El gasoducto del Sur: Rumbo al fracaso
Ana María Di Leo (VenEconomía)* / Soberania.org - 24/05/06
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El gasoducto del Sur es un
proyecto de enormes proporciones
y del que se puede
predecir que va rumbo al
fracaso, debido a que su
factibilidad económica,
política, geográfica o
ambientalmente es casi
inexistente. Es sólo un sueño
de integración, para el que
existen mejores alternativas
Como resultado de la reunión de los presidentes
de Argentina, Brasil y Venezuela, en
diciembre de 2005, el presidente Hugo Chávez le comunicó al mundo el arranque de un proyecto
para la construcción de un gasoducto,
con una longitud aproximada de 8.000 Km.,
partiendo de Venezuela hasta Argentina, para
transportar 150 millones de metros cúbicos
de gas por día, cinco veces más que el gasoducto
entre Bolivia y Brasil, hasta ahora el
mayor de Suramérica.
Según afirmó el Ministerio de Comunicación
e Información de Venezuela (MINCI), este
proyecto costará entre $17.000 y $23.000 millones
y se instalará en siete años. Tiene como
unos de sus propósitos: “Darle fuerza al eje
Caracas-Brasilia-Buenos Aires”. En enero de
este año el presidente Chávez comentó, que
se espera incorporar a Bolivia al proyecto de
manera rápida, descartando que en La Paz exista desconfianza sobre el proyecto por
supuesta competencia que pueda representar
para su mercado gasífero.
Éste no es el primer proyecto relacionado
con gas que emprende este gobierno. Desde
hace más de tres años se viene hablando de
un gasoducto para enlazar a Venezuela y Colombia a través de la Guajira. En diciembre de
2002 cuando se reunieron en Santa Marta,
Colombia, los presidentes Alvaro Uribe y
Hugo Chávez, iniciaron las conversaciones
sobre este proyecto, el cual se estima tenga
una extensión de más de 200 Km., con un
costo de $124 millones, y que involucra sólo
a estos dos países. Las variables para este
proyecto son considerablemente menores a
las del “gasoducto del Sur” o (el “Hugoducto”)
como ha sido bautizado el nuevo megaproyecto.
En abril de 2003 los dos mandatarios se
volvieron a reunir, ahora en Venezuela, y abordaron
nuevamente este tema. Así como también
lo analizaron en otras dos reuniones realizadas
en el año 2004, la primera en El Tablazo-
Venezuela en julio, y luego en Colombia, y en
otros encuentros en 2005.
En el encuentro de El Tablazo, de 2004, los
ministros de Energía y Minas de ambos países
firmaron un memorando de entendimiento.
Allí se conformó un equipo de trabajo con
el fin de entregar un estudio del proyecto para
el 30 de noviembre del mismo año. No obstante,
hasta los momentos no se tiene conocimiento
de que exista algún avance o resultado
sobre este proyecto.
Por esto, no es de extrañar que tanto en Venezuela como en Argentina, se haya recibido
con escepticismo el insólito anuncio de la
construcción de un gasoducto de tales dimensiones
para llevar gas venezolano, vía
Brasil, hacia la Argentina. Además, es difícil
de explicar cómo un país que podría disponer
en el corto o mediano plazo de los 52,3 billones
de reservas de pies cúbicos de gas (TCF)
no asociado en la vecina Bolívia, va emprender
el rodeo de buscarlos a 12 mil kilómetros más arriba. Con el agravante de que Venezuela
quizás no disponga de suficiente gas para
apoyar un proyecto de esta envergadura.
El total de las reservas probadas venezolanas
es de 143 billones de pies cúbicos, de los
cuales 132 billones de pies cúbicos son de
gas “asociado” (es decir, disuelto en petróleo
crudo que se produce simultáneamente, y
depende de la producción de petróleo crudo).
Sólo 11 billones de pies cúbicos del llamado “gas libre” estarían disponibles. Además,
hacen falta políticas y legislación que
rentabilicen su explotación y comercialización.
Venezuela produce casi 3 millones de barriles
de petróleo por día (BPD) y conjuntamente
con ese petróleo, produce unos 6.000
MMPCD de gas, de los cuales reinyecta a los
pozos de petróleo 2.350 MMPCD. Mucho
petróleo y poco gas. Todo el gas que produce
Venezuela es usado para el consumo interno,
no se exporta nada, e incluso se sirve de
gas colombiano. Por tanto, para poder producir los 2.500 MMPCD de gas para exportación, se tendrían
que descubrir y desarrollar nuevos yacimientos de gas libre o,
por lo contrario, se tendría aumentar su actual producción de
petróleo en más de 33%, ya que el gas lo produce conjuntamente
con el petróleo. Sin embargo, en el plan de inversiones de
PDVSA hasta el año 2010, no se contempla tal incremento en la
producción de gas, y ni siquiera es suficiente la producción
nacional –según la opinión de expertos– para cumplir con los
requerimientos de su propia industria petrolera.
El proyecto que se está considerando requeriría de por lo
menos una reserva de 38 billones de pies cúbicos (TCF, por sus
siglas en inglés) de gas. Actualmente Venezuela tiene 150 TCF
de reservas (Informe de PDVSA a la SEC, 2003), de los cuales
casi todas están inevitablemente ligadas a la producción de
petróleo.
Hasta los momentos es el proyecto de gasoducto más largo y
riesgoso del mundo. Deberá cruzar terrenos despoblados de
más de 3 millones de kilómetros cuadrados, atravesar ríos, selvas,
desiertos, y sabanas, muchas de las cuales son reservas
naturales celosamente protegidas por los ecologistas y habitadas
por diversas etnias.
Tampoco están claras las razones, si se analiza el proyecto
desde el punto de vista económico, para que Venezuela emprenda
este gasoducto. Este país tiene frente a sus costas, a
menos de 900 kilómetros de sus puertos y yacimientos, al mayor
consumidor de gas natural del mundo, los Estados Unidos
de Norteamérica, cuyo consumo es de 685 millardos de pies
cúbicos anuales (26% de la demanda mundial), según el informe
de la Agencia Internacional de Energía (AIE) de Noviembre
de 2005. Por tanto, se deduce que son otras las razones que se
tienen para justificar que Venezuela emprenda un periplo tan
largo y costoso para colocar su gas, quitándole de paso, mercados
naturales a proveedores como Perú y Bolivia.
Por parte del presidente Chávez y su equipo, se trata de una
jugada geopolítica e ideológica. Por lo que de haber algún cambio
en la conformación política-ideológica de los gobiernos
con los que pretende asociarse –algo natural, tratándose de
democracias alternativas– el apoyo al proyecto por parte de
cualquiera de ellos correría peligro.
Aun si el proyecto fuera técnica, política y financieramente
posible, la construcción de esta obra, dado su tamaño, merece
años de preparación de una red de contratos, tratados, marcos
regulatorios, impositivos y aduaneros que tornan imposible
cualquier intento de improvisación.
De cualquier manera, Venezuela tiene una excelente oportunidad
de convertirse en abastecedor de gas para el hemisferio,
ya sea por tubería o GNL. Pero, en esta decisión deberán
privar motivos económicos y de desarrollo tanto interno como
regional, antes que motivaciones ideológicas. Para ello será
necesario promover el desarrollo acelerado del sector, validar y
certificar sus reservas de gas asociado y no asociado. Promoviendo
la participación de la inversión privada nacional e internacional.
Aspectos técnicos
Se trata de construir un gasoducto, el cual es un conducto
que sirve para transportar gases combustibles a gran escala.
Consiste en un conjunto de tuberías de acero, superficiales y
subterráneas, por las que el gas circula a altas presiones, desde
el lugar de origen. Si la distancia es larga, debe haber estaciones
de bombeo a intervalos.
Un aspecto muy importante de este sistema de tuberías es la
seguridad que necesita el mantenimiento de un sistema planificado
de prevención de riesgos. Requiere un plan permanente
de vigilancia de su tubería mediante patrullajes aéreos y/o terrestres.
Sin olvidar que el camino debe medir al menos 300
metros de ancho para el trazado, lo que permite incluir el camino
de servicio a cada lado de las tuberías, que deberá mantenerse
accesible en todo momento.
Como método alternativo de transporte de gas, el cuál según
la opinión de expertos es más económico en ciertos casos y
sobre todo después 3.800 Km., se utiliza el LNG abreviación del
termino “Liquefied Natural Gas”, que se traduce como Gas Natural
Licuado (GNL). Éste es gas natural transformado a estado
líquido, por un proceso de enfriamiento a una temperatura de -
162°C, con lo cual se reduce su volumen por un factor de 600,
convirtiéndose en líquido. El gas natural licuado resultante es
entonces transportable en buques diseñados para tal propósito,
o puede ser almacenado en tanques refrigerados. El gran
mérito del proceso GNL, es llevar el gas a sectores remotos y de
grandes consumos, por ser un “agente” (como sistema) que
reduce considerablemente sus costos y cantidades de traslados,
o sea si fuera a la presión normal se necesitarían 600 vehículos
(buques) por uno en el sistema GNL.
Antes de emprender la construcción de miles de kilómetros
de tubería y plantas de bombeo a presión, que serán usadas
para un fin muy específico, es necesario asegurar que se dispone
de suficiente gas (reservas probadas) para bombear en un
lapso de 30 a 50 años, tiempo que garantizará el retorno de la
inversión. Requisito que no ha sido satisfecho por PDVSA.
Además se debe estar seguro, que la comercialización por medio
de GNL, no es más factible.
Aspectos económicos
Tal como se comentó anteriormente, para poder producir los
2.500 MMPCD de gas para exportación, Venezuela tendría que descubrir y desarrollar nuevos yacimientos de gas libre o, por
lo contrario, tendría que aumentar su actual producción de petróleo
en más de 33%, ya que el gas lo produce conjuntamente
con el petróleo. La producción actual proviene de cerca de
20.000 pozos productores, por tanto, tendría que perforar unos
7.000 pozos adicionales. Cualquiera de estas alternativas toma
tiempo y bastante dinero.
Los depósitos probados de Venezuela alcanzan 150 billones
de pies cúbicos, de los cuales apenas 11 billones son gas libre,
no asociado al petróleo. Si no hay un estudio concreto sobre
las reservas reales existentes en Venezuela, país que tiene que inyectar el combustible, no es factible que nadie vaya a financiar
el proyecto.
Por otro lado, analizando las alternativas de comercialización,
existen estudios que indican que al pasar una longitud de
3.800 Km., un proyecto de GNL sería superior en términos económicos
y estratégicos a uno de tuberías. Cuando se trata de
una tubería tan larga, es necesario agregar varias plantas de
compresión para transportar el gas, eso encarece el traslado. En
este caso, se trata de un gasoducto que cruza la selva amazónica,
con kilómetros y kilómetros inhóspitos.
Sumando estos costos, más lo que significaría el mantenimiento
de esas tuberías a lo largo de la Selva Amazónica, se da
por descontado que el gas venezolano sería más caro que el
boliviano. Aunque Chávez decidiera vender el gas en boca de
pozo a $2,50 el millón de BTU, el precio que en estos momentos
tiene Bolivia con la Argentina, un valor que Evo Morales quiere
subir, los industriales argentinos pagarían finalmente, $6,50 el
millón de BTU. Japón pagó el año pasado, en promedio, $4,00
por el gas licuado que le compra a Indonesia, Malasia, Qatar y
Australia. Cálculos internos de las petroleras coinciden en afirmar
que el valor oscilaría entre los $5,00 y $6,50. Las últimas
negociaciones entre la Argentina y Bolivia por el precio del gas
se estancaron cuando los bolivianos pidieron $4,00 el millón de
BTU.
Hasta los momentos, no hay estudios serios que despejen
estas incógnitas, por lo que no se sabe si el proyecto es factible,
ni siquiera si es prefactible.
Aspectos jurídicos
Debido a la gran cantidad de kilómetros que deberá recorrer
el gasoducto, atravesará al menos tres países, el proyecto presenta
una gran complejidad jurídica. Aunque el proyecto fuera técnica, política y financieramente
posible, la construcción de esta obra monumental, requiere años
de preparación de una red de contratos, tratados, marcos
regulatorios, impositivos y aduaneros. Servidumbres de paso
para los trazados de la tubería, exigencias ambientales e indígenas;
pólizas que resguarden del riesgo político de la región con
tratados internacionales y pólizas ambientales amén de los conflictos
de financiamiento que pudieran aparecer. La construcción
obligará a que los tres países negocien normas específicas.
Queda por definir, si cada quien administrará la parte del ducto
que pasa por su territorio o si lo hará una entidad trinacional creada al efecto. Dentro del ente, también debe preverse un
sistema de resolución de conflictos y resolver cómo va a ser la
participación de los países y los aportes.
Es más, el Presidente ha hablado de una red que abarca hasta
nueve países, lo que sugiere una complejidad gordiana.
Aspectos ambientales
Estas iniciativas suelen encontrar muchas trabas ambientales.
Ya se han empezado a escuchar las opiniones de diversos
grupos ecologistas, ante un proyecto que promete intervenir
un amplio trayecto de la selva amazónica, considerada patrimonio
de la humanidad. No hay disponibles estudios de impacto
ambiental de este tipo de tuberías a nivel de un
ecosistema tan frágil y variado. Están los riesgos de incendios
incontrolados y la permanente intervención que significa
el mantenimiento de las tuberías. El solo hecho de que se
requeriría un trazado de al menos 300 metros de ancho que
permita incluir un camino de servicio a cada lado de las tuberías,
podría ser suficiente para hacer inviable el proyecto desde
el punto de vista ambiental.
Roberto Smeraldi, de la filial Brasileña de Amigos de la Tierra,
comentó que el gobierno de Brasil no ha conseguido en diez
años de discusión, realizar estudios similares para proyectos
de 500 kilómetros. Los ambientalistas sostienen que los ríos
serán contaminados, una porción de la tierra será talada, lo que
abrirá caminos que atraerán a agricultores y madereros. Unos
creen que puede ser construido sin dañar el ambiente, pero a un
costo prohibitivo, otros creen que de cualquier manera dañará
el ambiente.
Aspectos políticos
En Europa existe un fuerte debate sobre el conflicto que entre
Ucrania y Rusia, ocasionó la interrupción del servicio en Europa.
Uno de los principales inconvenientes del suministro por
gasoducto, es que ata a un proveedor con un consumidor y
viceversa, en caso de cualquier interrupción se hace más difícil
su sustitución. No así el servicio por medio de GNL, ya que los
tanqueros pueden venir desde diferentes proveedores y es factible
sustituirlos. Es un sistema más flexible tanto para los proveedores
como para los consumidores. Podría suceder que el
país encargado de suministrar el gas corte el suministro, o alguno
de aquéllos por los que pasa la tubería, inicie el boicot, he allí
un enorme problema
Lo anterior está conectado al hecho, de que para inversiones
de miles de millones de dólares se suele exigir la presentación
de un seguro de riesgo político, generalmente otorgado por
entidades relacionadas con organismos multilaterales como el Banco Mundial. Deberá entonces contratarse uno que cubra
las eventuales inestabilidades políticas de Brasil, Argentina y
Venezuela. En paralelo los técnicos deberían resolver la cuestión
impositiva y aduanera. Quién y dónde se cobrarán los
derechos de paso, por cada país.
Se estima que a nivel mundial existirá la disponibilidad de
capital necesario para financiar las inmensas inversiones requeridas.
Incluso el BID ya ofreció estudiar el proyecto para su
posible financiamiento. Sin embargo, los flujos de capital dependerán
de la percepción de riesgos relativos, el precio del
gas, términos fiscales, condiciones políticas, geológicas y ambientales.
¡Ojalá no sea demasiado tarde!
De parte del presidente Chávez y su equipo, se trata más bien
de una jugada geopolítica e ideológica. Y están de por medio
los intereses anti-imperialistas del gobierno venezolano, que
por los momentos encuentran cierto eco regional, debido a su
poderío financiero, basado en los altos precios del petróleo.
Habría que pensar si la situación cambiará para Venezuela o si
alguno de los presidentes de estos países socios –que naturalmente
serán sustituidos en el poder– diera un viraje hacía intereses
políticos distintos a los que persigue el presidente Chávez, ¿cuál sería su reacción? ¿Se enfrentarían estos países a un posible
corte de suministro? ¿A quién entonces le vendería Venezuela
su gas? ¿Qué pasaría con los miles de kilómetros de tuberías?¿Es éste un riego controlable? Si además, de los evidentes obstáculos de racionalidad económica,
ambientales y al entramado jurídico que hay que armar,
se une el riesgo político bajo la forma de una vedette ideológica,
sin duda el gasoducto se convertirá en uno más de los
grandes proyectos fallidos. Ojalá que el costo asumido por
Venezuela, no sea demasiado grande, para el momento cuando
se determine la inviabilidad del proyecto.
En todo caso y según ha dejado ver la prensa argentina, es
este riesgo político lo que más asusta a muchos industriales
argentinos, además, no imaginan cuál podría ser el costo de
transporte con semejante ducto, prefieren que Argentina le
compre GNL a Venezuela. En todo caso, el gas natural licuado,
es una tecnología de enorme expansión en todo el mundo,
cuyos costos en los últimos años han venido disminuyendo y
demostrando poseer mayor flexibilidad para el abastecimiento
en caso de contingencia, que el sistema de tuberías entre varios
países.
[*] VenEconomía Mensual / Edición Febrero de 2006
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