A los señores del poder
José Ángel Quintero Weir* / Soberania.org - 08/11/06
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Muy dedicado al autollamado “revolucionario” que,
para desgracia del gobierno de Chávez y, de los que aún creen en él,
resulta ser Ministro, nada menos que de Cultura.
José Quintero Weir
Un cuento que narra mucho el Sub. Marcos pero que, según él, se lo contó el viejo Antonio, dice:
“El poder no es más que una gran mansión rodeada de un muy alto muro. Los que tienen el poder, son aquellos que viven ó siempre han vivido dentro de la mansión y, por supuesto, siempre han estado protegidos por el muro. La historia de todas las revoluciones en el mundo no ha sido otra que la lucha por atravesar las grandes puertas de hierro que, como parte del muro, protegen y sirven de entrada a la mansión del poder. Así, los llamados o autoproclamados “revolucionarios” que la historia ha conocido, no son sino aquellos que han creído siempre que la revolución se reduce a entrar a la mansión, apoderarse de ella, sacar a algunos de sus asiduos habitantes y, terminar habitándola como si en ella hubieran nacido.
Por eso los zapatistas son vistos como tontos, pues, antes que intentar entrar a la mansión del poder, ellos pasan de largo con lo que más bien parece una mandarria sobre el hombro, van y se buscan un buen lugar en algún costado del muro donde, una vez localizado el punto bueno, marcan con buena brocha y pintura roja una muy inmensa “X” en la que comienzan a golpear para derribar el muro que protege a la mansión del poder y a los que tienen el poder”.
El relato del viejo Antonio ó del Sub. Marcos es propicio, pues, se trata de un muy viejo cuento que, no por su vejez ha perdido eficacia para intentar acallar, apaciguar, amedrentar, contener y someter a los siempre impacientes: los ignorantes que no saben esperar; los “ultrosos” izquierdistas que no entienden que con su impaciencia lo que hacen es favorecer al enemigo, a la derecha, a la CIA, porque no saben ni sabrán nunca, “cómo es que se bate el cobre dentro del palacio del poder, para poder sostenerse en el poder”.
Por supuesto, esto último que decimos es el discurso que muy bien puede (y ciertamente lo hacen) aprender de memoria y pronunciar “arreito”, cualquier burócrata (incluyendo, por supuesto, a Lina Ron) enchufado al poder. Ello, sin entender, ni tener por qué hacerlo, que el mismo y, por encima de todo, ha sido creado no por el detentador del poder que, en la mayoría de los casos no es más que un estúpido con suerte, sino por unos intelectuales a los que, nuevamente, el Sub. Marcos o tal vez el viejo Antonio, ha contribuido a precisar muy claramente en cada uno de sus muy particulares espíritus.
Así, según el Sub. Marcos (que, como todo “tonto zapatista” anda siempre con lo que perece ser una mandarria en el hombro), en defensa del poder aparecen como sus “hijos predilectos” aquellos que, como conectados “in Vitro” al poder, se constituyen como los llamados: intelectuales de arriba.
Un intelectual de arriba es, sin más: un asiduo habitante de la mansión del poder. Un cortesano (tal como les decían en la Europa medieval), es decir, un participante de la corte, lo que en modo alguno significaba que fuera miembro nato de la corte del Rey sino que, muchas veces, el cortesano no era más que el bufón, el pasatiempo, el permanente comensal acompañante del Rey, siempre listo y dispuesto a provocar “conversaciones inteligentes” y amenas, con las consabidas lisonjas (léase “jaladera de bolas”) que hacían siempre feliz al mero mero. En todo caso y como conclusión, todo poder constituido, entre otras cosas, se dedica a conformar su cohorte de intelectuales de arriba, capaces de fabricar discursos de orden, programas de gobierno a nunca cumplir, respuestas apropiadamente falsas a verdaderas realidades, en fin, a “jalar bolas” “A-TI-NADAMENTE”.
Un segundo grupo lo componen los llamados “intelectuales del medio”. Estos, a diferencia de los de arriba siempre juegan, como dicen en el béisbol: al dobleplei; es decir, cuando amerita, son los más absolutos, profundos y sesudos cuestionadores; pero así mero y con la misma velocidad, no cesan de hacerle contoneos al poder, pues, al cabo lo que realmente y en el fondo de su espiritito lo que quieren es entrar a la mansión y quitarle el puesto a alguno de los intelectuales de arriba.
Estos “intelectuales del medio” son harto peligrosos, pues, llevan consigo el sello de la traición grabado, no precisamente en su frente, sino en la región más oculta de sus cuerpos que es el mismo de sus almas. Los intelectuales del medio saben aparecer o desaparecer de acuerdo a las circunstancias, las que generalmente, están en directa relación con los procesos electorales. Así por ejemplo y para que me entiendan, Rodrigo Cabezas (un típico intelectual del medio que ahora es de los de arriba), fue un asiduo denunciador de chanchullos y corruptelas en la cuarta república hasta el día que se le ocurrió denunciar a Arias Cárdenas (a quien dicho sea de paso, había apoyado luego de traicionar a Lolita), pues, para ese momento el estúpido con suerte era Chávez y, éste le mandó a cortar su “aparicia” ** cabeza. Como buen “intelectual del medio” y aspirante a ser de arriba, el Rodrigo Cabezas aprendió la lección: el “intelectual del medio y hasta los de arriba, no mandan, pues, son a lo sumo los payasos, cuya tarea es hacer feliz al Príncipe como diría Maquiavelo.
Pero no crean, este ejemplo no cubre la multisápida variedad de intelectuales del medio; tal vez, he seleccionado el más infortunado, pues, es claro que Rodrigo Cabezas no es buen ejemplo de nada, ni siquiera como bufón. Vaya, reconozco que el ejemplo fue mordaz y, por tanto, rebatible. Creo que para hablar de un verdadero “intelectual del medio” no hay otro mejor que Luis Britto García: inteligente, escribe y habla hasta por los codos y, lo “más arrecho”: de todo. Es, como quien dice, un carajito que siempre ha comido bien (tanto en la cuarta como en la quinta, sin llegar a comprometerse con ninguna, salvo con los bifé de la desaparecida como los de la actual), pero siempre se muestra inconforme, pues, como buen intelectual del medio, sus dobleplei son realmente mágicos, definitivamente, no los supera (que conste que lo digo con dolor) ni nuestro Luisito Aparicio en sus mejores tiempos con los Orioles del Baltimore.
Por último, están los posibles, los necesarios, los que sólo con, y, por el corazón de las comunidades, podrán ser llamados y reconocidos como los otros intelectuales, vale decir: los “verdaderos”. Gente que no sabe y, mucho menos, pretende saberlo todo, sino que eso sí, siempre está dispuesta a aprender de todo y por eso mismo, intenta pensar en todo; gente que no habla hasta por los codos aún de lo que evidentemente nada sabe, pues, su principal orientación y principio es la de aprender a saber escuchar, especialmente, a aquellos a los que nunca se les ha querido escuchar durante todas las cinco repúblicas que ya van.
De última cuenta, se trata de los Otros intelectuales, los que desde abajo y a la izquierda comienzan a levantarse. Gente como: (por sólo mencionar algunos) Ángela González, wayuu de El Socuy, quien sabe todo lo de su tierra, su cultura, el wakuaipa wayuu y, por eso mismo, sabe de lo que tiene que hablar que, en todo caso, significa por lo que tiene que luchar. O de Antonio Ashibatri de Bagkúbarí, que tiene la historia del genocidio barí en su memoria y lo relata, no sólo porque lo sabe, sino porque lo ha vivido y, lo continúa viviendo aún hoy, con los de la Quinta República. Se trata de Jorge Montiel, quien luego de ver unos videos zapatistas, decidió hacer los propios de su comunidad y va y los presenta, con la seguridad de su palabra y su lucha ante el público del Centro Lía Bermúdez (lugar muy propio de intelectuales de en medio y hasta de arriba), con su playera negra y las siglas del EZLN en el pecho, como cualquier Tzeltal, Tojolabal, Chol, Huichol o Mame zapatista de Chiapas, siendo y sintiéndose libre y autónomo para decidir luchar o morir por su tierra en contra de las transnacionales carboníferas que, los ahora intelectuales de arriba (que antes eran del medio), defienden con sus discursos, como los del Farruco Sesto, Nohelí Pocaterra, Arcadio Montiel, Rodrigo Cabezas, Daniel Castro, Mauro Carrero y algunos otros etcéteras, y otros (como Esteban Emilio Mosonyi y Luis Britto García) con su cómplice silencio.
En fin, se trata de los otros intelectuales, los que no saben del dobleplei (a veces ni siquiera de nuestro Luisito Aparicio, mucho menos de Vizquel y vaya que mucho menos de Concepción), pues, en su corazón sólo está marcado el corazón de todos, del nosotros comunitario que hoy se empieza a mostrar, pues, no tiene miedo, así un intelectual del medio como Farruco Sesto (que ahora es de arriba, es decir, se le hizo, pues, está donde siempre estuvo seguro debía haber estado hace mucho tiempo, sólo que esos malditos adecos y copeyanos se lo habían postergado; tal vez, porque sus bufonerías no eran tan agraciadas como las de un Luis Britto García premiado hasta por Carlos Andrés Pérez en su primer gobierno), quien, al fin dentro de la mansión del poder, acusa a los otros, los verdaderos, de agentes pagados o manipulados por la CIA, sólo porque con su lucha, ponen patas arriba lo que él considera es ley natural: “a todo intelectual del medio le corresponderá llegar al puesto de intelectual de arriba, sólo cuando muera el bufón favotito de la corte”. Su queja se debe, a que considera injusto el muy poquito tiempo que ha tenido de estar y saborear los manjares del poder que sólo sirven dentro de la mansión.
Mientras tanto, Ángela González, Jorge Montiel, Antonio Ashibatri, Ignacio de Kumanda, entre otros, como tontos, pasan de largo y tras los muros que rodean la mansión del poder, con buena brocha y harta pintura roja, han marcado una inmensa “X” en la que, desde Kumanda, Bagkúbarí, Karañakaëg, El Socuy y todas las comunidades, han comenzado a golpear con lo que parece una mandarria. El muro tiembla y, dentro de la mansión, los Farruco Sesto, los Luis Britto García, los Generales García Mendoza y, todos los que allí habitan, tiemblan, gritan, imploran, pero no serán escuchados.
** Nota: Lo de “aparicia” es por Aparicio, el Rey del Dobleplei, manque no sea del gusto de Caraquistas y Aragueños que, por supuesto, le van a Vizquel y a Concepción, sólo que nuestro Aparicio es nada menos que Jol de la Fama y, ¡ Ahí queda eso!
[*]José Ángel Quintero Weir / E-mail: arostomba@hotmail.com
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