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Caracas / Venezuela -
 


¿Quién necesita un nuevo Fidel?
Diogo Schelp* / Revista Veja (Brasil) - 04/05/05

El Clon del Totalitarismo


El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, lleva más de seis años en el poder, amenaza la estabilidad de América Latina con el financiamiento y el apoyo a grupos radicales de países vecinos, la formación de una milicia civil, el uso del petróleo para chantajear a las repúblicas de Centroamérica, la compra de armas y la alianza con la dictadura cubana de Fidel Castro, de quien se está convirtiendo en el clon mal gestado y extemporáneo. En Venezuela, Chávez adoptó un gobierno centralista, modificó las leyes para tener mayor control sobre la oposición y aumentó el tamaño del Estado, llevando al derrumbe a una de las democracias más antiguas de la región. Resultado: la población se hizo más pobre, los inversionistas extranjeros desaparecieron y la deuda pública aumentó.



Hay presidentes de izquierda en el poder en Brasil, en Argentina, en Chile y en Uruguay. El año próximo, las elecciones podrán hacer crecer la lista con Perú y México. Es un grupo heterogéneo en cuanto a los métodos y las persona-lidades, pero ninguno de los mandatarios que lo forman representa riesgo para sus pueblos y sus vecinos. Curiosamente, el único presidente de países americanos que es una bomba de efecto retardado, el teniente coronel paracaidista Hugo Chávez, de Venezuela, no puede ser clasificado como izquierdista. El no tiene pasado socialista o marxista, ni teórico ni práctico. Vino del medio militar y se convirtió en un populista autoritario y fanfarrón. Por tres razones principales, Chávez representa hoy un peligro para la democracia y amenaza la estabilidad en América Latina.

La primera razón es que, claramente, él no se contenta con llevar al infierno a la vida de los venezolanos y comienza a lanzar sus tentáculos por toda una creciente área en el continente ame-ricano.

La segunda es que para mover su expansionismo
cuenta con el dinero fácil de los petrodólares que provienen de la riqueza del subsuelo venezolano.

La tercera razón, no menos preocupante, es que Chávez está sembrando insurrección e inestabilidad en países que, a pesar de ser nominalmente democráticos, todavía luchan para fortalecer sus instituciones políticas y jurídicas y sus bases económicas de progreso material. La combinación de las tres razones hace además que Chávez constituya un riesgo nuevo y grande en el horizonte de la sufrida América Latina.

En los últimos seis años, desde que fue electo, Chávez se valió de su cargo para iniciar la construcción, en su país, de una versión extemporánea del régimen totalitario que existe en Cuba. El coronel no ha logrado todavía la sofistificación que garantiza la supervivencia de Fidel Castro, quien sí es un izquierdista auténtico, un fósil de la Guerra Fría que sobrevive en su isla particular como un capataz magnánimo pero represivo. Chávez, sin embargo, ya llegó al nivel de comandante de un régimen típicamente autoritario, que compromete las libertades esenciales. Curiosamente —pero sin que ello sorprenda— la operación de desmonte de la democracia venezolana fue realizada por lo que se tiene como uno de los medios más democráticos de representación —los referendos. Hubo siete consultas populares en seis años. Esa democracia directa pasó por encima de las instituciones y le permitió al chavismo reescribir la Constitución y demoler los demás poderes de la República. Después de echar pulso largamente con la oposición, el presidente venezolano triunfó en el referendo del año pasado que pretendía revocar su mandato. Con la victoria, Chávez se llenó de fuerza moral y entró en la ofensiva para neutralizar cualquier desafío a su autoridad.

Por cinco razones descritas por el politólogo mexicano Adrián Gurza Lavalle, de la Universidad Pontificia Católica de São Paulo, Venezuela ya no puede ser considerada como un Estado democrático.

  • La autonomía de los poderes, principio básico de la democracia, fue suprimida. Chávez aumentó el número de jueces del Tribunal Supremo, de veinte a 32, y llenó los nuevos cargos con aliados políticos. Los jueces de instancias inferiores pueden perder su cargo cuando dicten sentencias desfavorables al gobierno.

  • En una democracia, si la oposición pierde las elecciones, ella sigue participando en el juego político. En Venezuela la oposición está siendo amordazada. Un nuevo Código Penal, que acaba de entrar en vigencia, hace ilegal cualquier forma de crítica al gobierno. Hasta el momento, 248 personas, entre periodistas, sindicalistas, dirigentes políticos, profesores universitarios y militares, ya están siendo enjuiciados por ese motivo.

  • La ley mordaza obliga a la prensa a adoptar autocensura. Los comentarios o las noticias pueden ser interpretados como una tentativa de desestabilizar el gobierno y dar origen a enjuiciamiento. Otras normas restringen los horarios en los que la radio y la televisión pueden transmitir noticieros.

  • Las reglas del juego político e institucional cambian constantemente a partir del momento en que Chávez se invistió de poderes extraordinarios en los siete procesos eleccionarios que convocó y en los cuales triunfó.

  • Ya no hay respeto por las normas que rigen el derecho de propiedad privada. El gobierno inició su proyecto de reforma agraria expropiando una hacienda en la que se cría el mayor rebaño de ganado de carne del país.


A esas razones se añaden los ataques a la libertad económica, como el perpetrado la semana pasada, cuando Chávez amplió la congelación de los precios de la economía, fijando también los intereses bancarios en un máximo del 28% anual. Es patético. Nada de eso funciona —tal como lo saben muy bien los brasileros.

Una novedad escandalosa del nuevo Código Penal venezolano es la revocatoria del principio de la presunción de inocencia. El concepto según el cual toda persona es inocente hasta prueba en contrario, creado por la Revo-lución Francesa, es una de las bases del derecho moderno. Abolir garantías individuales como esa fue justamente una de las primeras plumadas de Fidel Castro cuando llegó al poder en Cuba. Chávez demuestra necesi-dad casi patológica de exhibirse como clon de Fidel Castro, el decano de los dictadores. Ambos se exhiben en uniformes milita-res y hablan por horas, mez-clando banalidades con asuntos de Estado. Si Caracas no estuviese claramente sustituyendo a la Habana como cuartel general de la insurgencia revolucionaria, todo eso podría ser una francachela risible de repúblicas bananeras. Finalmente, desde que cayó el Muro de Berlín, en 1989, sobre las utopías armadas y desarmadas de la izquierda, ya nadie más toma en serio a los gobiernos que suprimen la libertad y que centralizan la economía.

La Cuba comunista nunca tuvo fuerzas para mantenerse en pie sin la ayuda anual multimillonaria de la extinta Unión Soviética, cuya bizarra estructura se deshizo en 1991 tragada por sus propios pecados e ineficiencias. Sin la mesada que recibía de la Unión Soviética, Cuba perdió el aliento para intentar aventuras fuera de la isla. Se habría caído igualmente a no ser por el auxilio financiero de Chávez. Fidel idolatra al presidente venezolano. Ve en él a su última tentativa de legarle a su pueblo una herencia menos amarga. Casi medio siglo después de la implantación del comunismo, Cuba es un país mucho peor de lo que era en los años 50. Antes del huracán Fidel, Cuba ostentaba el cuarto mayor ingreso por cápita de América Latina. Hoy está en el décimo quinto lugar. Cuba era el tercero de una lista de once países latinoamericanos con el mayor consumo de alimentos por habitante, con una media diaria de 2.730 calorías. Hoy la isla ocupa el último lugar. La salud y la educación mejoraron bastante. Pero muchos países, como Brasil, México y Costa Rica, lograron resultados semejantes sin esclavizar su pueblo, sin paredones —ni presidentes que vistan uniforme y pronuncien discursos que duren nueve horas.

Al comandar la quinta mayor producción de petróleo, Chávez posee una caja de fondos sin límites.
Gracias a los aumentos del precio internacional del barril, Venezuela obtuvo ingresos por 200 billones de dólares con las exportaciones del producto, “Chávez tiene un objeto claro: se quiere convertir en el gran líder de las masas de América Latina”, le dice a VEJA el historiador venezolano Manuel Caballero, el más respetado del país. Fidel tiene en su currículo una revolución fracasada, pero que inspiró a una generación con el apoyo del discurso marxista-leninista, que durante medio siglo repartió las cartas en la mitad del planeta. El presidente venezolano ya pertenece a la categoría de caudillo iluminado, típico de la América hispánica, cuyos sueños revolucionarios surgen de fantasías muy propias. “Chávez es un Fidel sin cerebro y con petróleo”, le definió a VEJA Andrés Oppenheimer, columnista del periódico americano Miami Herald y respetado especialista en América Latina.

Si no hay coherencia ideológica en Chávez, su plan estratégico es concreto, En resumen, son cinco las acciones externas más identificables con las que él busca ampliar su influencia en América Latina.

  • Primero, está usando el petróleo, abundante en Venezuela, para crear dependencia en los países vecinos. Las más susceptibles a esa estrategia son las pequeñas naciones de Centroamérica y del Caribe, todas muy pobres, que importan de Venezuela hasta el 80% del petróleo que consumen.

  • Segundo, Chávez da dinero y apoyo político y técnico para movimientos latinoamericanos de izquierda, muchos de los cuales tienen —o ya tuvieron— el proyecto de tomar al poder por la fuerza para instalar una dictadura socialista.

  • Tercero, Venezuela sustituyó a la Unión Soviética como patrocinadora del gobierno castrista en Cuba, suministrando petróleo y abasteciendo al país de bienes de consumo industrializados, todo a precio simbólico o a fondo perdido.

  • Cuarto, el presidente venezolano interfiere en los asuntos internos de otros países de varias maneras. Apoya candidatos a la Presidencia, patrocina movimientos radicales. En Nicaragua, por ejemplo, pidió votos para el sandinista Daniel Ortega y en Perú dio dinero a un grupo que trató de derribar el gobierno con un cuartelazo (ver cuadro).

  • Quinto: Chávez adoptó un virulento discurso antiamericano, que suena como música en los oídos de los nostálgicos de la guerra fría -numerosos entre la izquierda latinoamericana. Una izquierda que siempre se caracterizó por seguir a caudillos nacionalistas, con tal de que tuviesen un discurso antiamericano. Eso nació como estrategia oportunista. Lo que resulta más melancólico ahora es que se haya tornado en esencia de las izquierdas. Qué pena.


¿Por qué insiste Chávez en pelear con los Estados Unidos? Vive acusando a los americanos de querer matarlo o estar dispuestos a invadir el país. Hasta ahora, en realidad, lo que se ha visto es al gobierno de George W. Bush evitando respuestas a las provocaciones. Muy ocupada con los problemas que se granjeara en el Medio Oriente, la Casa Blanca contaba con que países amigos de Chávez, pero con gobiernos responsables, le aconse-jaran moderación al teniente coronel. Mientras tanto, las empresas americanas en Venezuela empe-zaron a ser tratadas bajo régimen de pan y agua. Sin mayores explica-ciones, el gobierno de Caracas rescindió el contrato que le permitía a la Conoco-Philips, la tercera mayor compañía petrolera americana, explorar un yacimiento petrolero en el país. Hace tres meses, cerró las ochenta franquicias de la red McDonald’s y las cuatro embotelladoras de la Coca Cola; surgió la semana pasada una iniciativa hilarante : el anuncio en la Habana, hecho por Chávez y Fidel, de la creación del Alba. Vino a ser una respuesta de ambos a la Alca, el área de libre comercio de las Américas propuesta por los Estados Unidos. El Alba es otro disparate de Chávez que no le va a interesar a nadie.

Se estima que Venezuela le está inyectando a Cuba, a fondo perdido, el equivalente al 20% de todo el dinero que ingresa en la isla. Eso es malo para los cubanos, ya que con esa holgura de caja Fidel se sintió a su voluntad para abortar cualquier semblanza de apertura política y mandó incluso a cerrar las pequeñas empresas particulares, tales como restaurantes, que eran el modo de subsistencia de tantos cubanos. Es irónico ver cómo la revolución generó un Estado oficial de mendicidad. Por décadas, Cuba vivió de la mesada que le enviaba Moscú. Ahora, sobrevive con donativos venezolanos.


Los Estados Unidos han comenzado a responder positivamente a un íntimo deseo de Chávez: lo está tomando en cuenta. Parece inevitable una reacción y está en curso una campaña diplomática para aislar al régimen de Caracas. Y tendrá que ser una estrategia de largo plazo, ya que Chávez tiene buenas posibilidades de ganar un mandato de seis años más. Una de las preocupaciones americanas proviene de las compras de armas en cantidades muy por encima de lo que sería razonable en un país cuyo Ejército cuenta apenas con 35.000 hombres. De enero para acá, Venezuela compró más de siete mil millones de dólares en aviones de combate, helicópteros, naves y sistemas de radares. El paquete ruso incluyó 100.000 fusiles AK-47.

Los fusiles preocupan más que los tanques porque no pueden ser rastreados por satélites. Los aviones y las naves no son útiles frente a las fuerzas irregulares; fusiles como los AK-47 como los comprados por Vene-zuela, son el armamento básico de la narcoguerrilla colombiana y de los guerri-lleros en general. Los rusos también les vendieron una fábrica de municiones. Las FARC están bien armadas, pero tienen grandes dificul-tades para obtener municio-nes. Llegan a pagar 2 dólares por una bala para fusil AK-47. ¡Imagínese qué negocio el de los sueños de tener una fábrica de proyec-tiles inmediatamente del otro lado de la frontera! Incluso si Chávez no tuviere la inten-ción de suministrar arma-mento a los guerrilleros, él no tiene control sobre la corrupción que domina todos los escalones de su administración, inclusive el Ejército. “Los planes de Chávez de montar una fábrica de ese tipo de munición no sólo deben preocupar a los Estados Unidos, sino también a los vecinos de Venezuela”, dijo recientemente el subsecretario de Estado americano Robert Zoellick.

Preocupan a Brasil, realmente. En los primeros momentos, el gobierno de Lula intercambió promesas de amor eterno con Chávez, a quien trataba como miembro de la misma cofradía de presidentes izquierdistas. Las relaciones se enfriaron bastante. Hoy no son hostiles, pero las acciones de Chávez son la mayor fuente de irritación del presidente Lula en el campo exterior. Itamaraty no esconde su evaluación del hecho de que Chávez se resiente por el respeto que Lula despierta en el extranjero. Cada vez que Chávez hace declaraciones exageradas, como aquella de que la secretaria de Estado americana Condoleeza Rice (entrevistada por VEJA esta semana) tiene debilidad por él, Lula llama al colega y le pide moderación. Chávez promete comportarse, pero no cumple con su palabra.

Venezuela
es un país repleto de petróleo, pero prácticamente sin ninguna otra fuente de ingresos. En 1958, un pacto garantizó estabilidad política hasta los años 90, uno de los períodos más largos de democracia en el continente. Se determinó que el dinero del petróleo financiaría un Estado clientelar. La caída de los precios en los años 80 puso todo a perder. La corrupción es endémica en Venezuela. El presidente que Chávez trató de derrocar en 1992, Carlos Andrés Pérez, terminó preso a causa del desvío de 17 millones de dólares. Desde 1990. Once presidentes latinoamericanos fueron depuestos o forzados a renunciar antes de la culminación de sus mandatos. En casi todos los casos, fueron derrocados por corrupción o simplemente porque gobernaron sobre economías fracasadas. El lado más perverso de esa inestabilidad es la sensación de que el voto no es capaz de librar al país de los corruptos ni de promover las reformas necesarias para mejorar la vida de la población. Es en ese ambiente que prosperan populistas como Chávez.

No sorprende que Chávez fascine a tantos izquierdistas, que lo ven como una novedad saludable en la política latinoamericana. El hecho de hacer evaluaciones desastrosas y de seguir a cualquiera que se oponga a los Estados Unidos es parte del ADN de los militantes de izquierda. En el pasado, la izquierda también siguió alegremente a otros padres de la patria, como Juan Domingo Perón, cuya promesa era resolver todos los problemas de la nación con sólo chasquear los dedos y, claro, echando la culpa de todo a los Estados Unidos. Chávez fue recibido con furiosa alegría en el Foro Social Mundial de Porto Alegre. Es espantoso que tanta gente lo festeje a él y no a Chile, el único país latinoamericano que ha logrado reducir la pobreza a la mitad. ¡La maldición del caudillismo es la dolencia senil del izquierdismo!




[*] Traducido por Carlos Armando Figueredo






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