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Caracas / Venezuela -
 


Bush tiene prisa
Elie Habalián Dumat* / Soberania.org - 14/09/06

Sin esperar a consolidar primero sus logros en el Líbano, Londres, Paris, Berlín, el Cairo, Riad y Tel Aviv, con Washington a la cabeza, no cesan en sus presiones sobre Hizbullah, Damasco y Teherán.

Con su acción destructiva y a un alto costo militar para Israel, el Estado hebreo forzó las condiciones para la materialización de un objetivo impensable antes del 12/07/06. Esto es: el despliegue del ejército libanés y los cascos azules en el sur del Líbano, el patio de Hizbullah. No obstante, no contento con eso, el gobierno de Tel Aviv insiste en seguir hostigando al pueblo del Líbano hasta que cese el flujo de armas a Hizbullah, así como el desarme total de este movimiento hasta convertirlo en un inofensivo partido político. Para amputarle el apoyo logístico a la organización shiíta, algunas voces occidentales coinciden con Israel en el despliegue de las fuerzas de la ONU en la frontera sirio-libanesa. Esta acción constituye un desafío a Damasco.

A todas estas, el gobierno libanés emite señales confusas en medio de toda una estrategia en la cual, más temprano que tarde, terminaría cerrando filas al lado del consenso árabe-islámico conservador y prooccidental. En ese sentido, el líder de la mayoría anti-siria del parlamento libanés Saad Al-Hariri (musulmán sunnita e hijo del asesinado ex-primer ministro Rafik Hariri) y el centro-izquierdista Walid Jumblat, caudillo del Partido Socialista Progresista libanés (mayoritariamente druso) responsabilizaron a Hizbullah de haber provocado la destrucción del Líbano por su acción militar inconsulta contra Israel, y le pidieron al presidente de Siria que deje de utilizar al Líbano como su patio de conflicto. Unos días después, el máximo líder de Hizbullah prácticamente les dio la razón al reconocer que, de haber sospechado que el secuestro de los dos soldados israelíes provocaría una reacción desproporcionada de Israel, sus combatientes no hubieran realizado tal acción. Saad Al-Hariri y Walid Jumblat también le pidieron al Dr. Bashar Al-Assad que, antes de preocuparse por la soberanía del país de los cedros, liberara primero las alturas del Golán, territorio sirio ocupado por Israel en la denominada Guerra de los Seis Días hace 39 años.

A propósito del discurso del presidente de Siria, justo después del cese de hostilidades en el Líbano, el primer mandatario egipcio Hosni Moubárak prácticamente se burló del número uno de Siria sin mencionar su nombre. En ese mismo sentido, el miércoles 23 de agosto Mouhamad Ali Ibrahim, editor-jefe del diario oficial egipcio Al-Gomhuría atacó duramente al gobierno de Damasco y al ejército de Siria calificándolos de traidores y de genocidas del pueblo libanés y de su propio pueblo; así como, del asesinato de numerosas personalidades palestinas. En esa misma dirección, voceros de alto nivel del gobierno de Arabia Saudita y de otros países del Golfo Árabe Pérsico, acusan a Siria de haberle dado la espalda a su familia árabe para refugiarse en los brazos de los persas, adversarios históricos de los árabes. Simultáneamente, el canciller de Francia le recuerda a Siria su obligación en colaborar con la investigación del asesinato de Rafik Hariri. Este recordatorio es interpretado por Damasco y sus aliados como un acto de hostigamiento.

El 31 de julio próximo pasado, en pleno conflicto armado del Líbano, el Consejo de Seguridad le dio un mes de plazo al gobierno de Teherán para suspender su programa de enriquecimiento de uranio. De no darle cumplimiento a las exigencias contenidas en dicha resolución, Irán sería objeto de medidas apropiadas, es decir, sanciones. El plazo se ha vencido pero Teherán insiste en su desafío. Esto ha provocado reacciones en Europa y Estados Unidos. Ahora el presidente Bush exige algún tipo de respuesta dura en paralelo a las negociaciones con Irán de los otros miembros permanentes del Consejo de Seguridad más Alemania.

En las actuales condiciones regionales e internacionales, Siria e Irán han optado por la resistencia. El consenso construido alrededor de Washington para hacer realidad un nuevo mapa árabe-islámico en el Medio Oriente, está compuesto por grupos de países diversos y disímiles. Esto es: Egipto, Arabia Saudita, Kuwait, Bahrein, Katar, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Jordania, Turquía, Inglaterra, Francia y el resto de la Unión Europea, la nueva mayoría libanesa y el movimiento del presidente palestino Al-Fatah. Al ser requeridos, los países islámicos ex-soviéticos del Caspio, Pakistán, Bangladesh, Malasia e Indonesia también contribuyen en mayor o menor grado a dicho consenso.     

George W Bush insiste en su plan de un “nuevo Medio Oriente” antes de finalizar su segundo mandato, aunque tenga que atender simultáneamente varios frentes. Esto es: Afganistán, Irak, Palestina, Líbano, Siria, Irán y cualquier otro lugar donde opere el “terrorismo”; el difuso “enemigo de la civilización occidental” que casi siempre tiene un rostro islámico. El jefe del Pentágono Donald Rumsfeld, hace unos días, advirtió lo siguiente: “se equivocan los terroristas y sus promotores si piensan que la numerosa presencia militar estadounidense en Irak impedía a su despacho atender sus compromisos en otros lugares”. Washington y sus aliados seguirán presionando a Damasco y a Teherán. El objetivo con Siria parece ser un cambio en su régimen actual, cuya principal vulnerabilidad consiste en su aislamiento de su propia familia árabe.

En cuanto a Irán, su condición geopolítica es mucho más compleja. Tiene más de 70 millones de habitantes y 1,65 millones de kilómetros cuadrados. Es el segundo país productor de la OPEP, el segundo en reservas de gas natural y prácticamente el segundo en reservas probadas de petróleo convencional. Tiene una posición estratégica que incide en el equilibrio del Oriente Medio y el Mar Caspio, donde se encuentran más de las dos terceras partes de las reservas de petróleo y gas natural del mundo. En otras palabras, no parece haber espacio, excepto en condiciones extremas, para una solución militar al desafío iraní. Rusia y China no están interesados en un Irán con armas nucleares, pero tampoco tienen interés en colaborar para satisfacer las exigencias de Washington. La solución tiene que ser no violenta. Una combinación de forcejeos políticos, energéticos, comerciales, financieros, científicos y tecnológicos, entre otros. Mientras tanto, a lo interno de la sociedad persa, la dinámica de las contradicciones entre conservadores y reformistas puede ofrecer una oportunidad para solución “favorable” para todos los actores involucrados política, comercial, energética o militarmente con el caso iraní.

Una solución no inmediata al desafío de Irán tiene irritados a Bush y a su gabinete. Apenas disponen de 28 meses para hacer realidad su proyecto de un “nuevo Medio Oriente”. No obstante, sus aliados así como Rusia y China piden paciencia, mucha paciencia, que el actual inquilino de la Casa Blanca no parece tener. Parece estar empeñado en recuperar el “tiempo perdido” durante la “pausa” demócrata de Bill Clinton en la implementación del proyecto neo-conservador de Ronald Reagan y George Bush padre. El hijo de este último parece estar decidido a demostrar que puede más que su progenitor. En menos de seis años han tenido lugar la catástrofe de las Torres Gemelas, la ocupación de Afganistán, la invasión de Irak, la tragedia del 11 de marzo en Madrid, el incremento de la violencia en Palestina y la muy reciente guerra del Líbano. Bush tiene prisa, mucha prisa que puede ser una mala consejera. Los amantes de la paz desean cuanto antes la llegada de noviembre del 2008 para ver si  el mundo puede contar con una nueva “pausa” demócrata en la Casa Blanca.






(*) Elie Habalián Dumat , Ex-Gobernador por Venezuela ante la OPEP (2003) / Email: habalianelie@yahoo.ca

 





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