El Gasoducto Transcaribeño y el doblepensar
Rafael Uzcátegui* / Soberania.org - 03/08/06
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El 13 de julio pasado, un reportaje de la agencia de noticias ALAI,
firmado por Fernando Arellano Ortiz, explicaba las implicaciones del
ingreso de Colombia al Plan Puebla Panamá (PPP): "Desde este mes de
julio Colombia hace parte de un megaproyecto geopolítico leonino que
busca profundizar el modelo neoliberal en la zona septentrional de
América Latina con el fin de privatizar la infraestructura vial, los
servicios públicos y los recursos naturales".
El texto explica que el
PPP, ideado por Washington, fue propuesto en el año 2000 por el
presidente Fox y aceptado en 2001 por los mandatarios de
Centroamérica. Como han dicho decenas de movimientos sociales, Alai repite que su objetivo es facilitar a las transnacionales la
privatización de las terminales aéreas y portuarias, carreteras,
energía eléctrica, agua, gas y petróleo y, principalmente, apoderarse
de las enormes riquezas en biodiversidad de la selva Lacandona y del
Corredor Biológico Mesoamericano, el cual llega hasta Panamá.
En la
red, es posible encontrar cientos de textos similares, pero este,
difundido por esta agencia de noticias "alternativa", es único en un
detalle: El gesto de Uribe Vélez –padrino de paramilitares y
testaferro de los Estados Unidos en la región, como reitera
incansablemente el izquierdismo- tiene una "evidente" motivación
urdida tras las bambalinas del imperialismo abyecto: "consolidar una
muralla contra la influencia política evidente que viene teniendo en
Suramérica el gobierno venezolano". Como muestra antológica de
manipulación informativa, como canto al desierto conceptual del
progresismo actual, la pieza noticiosa omitió un pequeño detalle: el
espaldarazo del diablo al PPP era la construcción de un inmenso
gasoducto concertado con el presidente Martín Torrijos y, la vida te
da sorpresas, el presidente Hugo Chávez Frías.
La cooperación del PPP
El 12 de febrero del 2002, el presidente de ChevronTexaco para América
latina, Alí Moshiri, explicaba a su audiencia que tras la fusión de
los dos emporios energéticos, los objetivos del consorcio estaban
claros: "es difícil exagerar el potencial de América Latina". La lista
de alianzas a conquistar era encabezada por un negocio inmejorable: "consideren el gasoducto Venezuela-Colombia, una unión natural entre
la región rica en gas del Norte de Colombia, y los mercados de energía
de Venezuela". En 5 meses, el 23 de julio, Pdvsa-Gas, Ecopetrol y
Chevron Texaco concluían un estudio conjunto del tendido de un
gasoducto entre la Guajira colombiana y Maracaibo. Año y medio
después, el presidente colombiano anunciaba el gasoducto como un
hecho.
En el 2005, en el encuentro binacional realizado en el Complejo
Petroquímico El Tablazo en el estado Zulia, Uribe declaraba en su
discurso las intenciones de la sociedad con su homólogo venezolano: "Estaríamos con el presidente Torrijos para formalizar el ingreso de
los países al Plan Panamá-Puebla y que allí se firme un acta para la
integración de este gasoducto, la construcción de la línea de
interconexión eléctrica y el avance en la construcción de la
carretera". Tras el acto, la propaganda "revolucionaria" venezolana
redoblaba su ataque contra el ALCA, saludando los mecanismos de
integración adelantados por Miraflores: "El Plan Puebla Panamá es un
instrumento de cooperación que busca integrar a los siete países de
Centroamérica con el sur de México para lograr el desarrollo de la
región mesoamericana".
[1]
El 8 de julio de
2006, la tríada de presidentes soldaban, en acto solemne, el primer
tramo del Gasoducto Transcaribeño que comprenderá 225 kilómetros. El
segundo tramo llegaría hasta la ciudad de Colón en Panamá. Como se
jactan las notas oficiales del gobierno bolivariano, omitidas por ALAI, "Panamá no sólo se surtirá de gas para consumo de su mercado interno,
sino que además se convertirá en una plaza reexportadora para las
costas atlántica y pacífica". [2]
¿Negocios con Uribe? ¡Dobleplusbuenos!
Hasta el cónclave del Tablazo, Uribe, como reiteraba la propaganda
facturada desde el gobierno venezolano, era la quinta columna de los
Estados Unidos en la región. Tras el negocio, sintonizado con la
globalización economicista, los cachorros del imperialismo pasaron a
ser otros. Eurasia estaba ahora en guerra con Asia Oriental, Eurasia siempre había estado en guerra con Asia Oriental.
En el inicio de
obras del gasoducto, Chávez prometía brindar por la reelección de su
par colombiano: "Estaremos en Bogotá el siete de agosto. Uribe sigue y
vamos a celebrar ese día allá". [3]
La desmemoria
cultivada por el poder, cultivada asimismo por Arellano Ortiz,
permitía al zurdo de Sabaneta otra afirmación memorable: "Todos los
factores políticos de Colombia, todos los militares de Colombia, el
pueblo colombiano, el Gobierno que yo presido y el pueblo venezolano,
no apoya ni apoyará a movimiento armado alguno ni en Colombia ni en
ninguna parte del mundo". [4]
El proyecto del Gasoducto Transcaribeño, en clara concordancia con los
megaproyectos del PPP y la Iniciativa de Infraestructura Regional
Suramericana (IIRSA), confirman lo que no pueden entender las viudas
del Muro de Berlín: el fenómeno político que gobierna Venezuela hay
que calibrarlo no con las claves de la Guerra Fría –ese
antiimperialismo eunuco centrado exclusivamente en el gobierno de los
Estados Unidos- sino con la realidad de los flujos económicos que
reordenan un planeta globalizado. El resto, como bien ejemplifica el
reporte de ALAI, es ejercitarse en el doblepensar, aun después de
1984.
................................................
Citas:
[1] http://www.rnv.gov.ve/noticias/?act=ST&f=2&t=6731
[2] http://www.minci.gob.ve/noticiasnuev.asp?numn=10530
[3] http://www.minci.gob.ve/noticiasnuev.asp?numn=10539
[4] http://www.minci.gob.ve/noticiasnuev.asp?numn=10541
[*] Rafael Uzcátegui - Email: rafaeluzcategui@hotmail.com
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