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En la última semana de octubre del 2006 fue indignante la actuación de algunos funcionarios de la Guardia Nacional reprimiendo brutalmente a los desempleados que pedían trabajo para el sustento de sus familias frente a los portones de la refinería de Puerto La Cruz y donde además fueron violentados los derechos humanos de una digna representante de la mujer venezolana.
Un indigno representante de la Guardia Nacional venezolana fue capturado por un fotógrafo de la prensa regional de Puerto La Cruz en plena acción, cuando arrastraba por los cabellos de la manera más salvaje a la señora Audelina Pérez Rondón quien dignamente se gana la vida vendiendo hallacas frente al mencionado complejo y que trae desde su casa en una cavita.

Según la información recogida por el diario “El Tiempo” de Puerto La Cruz, la señora Audelina con el rostro bañado en lagrimas contó que como de costumbre se dirigió a las instalaciones de la refinería para vender sus hallacas, las que sirven para conseguir su sustento y la de su familia porque su esposo esta enfermo y no puede trabajar: “no estaba manifestando, me comuniqué con mi hijo para decirle dónde estaba y para que me llevara el desayuno y cuando llegó nos sorprendió la brutalidad de la Guardia Nacional”. Sólo pudo lograr leer los apellidos de dos efectivos a quienes reconoció como “el comandante Díaz y González, cuando les dije que les había leído sus apellidos y que los denunciaría me persiguieron y me halaron por los cabellos para arrastrarme hasta la comandancia, donde terminaron de darme peinillazos y atacarme, acusándome de haber agredido al comandante”.
Esta mujer, por respeto a sus hijos, se levantó y no calló su dolor e indignación, ahora todo el mundo la conoce y está señalando y pidiendo castigo para su verdugo. Tal vez estos funcionarios indignos de pertenecer a la Guardia Nacional, al igual que el ministro de Energía y Petróleos y presidente de PDVSA Rafael Ramírez piensan que quizás es a “carajazos” como se debe inculcar el amor a todos los venezolanos sin importar la violación de las normas mas elementales de la sociedad.
La violencia contra la mujer en el mundo es actual, generalizada, sistémica e incluso autorizada. El reto que tenemos es pasar de la conciencia de que se trata de una violación de los derechos humanos y un delito a hacer de la violencia de “género” algo inaceptable para la sociedad y contrario a sus normas. Los gobiernos, las ONGs, la sociedad civil, el sector privado y los organismos internacionales deben trabajar juntos para enfrentarse a este reto de forma competente y para aportar la voluntad política, el compromiso y el valor para erradicar esta laceración de la vida humana.
En estos días, cuando se pregona mucho el amor, es bueno recordar las palabras del Secretario General de la ONU, Kofi Annan, cuando expresa:
"La violencia es quizás la más violenta violación de los derechos humanos y quizás la más generalizada. No conoce límites geográficos, culturales o económicos. Mientras continúe, no podemos afirmar que estemos logrando progresos reales hacia la igualdad, el desarrollo y la paz."
(*) José Pinto - Email: guariche1000@yahoo.com
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