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Caracas / Venezuela -
 


Para salvar la Amazonia… ¡hágase el gasducto al Sur!
Víctor J. Poleo Uzcátegui / Soberania.org - 07/07/06


La Amazonia y la Energía en Brasil

La Amazonia es nicho de vida para la Humanidad y, previsiblemente, sus etnias sufren de transculturación y ajenas ambiciones territoriales, amén de insaciables apetencias corporativas que predan sus aguas, bosques y recursos naturales.

Un 80% de la Amazonia descansa en los 8.5 millones de kilómetros cuadrados que hacen de Brasil la mitad territorial de Sur América.


La Amazonia es un frágil ecosistema de bosques y aguas que nutre un complejo sistema de generación hidroeléctrica en el sub-continente, uno de cuyos sub-sistemas es el Caroni-Paragua en Venezuela.

El 90% de la producción de electricidad en Brasil se genera en centrales hidroeléctricas; en Venezuela un 75%.



Las grandes centrales hidroeléctricas de Brasil se sitúan en los ríos Paraná, São Francisco y Grande. En el río Paraná el complejo hidroeléctrico de Itaipu, Jupiá, Ilha Solteira y Foz do Areia suma 18.915 MW de potencia instalada. En el São Francisco el complejo Paulo Afonso-Sobradinho es de 3.510 MW, y en el río Grande el complejo Embarcação, Furnas y Marimbondo es de 3.747 MW.

Los desarrollos hidroeléctricos en el Bajo Caroni, Venezuela, concentran una capacidad instalada en el orden de 17.000 MW y se inician con Macagua I (386 MW) en 1956-1961; siguen Guri I en 1963-1968 y Gurí II en 1978-1986 (10.000 MW); Macagua II y III en 1990-1995 (2.560 MW); Caruachi en 1997-2006 (2.280 MW) y Tocoma, en construcción, con fecha de entrada en 2012 (2.424 MW).



Los (4) potenciales desarrollos hidroeléctricos en las cuencas altas del Caroni-Paragua  (a iniciarse en 2015?) adiciona(ría)n unos 10.000 MW de potencia instalada, completando así un unificado sistema de centrales en cascada de 27.000 MW.

Por ello, justo es reconocer el superior talento y ética de quienes supieron
planificar y ejecutar los desarrollos del Caroni durante la segunda mitad del Siglo XX.   En el siglo que inicia, la planificación del Sector Eléctrico en Venezuela necesariamente estará dictada por un Caroní dominante y un abundante almacén de combustibles termoeléctricos, siendo el gas natural uno de ellos (en el más innoble de sus usos finales: el de  servir como black BTU).

Así entonces, Venezuela y Brasil por igual precisan de una agenda a futuro que minimice  los riesgos asociados a conductas aleatorias de sus ríos, flexibilizando para ello sus fuentes de oferta termo-eléctrica.

No obstante, un emergente Brasil (novena economía mundial) mal podría desistir de la energía que todavía resta en sus ríos.

A diferencia de Venezuela –y su singular concentración hidroeléctrica en una única cuenca, la del Caroni-Paragua-,  los nuevos desarrollos hidroeléctricos en Brasil están distribuidos en varias sub-cuencas de la Amazonia.



A juzgar por sus futuros empreendimentos (desarrollos), Brasil considera unos 123.000 MW de nueva generación hidroeléctrica en la Amazonia.

Así las cosas, es vital disuadir los nuevos y detener los actuales desequilibrios ambientales en el vasto sistema de aguas de la  Amazonia, so riesgo de transar significativas carencias de electricidad en naciones de la cuenca amazónica y en beneficio de los capitales que la deforestan y practican una destructiva minería (tal es el caso de la extracción de oro y diamantes en las cuencas altas de nuestro Caroni-Paragua).

Tal vez por ello último, ocurre hoy que Brasil vive una situación de emergencia energética. El por qué, se debe a las grandes sequía
s que sufren los ríos que alimentan a las centrales hidroeléctricas. El problema de la falta de energía se remonta a hace 20 años, pero tomó a todo el mundo por sorpresa. Una de las causas es la sequía en las regiones del centro, norte y nordeste, que es la más fuerte desde hace muchos años. Otra, es el atraso en la construcción de centrales térmicas con el gas natural proveniente de Bolivia. La única solución es que llueva. Pero mientras tanto se lanzó un plan de racionamiento de energía a base de multas y tasas para economizar un 20%. Pero se sabe que provocará una baja del crecimiento cercana al 4% del PBI.

Por otra parte, hoy Brasil exhibe distorsiones en su demanda final de energía, notablemente alimentada por leña (y carbón vegetal) en el Sector Residencial (170 millones de habitantes), según se evidencia en el cuadro siguiente:


Valores Proyectados de Energía Final para el Sector Residencial  (10^6 tEP)



Brasil, sin embargo, es quizás el único país en el mundo cuyo transporte terrestre se alimenta en un 20% de combustibles renovables (etanol vegetal) o, dicho de otra forma, el único país en el mundo que ha hecho suyo el paradigma de reemplazo y sustitución de las gasolinas de refinería que monopoliza la industria global de motores de combustión interna.

"La grande y magnifica alternativa es la adopción de la biomasa como vector de una nueva matriz energética, lo que implica rescatar para el control del Estado sus instrumentos esenciales de poder".

Tal es el pensamiento de J. W. Bautista Vidal, notable científico brasilero, en su libro EL PODER DE LOS TRÓPICOS - Meditación sobre la alienación energética en la cultura brasileña. Río de Janeiro, 2005.

Hasta aquí una necesariamente breve introducción a las varias dimensiones (electricidad, gasolinas, leña, gas) que amenazan la seguridad energética del Brasil y su vinculación con la Amazonia.

Ahora bien, ¿Cuál es el problema?.

Juzgue Ud., a continuación…


La Amazonia y el gasducto al Sur

 

Ecologistas sin visión
Erika Hidalgo Lopez / El Mundo – Economía 7/ Caracas, Jueves 29 de Junio de 2006.


Uno de los temas neurálgicos en la concepción del Gasducto del Sur es su impacto ecológico.

“A nuestros amigos ecologistas les ha faltado visión para analizar la conveniencia del gasoducto, porque con sólo ver la matriz energética de los países del sur, se puede percibir que el proyecto terminará apuntalando los objetivos de conservación del Amazonas y otras zonas del sur del continente”, argumenta Jorge Luis Rodríguez, presidente del Ente Nacional del Gas (Venezuela).

“La idea es que el gasoducto permitirá un cambio radical en el patrón de consumo energético en la subregión, permitiendo una reducción sensible de la tala de bosques con fines energéticos; de hecho, la estimación que maneja el organismo regulador del gas es el proyecto haría posible evitar la tala de 17 millones de hectáreas de bosques silvestres en la cuenca amazónica”.

“Eso es equivalente a 42% del área amazónica, incluyendo al estado Bolívar”, subraya el funcionario.

Además, no podía faltar la mención al componente social del proyecto, a través de un plan de desarrollo integral de las comunidades aledañas a la infraestructura de transporte, que establece la dotación de servicios básicos de educación y salud, aparte de estrategias de estimulo a la realización de actividades productivas localizadas y amigables con el entorno ambiental.

 

 

 

[*] Víctor J. Poleo Uzcátegui / Email: victorpoleo@intercable.net.ve

 

 




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