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Caracas / Venezuela -
 


Revolución socialista o neofascismo tropical
José Rafael López Padrino* / Soberania.org - 12/09/06

Históricamente las auténticas revoluciones sociales se han caracterizado por el ascenso al poder de una nueva clase social y por un cambio en el modo de producción donde cesa la explotación del hombre por el hombre. Nada de ello ha ocurrido en Venezuela.

Quizás lo único acontecido ha sido la agudización de los problemas sociales -hambre, desempleo, marginalidad, delincuencia- y el surgimiento de una nueva clase social, la boliburguesía, cuyas fortunas han surgido al amparo de una corrupción galopante que depreda al tesoro nacional.

Más que revolución alguna, el régimen que encabeza el tte coronel representa una reedición tardía de un tipo de gobierno definido como bonapartistas (18 Brumario de Louis Bonaparte, Marx 1852). Se trata de gobiernos burgueses autoritarios de inspiración Cesarista en los cuales el sable y la bota militar rigen los destinos de la nación. En América Latina, se han dado con relativa frecuencia estos ensayos políticos, entre otros, los gobiernos de Perón en Argentina, de Getulio Vargas en Brasil, de Velasco Alvarado en Perú, de Torres en Bolivia, de Rodríguez Lara en Ecuador, y de Torrijos en Panamá.

A pesar de que en su retórica discursiva Chávez suele citar a pensadores marxistas como al propio Marx, Granci, Guevara, etc., su motivación ideológica proviene de connotados intelectuales fascistas como: Johann Fitche y Giuseppi Manzini, promotores del ultra-nacionalismo, Friedrich Ratzel, adalid del espacio vital, Wilfredo Pareto y Gaetano Mosca, impulsadores de la teoría y función de la elites, y Carl Smith, paladín del poder dictatorial, sin obviar el aporte de su mentor político Roberto Ceresole (Caudillo, Ejercito, Pueblo, 2001).

Tras 8 años de gobierno, el régimen bonapartista del tte coronel ha legitimado su permanencia en el poder a través de procesos eleccionarios amañados y fraudulentos, basados en el terror y en el chantaje a los sectores sumidos en la mayor precariedad económica, mediante el asistencialismo social. Su proyecto representa la omnipotencia del Estado, personificado en un jefe máximo o caudillo predestinado por la providencia para dirigir al pueblo y cuya autoridad es indiscutible (el estado soy yo). En nombre del pueblo, se pretende controlar todos los aspectos de la vida ciudadana, desde la cultura, la salud, la ciencia, la educación, hasta el empleo. La falta de un nítido contenido ideológico hace que el proyecto se base en la irracionalidad y el fanatismo absoluto. En la distorsión maniquea de la historia, mediante la modificación del pasado a través de la nacionalización de la memoria. Es la modificación del pasado en función de los intereses del proyecto. Las mentiras se convierten en las verdades que proclama el caudillo.

Su retórica progresista y de justicia social, que seduce a propios y extraños, disimula la naturaleza capitalista-populista del proyecto. Promueve un discurso anti-imperialismo para el público de galería, pero paralelamente incentiva la inversión extranjera al otorgar a empresas transnacionales (Hess, Exxon-Mobil, Chevron-Texaco, Repsol, Statoil, Totalfinaelf) nuestras riquezas energéticas. Igualmente, ha impulsado la privatización gradual de PDVSA como parte del desmontaje de la nacionalización de la industria petrolera. Más allá de las palabras y sus gestos altisonantes, financia a la alta burguesía tradicional y ha promovido la emergencia de una nueva burguesía vinculada a su proyecto político, la boliburguesía u oligarquía bolivariana. Entre los nuevos ricos bolivarianos que disfrutan de los encantos del crédito blando y de los contratos multimillonarios, figuran entre muchos otros, los compatriotas W Ruperti, A Uzcateguí, R Sarría, J Bermúdez, JA Campos, F Bonfani, A Gorrín, T Nobréga, C Basttistini, etc.

Su prédica a favor de los trabajadores no pasa de ser un eslogan demagógico. Chávez ha propiciado la eliminación de los sindicatos y su sustitución por organizaciones que operan como apéndices de su voluntad mesiánica (Unión Nacional de Trabajadores y sus sindicatos bolivarianos). Ha impulsado un modelo de sindicalismo corporativo, sectario y corrupto que ha expropiado políticamente a la clase trabajadora y ha satanizado las conquistas y derechos laborales de los asalariados (trabajos temporales, prohibición al derecho de huelga, precarización laboral, desmejoras contractuales, carencia de seguridad social, despidos arbitrarios, congelación de salarios).

Otro de los rasgos distintivos del régimen, ha sido la militarización de la sociedad y la promoción de una religiosidad patriotera enfermiza (morir por la patria es vivir). Se ha creado una burocracia militar que domina no solo al estamento militar, sino también a todas las instituciones y órganos del Estado. El país ha sido concebido como un gran campo de batalla, lo cual ha generado una desnaturalización de la lucha política donde al adversario político se le estigmatiza como el enemigo a vencer, al cual hay que exterminar por todos los medios, incluyendo la represión formal (cuerpos de seguridad y FAN) o informal (bandas armadas). Bajo la excusa peregrina de una supuesta agresión por parte de los Estados Unidos, principal financista de su revolución tapa amarilla, el régimen se ha embarcado en una peligrosa carrera armamentista que ya sobrepasa la astronómica cifra de los 4.000 millones de dólares (fusiles de asalto, helicópteros, patrulleras, aviones de combate, sistema misilístico). Además, ha creado una especie de guardia pretoriana constituida por la Reserva Nacional y la Guardia Territorial, componentes que no responden a los mandos naturales de la FAN, sino exclusivamente al tte coronel.

Definitivamente, el socialismo del siglo XXI, no tiene filosofía propia, solo retórica. No es otra cosa que un capitalismo neofascista con franela y boina roja que ha secuestrado demagógicamente la palabra revolución. Es una suerte de pastiche de contradicciones resultante de la simbiosis de un fascismo militarista con sectores desideologizados que emigraron de la izquierda, que responden genuflexamente a los mandatos del inquilino del Palacio de Misia Jacinta.

PD: El régimen del tte coronel ha logrado en pocos años lo que no consiguió en décadas la derecha tradicional venezolana: desnaturalizar, secuestrar y desmoralizar la utopía socialista.

 

 

[*] José Rafael López Padrino / E-mail: reln26@gmail.com


 



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