamias y crueldades con las que las minorías opresoras, a través de diferentes formas de fascismo, han manejado “una lógica” teórica y práctica para despojar a las mayorías de las ganancias y el producto de lo que han trabajado.

Para consolidar este desfalco han fabricado una legalidad que les ha avalado “sus derechos” y un dios castigador con el que nos han atemorizado históricamente en su empeño por impedir la rebelión de los pueblos
.

Todas estas formas de control y expropiación han recibido el reconocimiento social de su existencia, sin embargo, hay otras formas ocultas, solapadas e invisibilizadas que constituyen la punta de lanza del poder para el sometimiento de los pueblos que aún requieren demostraciones y pruebas de su presencia y permanencia, de algunas ya hemos hablado en las entregas anteriores.


Entrando en el tema

Esta vez, tocaremos a uno de los sistemas de dominación que en apariencia cuenta con el “consentimiento” de quien resulta estar en condición de explotación, nos referimos al fenómeno social que engloba el desarrollo de la vida de la mayoría de las parejas, en el cual la mujer, sin entender por qué, hace todo lo posible por cumplir con un rol de subordinación que la ha marcado a través del tiempo.

Es importante destacar que cuando una pareja hace proyectos amorosos para una vida en común no incluye, en principio, como patrón de convivencia, una abierta relación de sometimiento, subordinación y explotación. Las promesas y la esperanza de permanecer enlazados por el mutuo amor, en teoría, casi siempre expresan intercambios de igualdad, porque las tareas, oficios, actividades, “propios” de ella como sexo femenino y las de él como “propias” de su sexo masculino no entran en cuestionamiento, porque para ambos estas forman parte del “deber ser” de cada quien. Resulta interesante escudriñar en el origen de esa “lógica”  para entender cómo en la misma también se enquista el mismo modelo de dominación que desde las entregas anteriores venimos cuestionando y cómo se ha utilizado todos los mecanismos psíquicos devenidos en teorías y reglas, que se han hecho costumbres, para convencernos de que esta dicotomía esta regida por factores “naturales” de hombres y mujeres.


Algunas preguntas inquietantes

Si nadie nace con manual de funcionamiento bajo el brazo:

¿Por qué un hombre se casa para tener una mujer que lo “cuide”? 

¿Por qué él se siente con derechos que ella no puede tener y además debe acatar como normal?

¿Es genético que a él le guste la calle y a ella la casa?

¿Por qué hay tareas de la casa que sólo la deben realizar las mujeres, incluso cuando ella también va a trabajar a la calle? 

¿Por qué la crianza, el comportamiento de hijas e hijos es sólo responsabilidad de la madre?

¿Por qué una gran mayoría de hombres no se responsabilizan por el embarazo y mucho menos por su hijo o hija?

¿Por que él es el hombre de la casa?

¿Por qué él manda y ella obedece?

¿Por qué ella debe rendir cuenta de su tiempo, muchas veces de lo que gana y él no tiene por qué hacerlo?

¿Por qué él puede rehacer su vida con otra pareja pero le prohíbe a ella ponerle padrastro a los hijos e hijas de ambos?

¿Por qué la paternidad es opcional y la maternidad obligatoria?

¿Por qué la infidelidad de él debe ser tolerada y la de ella puede pagarla hasta con la  muerte?

¿Por qué si ella no hace lo que él quiere puede golpearla, insultarla y hasta matarla?


Estas preguntas y muchas no formuladas aquí, pero que están inmersas en el fenómeno de convivencia que se despliega en la vida de una gran mayoría de las parejas, nos remiten a que la desigualdad, el sometimiento, la explotación, la crueldad, el maltrato, el abuso y la muerte, más de las veces que podemos imaginar, quedan solapadas como ingredientes insanos del cóctel de amor con el que muchas de las parejas sellan su convivencia. Este resultado nos indica que en esas parejas las ilusiones y la añorada felicidad mutua pasan de la  articulación verbal a ser fugitivas de la intimidad de la convivencia.

¿Por qué ocurre esto? ¿Cómo explicamos tal grado de injusticia? ¿Desde qué forma de mirarnos y entendernos se ha podido construir y aceptar su existencia y permanencia?
Existen  muchas  teorías con las que se intenta justificar esta situación, pero los estudios de mujeres y de hombres que han mostrado interés en este fenómeno han dado grandes aportes que desenmascaran las imposturas de esas teorías.

Si bien el Marxismo logró demostrar la explotación laboral, es la corriente filosófica llamada Feminismo la que ha demostrado la subordinación histórica que se ha ejercido abierta y solapadamente hacia la mujer en todos los espacios de convivencia,  evidentemente la estructura de la vida de la pareja no podía quedar excluida de esa forma de relación. La respuesta a cualquiera de las preguntas formuladas arriba nos permite reconocer con la mayor “naturalidad”  quién tiene  privilegios sobre libertad social y sexual dentro de la vida en la mayoría de las parejas. Es en esa relación donde se despliega y se concretizan una superposición de tareas y atención de necesidades de la familia particularmente las de él, en las cuales no se incluye descanso, vacaciones, pago ni valoración de las mismas y a veces ni por la propia mujer. Para muchas mujeres que no tienen trabajo remunerado fuera del que realizan en el hogar, como tareas “propias” de su sexo, cuando se les pregunta qué hacen o en qué trabajan, ellas con la mayor espontaneidad dicen que  en “nada” pero cuando se les pide explicar qué es hacer “nada” logran comprender que lo que hacen en la casa no lo ven como trabajo porque no reciben remuneración. ¿Cómo nos explicamos todo esto?


Un poco de historia puede ayudar

El sometimiento histórico de la mujer fue el primer rasgo de dominación entre la especie humana que pasó a consolidarse como “natural” y quedó como “verdad verdadera” civilizatoria, ¿Cómo sucedió esto? ¿Desde dónde se inicia? ¿Qué papel desempeñaban las mujeres antes de consolidarse el poder opresor sobre ellas?  Pepe Rodríguez, en su libro Dios nació mujer aporta datos de gran lucidez e interés, él señala que:


“...las mujeres durante muchísimos milenios, no sólo fueron un elemento fundamental de su comunidad, sino que se  constituyeron en la base socioeconómica que hizo posible la supervivencia de los grupos humanos y, de paso, fueron el motor de importantes cambios evolutivos que nos llevaron a la civilización que hoy conocemos” (1)


¿Qué sucedió? ¿A qué atrofia o destornillamiento de la historia le debemos el trastocamiento de la valoración de la mujer en su contrario?

No tenemos espacio para contar toda la historia, pero sí vamos a detenernos en los aspectos más relevantes para entender este disparate. Revisemos, lo más abreviado posible, lo que ha pasado históricamente para que la mujer haya quedado en el lugar actual y particularmente el valor que ocupa en la relación de pareja.

Ya está demostrado que la historia la escriben los vencedores, en este caso los hombres han escrito su historia, su historia patriarcal, en ella aparece que las mujeres siempre fueron sometidas a ellos, desde el cuentito del tipo con el garrote halándola por los cabellos para meterla en la caverna, pasando por las batallas, epopeyas y guerras donde sólo ellos aparecen como protagonistas y vencedores, hasta ignorar todo el aporte que las mujeres han hecho a través de la historia. La historia “oficial” patriarcal es la de los hombres, en ella las mujeres sólo son apéndices nombrados tangencialmente por ser esposas, amantes o madres de los héroes o personajes.

La forma más simple en cómo esa historia ha resuelto el valor que en ella se le ha dado a la mujer, la justifican a través de una evolución secuencial de la civilización: primero existió un matriarcado y luego le tocó a ellos un patriarcado que se quedó como el verdadero modelo civilizatorio. Según esta explicación, la forma y las razones de cómo ocurrió ese “traslado” pudo ser con estas palabras:


“Mire mijita, Ud no sabe hacerlo bien,  aquí lo que sabemos mandar somos nosotros que podemos correr más e  ir a la guerra, porque no nos crece la panza para parir hijos o hijas y tampoco sangramos, usted se encarga de la casa y de todo lo  que el hombre  necesite”.


¿Pero…qué ocurrió en realidad?
Muchos estudios corroboran que en la consolidación de los primeros grupos humanos dominaban las relaciones igualitarias, no existía división sexual del trabajo ni tampoco llegó a existir una sociedad matriarcal. ¿Qué sería un matriarcado? Constituiría un período donde las mujeres ejercieron poder y control pero, Gerda Lerner,  afirma  que “en ninguna organización humana de la que se tenga noticia, las mujeres han tenido el poder para decidir sobre el destino de los hombres”. (2)  Ella explica que el modelo patriarcal, se instala cuando los hombres logran consolidar su control sobre la sexualidad de la mujer. Para entender como esto sucedió, veamos estos interesantes datos extraídos del análisis de los cuadros donde Pepe Rodríguez reseña el tipo de piezas arqueológicas encontradas en toda Europa y el Oriente en el período que va de la c. 30.000 a 1000 años a.c.; de esas 203 piezas 158 eran de mujeres valoradas como diosas por su capacidad reproductiva, las demás eran de animales, hechiceros y vulvas.


El jesuita Luís Pérez Aguirre en su libro La condición femenina dice: “La agricultura erige entonces a la mujer en diosa madre, ese tótem de la fecundidad, esa figurita de los museos, de nalgas anchas y pesados senos, a veces flanqueada de dos acólitos machos”. (3) Esto indica que en esa época las mujeres ocuparon fue un lugar de divinidad por su aporte en la agricultura y su capacidad reproductiva, valoración que les fue confiscada así como el lugar de integrante igualitaria de la comunidad humana, hasta llegar a la exclusión y la negación de sus aportes,  porque “esta veneración no dura mucho. Los rebaños y las culturas excitaron los deseos del macho: pillajes y conquistas devuelven al guerrero varón la gloria del antiguo cazador. La rueda, la edad de cobre, se vuelven propiedad masculina. La suerte de la mujer se dio vuelta” (4) en ello jugó papel fundamental la acumulación primaria del excedente, primer indicador de posesión inicialmente justificado como supervivencia que degeneró en acumulación obsesiva y suicida de capital, sin importar los medios ni las consecuencias. Todo se volvió explotable para beneficio de pocos en detrimento de las mayorías, y en esa atrofia civilizatoria se gestó el sometimiento y subvaloración de la condición humana de la mujer:


“...el grado de control que los varones comenzaron a ejercer sobre la vida sexual de las mujeres fue en constante aumento, hasta desembocar en una completa cosificación de su función reproductora y en la absoluta sumisión y dependencia de la mujer respecto al varón”
(5)


¿Como se consolida el patriarcado? Luís Pérez Aguirre describe que la palabra esta compuesta del latino Pater y el griego arche “padre como principio de todo”

La esencia del patriarcado consiste en que:


“El varón es el paradigma, el ejemplo que debe tomar la sociedad. Las leyes sociales serán todas hechas desde la perspectiva androcéntrica. El patriarcado es dualista, el acento está puesto en el numero dos. Todo funciona por oposición: la tierra y el cielo, el patrón y el obrero, hombre y mujer, Dios y el hombre, ricos y pobres, buenos y malos… el dualismo será el medio para jerarquizar: rico es mejor, patrón es mejor, blanco es mejor… En el patriarcado habrá que jerarquizar a la sociedad para mantener el orden. Entendemos ahora porque el Patriarcado es sexista. Inevitablemente valora más al sexo masculino que el femenino” (6)


Este lugar y esta valoración se consolidaron y “naturalizaron” a través del tiempo hasta llegar la época griega a la cual debemos los “aportes” que dejaron sobre su interpretación “filosófica” de la mujer.

Platón y AristótelesUna de las más antiguas clasificaciones de la diferencia humana se le designa a Platón, filosofo griego del SIV a.c. sobre esto dijo que:


“los hombres nacían de elementos eminen-temente masculinos y que accidentalmente, por causas  que el todavía no había logrado explicar, ocurría la conformación del cuerpo de la mujer, no tenía dudas acerca de que la verdadera espacie humana eran los hombres” (7)


Y un siglo más tarde su discípulo Aristóteles en su tratado De Generatione Animalum dijo


“Las mujeres y siempre ha sido un varón mutilado, y la catatenia
(definida por Aristóteles como “la carga femenina” aportada a la procreación) es semen sólo que no en estado puro; hay una sóla cosa que no se puede encontrar en ellas: el principio del ánima” (8)


¿Qué tal? El episodio fuese sólo risible si no hubiese tenido la repercusión que ha marcado la historia de las mujeres y que todavía nos persigue. A pesar de todas las luchas, en las cuales se han insertado muchos hombres, las sentencias de Platón y Aristóteles están vigentes, disfrazadas y enquistadas de muchas maneras en todas las esferas de nuestras vidas.

Como cada período histórico se ha sustentado en las herencias de los considerados iluminados, el pensamiento de  Aristóteles “creó el esquema que iba a servir de base a la visión occidental del universo durante 2 mil años; él sistematizó y organizó el conocimiento científico de la antigüedad” (9) el “aporte” sobre la mujer de los grandes de Grecia, sustentado en una postura patriarcal  imperante y por la particular forma de cómo se llevaba a cabo, entre otras razones, la convivencia en pareja,  pasó a impregnar la esencia del Imperio Romano, allí fue donde la mujer ocupo su “verdadero lugar”: esclava del marido.  Un ejemplo del trato que recibía lo tomamos del romano Marco Poncio Caton 200 a.c.:


“El marido es el juez de su mujer, su poder no tiene límites; puede lo que quiere. Si ella ha cometido alguna falta, la castiga; si ha bebido vino la condena; si ha tenido comercio  con otro hombre la mata
(10)


En la entrega anterior habíamos señalado cómo Roma le da la legalidad a los cristianos a través del emperador Constantino y pasan a crear una jerarquía religiosa que, desde entonces hasta la fecha, ha dictado la moral y el designio divino de la humanidad, ella también se nutrió de las enseñanzas y aprendizajes que ya se habían fortalecido sobre el valor de la mujer y especialmente de las enseñanzas de Aristóteles; con esas enseñanzas, la jerarquía Cristiana crea una nueva interpretación del origen de la especie humana la cual comienza cuando Dios crea la primera pareja: Adán y Eva. Primeros habitantes de un espacio idílico llamado el Paraíso, en el, Eva es condenada como la pecadora, en esta historia no se dice algo importante: que Adán pudo haber tenido retardo mental,  pues sólo así se justifica lo fácilmente que fue engañado sin ninguna resistencia ni razonamiento de su parte, ¿Cómo pudo confiar Dios el destino del mundo a un ser de tal comportamiento? (Tema al que se invita a investigar a quien pueda interesar por ahora). De las barbaridades que el cristianismo cometió contra las mujeres tendríamos que hacer un tratado, ya hay buena bibliografía al respecto, el grado de exclusión y, podría decirse, de desprecio fue de tal magnitud que, en consonancia con este absurdo, no es exageración pensar que si sus representantes hubiesen logrado reproducirse entre ellos mismos ya hubiésemos desaparecido como parte de la especie. Esto lo corrobora las enseñanzas de quien en su vida llevo una vida sexual lujuriosa, fue un converso que llegó a ser obispo, santo y padre de la iglesia, venerado por todos los papas y jerarcas Católicos, Apostólicos y Romanos, nos  referimos a San Agustín 354-340 d.c. Esta perla resume la esencia de su pensamiento.


“No veo para qué tipo de ayuda para el hombre fue creada la mujer, si se excluye el propósito de procrear. Si la mujer no es entregada al hombre para criar los hijos ¿para qué sirve? ¿Para cuidar la tierra? Si se necesitara ayuda para ello, un hombre sería una mejor ayuda para el hombre. Lo mismo ocurre para el bienestar en la intimidad. ¡Cuánto más  placentera es la vida y el trato cuando dos amigos viven juntos que cuando cohabitan un hombre y una mujer”
(11)


Las enseñanzas patriarcales de Agustín han marcado las bases ideológicas del vaticano, el cual desde su nacimiento hasta hoy, no acepta ninguna autoridad de la mujer dentro de su estructura. La misoginia de la jerarquía eclesiástica degeneró a tal fin que una de sus autoridades Odon de Cluny en el SXII decía que: “Abrazar a una mujer era como abrazar una bolsa de estiércol” (12) era la propia negación de si mismo porque todos nacían de las mujeres y para terminar de “arreglar” las cosas la iglesia católica lanza la siguiente sentencia: “la mujer se hace fuerte por la conciencia de lo que se le confía”: Dios le confía al hombre.  ¿???? ¿Incapacitado? ¿Custodiable? (Abrimos otra línea de investigación para interesados e interesadas en este punto). Si con estos datos vamos enlazando el hilo conductor de cómo se gestó  la valoración de la mujer en esta sociedad patriarcal, es de esperarse  que la misma le haya asignado su lugar  dentro de la pareja.

A pesar de que muchas cosas van cambiando con las investigaciones y demostraciones de estas realidades, la visión patriarcal, con la que se ha construido la civilización que conocemos, permanece negándose a morir  porque tal y como dice Fernando Mires al referirse al patriarcado:


”...no es una realidad localizable ni en un determinado espacio ni en un determinado tiempo y por eso sus formas de existir son múltiples -para decirlo de nuevo con Foucault- microfísicamente anidado en diferentes lugares, instituciones, personas, hábitos, culturas, e incluso al interior del alma de muchas mujeres. No es sólo un orden económico, pero también lo es, no es sólo una cultura, pero también lo es”
(13)


Está en la esencia de todas las formas de relación, es inherente a la “lógica” imperante con la que se mueve el mundo,  he allí porque busca, por todas las vías, desvirtuar la verdadera esencia de los cambios que encierran  las propuestas del feminismo sobre la conquista de relaciones basadas en el respeto, solidaridad y valoración de las diferencias entre hombres y mujeres como seres humanos iguales-complementarios  y no como superior e inferior.

¿Por qué tanta resistencia a los cambios?
El patriarcado se nutre de la opresión y la naturalización de todas las formas de ventaja e injusticia, por esto se mimetiza en todas las conquistas logradas hasta ahora por mujeres y hombres que buscan relaciones en las cuales no existan vínculos de sometimiento y control. Es la expresión concreta de un sistema de injusticia que se ramifica cual cáncer que atrapa un cuerpo y lo mantiene parásitamente prisionero hasta que lo aniquila, este cáncer impide al cuerpo social desarrollarse hacia relaciones de igualdad humana y vínculos armónicos en todas las relaciones de los seres humanos entre si y con el ecosistema planetario donde habita, porque su gran objetivo es  aniquilarlo bajo su voracidad de acumulación y control de todo lo viviente.

 

Continúa en la quinta parte...


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Referencias bibliográficas

(1) Rodriguez, p. (1999) Dios nació mujer. Edic.B,S.A. Madrid. España.

(2) http://www.campo-latino.org/boletin/visualizar/contenido_estilo0.asp?idboletin=250

(3) Perez Aguirre L. (1995) Edic Trilce Motevideo. Uruguay

(4) Pérez Aguirre L. ob. Cit.

(5) Rodríguez P. ob.cit  

(6)
Aguirre Pérez L. ob.cit

(7) García Prince E. (1992). Conferencia escrita. Genero y liderazgo perspectivas hacia el siglo XXI. Caracas Venezuela.

(8) Rodriguez, p. (1999) Dios nació mujer. Edic.B,S.A. Madrid. España.

(9) Capra F.(1999) El tao de la física. Editor  Luis Carcomo.  Madrid

(10) Rodríguez, T. (1995) articulo por IV Conferencia Mundial  sobre la mujer, Beijing. China.

(11) Hume, M. (1993), la evolución de un código terrenal. Católicas por el derecho a decidir. Uruguay

(12) Hume M. ob cit.

(13) Mires F. Ob.cit.  

 

 

La Rebelión contra el Poder (I)
Migdalia Valdéz * / Soberania.org - 03/11/05





(*)
Migdalia Valdéz / E-mail: migdaliaval11@yahoo.es




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