El significado de la supuesta invasión gringa
Humberto Decarli - Periódico El Libertario* / Soberania.org - 21/09/06
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Ha sido recurrente la promoción oficialista del discurso
sobre la inminencia de una invasión americana al país como
consecuencia de la presunta política nacionalista llevada a
cabo por el presidente Chávez. Es una consigna bien empleada
y ha perdurado en el tiempo por diferentes tipos de razones
independientemente de su escasísima factibilidad.
Es muy claro que resulta improbable si no imposible
una escalada bélica desde los Estados Unidos hacia
Venezuela. Primero, porque la actual gestión gubernamental
ha sido complaciente con los intereses transnacionales en
diferentes planos. Así, el actual presidente ha convertido a Venezuela en un paraíso para cierto tipo de inversiones en
el área de servicios, como la especulativa, la financiera, en
las telecomunicaciones y los segmentos energéticos.
Segundo, esa conducta permisiva se ve
complementada con la firma de tratados de no doble
tributación con Estados Unidos y algunas naciones de la
Unión Europea. Tercero, el subsidio venezolano a través
de la Citgo para la gasolina vendida en territorio gringo
debido a la necesidad de adquirir crudos livianos o refinados
para cumplir con acuerdos beneficiosos para el norte.
Cuarto, la transformación de los convenios operativos,
suerte de contratos de servicios, en empresas mixtas con
las grandes empresas petroleras, con lo cual se le concede
un paquete accionario que las convierte en copropietarias
de las instalaciones y los activos petroleros. Esta postura
está en estricta consonancia con los diseños de los grandes
centros de poder en materia de oro negro y gas.
Quinto, el tratamiento del capital nacional en igualdad
de condiciones con el internacional previsto en el artículo
301 de la constitución. Esta norma incorpora un principio
de preferencia a la globalización en una carta magna
defendida como la mejor del mundo. Sexto, la firma de un
convenio mediantel el cual se le garantiza a Washington el
suministro de petróleo barato y por más de veinte años.
Séptimo, el haber permitido la adquisición de la Electricidad
de Caracas por la Aes Corporation mediante una Oferta
Pública de Acciones (OPA) haciendo caso omiso a las denuncias
contenidas en un Amparo Constitucional donde se sostenía
ser una inversión estratégica.
Octavo, la coyuntura difícil vivida por los Estados Unidos después de su intervención en Irak. Se encuentran
entrampados en esa guerra ante la resistencia del pueblo
iraquí, factor inhibidor de cualquier forma de intervención
mundial. Debido a esta situación, Irán se ha dado el lujo de
desafiar a los
países occidentales
en cuanto a los reactores nucleares y la posible elaboración
de armas de esa clase. Noveno, los distintos factores
incidentes en la subida del oro negro, los cuales paralizan
cualquier iniciativa de intromisión en otros países.
DEMAGOGIA BELICISTA
Las anteriores son simples enunciaciones de múltiples
medidas que delatan la actitud del gobierno chavista. Su
senda se inscribe dentro de la mayor colaboración con la
potencia del norte y la mundialización de la economía. Es
bien difícil conseguir una posición más cercana en el área
económica y financiera, lo cual devela el cumplimiento del
rol de esta clase de regímenes en la administración del
capitalismo globalizado.
Las intervenciones en Irak, Afganistán y Panamá, por
sólo mencionar algunas de las últimas acometidas por los
americanos, se debieron a la desviación sufrida por los
personeros pro yanquis de esos Estados. Sadam Hussein hizo mutis del carril asignado, Osama Bin Laden adquirió
autonomía de criterio frente a sus benefactores en la lucha
por expulsar a los soviéticos y Manuel Noriega quiso abrir
tienda aparte de los úcases imperiales.
No existen motivos de ningún tipo para aproximarse
a la tangiblidad de una presencia bélica de los Estados
Unidos en Venezuela. La estridencia de Hugo Chávez no
es relevante porque se trata de declaraciones altisonantes
sin ninguna relación con la realidad. Por lo pronto parece
distante a años luz la invasión de los marines a Venezuela
por la seguridad de sus intereses gringos aquí.
Dadas las circunstancias precedentes hay que
preguntarse por qué el líder de Sabaneta emplea el latiguillo
permanente de la proximidad de la flota naval norteña a
las costas venezolanas. Se trata de unas ideas bien
concebidas con finalidades múltiples, desde la cohesión
interna hasta la
intimidación de la gente
hacia el futuro inmediato
pasando por el estímulo
de un liderazgo internacional.
En efecto, la denuncia de una agresión genera
simpatías en sectores populares e incentiva las ideas
nacionalistas. La oposición polarizada cae en la trampa
porque le preocupa atacar aunque sea verbalmente a los
americanos y hasta vería con satisfacción el derrocamiento
de Chávez por parte de ellos. La izquierda acompañante
del gobierno anuncia su apoyo al régimen venezolano
porque sus ideas se quedaron ancladas antes de la guerra
fría y cree firmemente en esa posibilidad anunciando su
apoyo incondicional en defensa de la patria.
La repetitiva imputación de la inmediata ocupación
venezolana cumple además funciones de apuntalamiento
de la figura de Hugo Chávez en el concierto internacional
de naciones. Los pueblos latinoamericanos ven en nuestro
presidente a un adalid de la lucha por la emancipación
regional ayudado por supuesto con el lanzamiento de los
petrodólares para esos fines. Asimismo, la intelectualidad
americana y europea se solaza haciendo coros en apoyo a
quien verbalmente reta al imperio.
Pero la consecuencia más importante del llamado a
enfrentar la invasión es la de intimidar a los distintos sectores
sociales hasta ahora adormecidos por el discurso populista
y los recursos financieros empleados en programas
asistencialistas o de mendicidad. Es la meta finalista de
todo este escándalo buscando materializar un modelo político
como el imaginado por Aldous Huxley.
En este orden de ideas, vemos cómo se descalifica a
quienes protestan llamándolos golpistas, guarimberos,
agentes de la Cía, sicarios de la embajada americana y
muchos otros epítetos orientados a identificar a los
discrepantes con los invasores. Esta proyección abarca a
los chavistas no obedientes de las líneas lanzadas por el
caudillo. Así, los miembros del Frente Ezequiel Zamora
fueron detenidos a la hora de manifestar su inconformidad;
a los trostkistas les impidieron triunfar en la convención de
la central sindical oficialista reunida en el Círculo Militar debido a la orden de dedicar todos los esfuerzos a obtener
los diez millones de votos en una actividad ajena a las
funciones de esa organización obrera.
Vale la pena mencionar los hechos acaecidos en la
Universidad de los Andes, donde un problema comicial fue
resuelto desde el alto poder, la Sala Electoral del máximo
tribunal para favorecer la plancha oficialista e impedir su
derrota. Asimismo, las sucesivas manifestaciones en la sede
de Conavi en las Mercedes en Caracas ante la incapacidad
de dotar de viviendas a la gente. Son evidencias de malestar
social, no obstante la avalancha de recursos financieros
tendientes a la quiebra de esos conflictos.
Igualmente se hace un enorme grito con la adquisición
de armas de Rusia como si fuese una actividad distinta a
los ejes internacionales de poder. Resulta que la compra
de fusiles, aviones y helicópteros a Moscú es una medida
revolucionaria al no hacerlo ante los Estados Unidos. Rusia es un país tan imperialista como los Estados Unidos y si
no, pregúntenle a un checheno lo acontecido en esa región
del Cáucaso, haciendo abstracción de la invasión a
Checoslovaquia en 1968, la de Hungría en 1956 y
Afganistán en 1971.
Entonces, ¿Tendría algún sentido comprar armas en
el actual momento? Todo indica que responde a una
concepción armamentista propia del militarismo porque el
territorio venezolano se ha perdido en muchas oportunidades
sin disparar un tiro pero el 27 de febrero de 1989 la ciudad
de Caracas fue testigo de un genocidio aún sin castigo sin
contar las masacres de Yumare, Cantaura y El Amparo. Es obvio que las armas son para reprimir al pueblo en el
momento necesario como ha sido nuestra tradición.
De tal manera que detrás de la frecuente denuncia de
invasión subyace el esquema estalinista de la intolerancia
para disipar disidencias en un futuro inmediato tratando
de copiar, mutatis mutandi, el cartabón de la experiencia
fracasada de la dictadura del proletariado.
Somos víctimas de una formulación militarista y por
ende, apreciamos cómo la instrucción militar es obligatoria por mandato de un fallo del tribunal supremo así como la
mujer es atacada por una sentencia de la sala constitucional
al prohibirse las medidas cautelares en el caso de violencia
intrafamiliar y doméstica. La simbología militar es
reduccionista, machista e intolerante porque parte de la óptica de la obediencia y la ejecución de órdenes sin
derecho a pensar.
La frecuencia de la idea de una agresión militar
estadounidense debe verse en la perspectiva que he
analizado y no en su sentido literal porque persigue el
reforzamiento de una concepción castrense detenida
aparentemente en la época de la confrontación Este-Oeste.
Es el manejo de consignas y lemas con un metalenguaje
destinado a construir una arquitectura estructural propia
del universo descrito por George Orwell en su obra 1984.
[*] Artículo tomado de:
Periódico El Libertario No. 48
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