El gasoducto transcaribeño y el doblepensar
Periódico El Libertario* / Soberania.org - 21/09/06
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El 13 de julio pasado, un reportaje de la agencia de
noticias ALAI, firmado por Fernando Arellano Ortiz, explicaba
las implicaciones del ingreso de Colombia al Plan Puebla
Panamá (PPP): “Desde este mes de julio Colombia hace
parte de un megaproyecto geopolítico leonino que busca
profundizar el modelo neoliberal en la zona septentrional
de América Latina con el fin de privatizar la infraestructura
vial, los servicios públicos y los recursos naturales”.
El texto explica que el PPP, ideado por Washington, fue
propuesto en el año 2000 por el presidente Fox y aceptado
en 2001 por los mandatarios de Centroamérica. Como han
dicho decenas de movimientos sociales, Adital repite que
su objetivo es facilitar a las transnacionales la privatización
de las terminales aéreas y portuarias, carreteras, energía
eléctrica, agua, gas y petróleo y, principalmente, apoderarse
de las enormes riquezas en biodiversidad de la selva
Lacandona y del Corredor Biológico Mesoamericano, el
cual llega hasta Panamá. En la red, es posible encontrar
cientos de textos similares, pero este, difundido por esta
agencia de noticias “alternativa”, es único en un detalle: El
gesto de Uribe Vélez –padrino de paramilitares y testaferro
de los Estados Unidos en la región, como reitera
incansablemente el izquierdismo- tiene una “evidente”
motivación urdida tras las bambalinas del vil imperialismo: “consolidar una muralla contra la influencia política evidente
que viene teniendo en Suramérica el gobierno venezolano”.
Como muestra antológica de manipulación informativa,
como canto al desierto conceptual del progresismo actual,
la pieza noticiosa omitió un pequeño detalle: el espaldarazo
del diablo al PPP era la construcción de un inmenso
gasoducto concertado con el presidente Martín Torrijos y,
la vida te da sorpresas, el presidente Hugo Chávez Frías.
LA COOPERACIÓN DEL PPP
El 12 de febrero del 2002, el presidente de
ChevronTexaco para América Latina, Alí Moshiri, explicaba
a su audiencia que tras la fusión de los dos emporios
energéticos, los objetivos del consorcio estaban claros: “es
difícil exagerar el potencial de América Latina”. La lista de
alianzas a conquistar era encabezada por un negocio
inmejorable: “consideren el gasoducto Venezuela-Colombia,
una unión natural entre la región rica en gas del Norte de
Colombia, y los mercados de energía de Venezuela”.
En 5
meses, el 23 de julio, Pdvsa-Gas, Ecopetrol y Chevron
Texaco concluían un estudio conjunto del tendido de un
gasoducto entre la Guajira colombiana y Maracaibo. Año y
medio después, el presidente colombiano anunciaba el
gasoducto como un hecho. En el 2005, en el encuentro
binacional realizado en el Complejo Petroquímico El Tablazo en el estado Zulia, Uribe declaraba en su discurso las
intenciones de la sociedad con su homólogo venezolano: “Estaríamos con el presidente Torrijos para formalizar el
ingreso de los países al Plan Panamá-Puebla y que allí se
firme un acta para la integración de este gasoducto, la
construcción de la línea de interconexión eléctrica y el
avance en la construcción de la carretera”. Tras el acto, la
propaganda “revolucionaria” venezolana redoblaba su
ataque contra el ALCA, saludando los mecanismos de
integración adelantados por Miraflores: “El Plan Puebla
Panamá es un instrumento de cooperación que busca
integrar a los siete países de Centroamérica con el sur de
México para lograr el desarrollo de la región
mesoamericana”. [1]
El 8 de julio de 2006, la tríada
de presidentes soldaban, en acto solemne, el primer tramo
del Gasoducto Transcaribeño que comprenderá 225
kilómetros. El segundo tramo llegaría hasta la ciudad de
Colón en Panamá. Como se jacta las notas oficiales del gobierno bolivariano, ocultadas por ALAI, “Panamá no
sólo se surtirá de gas para consumo de su mercado interno,
sino que además se convertirá en una plaza reexportadora
para las costas atlántica y pacífica”. [2]
¿NEGOCIOS CON URIBE? ¡DOBLEPLUSBUENO!
Hasta el cónclave del Tablazo Uribe, como reiteraba la
propaganda facturada desde el gobierno venezolano, era
la quinta columna de los Estados Unidos en la región. Tras
el negocio, sintonizado con la globalización economicista,
los cachorros del imperialismo fueron otros. Eurasia estaba
ahora en guerra con Asia Oriental, Eurasia siempre había
estado en guerra con Asia Oriental. En el inicio de obras del
gasoducto, Chávez prometía brindar por la reelección de
su par colombiano: “Estaremos en Bogotá el siete de agosto. Uribe sigue y vamos a celebrar ese día allá”. [3]
La
desmemoria cultivada por el poder, cultivada asimismo
por Arellano Ortiz, permitía al zurdo de Sabaneta otra
afirmación memorable: “Todos los factores políticos de
Colombia, todos los militares de Colombia, el pueblo
colombiano, el Gobierno que yo presido y el pueblo
venezolano, no apoya ni apoyará a movimiento armado
alguno ni en Colombia ni en ninguna parte del mundo”. [4]
El proyecto del Gasoducto Transcaribeño, en clara
concordancia con los megaproyectos del PPP y el IIRSA,
confirman lo que no pueden entender las viudas del Muro
de Berlín: el fenómeno político que gobierna Venezuela
hay que calibrarlo no con las claves de la Guerra Fría –ese
antiimperialismo eunuco centrado exclusivamente en el
gobierno de los Estados Unidos- sino con la realidad de los
flujos económicos que reordenan un planeta globalizado.
El resto, como bien ejemplifica el reporte de ALAI, es
ejercitarse en el doblepensar, aun después de 1984.
.............................................
Notas:
[1] http://www.rnv.gov.ve/noticias/
?act=ST&f=2&t=6731
[2] http://
www.minci.gob.ve/noticiasnuev.asp?numn=10530
[3] http://
www.minci.gob.ve/noticiasnuev.asp?numn=10539
[4] http://www.minci.gob.ve/noticiasnuev.asp?numn=1054
[*] Artículo tomado de:
Periódico El Libertario No. 48
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