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Caracas / Venezuela -
 


Economía Política Bolivariana - III
Pablo Hernández Parra* / Soberania.org - 06/10/06


“Regalar y pedir prestado: a eso se limita la ciencia financiera del lumpemproletariado, lo mismo del distinguido que del vulgar... jamás un pretendiente ha especulado más simplemente con la ingenuidad de las masas”.
(C. MARX. El Dieciocho Brumario de Luís Bonaparte)

Con este título comentaremos semanalmente algunas noticias sobre la Economía Bolivariana en marcha hacia el “Socialismo de Siglo XXI”.


1.- LA TRAMPA DEL CAPITALISMO CON LAS COOPERATIVAS

El crecimiento de las cooperativas ha sido vertiginoso después del paro petrolero, cuando cooperativas, misiones, UBE's y patrullas fueron el gran invento del capital y la burguesía para contener el incremento de la actividad popular, luego del fracasado paro insurrecional y llevar a los trabajadores y el pueblo al pantano y circo del juego electoral del cual aún no se sale.

Todos sabemos que después del 14 de agosto del 2004, no fue Florentino el que acabó  con el Diablo, sino el mismísimo Diablo del Capital quien pasó definitivamente a la ofensiva en todos los terrenos, empezando por PDVSA, donde más del 95% del personal activo y voluntario que defendió la industria ante la ofensiva del capital fue sencillamente despedido o jubilados,
para hablar de los casos más honrosos.

Las cooperativas  que en 1.998 no llegaban a 1.000 en todo el país, se multiplicaron por 10 y eran más de 8.000 en el 2.003. Luego del paro y para contener la movilización popular, la burguesía y su gobierno  inventan el señuelo de las cooperativas, como la panacea y célula económica de la futura sociedad socialista y popular, y éstas llegaron a 108.870 en mayo de este año y, según el Gobierno,  pasarán de 160.000 para el próximo año.


¿Qué peso tienen las cooperativas en la economía nacional?
¿Realmente son una alternativa ante el capitalismo?

Según CONINDUSTRIA, el gremio que agrupa a la industria privada del país -especialmente la pequeña y mediana empresa-, “las cooperativas no impactan la actividad industrial”. Más de la mitad de las cooperativas son de servicio (52%) y sólo 31% están orientadas a la producción. Asimismo, asegura que el parque industrial venezolano ha experimentado pocos cambios en los últimos 4 años. El INE, señala que realmente entre el 2004–2005 se fortalecieron las grandes industrias, pasando de 564 a 619 (9,75% de aumento), fruto de la fusión (concentración de capitales) entre empresas y aumento de la capacidad instalada de éstas.

El peso de las cooperativas dentro de la producción de bienes es insignificante, por lo  que no resulta aventurado calcularlo en menos del 1% de la producción industrial del país.
Ni siquiera compiten, ni impactan en el mercado y producción de la pequeña industria, pese a que la relación cooperativas de producción–pequeña industria, es casi de 5 a 1 (21.784 cooperativas de producción ante 4.596 pequeñas industrias).

Según el Sr. Ismael Pérez Virgil, Presidente Ejecutivo de CONINDUSTRIA, para los pequeños y medianos patronos las cooperativas “no deberían afectar a la industria, solo si se condiciona a políticas extra económicas”. Como buen patrón, con conciencia clara de sus intereses agrega, “las cooperativas son buenas, si se les permite 'no pagar impuestos'
(las cooperativas no pagan IVA), no cumplir regulaciones laborales (todos son miembros propietarios) y se les ofrece mejores financiamientos” (según la CRBV y el Gobierno  las cooperativas tienen prioridad ante otros entes económicos) Nota: los comentarios en paréntesis, son nuestros.

Por ello, para este patrón, las cooperativas son los nuevos outsourcing o contratas que la “revolución bolivariana en marcha hacia el socialismo” pone a disposición del capital privado, como claramente lo dice el Sr. Pérez Vigil: “es mejor contratar una cantidad de servicio a través de cooperativas que incrementar su nómina asumiendo el impacto laboral”. El patrón se queja porque las cooperativas no están entendiendo su rol de maquilas disfrazadas: “sus integrantes no están entendiendo su nuevo rol, se sienten empleados”.

Este señor termina su declaración descubriendo el verdadero objetivo del capitalismo con el cuento de las cooperativas, cuando declara: “lejos de ser una competencia para nosotros (el sector industrial) puede ser una competencia para las centrales sindicales y para los trabajadores organizados”, sostuvo el directivo de CONINDUSTRIA. (El Universal, 25/9/2006,Pág.1-10)

La confesión de este representante de la burguesía, no importa que sea de la pequeña empresa -total tiene una clara conciencia de sus intereses de clases-, descubre el verdadero papel de las cooperativas que este Gobierno  revolucionario propugna en su marcha hacia el Socialismo del Siglo XXI, que son:


Primero, abaratar la mano de obra.

Segundo, evadir impuestos y beneficiarse de la inversión estadal en las cooperativas.

Tercero, convertir en pequeños propietarios a la clase obrera profundizando en la conciencia de éstos la ideología del mercantilismo, que ya está en ella cuando se ve obligada a vender su fuerza de trabajo como una mercancía mas, y

Cuarto,  el más importante objetivo para la burguesía: dividir a la clase obrera y presionar contra los derechos laborales conquistadas por  los trabajadores desde 1925.


Realmente, una simple declaración de un pequeño patrón enseña más que mil tratados sobre los verdaderos fines que persigue el capital a través de "su Gobierno"  con el cuento de las cooperativas.

El camino hacia el socialismo proletario, hacia el comunismo como proceso único de revolución permanente, no es otro que el de la lucha de clase contra el capital y la expropiación sin indemnización del gran capital del campo y la ciudad.

El problema para los trabajadores no es ocupar los espacios que deja el capital, sus sobras o sus actividades no rentables para éste o convertirse en maquilas o contratas del gran capital, todo lo contrario, el socialismo sólo puede comenzar cuando los trabajadores derroquen el
poder burocrático militar existente y se apoderen de las grandes industrias del campo y la ciudad y las pongan en función de producir para satisfacer las necesidades de las grandes mayorías trabajadoras, y no en función de la máxima ganancia de la minoría opresora.


 

(*) Pablo Hernández Parra / E-mail: phparra@yahoo.es

 





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