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Caracas / Venezuela -
 


El Consenso Bush
Elie Habalián Dumat* / Soberania.org - 27/07/06

Después de juramentarse como presidente de los Estados Unidos en enero del año 2001, George W. Bush procede a nombrar una comisión presidida por el propio vice-presidente Dick Cheney para rediseñar la política energética de la potencia dominante. En menos de cuatro meses, se hace público un documento titulado: la Política Energética Nacional de los Estados Unidos, que hoy constituye, por lo menos hasta el año 2020, el mapa de ruta del gobierno estadounidense en su política energética, comercial, de relaciones internacionales, y sobre todo, de seguridad.

Lo más dramático del denominado “Plan Bush” es el reconocimiento de la vulnerabilidad de EE.UU. en materia de hidrocarburos, particularmente el petróleo, debido a su vital dependencia de las tierras energéticas árabes-islámicas. Conclusión: el control directo del petróleo y del gas natural del Medio Oriente y el Asia Central constituye una necesidad vital para la seguridad y el estilo de vida de los Estados Unidos.
 


LA GUERRA CONTRA EL TERRORISMO

Este control no puede ejercerlo un tercero; es demasiado riesgo. Hace falta enviar tropas a esas tierras, pero la comunidad internacional exige una justificación para una acción que puede ser violatoria de la soberanía y del derecho internacional. De repente ocurre una curiosa coincidencia; el 11 de septiembre de 2001 sorprende al mundo. La capital financiera y la capital político-administrativa del Imperio han sido atacadas por un enemigo difuso. Inmediatamente, el presidente Bush le declara la guerra al terrorismo, luego ocupa Afganistán. En este acto, casi el mundo entero lo apoya, salvo algunas excepciones. Europa acompaña a Bush política y militarmente. Rusia se identifica con la guerra contra el terrorismo porque, por lo pronto, parecía tener un rostro similar a los rebeldes de Chechenia. China condena el terrorismo y deja pasar la ocupación. Resultado: la primera fase del plan ha sido ejecutada. Esto es: controlar los yacimientos de hidrocarburos del Asia Central. Y como ñapa para su geopolítica, EE.UU. ocupa militarmente el centro de un área estratégica donde colindan Rusia, China y Europa.

La fase siguiente del plan de control directo de los yacimientos del Medio Oriente consiste en finalizar el trabajo iniciado por George Bush padre en 1991 y domesticar a los países contestatarios de la sub-región. Irak sancionado y bloqueado por la comunidad internacional desde 1990 tiene, según Washington y Londres, armas de destrucción masiva que pueden poner en peligro la civilización y la paz del mundo, por lo que hay que desarmarlo, mejor dicho, ocuparlo. En este caso, EE.UU. afectaría seriamente los intereses energéticos y/o estratégicos de Europa, Rusia y China que no apoyarían la acción militar contra el país árabe. Bush decide lanzarse solo. ¡Bueno! En adición a Tony Blair (el de la Tercera Vía tantas veces alabada por el Presidente Chávez), lo acompañan, entre otros, los herederos de Franco y Mussolini. Resultado: ocupado uno de los tres  principales focos de amenaza a sus intereses en la sub-región, Estados Unidos refuerza su control directo sobre el mayor reservorio de petróleo y de gas del mundo. Así mismo, los soldados estadounidenses presentes en Irak tienen en las fronteras este y oeste a dos países del “Eje del Mal”. Esto es: Irán y Siria, para los cuales existen fases siguientes de la macro-estrategia estadounidense.


IRÁN Y SIRIA, A LA RESISTENCIA

Después de la ocupación de Afganistán e Irak, Siria e Irán disipan definitivamente toda duda sobre los planes que Washington tiene para ellos. En el mejor de los casos, dichos planes serían de domesticación. Ésta es la única vía para borrarlos de la lista de los países integrantes del “Eje del Mal”. Sin embargo, Teherán y Damasco toman la decisión de resistir. En realidad, las presiones de parte de Estados Unidos sobre estos dos países se habían venido ejerciendo desde un buen tiempo atrás. La colaboración con el terrorismo, el programa nuclear iraní, la posesión de armas de destrucción masiva, la violación a los derechos humanos son, entre otras, acusaciones de las cuales han sido y siguen siendo objeto los gobernantes persas y sirios.

Para estos dos países la mejor defensa consiste en la contraofensiva, sobretodo política. Los iraníes, de aplastante mayoría shiíta, se han propuesto ante los musulmanes del mundo como los más consecuentes con el Islam y los más contestatarios frente a los enemigos  de la religión de Mahoma. Con esto Irán pretende conseguir el apoyo de cientos de millones de musulmanes, tanto árabes como no árabes. Este objetivo constituye un desafío a la mayoría sunnita que supera el 85%. Significa también un desafío al liderazgo del mundo árabe-islámico de importantes países sunnitas como Egipto y Arabia Saudita, entre otros.

En otro frente, Teherán ha venido desarrollando relaciones políticas y económicas con Rusia y otros países ex-soviéticos del Asia Central y el Caspio. La relación con China, otro miembro permanente del Consejo de Seguridad, ha sido otra dinámica estratégica que, junto a la primera, podría proporcionar el indispensable apoyo político a Irán en su forcejeo con los Estados Unidos, la Unión Europea y otros factores de poder menos importantes. La interacción política y económica con Cuba y Venezuela constituye un paso significativo en su pretensión de incrementar el apoyo a su política de desafío a Washington. En definitiva, los iraníes están decididos a ocupar un importante espacio dentro de la comunidad internacional. Una prueba concreta es su determinación a formar parte del exclusivo club de países con energía nuclear propia. Sin embargo, los Estados Unidos parecen estar decididos a obstaculizar la estrategia de Irán.

En cuanto a Siria, país de mayoría sunnita pero con el poder en manos de una minoría shiíta en su versión alawita, se dedicó a fortalecer su posición en el Líbano en un intento por contrarrestar la ofensiva del presidente Bush. En coordinación con Irán le ha prestado apoyo al Partido Hizbullah, principal fuerza política libanesa capaz de hacerle frente a Israel y a las fuerzas libanesas pro-occidentales. Siria se ha dedicado también a apoyar las fuerzas contestatarias palestinas y aquellas fuerzas iraquíes contrarias a la ocupación de su país.


ESTADOS UNIDOS Y EL CONSENSO CONTRA TEHERÁN Y DAMASCO

A diferencia de lo ocurrido en el caso de Irak, George W. Bush, consciente de la complejidad del caso de Irán y Siria, decide construir un amplio consenso internacional. Esto es: sus más importantes aliados europeos especialmente Francia y Alemania, Egipto, Arabia Saudita y el resto de los países del Consejo de Cooperación del Golfo, Jordania, Turquía, Pakistán y por supuesto, Israel. Formarían parte de ese consenso también las fuerzas palestinas calificadas de moderadas, con Mahmoud Abbas a la cabeza. En cuanto al Líbano, un mosaico de fuerzas disímiles pero todas contrarias a la influencia de Siria formaría parte del Consenso Bush. En el caso de los países islámicos de la Cuenca del Caspio, parece que, después de siete décadas de socialismo real, lo económico tiene absoluta prioridad sobre lo ideológico, lo político, lo religioso, etcétera; y los estadounidenses son excelentes en el arte de los negocios.

 


Paralelamente a la ofensiva de Washington y Paris contra la presencia siria en el país de los cedros, el parlamento libanés aprueba una enmienda constitucional para prorrogar por tres años el mandato del presidente Emil Lahoud considerado pro-sirio (la constitución libanesa no permitía la reelección). Este evento tiene lugar el 3 de septiembre de 2004, horas después de la aprobación de la Resolución 1559 por parte del Consejo de Seguridad. Entre otros puntos, el máximo organismo político internacional pide la retirada total e inmediata del Líbano de todas las fuerzas extranjeras (una referencia directa a Siria), exhorta a desarmar las milicias (en clara alusión a Hizbullah) y declara su apoyo a un proceso electoral libre y limpio en las próximas elecciones presidenciales del Líbano que se desarrollarán con arreglo a las normas constitucionales libanesas concebidas sin injerencia o influencia extranjeras (en alusión a Siria). Esta enmienda desencadena una grave crisis política que seis semanas después precipita la renuncia del primer ministro sunnita Rafik Hariri. En su lugar el recientemente reelecto presidente Emil Lahoud designa al sunnita pro-sirio Omar Karami. Esto es interpretado por Washington y Paris, y por la oposición libanesa como un desafío de Siria dirigido a profundizar la crisis.

La muerte de Yasser Arafat  en noviembre de 2004 deja el camino despejado para la elección de Mahmoud Abbas en enero de 2005 como presidente de la Autoridad Nacional Palestina. Abbas goza de la confianza de Washington, y su elección fue considerada como un hecho positivo en la dirección del Consenso Bush para el Medio Oriente. En cuanto al Líbano, un coche bomba mata en Beirut a Rafik Hariri el 14 de febrero de 2005. Inmediatamente surge y crece una matriz de opinión que responsabiliza a Siria. La oposición libanesa, en su mayoría antisiria, emprende una cruzada contra el gobierno de Omar Karami y contra la presencia militar de Damasco en el Líbano. Dos semanas después del trágico hecho el gobierno dimite. Un gabinete provisional tiene como tarea la celebración de comicios generales en mayo y junio de 2005. Una coalición antisiria dirigida por Saad el hijo de Hariri gana las elecciones. Fouad Siniora es nombrado primer ministro como expresión ejecutiva de la nueva mayoría en el parlamento. En otras palabras, el Consenso Bush engrosa sus filas con la incorporación del nuevo poder legislativo libanés. Falta aún el control de la presidencia de la República y del ejército libanés.

Paralelamente al desarrollo de los acontecimientos en el Líbano y Palestina durante los años 2004 y 2005, el presidente Bush estuvo muy activo. Recordó contundentemente a Siria en varias oportunidades el retiro total e inmediato de sus fuerzas del Líbano, lo cual se cumple antes del 30 de abril de 2005. Bush ha insistido también en el desarme del Partido de Dios Hizbullah y ha promovido las investigaciones sobre el asesinato de Hariri a tal punto que los investigadores han venido arrojando serias hipótesis sobre la responsabilidad del propio presidente sirio Bashar al-Assad. Todo marcha sobre ruedas para Washington hasta que en enero de 2006 Hamas gana las elecciones legislativas alzándose con 74 de los 132 asientos del parlamento palestino. Hamas y Hizbullah se han convertido en serios obstáculos para el Consenso Bush. Ante la imposibilidad de eliminar estos beligerantes movimientos, la administración estadounidense junto con varios de sus aliados decide castigarlos hasta reducirlos a la mínima expresión posible. Sobre todo, al castigar las poblaciones civiles de Palestina y el Líbano, promueven y fortalecen una matriz de opinión en ambos pueblos sobre la inviabilidad de los proyectos políticos de Hamas y Hizbullah. De hecho, Arabia Saudita ha venido responsabilizando al Partido de Dios de la tragedia del Líbano por haber provocado sistemáticamente a Israel.

El actual conflicto armado en el Líbano y Palestina, cuyo protagonista más inclemente es Israel, tiene como finalidad el desgaste político y militar de Hamas y Hizbullah ante sus pueblos. Vendrá un cese de hostilidades basado en un acuerdo político internacional sobre el control del Líbano por parte de su propio ejército, a partir de ahora, cada vez menos pro-sirio. Alguna fuerza internacional serviría de apoyo para ese fin. Las condiciones se irían dando para que la nueva mayoría en el parlamento vaya extendiendo su poder sobre todo el ejecutivo y particularmente el ejército. Paulatinamente, el nuevo status quo pretenderá meter en cintura a Hizbullah para dejarle disponible sólo el espacio político. En ese mismo sentido, las fuerzas políticas palestinas menos contestatarias podrían volver a ocupar espacios perdidos. No se olvide que el presidente palestino es partidario del compromiso con Occidente y con Israel. Si esto llegara a concretarse, el Líbano y Palestina llegarían a consolidar su incorporación al Consenso Bush, dejando solos a Siria e Irán. Para estos dos últimos, la administración Bush, particularmente Condoleezza Rice y Donald Rumsfeld tienen preparados los próximos capítulos de su macro-plan político, geopolítico, militar y energético.






(*) Elie Habalián Dumat , Ex-Gobernador por Venezuela ante la OPEP (2003) / Email: habalianelie@yahoo.ca

 





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