¡Feliz cumpleaños, Lula!
Walter Martínez
(Dossier) / Últimas Noticias (Venezuela)
- 06/10/02
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FRASE Su grito de campaña:
"Quiero un Brasil decente...
Quiero a Lula Presidente" lo dice todo.
REUTERS |
Durante la Guerra Fría, la CIA
promovió la creación de algunas cadenas televisivas
en América Latina. Fue en México, Venezuela, Brasil
y Argentina. Así me lo contó un viejo lobo boreal
de la política. Todas las cadenas y sus empleados se plegaron
a una misma línea editorial.
La que le tocó a Venezuela ya no está en
manos privadas, si he de creerle todo el cuento a mi vieja fuente.
Ganada la Guerra Fría, los propietarios de esos
medios descubrieron que era negocio respetar el talento nacional.
Figuras y firmas intragables durante la etapa de la cacería
de brujas tropical, demostraron ser insustituibles.
Resultado: la asociación de capital y talento nacional generó
por estas calles el boom de los buenos teleteatros y un cristalino
posicionamiento global. Se creó un rubro exportable no tradicional.
Luego, consideraron innecesario el talento y volvieron a
los menos contestatarios.
Una manada de éstos, repuestos usados de ayer, salen hoy
de la chivera ideológica y vuelven a la carga como el viejo
perro de la RCA Victor, al oír la voz de su amo:
"His master voice", como se lee en mis viejos
discos de jazz. De aquel festín, sólo queda posicionado
en los mercados internacionales el venezolanismo "culebrón".
Los capitales generados ya están en Miami. Se podría
decir que algo así, a brocha gorda, fue la política
de Menem Cavallo que, con su artificial y forzada paridad monetaria,
privatizó y destruyó a Argentina e indirectamente
torpedeó al Mercosur, tanto como la respuesta devaluacionista
brasileña para lograr la reelección de Cardoso. Menem
fue la farándula al poder. A diferencia de Menem y sus cuarenta
secuaces, Cardoso se rodeó de gente con tanto talento
y madurez que obligó a la propia derecha capitalista a aceptarlos,
como en el cuento de los culebrones. Pero hoy se escribe otro libreto.
La suma de las partes.
Lo que hay detrás de Lula es más importante
que Lula. Que nadie se equivoque.
No hay extrapolaciones. Lo único que tiene en común
con Salvador Allende es que ambos llegaron al poder
después de perder tres elecciones.
Argentina fue un país en verdadero desarrollo, con un proletariado
industrial de creciente conciencia de clase. Lo logró
con el aluvión de inmigración europea, con verdaderos
capitanes de empresa y con un capital de sentir nacionalista. Perón
lo malogró desde arriba y Menem, traicionando al Justicialismo,
lo envileció. Una reciente encuesta indica que los argentinos
se consideran habitantes de una "republiqueta"
(La Nación).
Lo que Lula tiene detrás es el Partido dos Trabalhadores,
fenómeno social que viene de abajo; a lo mero macho y sin
paternalismos. En este país continente el aluvión
es de inmigración interna. La raíz del PT puede ser
rastreada desde la huelga metalúrgica de Sao Paulo en 1979.
Ha madurado y se ha preparado política e ideológicamente
junto con su liderazgo. Ha sido un largo y sangriento camino. Buena
parte del cinturón de miseria de la gran urbe se generó
entre los hambreados del nordeste, los desplazados del campo, los
"Sin Tierra". A fuerza de luchas perdidas, de
relegamiento social y del descrédito de los partidos y figuras
tradicionales, ha aparecido una gigantesca clase trabajadora urbana
que ha sabido sobrevivir a la represión y hoy siente su poder
de cambio. Su grito de campaña: "Quiero un Brasil
decente... Quiero a Lula Presidente."
lo dice todo. Para llegar a esto, Lula ha pulido su discurso y su
estilo. Lo ha adecuado al contexto geopolítico, sin olvidar
la vocación de gran potencia de Brasil. Sabe muy
bien cómo ha cambiado el mundo y lo que está en juego
como futuro. Aprendió a utilizar los medios audiovisuales
en un mundo globalizado.
El empresariado brasileño también ha asimilado
ese cambio con sentido nacionalista.
Este viernes, el Dow Jones perdía casi 189 puntos; y Londres,
preocupada por sus inversiones en Brasil, veía caer el Ftse
en más de 66 puntos. La gigantesca Bolsa de Sao Paulo era
la única del continente en cerrar al alza con una ganancia
de casi 120 puntos. Nada mal tratándose del cierre de operaciones
previo a las elecciones de hoy que, de una manera u otra, pondrán
por primera vez en la región a un obrero en el poder.
Cambio de mentalidad: cuestión básica.
En el caso Brasil, la especulación descarada de los
capitales internacionales se ha encontrado con un fenómeno
peculiarísimo.
Mientras los financistas y no pocos medios de comunicación
jugaron a la derrota de Lula y a la devaluación, la masa
trabajadora y el empresariado industrial, ambos con sentido nacionalista,
les salieron al paso. Los dos factores de la producción han
entendido que Lula y el PT representan un proyecto de auténtica
raíz nacional que pasa por la continuidad del desarrollo
industrial.
Los unos con el voto, y los otros conscientes de que sin desarrollo
industrial no hay capitalismo real, se la han jugado por su país.
Ni emigró la mano de obra, ni el capital industrial se entregó
cómodamente vendiendo a las grandes transnacionales. Ambos
pusieron primero a Brasil antes que a Miami. Por algo,
José Alencar, multimillonario y prestigioso
industrial, es el candidato a Vicepresidente del Partido de los
Trabajadores. Los militares nacionalistas también
apoyan a Lula. Por su parte, la Iglesia Católica
Brasileña, siempre vanguardista, ha hecho lo suyo.
La Confêrencia Nacional dos Bispos do Brasil (Últimas
Noticias, Dossier,
30 Junio 2002), ha denunciado: "Las desigualdades
sociales aumentan como fruto de la globalización del mercado,
que concentra poder y riqueza en tanto hace disminuir los puestos
de trabajo en la industria y en el campo, degrada la naturaleza,
causa desastres ecológicos y multiplica, a cada día,
el número de excluidos, condenados al éxodo, al exilio,
a la deterioración física y psíquica, a la
pérdida precoz de la vida. Flagelo atroz es el hambre, es
la desnutrición que alcanzan especialmente a los niños
en los primeros años de vida, perjudicándolos en su
desarrollo..."
"Es inadmisible el contraste entre la situación
de miseria y degradación del pueblo que sufre refugiado en
las favelas, los barrios y las periferias de las ciudades, que llega
a recurrir a la prostitución y hasta al tráfico de
drogas para sobrevivir, y el lujo y sofisticación de condominios
cerrados, construcciones suntuosas y desperdicio de riquezas, sin
consideración por la miseria que les rodea..."
En la época en que Kissinger autorizó los
golpes de Estado en Chile y Uruguay, dijo: "América
Latina irá hacia donde vaya Brasil." Hoy Lula cumple
57 años, y todos los bien nacidos soplaremos las velitas
con él.
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