Comprándose la Revolución
Mirko Lauer*
/ Soberania.org - 03/05/06
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"Hay que reconocer que este venezolano está invadiendo muchos territorios más que Simón Bolívar".
Es cada vez más necesario, hasta urgente, saber qué busca Hugo Chávez. El rango de la interpretación aún es demasiado amplio: desde el ególatra pintoresco hasta el fino estratega. Las dos imágenes no necesariamente se contradicen, pero pueden confundir a la hora de evaluar sus objetivos, y sobre todo los alcances de su poder.
De tiempo atrás es obvio que Chávez tiene una estrategia frente a América Latina, pero nunca la habíamos visto tan presente como en la pasada quincena, en que ha malherido la CAN, emplazado al Mercosur, inaugurado un eje La Habana-Caracas-La Paz, y aparecido haciendo abierta campaña en las elecciones de Nicaragua y Perú.
La versión más sencilla de todo esto es que está dedicado a intentar un liderazgo en base a su ideología, una suerte de antiimperialismo bolivariano. Hasta aquí lo habíamos visto dedicado a canjear petróleo por influencia política entre los países más chicos y necesitados de la región, lo cual solo parecía servir para acopiar votos en la OEA.
Pero el zarpazo contra la CAN ya es otra historia. El efecto práctico de esto es promover el aislamiento de los dos gobiernos más a la derecha en la región. No es difícil imaginar como siguientes pasos de esto la búsqueda de una ambiciosa polarización del continente en términos Caracas-Washington, y la búsqueda de una co-hegemonía con Brasil.
En ciertos aspectos la agenda de Chávez se parece mucho a la de Fidel Castro (hoy matriculado a su diestra como ayer junto a los jerarcas rusos) en sus buenos tiempos de los años 60. Un sueño que en algún momento también vio la debilidad de Bolivia como puerta de ingreso a la revolución latinoamericana. Aunque la metralleta ha sido reemplazada por la bomba de gasolina.
Un aspecto notable en lo que va de la saga chavista es toda la cancha libre que puede dar el petróleo en el proceso de comprarse la revolución. Washington se mantiene moderadísimo, probablemente para mejor. Colombia tiene que soportar a Chávez hasta con una sonrisa, por sólidos argumentos económicos: buena parte de su industria depende del mercado vecino.
¿Qué tendría que suceder para que Chávez empiece a ser visto como una amenaza real al norte y al sur? Básicamente dos cosas: que el petróleo venezolano pase de apuntalar unos gobiernos a desestabilizar otros (lo que viene sugerido en sus andanadas contra Alan García) y que Caracas se vuelva un puente para la actuación directa y abierta de La Habana en la región.
Pero en verdad con Chávez –el proverbial elefante en la cristalería- ya basta para preocuparse. Lula da Silva y Néstor Kirchner recelan luego del cabe que Chávez le quiso meter al Mercosur en Paraguay. México espera en qué momento se zampará Chávez a su campaña. Hay que reconocer que este venezolano está invadiendo muchos territorios más que Simón Bolívar
[*] Periodista Peruano
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