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Caracas / Venezuela -
 


La Fuerza Armada Nacional, hoy
Manuel Isidro Molina* / Semanario La Razón (Venezuela) - 12/11/06

Lejos, muy lejos de la lisonja, serio y responsable es reconocer la importancia y altas responsabilidades institucionales de la Fuerza Armada Nacional. No la que unos quieren “roja, rojita” ni la que otros pretenden poner al servicio de intereses mezquinos internos y dictados imperialistas.

El militarismo autocrático que pesa sobre la historia republicana y su exaltación en la persona del presidente Hugo Chávez Frías, se contrapone al anhelo mayoritario del pueblo venezolano en cuanto a lograr una República civilista, solidaria, independiente y decente. Ni el abuso de poder ni la corrupción –propios del militarismo- son compatibles con una democracia política, social y de justicia, y esto lo saben y asumen los oficiales profesionales honestos de nuestra Fuerza Armada Nacional. Tampoco calza el empobrecimiento de la dignidad nacional mediante la entrega y la sumisión a los intereses extranjeros e imperialistas. Pero es al pueblo venezolano y no “a los militares”, a quien compete dilucidar y pronunciarse democráticamente al respecto.

Los exegetas autocratistas y militaristas no podrán justificar nunca un manejo utilitario de la FAN a favor del gobierno de turno, en pleno siglo XXI, como no habrá eco en los cuarteles para quienes pretendan asignarle tareas genocidas y golpistas a favor del neoliberalismo y lo que queda del corrupto puntofijismo.

El tema es parte de lo que, en el fondo, está en discusión. No es que si Chávez la quiere “roja, rojita” o los golpistas, pro imperialista; es el rol histórico de la FAN en el proceso democratizador y transformador que vive Venezuela, al menos desde el 27 de Febrero de 1989, cuando los cerros bajaron a hacer trizas el liderazgo neoliberal de Carlos Andrés Pérez y el aborrecido tinglado de corrupción y desigualdades que había acumulado el devenir político, social y económico, desde 1830 hasta la penúltima década del siglo XX venezolano.


MEMORIA ELECTORAL

Electoralmente, desde 1958, hemos tenido presidentes con diversos grados de legitimación popular: Rómulo Betancourt (49,18%), Raúl Leoni (32,81%, 1963), Rafael Caldera (29,13%, 1968), Carlos Andrés Pérez (48,70%, 1973), Luis Herrera Campíns (46,64%, 1978), Jaime Lusinchi (56,72%, 1983), Carlos Andrés Pérez (52,76%, 1988), Rafael Caldera (30,46%, 1993) y Hugo Chávez Frías (56,20% en 1998 y 59,76% en 2000).

Si nos guiamos por esas cifras históricas del Consejo Nacional Electoral (CNE), constatamos que la abstención electoral promedia 40% en los procesos presidenciales de 1993, 1998 y 2000, los inmediatamente siguientes a los acontecimientos sociales de 1989 en contra de la agenda neoliberal de Carlos Andrés Pérez (CAP) y sus desencadenantes hacia 1992 (rebeliones militares del 4F y 27N, y la renuncia y enjuiciamiento de CAP, en 1993). Entre 1958 y 1988, la abstención en las elecciones presidenciales promedió 9,12%; la más baja fue en 1968 (3,27%) y la más alta, en 1988 (18,08%). Difícilmente, esa variante del 40% de abstención sea disminuida en la próxima elección del 3 de diciembre (3D); por el contrario, se observa una tendencia al alza, tal vez hacia el 45%, concatenado con lo acontecido en las elecciones parlamentarias del 4 de diciembre de 2005 (4D).


PROCESO DE DESLEGITIMACIÓN

Nada indica que exista un masivo fervor político, en el actual proceso electoral venezolano. Los principales candidatos (Hugo Chávez y Manuel Rosales) no van más allá de sus “votos duros” o espacios previamente capturados. Quien tiene la primera opción, Chávez, se mantiene arriba, pero disminuyendo su atractivo por el desgaste personal y el de su multimillonario gobierno, corrupto e incompetente, de casi ocho años; y el segundo, Rosales, ha sido incapaz de aglutinar y entusiasmar a la inmensa mayoría (72%) insatisfecha con el gobierno de Chávez, ni a quienes claramente manifiestan de mil maneras su inconformidad con lo presente y su rechazo al pasado puntofijista y neoliberal, ambos inmersos, hasta el cuello, en prácticas corruptas desde el poder: “…han robado cuanto han querido, tan sólo (ocurre) que un puñado de ladrones ha sucedido a otro”, para decirlo en palabras de Fred Halliday, profesor inglés de relaciones internacionales, al referir la descomposición en las repúblicas independientes que le siguieron al desmembramiento de la Unión Soviética. (Los embrollos del mar Caspio, hurgando en el avispero, revista VANGUARDIA/DOSSIER, Barcelona, España, enero-marzo 2006).

La Fuerza Armada Nacional, de acuerdo con sus competencias constitucionales, existe y la financiamos con recursos de todos los venezolanos, para preservar nuestra integridad territorial, defender la soberanía nacional y garantizar la paz interior, profesional e institucionalmente, al servicio de la nación y no de parcialidad o persona alguna. Y en este marco de inestabilidad que nos viene de 1989 y no ha cesado, la FAN, como el país todo, está ante la posibilidad de la profundización del proceso de deslegitimación política que ya nos reventó el 4D, con 75% de abstención y 7% de votos nulos, dejando a la actual Asamblea Nacional desguarnecida con apenas un 18% de legitimidad.

Venezuela puede cambiar el 3D, si llegare a producirse un pronunciamiento abstencionista relevante, por encima del 45 por ciento, como es posible que ocurra. Y la Fuerza Armada Nacional deberá contribuir con el afianzamiento de la dinámica democrática que pueda permitir la superación de tal crisis política, sin aspavientos. Chávez y Rosales coinciden en sus preocupaciones: ninguno de los dos está en capacidad de evitar una masiva manifestación de rechazo a las lacras del poder, chavistas o antichavistas. Si ese resulta ser el escenario mayoritario, Chávez emergerá debilitado y estará obligado a morigerar sus arranques irresponsables, agresivos y desconsiderados, para convocar una confluencia nacional que lo trascienda democráticamente. La “cosa” está muy complicada.


EL CONFESIONARIO

NELSON MERENTES, ministro de Finanzas, vista la cadena de denuncias de presuntas irregularidades en el Banco Industrial de Venezuela (BIV), le solicitó la renuncia a su presidente, Quiaro, quien ha demostrado habilidades garrapatunas para aferrarse al cargo. El revuelo en la torre de Chacaíto, ha sido grande y festivo; el problema es que el “renunciado” tiene que cuadrar cuentas y presentar un acta de entrega. La Asamblea Nacional, la Contraloría General, la Superintendencia de Bancos, el ministerio de Finanzas, la Vicepresidencia y la Presidencia de la República han actuado con lenidad, administrativa y legalmente hablando, en este caso.

EL PROBLEMA LABORAL en la alcaldía de Petare (Sucre-Miranda), mencionado en mi anterior columna, no es con “jubilados”, como erróneamente escribí, sino con ex trabajadores municipales que esperan por sus justas liquidaciones. Vale aclararlo, para insistir en que el alcalde José Vicente Rangel Ávalos debe disponer una pronta solución apegada a la legislación laboral vigente.

MARIO SILVA, el “bachiller marginal”, como él mismo se autocalifica en su peculiar y muy visto programa de Venezolana de Televisión,  “La Hojilla”, estaría siendo considerado como candidato a la Alcaldía del Municipio Autónomo Bolivariano Libertador del Distrito Capital, en caso de resultar positivo el referendo revocatorio que sectores oficialistas le están preparando al alcalde Freddy Bernal. En predios de la Alcaldía Metropolitana de Caracas se comenta la jugada, que tendría, al menos, la anuencia del alcalde Juan Barreto y su entorno más cercano. Veremos, después del 3D.

SIGO CON MIS DUDAS: ¿El jefe de estrategia del comando del candidato presidencial Manuel Rosales, es Teodoro Petkoff o Diego Arria? Si es Arria y le sumamos los últimos apoyos de Oswaldo Álvarez Paz, Antonio Ledezma y su “Comando Nacional de la Resistencia”, se aprecia claramente una definitiva tendencia derechizante y macartista, muy apegada a los dictados de la embajada de USA y los enclaves extremistas de la ultraderecha cubana de Miami. ¿Coparán la escena, como aquel todavía oscuro golpe de Estado del 11 de Abril de 2002? Tengo la impresión de que les volverá a salir una morisqueta, aunque muchísimo menos costosa para el país. Esa derecha golpista y cipaya no es representativa de la Venezuela emergente que opone resistencia cívica al autoritarismo chavista y su tinglado de corrupción y piratería administrativa. El doble juego es evidente y está al descubierto, dado el terco desconocimiento de la realidad por parte de estos caballeros  y los agentes ocultos, que los guían y estimulan. Es más, el caótico diseño político de quienes añoran el poder perdido, sigue siendo el mismo aplicado desde el paro del 10 de diciembre de 2001 hasta el paro petrolero entre diciembre de 2002 y febrero de 2003: alboroto en la calle, intensa difusión mediática y sonsacamiento de la Fuerza Armada Nacional. Esto, y no otra cosa, es lo que acaba de exponer el editor Rafael Poleo con su “3, 4 y 5” para diciembre próximo. Si esa derecha golpista incautó los planes del comando electoral de Manuel Rosales, él y los dirigentes básicos de la alianza opositora fraguada en torno a MR, Julio Borges y Teodoro Petkoff deben aclararlo ante el país. Me refiero también a la dirigencia de Un Nuevo Tiempo, Primero Justicia, COPEI, Izquierda Democrática, Movimiento al Socialismo, Bandera Roja y hasta los disidentes de AD que apoya a Rosales.

Huele a aventurerismo irresponsable. ¡Mosca!


 

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La otra cara del Imperio
Manuel Isidro Molina / Soberania.info - 15/03/04

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[*] Manuel Isidro Molina / E-mail: manuelisidro21@gmail.com








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