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Caracas / Venezuela -
 


El nuevo cuadro político
Manuel Isidro Molina* / Semanario La Razón (Venezuela) - 10/12/06

El triunfo electoral del presidente Hugo Chávez Frías, fue contundente con el 63 por ciento de los votos válidos, frente a 37% de Manuel Rosales, redondeando las cifras del Consejo Nacional Electoral. Esos cómputos oficiales asignan 7.161.637 votos al primero (62,89%), y 4.196.329 (36,85%) al segundo, con un 25,12% de abstención, 3.874.286 personas, con el 95,24% de actas de las mesas electorales procesadas.


Lectura I

Ese contundente triunfo fue logrado sobre un manto putrefacto de corrupción administrativa, abuso de poder y ventajismo propagandístico, sin precedentes en Venezuela. Ello no desmerita la confianza expresada por tan significativa mayoría del electorado en el gobernante que tenemos desde el 2 de febrero de 1999, producto del triunfo del extinto “Polo Patriótico”, el 6 de diciembre de 1998. Pero acusa a las esferas gobernantes y sus pestilentes círculos de testaferros como el gobierno más corrupto de nuestra historia contemporánea. Quiero ver “la espada” que desenvainó Chávez “contra el burocratismo y la corrupción”, desde el novísimo “Balcón de la Victoria”, la noche del triunfo, el pasado 3 de diciembre. Por algo lo dijo, aunque el suyo sea el anuncio número “n” de fallidas batallas contra la inmoralidad en el desempeño público que caracteriza a su gestión y a este “proceso”, de lo cual él, personalmente, es corresponsable. Nunca lo podrá negar, así gobierne hasta su último respiro, según la propuesta reeleccionista promovida por el diputado Carlos Escarrá Malavé, prosternado públicamente ante su jefe, camino al esquema político vigente en Egipto, donde el ex jefe de la Fuerza Aérea lleva varias décadas en la jefatura del Estado, elección tras elección, muy felices ellos, los egipcios.


Lectura II

El poder del presidente no es ilimitado, ni eterno, independientemente de que sus exegetas lo invistan de tal “gloria” propia de los siglos XIX y precedentes, un mundo basado en la fuerza bruta de las armas, la astucia y la falta de escrúpulos. En este siglo XXI no andamos todavía en tiempos de Maquiavelo (s. XVI), pero a muchos los perturba el trasnocho de la incivilidad y el autoritarismo. Sobre ellos pesa la tentación, “ahora, sí”, de profundizar los rasgos autoritarios (antidemocráticos) y autocráticos con velo democrático mediante una Asamblea Nacional monocolor prosternada ante los designios o la aceptación magnánima del investido. Corre peligro cualquier proceso de transformación contemporáneo y civilista, humanista a fin de cuentas, con los ánimos sibilinos de los adulantes medradores que andan buscando lo que significa lo que dijo o se le ocurrió al jefe o qué quiso decir o qué fue lo que se le ocurrió, para inmediatamente ir armando un sustancioso proyecto de reforma constitucional que le ajuste hasta en los dedos meñiques de los pies.

La realidad de la AN le plantea al presidente Chávez y sus seguidores honestos (no a los corruptos y otros adulantes medradores) una reflexión profunda en torno a cómo solventar la ilegitimidad de origen de esa legislatura, pues apenas un 18 por ciento de los electores tuvo algo qué hacer en aquella jornada del 4 de diciembre de 2005, cuando el 75% se abstuvo y otro 7% votó nulo: si de reforma constitucional democrática y revolucionaria contemporánea se trata, el esfuerzo debe coger la calle, consensuar –lo más posible- y ofrecerle a la nación un proyecto de reforma que disminuya el presidencialismo hipertrofiado instaurado en 1999, profundice la concepción mixta y antimonopólica del régimen económico, y deje abierta taxativamente la pluralidad ideológica, política, religiosa y educativa en el más puro concepto humanista de la diversidad del ser humano. Eso nos acerca al siglo XXI, lo otro, esas tentaciones trasnochadas, nos mete en el túnel del tiempo de las espadas, la sangre y el sometimiento miserable de los contrarios.


Lectura III

La “fiesta” opositora y el ensalzamiento de su candidato por encima de sus modestas cualidades, es otra perturbación. “La oposición” no existe, es un autoengaño de una dirigencia fundida que tuvo el acierto de amalgamar un archipiélago político y social, que lo seguirá siendo por mucho tiempo; y el mérito de reconocer rápidamente el triunfo contundente de Chávez, lo que nos ahorró potenciales hechos de violencia y más de los aún persistentes rasgos patológicos colectivos de odio y suplantación de la realidad.


Lectura IV

El “partido único de la revolución” que intentará imponer Chávez será tan difícil como creer en la existencia de “la oposición”. Ambas pretensiones buscan domesticar y someter, en última instancia, la pluralidad de la nación, lo cual es no sólo un absurdo sino inaceptable. Aspiran concentrar la direccionalidad política en dos torrentes confrontacionales (63-37) que resumirían la voluntad nacional, lo cual también es falso y, por tanto, imposible de realizar. El “líder carismático”, como tipifican a Chávez, no requiere de partidos políticos pensantes y actuantes. Lo ha demostrado, desde el entierro del “Polo Patriótico”: para él son meros instrumentos para acometer tareas que él decide y ordena, pues para él la sociedad venezolana no ha dejado de ser un cuartel, dada su visión militarista de la vida, y su vocación autocrática sin límite.

Quiere, sí, quitarse el fastidio de lidiar con la pluralidad que lo respalda. Pero especialmente de la pluralidad que lo critica u opone resistencia a sus volubles designios. Desde la cúspide del poder en el que lo han colocado sus fervientes seguidores, quiere someter a todos los suyos, especialmente a la opaca dirigencia que lleva ocho años prosternada disfrutando las mieles del poder. Su auténtica vocación es monopartidista, anclado en la vieja visión izquierdista de la vida y la política; y el medio para lograrlo es el vigor militarista de sometimiento a los contarios, con quienes se convive sólo en la medida en que se someten a sus designios. El país todo -incluidos los factores revolucionarios democráticos y libertarios- debe oponerse vigorosamente a tal pretensión que asfixiaría la pluralidad nacional y las libertades responsablemente ejercidas.


Lectura V

Ganó la concentración del poder y el disfrute de sus mieles. No es, como proclamó el general Müller Rojas, que “ganamos todos”. El trecho será largo, pero no el mejor para la República ni para los venezolanos, menos para la aspiración de construir una sociedad justa, equilibrada, decente, solidaria y eficiente. La inmensa riqueza petrolera (“vacas gordas”) nos ha enmascarado. Eso es todo, y la gozadera seguirá contante y sonante: sueldotes para la alta y media burocracia, diez y veinte veces por encima del salario mínimo que reciben los trabajadores de a pie; negociotes con los dineros públicos; y –eso, sí- adoración al jefe único, aplauso a sus ocurrencias, y más y más improvisación e ineficiencia a costa del erario y de la solución real de los problemas populares. Esa máscara caerá, y les tocará el juicio de la historia.


Lectura VI

Volviendo a los números del CNE, vale reflexionar sobre lo que podrían expresar:

  • EL VOTO POR CHÁVEZ muestra una fuerza predominante, la del MVR: 4.747.733 de los 7.161.637. Es el 41,69% de la votación nacional, pero el 66,29% de la votación “chavista”. Le sigue Podemos con 745.566 votos, 6,54% de la votación nacional, y 10,41% de la votación “chavista”. Patria Para Todos (PPT) hizo un tercero con 584.310 votos (5,13%), significando el 8,15% del voto oficialista. Cuarto, el Partido Comunista de Venezuela (PCV) con 335.177 votos (2,94%) y una participación del 4,68% en la torta electoral del gobierno. Ninguna otra agrupación alcanzó nacionalmente el 1% de los votos: MEP 93.004 (0,81%), MI GATO 87.304 (0,76%), UPV 78.064 (0,68%), Clase Media Revolucionaria 68.283 (0,59%), Tupamaro 67.693 (0,59%), Liga Socialista 57.360 (0,5%). Si la dirección política del propuesto “partido único” tuviese 100 integrantes, 66 tocarían a lo que hoy es el MVR, 10 a Podemos, 8 al PPT, 4 al PCV y el resto (12) para las otras minorías y los “independientes” o nuevos dirigentes no afiliados a las organizaciones mencionadas. Simple ejercicio numérico…


  • EL VOTO POR ROSALES tiene una composición distinta. De sus dos principales organizaciones políticas, Un Nuevo Tiempo, aunque primera en votos (1.522.279) y porcentaje nacional de 13,36%, carece de solidez conceptual, política y organizativa, pues más bien sirvió de receptoría de votos muy diversos entre quienes destacan los “adecos disidentes” y sectores independientes que siempre tienden a votar por “el partido del candidato”; mientras que  Primero Justicia obtuvo coherentemente 1.271.017 votos y 11,16%, como fuerza política de la derecha liberal, seguido de un COPEI, su tronco ideológico y político (Ej.: Julio Borges fue dirigente de la juventud copeyana y secretario privado de Eduardo Fernández, ex candidato presidencial), con 254.719 votos (2,23%). Como el PCV (ambos son históricos, s. XX) en el campo chavista, COPEI fue el único “pequeño” partido que superó la raya del 1% de los votos en el archipiélago opositor. Seguramente, si Acción Democrática hubiese apoyado oficialmente a Rosales, la historia de UNT hubiese sido otra, pues la tolda blanca hubiese hecho un previsible segundo puesto, para el orden PJ, AD, UNT y COPEI. Lo que quiero significar es que la derecha liberal es el componente de mayor peso en la votación de Rosales, sumada la jovial novedad de PJ a la fuerza conceptual neoliberal del COPEI actual. Siguen MIN 97.229 votos (0,85%), URD 83.578 (0,73%), Movimiento Republicano 72.786 (0,63%), MAS 70.295 (0,61%), Convergencia 57.625 (0,5%). ¿Quién lo diría?
NOTA FINAL: personalmente, no voté. Me abstuve porque ambas ofertas eran y son inconvenientes para el país, insuficientes para quienes aspiramos un mundo mejor, humanista, solidario, laborioso, eficiente y decente. Habrá que trabajar intelectualmente, sobre esta “realidad” emergida del 3D. La presión polarizante redujo inesperadamente la franja de abstención, lo que nos habla de parciales temores, ante una u otra fuerza, más allá de las altas adhesiones. Los “ganadores” andan contentísimos, afirmados en lo que vienen haciendo, acríticamente creen que obtuvieron carta blanca. Y los “perdores” andan inventando ficciones buenas para el corazón. Me atrevo a compartir con ustedes algo que pudiera tomarse como una insensatez: el país real es distinto al dibujado electoralmente el 3D. Lo veremos con el correr de los meses.



 

Libro digital
La otra cara del Imperio
Manuel Isidro Molina / Soberania.info - 15/03/04

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[*] Manuel Isidro Molina / E-mail: manuelisidro21@gmail.com







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