El núcleo antidemocrático de Venezuela
Fernando Mires*
/ Soberania.org - 26/04/06
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Extracto solo referente a Venezuela del artículo original de Fernando Mires titulado: "El núcleo antidemocrático de América Latina".
En América Latina, lamentablemente, algunos intelectuales todavía no
saben distinguir (como ya ocurrió con los intelectuales europeos de
los años treinta) entre lo que un gobernante dice que es y lo que es.
Ahora bien, en pocos gobernantes se da una diferencia tan grande entre
lo que dice que es y lo que objetivamente es, como en el caso del
Presidente Chávez de Venezuela.
Así como el Cono Sur se ha constituido un núcleo democrático con
hegemonía de izquierda, Chávez y el chavismo, más sus ramificaciones
hacia Perú, Bolivia y Colombia (FARC), constituyen una suerte de
núcleo antidemocrático que peligrosamente se extiende hacia otras
naciones. De ahí que sea muy importante definir el carácter político
de Chávez y el chavismo. Para precisar ese carácter hay que definir
primero lo que Chávez y el chavismo no son.
Chávez y el chavismo -y esto hay que decirlo muy claro- no son de izquierda.
No se trata por cierto de dictaminar subjetivamente quien es de
izquierda o quien no lo es. Sin embargo, cualquier observador que sepa
algo de Venezuela, no tardará en advertir que dentro de la oposición a
Chávez se encuentran muchísimos intelectuales que en cualquier país
"normal" (pienso, por ejemplo, en mi propio país, Chile) serían
miembros de la izquierda, o de la centro izquierda. Tanto por su
sensibilidad, cultura y tradición, un Teodoro Petkoff, un Armando
Córdoba, un Manuel Caballero, un Heinz Sonntag, un Demetrio Boersner,
un Roberto Briceño León, por nombrar al vuelo sólo a algunos
intelectuales venezolanos de renombre internacional, son gente de
izquierda que, sin embargo, no pueden practicar una política de
izquierda, porque el gobernante y sus seguidores han superpuesto sobre
la clásica división izquierda- derecha, la división entre "chavismo" y "antichavismo".
A la vez, y en sentido contrario, basta encender la televisión y
escuchar a muchos chavistas y al propio Chávez, para darse cuenta de
que muchas de las opiniones que emiten no han de envidiar a las derechas más extremas de todo el mundo (nacionalismo,
antioccidentalismo revestido de antiimperialismo, y una infinita
agresividad verbal, donde por cierto, no faltan las "típicas"
alusiones antisemitas).
Chávez

Chávez es un gobernante que insulta a casi todo el mundo. Ni siquiera
los obispos y cardenales de la Iglesia católica escapan a su desmedida
procacidad. A diferencias de Castro, quien posee un excelente uso del
idioma, Chávez tiene serias dificultades para articular una frase con
otra, y por eso, podría pensarse, suplanta la retórica con el insulto.
Sin embargo, hay en su enorme capacidad de injuria, un propósito que
obedece -conciente o inconcientemente- a un cálculo muy frío.
Los de Chávez son insultos cuidadosamente programados destinados a
crear una zona de hipertensión emocional e impedir así que la política
se articule en torno a algo que no sea él mismo. De este modo, él
neurotiza la vida política hasta tal punto, que resulta imposible, en
medio de tanta injuria -las que sus seguidores de "camisas rojas",
multiplican- que los polos que se forman alrededor de su persona
puedan encontrar algún medio civilizado de comunicación.
Efectivamente: lo primero que sorprende a un visitante en Venezuela,
es que después de siete años de gobierno, Chávez ha conseguido partir
al país político en dos pedazos. Esos pedazos no son de izquierda o de
derecha. Pues a un lado están quienes aman a Chávez. Al otro lado, los
que lo odian. Entre ambos no hay ninguna conexión.
Quienes eran amigos, ya no lo son. Quienes se respetaban, se
desacreditan mutuamente. Nadie discute con nadie. Chávez ha conseguido
destruir la polémica, condición de la política, e introducir en su
lugar dos monólogos paralelos. Él mismo monologa sin limitación de
tiempo (hasta siete horas) en su programa semanal, mientras las "camisas rojas" aplauden las vulgaridades más grandes que es posible
oír de nadie (ni siquiera en Berlusconi, quien en materia de
vulgaridades es vicecampeón mundial)
Si alguien ha leído relatos de los primeros años del fascismo en
Italia no se sorprenderá si los encuentra de nuevo en Venezuela. La
comunicación política ha sido destruida radicalmente, por el propio
gobernante. Y la destrucción de la comunicación política es la primera
condición para todo proceso de facistización. Eso es lo que está
viviendo Venezuela. "Esto va a terminar muy mal", me dicen muchos
venezolanos. "Que Dios no los oiga", les digo yo.
Naturalmente, también hay chavistas inteligentes. Pero cada vez que
uno habla de Chávez, dicen -como avergonzados- que lo principal no es
Chávez, sino el proceso del cual Chávez es sólo un símbolo. "¿Cuándo
habían alcanzado los pobres más representación que durante Chávez? En
eso hay que fijarse", dicen. "Chávez es secundario", afirman. Pero, ¿es que se puede hablar del proceso sin Chávez? Chávez está en todas
partes, nadie realiza una "misión" (palabra militar clerical) sin su
autorización. Nadie tiene ninguna idea que no sea de Chávez. Él, como él mismo se definió, es el coach del equipo. Eso quiere decir que él
decide quién jugará o no. "Ah pero Chávez ha llevado a los pobres a la
sociedad", dicen los chavistas inteligentes. ¿A cual sociedad? -se
pregunta uno, asombrado.
No importa que en Chile, Argentina, Brasil, tengan lugar políticas
sociales más importantes y sobre todo más racionales que las que han
tenido lugar en Venezuela. Lo decisivo es que Chávez, a diferencia de
los gobernantes de esos países, no ha integrado a los pobres a la
sociedad, sino al Estado. Sin suprimir la pobreza, Chávez la ha
estatizado. Las misiones, entre otras tantas iniciativas populistas,
son los cordones umbilicales que atan a los pobres con el Estado. Y el
Estado es Chávez. Los pobres son de Chávez; por eso deben seguir
siendo pobres. Sí hay, por cierto, algunos chavistas inteligentes.
Pero no lo son tanto como para reconocer que Chávez no representa un
proyecto de sociedad, como ellos imaginan, sino que, antes que nada y
sobre todo, es un proyecto de toma de poder.
Las misiones, los círculos bolivarianos, los comandos de "camisas
rojas" son medios para tomar el poder desde abajo. La constitución (a
quien él en su estilo llama: "la bicha"), el escudo, la bandera, sobre
todo Bolívar, todos los poderes simbólicos de una nación, han pasado a
ser propiedad de Chávez quien los modifica o interpreta según su
antojo. Chávez intenta tomar el poder desde todos lados. Desde abajo,
desde el medio, y por supuesto, por arriba cuando haciéndose aclamar
en "foros mundiales" despotrica en nombre de la justicia universal, en
contra de su ultimo descubrimiento: el "imperialismo norteamericano".
Pero Chávez no es antiimperialista.
Chávez es en primera línea, antidemócrata. Por eso ha insultado, de la
manera más soez, a diferentes gobernantes y políticos democráticos de
América Latina. Lagos, Fox, Toledo, Uribe, Lourdes Torres, entre
tantos, han debido sufrir las injurias de Chávez. Nadie ha insultado
en su vida a tantas personas decentes como ha hecho Chávez. No
obstante, se equivocan aquellos que piensan que Chávez insulta por
insultar. Como ha sido dicho, sus insultos, cuidadosamente calculados,
forman parte de su estrategia de poder. Mediante el insulto, destruye
las posibilidades del diálogo político, tanto hacia el interior como
hacia el exterior del país. Y donde no hay política, comienza el
terror. La creciente ocupación de la administración pública por
personeros militares, es el ejemplo más visual de la corrosión de la
política que tiene lugar en Venezuela. Mientras en el pasado los
militares latinoamericanos tomaban el poder de golpe, en Venezuela lo
toman en "cámara lenta". El segundo paso, será la militarización de la
nación, y es desde ese objetivo que hay que entender los llamados del
Presidente a defender al país de una invasión norteamericana.
El objetivo de Chávez es, evidentemente, provocar un clima de alta
tensión con los EEUU.
Sus injurias a Bush han ido aumentando en cantidad y en volumen.
Exasperado tal vez porque el gobierno de EEUU no pisa (todavía) la
trampa, ha agredido en los términos más repugnantes que es posible
imaginar, a Condolezza Rice, algo que nunca habría hecho un Fidel
Castro (dictador, pero educado)
La verdad es que Venezuela no tiene ningún problema real con los EE
UU: ni económico, ni territorial, ni de ninguna índole. A diferencias
de Castro quien siempre arremete verbalmente en contra de USA sobre la
base de problemas concretos, Chávez arremete gratuitamente, con el
objetivo más que evidente, de provocar un conflicto internacional.
Ahora bien, en una situación de alta tensión internacional, Chávez
intentará dividir al país entre "patriotas antiimperialistas", y "esbirros al servicio del imperialismo". De este modo, estar en contra
de Chávez significará "traicionar a la patria". Los ataques a EE UU
son, evidentemente, una pieza clave en su proyecto de toma total del poder.
Va ser muy difícil para la oposición democrática de Venezuela terminar
con el chavismo.
El régimen no sólo controla el Estado (y el petróleo) sino que se ha
infiltrado hacia el interior de la sociedad civil. Los comandos
chavistas actúan en las provincias, pueblos y barrios, y la violencia
crece "hacia dentro". El chavismo controla, además, los medios de
recuento electoral. Y desde el exterior, los Ramonet y los Chomsky (y
la izquierda festiva que les sirve de coro) están dispuestos a
legitimar cualquiera monstruosidad siempre que sea antinorteamericana.
Es cierto que Chávez llegó al poder como consecuencia de la corrosión
de la democracia venezolana, y esa es la deuda histórica que tienen
los dos principales partidos con su nación. Pero siete años ya es
suficiente castigo. Es cierto también que en Abril del 2002, una
fracción enloquecida de la oposición, siguiendo el juego a Chávez, se
embarcó en una aventura golpista. Gracias a esa aventura, realizada a
espaldas de la mayoría de la oposición (justo en el momento cuando
Chávez estaba políticamente cercado) Chávez obtuvo como regalo una
legitimación democrática que, él menos que nadie, puede ostentar.
Pero poco a poco, la oposición ha ido ordenando sus filas. Chávez
intentará destruirla al crear una línea divisoria "o Venezuela o los
EEUU". Si la oposición estará en condiciones de imponer la verdadera
línea divisoria que atraviesa a Venezuela, que es la de "chavismo o
democracia" (o incluso, "fascismo o democracia") es algo que está por
verse. Pero si la oposición triunfa -y un día, más temprano que tarde
triunfará- puede que ese no sea un triunfo de "la izquierda". En
cualquier caso, será un triunfo de la democracia.
Pero, antes que nada, será, un triunfo de la decencia.
[*] Fernando Mires / 20 de Febrero de 2006 / El autor del artículo es doctor en Ciencias
Económicas y Sociales, chileno, y desde hace años profesor catedrático
en el Instituto de Ciencias de la Universidad de Oldenburg, Alemania.
En 1991 obtuvo el título Privat Dozent en el área de Política
internacional, el más alto grado académico que conceden las
universidades alemanas. Es autor de numerosos ensayos y artículos
publicados en revistas especializadas de Europa y de América Latina.
Un gran número de libros testifica su vasta obra, tanto en el campo de
la sociología como de la politología. Entre estos destacan: El
discurso de la miseria (1994), El orden del caos (1995), La revolución
que nadie soñó (1997), El malestar de la barbarie (1998), Teoría
política del nuevo capitalismo (2000), Civilidad (2001), Teoría de la
profesión política, Corruptos, "milicos" y demagogos (2001), Crítica de
la razón científica (2002) Introducción a la política (2004).
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