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Caracas / Venezuela - Martes 6/05/03
 


¡Reelegible a bordo!
Walter Martínez (Dossier) / Últimas Noticias (Venezuela) - 04/05/03



ELECCIONES
No hay simuladores de vuelo para presidentes.AP

Para el Año Fiscal de 1997 en Estados Unidos, partiendo de una vida útil de 50 años, el costo de un portaviones nuclear de la clase “Nimitz” fue estimado en algo más de 22 mil millones de dólares.

Con la puesta de sol en el Pacífico como fondo, una tripulación de unos 5 mil marinos eufóricos por volver a casa luego de 290 días en el mar, y una guerra ganada, los asesores de campaña del Presidente George W. Bush no pudieron elegir un escenario más espectacular para lanzar su campaña de reelección.

Como profesionales de la imagen hay que aplaudirlos.

Ni Cecil B. De Mille pudo imaginar semejante inversión en producción, ni tuvo jamás extras tan auténticamente motivados.

En todo caso, Bush les leyó, y nos leyó, sus “diez mandamientos” en un discurso de mil 800 palabras. No usó las Tablas de Moisés; usó dos teleprompters.

No bajó del Sinaí.

Bajó con braga de vuelo, traje antiG, casco y máscara de oxígeno; pero de un S3B Viking.

Ese avión tiene una velocidad “máxima” de 518 millas. El USS “Abraham Lincoln” estaba como a treinta millas de la costa de California; lo que significa que Bush debió volar a velocidad de crucero, mucho menos de lo que tardó Moisés en bajar del Monte Sagrado luego de hablar con Dios.

La clase Nimitz. El CVN 72 USS Abraham Lincoln es el quinto portaviones de la clase “Nimitz”. Su quilla fue colocada el 3 de Noviembre de 1984 en Newport News, Virginia.

Cuatro años después fue bautizado y comenzó su serie de pruebas para ser comisionado el 11 de noviembre de 1989 en la también virginiana Base Naval de Norfolk. Luego de la puesta a punto y de su aceptación por la Armada, este gigante de dos reactores nucleares y casi 90 mil toneladas de peso que le impiden pasar por el Canal de Panamá, comenzó en Septiembre de 1990 su transferencia a la Flota del Pacífico. Eso significa el enorme viaje en torno a América del Sur, pasando por el Estrecho de Magallanes para llegar a California.

Así se hacía en la época de los buques de vela, como el viernes 14 de abril de 1865 cuando, en el Ford’s Theatre de Washington, John Wilkes Booth, actor shakespereano, racista y partidario de la causa de los esclavistas del Sur, dejó su caballo en el callejón de atrás. Al viejo estilo del oeste, se tomó el tiempo necesario para un trago en el “saloon” contiguo. De inmediato, penetró al teatro, donde no era desconocido ya que había actuado en él, y subió al palco estatal como a las diez y quince de la noche. Justo a esa hora, el guardaespaldas presidencial, John Parker, de la Policía Metropolitana, había abandonado su puesto. Sólo quedaban junto al Presidente, Clara Harris y Henry Rathbone. Booth disparó a quemarropa a la nuca del Presidente Abraham Lincoln con una Derringer de un sólo tiro. Mientras apretaba el gatillo, gritó: “Sic Semper Tyrannis” (“Como siempre, a los tiranos”). Escapó por el escenario frente a más de mil personas que pensaban disfrutar de la obra “Nuestro Primo Americano”. Abraham Lincoln se sumaría a la larga lista de presidentes estadounidenses que con diferente suerte, enfrentaron el magnicidio.

Cambio de teatro.

Mientas bajaba hacia el Sur, el USS Abraham Lincoln hizo maniobras con las armadas de varios países, incluyendo Brasil, Argentina y Chile. Normalmente, en estos casos, se hace invitaciones de cortesía a presidentes, ministros de defensa y altas autoridades de los países amigos frente a cuyas costas se navega en “visita de buena voluntad”.

Para ello existe un avión denominado “C2”. Es un bimotor turbohélice, no destinado a operaciones de combate, que sirve de enlace a tierra. No obstante, aterrizar en él sobre un portaviones equivale, como siempre, a un “estrellamiento controlado”. Despegar, no es menos inolvidable: de cero a más de doscientos kilómetros en menos de dos segundos. Los asientos, con arneses de pecho, están dispuestos de espalda a la cabina de mando para distribuir mejor las fuerzas “G” que se generan. Los marinos rebautizan al “C2” con el tradicional nombre de “Greyhound”.

Entre otras cosas, porque es el “autobús a tierra”, y el que trae el amado paquete de correo del hogar, desde cada puerto cercano, con las cosas que no pueden ser enviadas por internet. Esa es la manera en que llega a bordo una autoridad invitada. A veces hay llegadas espectaculares. Cuando el “Nimitz”, que le da nombre a esta clase de portaviones nucleares, navegaba frente a Uruguay haciendo el mismo recorrido hacia el Pacífico, un “C2” enganchó el último de los cuatro cables de frenado y quedó colgando por la banda de babor con todas las autoridades invitadas a bordo, y en peligro (luego de rescatados lo supieron) de caer al mar.

Pero nunca, nunca, una lle gada tan espectacular como la del Presidente George W. Bush al USS Abraham Lincoln. El CVN72 sí que venía de un "Teatro de Operaciones".

Top gun.

Mientras Richard Armitage trata de arreglar el lío nuclear entre India y Pakistán y James A. Kelly hace lo propio con Corea del Norte, Colin Powell, opacado por la visita del Papa, dice a los españoles que apoyen a José María Aznar porque “está del lado de los buenos”. No obstante, Bush, en su histórico discurso a bordo, agradeció el esfuerzo de guerra al Reino Unido y a Polonia, y ni siquiera nombró a España. En cuanto a Australia, le dio a su Primer Ministro el tratamiento del Rancho Howard. Rumsfeld verá cómo se las ingenia para frenar las intenciones de la “vieja Europa” de crear su propia fuerza militar independiente.

Allan Greenspan tiene a todo el mundo comiéndose las uñas, a las espera de lo que dirá el martes, como titular de la Reserva Federal. El presidente Bush continúa volando con un enemigo “a las seis”. Le persigue el fantasma de su padre, quien sí fue un héroe de la Aviación Naval en la Segunda Guerra Mundial, mientras que él se enroló en la Guardia Nacional Aérea de Texas donde volaba un añejo “F102”; por lo cual tenía muy pocas probabilidades de ser transferido a Vietnam.

Los temas de la economía, la guerra contra el terrorismo y la educación siguen en la campaña de reelección. Pero su insistencia en recortar impuestos, y ahora eliminar lo que llama “doble tributación”, hace pensar a buena parte del electorado que los más beneficiados serán, nuevamente, los millonarios, en perjuicio de los fondos destinados al bienestar social.

Su padre ganó la otra Guerra del Golfo, pero perdió la reelección por el mal manejo de la economía, y todavía falta evaluar las consecuencias geopolíticas del desacomodo del tablero del Medio Oriente.

No hay simuladores de vuelo para presidentes.


 
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