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Caracas / Venezuela -
 


La lucha del pueblo Barí: ¿espejismo bolivariano?
César Prieto Oberto* / Soberania.org - 23/10/06

Expresa la Constitución Bolivariana en su artículo 120, que: “El aprovechamiento de los recursos naturales en los hábitats indígenas por parte del Estado se hará sin lesionar la integridad cultural, social y económica de los mismos e, igualmente, está sujeto a previa información y consulta a las comunidades indígenas respectivas. Los beneficios de este aprovechamiento por parte de los pueblos indígenas están sujetos a la Constitución y a la ley”. Es innegable que la inserción  de este artículo inviste de rango constitucional este derecho de los pueblos indígenas, lo que eleva nuestra Constitución de 1999 al más alto nivel social del continente. Los hechos, sin embargo, introducen una serie interminable de confusiones y de dudas a la hora de hacer balances cuando nos enfrentamos a la realidad.



Desde el momento mismo de la llegada del denominado "Descubrimiento de América" –y aquí nos inspiramos en un reciente encuentro de Noam Chomsky  con el pueblo Mapuche de Chile-, “la globalización económica ha afectado -desde 1492 hasta ahora- a gran parte de América Latina y el mundo, en especial a los pueblos indígenas que luchan desde entonces por ser reconocidos y sus derechos respetados frente al avance de las multinacionales”. Esta frase la podría estar diciendo en este mismo momento ante la viva realidad que vive el pueblo Barí en la Sierra de Perijá ante la arremetida del General Martínez Mendoza como Comendador de la Orden de las transnacionales del carbón que, desde hace años, depredan y amenazan con extender y profundizar la degradación del hábitat, la integridad cultural, social y económica de los pueblos indígenas de esta rica subregión del Zulia, en franco, abierto y olímpico desprecio a la Constitución Bolivariana, al Presidente Chávez, a la Ministra Jackeline Farías y, sobre todo, a esos dignos y valerosos pueblos originarios.

Y es que para los pueblos indígenas que habitan la Sierra de Perijá y los linderos con Colombia  –Barí, Yucpa, Wayúu y Añú- tal como para los  Mapuches de Chile, los Aymara de Bolivia, los Myskitos de Nicaragua, los Uwa de Colombia…, no ha existido "ninguna diferencia" entre las dictaduras militares y las democracias. "El gobierno, supuestamente democrático, supuestamente socialista, nos persigue y nos oprime tal como lo hacia la dictadura de Pinochet”, dicen los mapuches. Entre el tratamiento de la IV y la V República no vemos diferencia alguna, dicen hoy los pueblos indígenas de la Sierra de Perijá.


¿Siguen mandando en este país las transnacionales?

Tal parece que muchas de las políticas económicas que imperan en Venezuela siguen inspiradas en el neoliberalismo salvaje. En algunos frentes de batalla, el gobierno bolivariano muestra avances contundentes; en otros, como en la política petrolera –empresas mixtas, por ejemplo- y el carbón –caso Sierra de Perijá- seguimos siendo timoratos, genuflexos, intimidados por el gran capital. A los ojos del mundo, en especial a los ojos de Latinoamérica y el Caribe, se destaca el éxito económico, político y social de la Venezuela Bolivariana; sin embargo, el costo cultural y social que han pagado y aún pagan nuestros pueblos originarios, al ver arrebatadas sus tierras, sus aguas, su ambiente, en general su cultura, expresan a gritos que sigue campeando el desprecio, la exclusión, el rechazo, de la mano de funcionarios y altos representantes del gobierno que se comportan como avanzados del más despreciable neoliberalismo.

Si, la globalización, como expresa Chomsky, “no es solo económica, la globalización también es cultural, social, tecnológica, jurídica, eso debemos tenerlo muy claro, porque a veces caemos en el uso de conceptos que nos imponen los estados. La globalización es una realidad histórica y no son los pueblos indígenas, no son los campesinos sin tierra, quienes se oponen a ella. Son los estados, son las corporaciones, quienes intentan decirnos que existe una sola globalización, un solo tipo de globalización que es aquella de los mercados mundiales". "Pero es posible luchar y resistir. Está el ejemplo de los Inuit en Canadá, está el ejemplo de los miembros de Vía Campesina en Brasil, que están construyendo desde lo social, desde abajo y que serán a futuro un poderoso factor de democratización del estado brasileño. Yo los insto a seguir luchando, a seguir perseverando en sus objetivos. No será Naciones Unidas ni la OEA quien los va a salvar de la amenaza que significa la globalización económica. Son ustedes mismos, en sus trabajos sociales, en sus luchas cotidianas, quienes deben asumir ese desafío", finalizó.

Los Barí, sin saber ni oído hablar nunca de Chomsky, son un claro ejemplo de pueblo desafiante, luchador, que asume su compromiso. No han acudido a solicitar el apoyo de instancias extrañas, aunque si lo consideraren en extremo necesario no dudarían en hacerlo. Tienen dirigentes genuinos y probados en la lucha cotidiana, dura y a veces peligrosa. Pero no se han arredrado ante las amenazas y las calumnias, que ha llegado al extremo de calificarlos de terroristas  y, lo que es peor, de agentes de la CIA. Es muy difícil luchar contra la traición, el engaño y la mentira. Y ante eso se están enfrentando. El pueblo Barí saldrá victorioso, como lo harán todos los pueblos descendientes de Nigale, de Mara, de Guaicaipuro, de Tamanaco.

 


[*] Economista – Profesor / E-mail: cesarprietoberto@hotmail.com




 


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