La violencia del Estado: Un problema de salud pública
Pablo Hernández Parra*
/ Soberania.org - 15/01/07
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1.- HISTORIA Y VIOLENCIA DEL PODER DOMINANTE
Históricamente la organización política del Estado en Venezuela formalmente ha variado; desde Colonia de España, Provincia, Gobernación, Capitanía General, República Federada, Estados Unidos de Venezuela, República de Venezuela hasta hoy denominada República Bolivariana de Venezuela; sin embargo, a lo largo de todo este periodo histórico, las clases dominantes, los grandes propietarios privados criollos y extranjeros han ejercido su dominio bajo la forma democrática o como dictadura, pero en toda época y lugar, la violencia contra los de abajo, contra el trabajador, ha sido una constante.
El 24 de agosto de 1499, cuando Alonso de Ojeda asesina a 20 habitantes del Lago de Coquivacoa, deja numerosos heridos y se lleva a España 5 prisioneros para venderlos como esclavos, desde ese día, se instaura de hecho el Estado Venezolano como organización de la sociedad de acuerdo a los intereses del vencedor. A partir de entonces, la pena de muerte, legal o ilegal, ha sido y es política oficial del Estado venezolano, contra los pobres, explotados y trabajadores.
Desde el exterminio de los Indios Guaiquerí en Coche y Cubagua en el siglo XVI, hasta el asesinato hoy por parte de los cuerpos policiales de jóvenes en los barrios o las masacres de campesinos por los sicarios al servicio de los ganaderos y terratenientes de la frontera, el hilo conductor de esta política de violencia, es la total impunidad del poder estadal y de las clases que lo detentan.
La intensificación de la violencia y el crimen por parte de los cuerpos policiales, militares y sicarios como ocurre en Guárico, Bolívar, Anzoátegui, Aragua, Falcón, Lara, Zulia, Táchira, Distrito Federal etc., no es fruto de hechos aislados, de actuaciones individuales de funcionarios subalternos que cometen excesos con desconocimiento de sus superiores. Se trata de la repetición de un fenómeno mundial, en este periodo de descomposición del capitalismo, y particularmente en Venezuela, con el traslado masivo al capital privado de los bienes y propiedad pública, proceso acelerado en los últimos 15 años en Venezuela.
2.- CRISIS, CONCENTRACION DEL CAPITAL Y VIOLENCIA SOCIAL
La devaluación de la moneda en 1983, el endeudamiento externo y eterno del país, la caída de los precios del petróleo a mediados del los 80, el asalto al tesoro público por parte de la burguesía, en el caso de RECADI, y la reestructuración de la deuda por parte de Lusinchi en ese período, entre otros hechos importantes, pusieron punto final a todo el período del desarrollo de capitalismo basado en una economía que tenía como pilar y soporte, un Estado sustentado en la renta petrolera como fuente principal de acumulación de capital en Venezuela.
La crisis de la deuda de los años 80, liquida el mal llamado “Estado de Bienestar” en Venezuela. La privatización de los bienes públicos que se opera desde principios de los años 90, del siglo pasado, no es otra cosa que un rápido proceso de concentración y centralización de capital que se opera en el país.
Este proceso se manifiesta en la venta de las grandes empresas y servicios públicos (CANTV, SIDOR, VIASA, AEROPOSTAL, EMPRESAS MIXTAS EN PDVSA, BANCOS Y SERVICIOS PUBLICOS), y en todo un conjunto de procesos que apuntaron en la misma dirección. La crisis bancaria, la liquidación de las prestaciones sociales de los trabajadores, la privatización de los servicios de salud, educación, transporte, la quiebra de miles de pequeñas y medianas empresas, el aumento de la inflación, etc. son todas manifestaciones de un mismo fenómeno: La concentración y centralización acelerada del capital, hasta llegar a una situación como la de hoy, donde menos de 100 grandes empresas y grupos monopólicos -principalmente extranjeros- en la industria, banca, seguros y comercio, ejercen el control y la hegemonía de la política y economía del país, incluyendo evidentemente el destino de la renta petrolera. Las estadísticas son contundentes:


Las estadísticas oficiales sobre el desarrollo de la industria durante el período demuestran claramente esta tendencia:

FTE: INE. CONINDUSTRIA
Qué demuestran someramente estas cifras
En 1996 existen un total de 12.771 industrias manufactureras, para 1999 se reducen a 11.198 y para el 2004 quedan 6.787.
El proceso de liquidación de empresas fruto de la competencia y de la concentración y centralización de capital se intensifica a partir de 1999.
Entre 1996 – 1999 se liquidan 1.573 empresas (524 anuales) se reduce en un 12,32% (4,1 anual).
Entre 1999 – 2004 se liquidan 4.411 empresas (882 anuales) se reduce en un 60,6% (12, 12% anual).
El personal ocupado pasa de 469.372 en 1996 a 419.956 en 1999 (10,60%) y se reduce a 295.477 (29,65% anual).
La liquidación donde más se siente esen la pequeña y mediana industria inferior (21 – 50 trabajadores).
La pequeña industria pasa de 9.460 en 1996 a 8.187 (1.273 industrias menos. Igual al15, 5%) y luego pasa de 8187 en 1999 a 4.596 en el 2004 (3.591 menos, igual al 43,86%).
En la mediana industria inferior se opera un proceso similar. Esta rama pasa de 1.964 industrias en 1996 1.190 en el 2004, más del 40% del sector es liquidado por el gran capital.
En dichas ramas se pasa de 9.640 industrias en 1996 a 8.187 en 1999 (1.273 industrias menos); y para el 2004 de las 8.187 existentes en 1999 sólo quedan 4.596 (3.591). En 8 años, la pequeña industria es virtualmente aniquilada por la banca y el gran capital. Desaparecen 4.864 empresas, equivalente a 51,41% de las industrias.
Durante 10 años la industria manufacturera pasa de 12.771 a 6.787. En pocas palabras, la competencia capitalista liquida 5.984 fabricas en 8 años, lo que significa una reducción del 46,85% en la industria.
Para el 2003 el peso y poder de la gran industria, como resultado de este proceso de concentración y centralización de capital se demuestra en el siguiente cuadro:

Simplemente 564 grandes industrias, el 9,3% del parque manufacturero del país, concentra mas del 80% de toda la actividad industrial. Si a esto le unimos la concentración ocurrida en la banca en el mismo periodo y el hecho de que esas 564 grandes empresas estas agrupadas en unos cuantos consorcios y grupos monopólicos del capital financiero (capital industrial mas capital bancario, Ej. Los grupo Polar, Cisneros, etc.), no es aventurado concluir que menos de 100 grupos monopólicos, la mayoría de ellos dominados por el capital extranjero, son los dueños del país y los factores reales de poder que en última instancia trazan e imponen la política económica de cualquier gobierno en Venezuela.
La concentración de la riqueza en un sector minoritario de la sociedad venezolana, engendra en el polo opuesto de la mayoría social un crecimiento del desempleo, el hambre, la miseria, la pobreza, la exclusión social, etc., en una relación inversamente proporcional a la riqueza concentrada entre las clases dominantes. A mayor concentración de riqueza en una capa cada vez más reducida de la sociedad, hay un mayor incremento de la miseria y pobreza dentro de una mayoría social. Esta ley general de todo desarrollo capitalista, descubierta por Marx, en el siglo XIX, hoy se comprueba con toda exactitud, no solo a escala del país sino de todo el planeta. Es en este proceso del desarrollo del capitalismo en Venezuela donde están las verdaderas raíces del desarrollo de la violencia social y policial que hoy se ha convertido en un verdadero problema de salud pública:
- El incremento de violencia social en Venezuela es un fenómeno que se observa con absoluta claridad a partir de los años 90 del siglo pasado.
- En este período de privatización en Venezuela (1990 – 2005), los cuerpos policiales y represivos pasaron de 28 a nivel nacional en 1990, a 95 en el 2003 y a 114 en el 2005.
- El incremento de la violencia social fue directamente proporcional al aumento de los cuerpos policiales.
- En 1992 se producen en el país 3.366 homicidios, en el 2003 pasan de 11.000 y extraoficialmente en el 2005 superaron los 13.000, un incremento de un 380%. Según la VII Jornada de Reflexión sobre la Violencia, para el año 2000, las estadísticas de los cuerpos policiales reportaban 240.000 casos anuales de violencia, para el 2005 la cifra llegaba a 260.000. Cada hora, según los hechos denunciados, 30 personas son agredidas en el país.

- Durante la Guerra de Federación, una de las más sangrientas en la historia de Venezuela, los combates diarios, promediaban los 180. Hoy la violencia social deja pequeña esas cifras y se acerca al número de bajas de la Guerra de Federación.
- Estadísticamente las muertes violentas (accidentes, suicidios, homicidios, etc.) fruto de un sistema que ahonda las desigualdades sociales y empuja a las mayorías a las peores condiciones de vida, llegaban en el año 2000, a 19.942. 1 de cada 5 personas que fallecen en Venezuela es a causa de la violencia.

- En los tres primeros años en la guerra de EEUU contra Irak se produjeron militarmente menos muertes que las ocurridas en Venezuela por la violencia social y policial en el mismo período.

En el 2006, han transcurrido 7 años desde que el pueblo votó por una transformación y en contra de todo lo anterior. Cual es el panorama de la violencia social y el crimen:
1.- En la batalla de Carabobo, el promedio de edad de los fallecidos, no llegaba a los 30 años. Hoy, 80 de cada 100 ajusticiados por los cuerpos policiales son menores de 30 años.
2.- Los 250.000 muertos de la Independencia, los 150.000 de la Guerra de Federación, procedían de las familias y hogares más pobres del país. Hoy, 93 de cada 100 asesinados entre el 2002 y el 2003 vienen de los hogares más humildes del país. ”Por cada uniformado que cae en enfrentamiento fueron asesinados 49 civiles.” (Informe PROVEA. 2004-2005. citado por ULTIMAS NOTICIAS. 07/8/05. Pp.43))
3.- De los 6.000 asesinatos cometidos en el país por los cuerpos policiales, Guardia Nacional y Ejército entre 1999 y el 2005, menos del 1% ha sido sentenciado.

4.- En 1993 hubo 4,292 homicidios, en el 2003 subieron a 13.000.Los órganos de represión se incrementaron en un 495%, los homicidios en un 300%.
5.- En abril del 2002, patronos, militares, gerentes derrocan un Gobierno, y de un plumazo derogan todo el ordenamiento jurídico del país -hecho público, notorio y televisado- y asesinan en las pocas horas de gobierno a numerosos venezolanos, sin embargo, prácticamente no hubo un solo detenido. Paradójicamente uno de los poco procesados por el caso fue Carlos Ortega “representante de los trabajadores”, que como era de esperarse se fugó por la puerta grande, igual que el asesino de Cantaura, Yumare y El Amparo; el Sr. López Cisco.
Hoy en las cárceles hay más de 19.000 pobres, donde a diario muere por lo menos 1 de ellos y otros 2 quedan heridos.
6.- A los que acabaron con la sagrada democracia y la no menos sagrada Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, por ser representantes de los mismos intereses, les dieron en el peor de los casos la casa por cárcel. La inmensa mayoría de los 20.000 presos que se pudren en las cárceles del país, se les retarda el juicio, se les condena sin sentencia, quedando a merced de un Juez que le pone precio a su libertad sin importarle si es culpable o inocente. Los presos que hoy están en las cárceles venezolanas “son los que no han tenido el dinero suficiente para comprar al juez que los juzga”, como justamente los señalara D. A. Rangel
7.-
En el 2004 ocurrieron 276.000 accidentes laborales en el país que dejaron 1.500 muertos y 27.600 trabajadores con algún grado de discapacidad. ¿Cuántos patronos están presos, o han sido juzgados por estos delitos?. Si no pagan el Seguro Social, menos van a pagar la vida de un pobre.
8.-
La mala práctica y la negligencia médica a diario dejan su estela de muerte, especialmente entre los pobres. ¿Cuántos pobres mueren por falta de asistencia médica o porque sencillamente no tienen dinero?
3.- LOS APARATOS DEL PODER QUE ASEGURAN EL ORDEN, LA PAZ Y LA SEGURIDAD NECESARIA PARA LOS NEGOCIOS Y LA GANANCIA
¿Cómo puede esta minoría dominante, seguir incrementando su riqueza y someter a una masa creciente de población, que no sólo pierde el empleo, sino que de hecho es excluida del proceso productivo y de la vida social misma? ¿Cómo la clase dominante contiene los estallidos sociales? ¿Cómo el Estado intenta controlar la violencia social que inevitablemente desata este fenómeno de desarrollo del capital?
Históricamente toda clase dominante a través de su Estado dispone de dos grandes mecanismos para ejercer la dominación y contener la violencia social en los límites que no interrumpa su proceso productivo y, sobre todo, su ganancia.
El primer gran mecanismo, es el aparato de dominación ideológico, que tiene en la estructura familiar, los medios masivos de comunicación y propaganda, con el televisor como el gran vehículo de adormecimiento, engaño, desinformación, etc. Este aparato de engaño y dominio es el más antiguo y potente dentro del arsenal de la clase dominante; va dirigido a implantar desde la niñez, en el seno de la familia patriarcal y autoritaria, toda la ideología de la clase dominante con sus correspondientes mentiras, prejuicios, costumbres y tradiciones, fundadas en la doble moral y el doble discurso, pero dirigida a implantar en la conciencia de cada uno de los seres humanos la adoración supersticiosa a toda forma de Estado y el respeto irracional a toda forma de autoridad, como condición “natural” y “socialmente aceptable” sin la cual ningún ser humano puede vivir bajo los dominios del capital.
Hoy este mecanismo de dominación, que eleva y adora a EL DINERO COMO UNICO DIOS DE LA SOCIEDAD, ha adquirido un poder de dominación e influencia jamás conocido en el pasado con el papel de los medios de comunicación masivos, especialmente la televisión, radio, cine, prensa y la publicidad.
La causa de la violencia social, según los ideólogos de los aparatos de adormecimiento del Estado, son de sobra conocidos, desde el origen divino y natural de la violencia inmanente al “ser humano” hasta la ineficiencia del gobierno y su falta de autoridad o complicidad para enfrentar la “delincuencia común”, todas estas teorías no son más que sofismas, trampas y mentiras, tendientes a encubrir la relación directa existente entre el crecimiento del capital y el incremento de la violencia social, el crimen y la guerra. Esta campaña ideológica tiene su punto culminante en la petición periódica de la pena de muerte contra los delincuentes, la exigencia de mano dura contra ellos, o como declarara el Gobernador de Guárico, E. Manuitt “las muertes ocasionadas por enfrentamiento con los cuerpos de seguridad del Estado, están justificadas, ya que se trataba de delincuentes que dañan a la sociedad”. La sociedad capitalista que produce al delincuente desde que nace se lava las manos y se declara inocente de los crimenes que ella genera y alienta. Como siempre el pobre es culpable por nacer…pobre, en una sociedad que produce tanta riqueza.
Esta situación que hoy vive el país es una característica de todo desarrollo capitalista tal como la describió Engels a comienzos de la década de los cuarenta del siglo XIX:
“Cuando un individuo hace a otro individuo un perjuicio tal que le causa la muerte, decimos que es un homicidio; si el autor obra premeditadamente, consideramos su acto como un crimen. Pero cuando la sociedad pone a centenares de proletarios en una situación tal que son necesariamente expuestos a una muerte prematura y anormal, a una muerte tan violenta como la muerte por la espada o por la bala; cuando quita a millares de seres humanos los medios de existencia indispensables, imponiéndoles otras condiciones de vida, de modo que les resulta imposible subsistir; cuando ella los obliga por el brazo poderoso de la ley a permanecer en esa situación hasta que sobrevenga la muerte, que es la consecuencia inevitable de ello; ...cuando ella sabe demasiado bien que esos millares de seres humanos serán víctimas de esas condiciones de existencia, y sin embargo permite que subsistan, entonces lo que se comete es un crimen, muy parecido al cometido por un individuo, salvo que en este caso es más disimulado, más pérfido, un crimen contra el cual nadie puede defenderse, que no parece un crimen porque no se ve al asesino, porque el asesino es todo el mundo y nadie a la vez, porque la muerte de la víctima parece natural, y que es pecar menos por comisión que por omisión. Pero no por ello es menos un crimen.” (F Engels: La Situación de la Clase Obrera en Inglaterra)
Los pobres -repiten a diario los publicistas del capital- no terminan de entender que esta sociedad “democrática, protagónica y participativa” a todos se les brinda iguales oportunidades como lo establece la sacrosanta Constitución de la República Bolivariana de Venezuela “solo que los pobres no la aprovechan por su naturaleza criminal”.
El otro gran mecanismo al cual apelan el capitalismo y su Estado para enfrentar la violencia social, es el incremento de su maquinaria de guerra, terror y violencia. Este incremento no es únicamente cuantitativo de los cuerpos policiales, hay otras cifras que revelan con más profundidad hasta dónde llega el aumento de este aparato de violencia en manos del capital.
Veamos algunos hechos:
- Aumento de los efectivos militares y de las llamadas reservas por parte del ejército regular de Venezuela. Se estima que el ejército junto con la reserva sobrepasarán los 150.000 hombres al servicio de la burguesía.
- Restablecimiento de los tristemente célebres teatros de operaciones, especialmente en las zonas fronterizas y en las regiones mineras y petroleras, como garantía de paz y seguridad a las compañías mineras, petroleras y madereras que operan en esas zonas.
- Modernización del ejército con miras no tanto a enfrentar invasiones externas como a reprimir movimientos y levantamientos populares. La adquisición de fusiles AK, bombas lacrimógenas, helicópteros de asalto, etc., se enmarca dentro de esta orientación mundial del capital de modernizar los ejércitos y policías nacionales, con miras a combatir el llamado terrorismo. Esta doctrina del terrorismo como nuevo enemigo inventado por el capital, no es más que acusar de terroristas a los pueblos y trabajadores del mundo, que luchen por sus reivindicaciones.
- El aumento de las bandas de paramilitares y sicarios al servicio directo de los patronos urbanos y rurales. En estos casos se trata de cuerpos armados al servicio directo de los propietarios tal como sucede en las zonas fronterizas del país, donde han sido asesinados más de 180 campesinos en los últimos años o en la zona de Puerto Ordaz donde pasan de 100 los obreros asesinados por las mafias sindicales al servicio de los contratistas de la zona.
- Las compañías de vigilancia privada en su gran mayoría pertenecen a ex policías y ex militares. En Venezuela existen más de 600 compañías de este tipo. Estos son hombres y armas al servicio del capital y en defensa de la propiedad privada.
- El armamento de la población. Con este tema se trata de confundir señalando a la llamada delincuencia común y a los barrios humildes del país como especies de tierras sin autoridad donde impera la ley del revólver y cada hogar es una fortaleza militar. El encarecimiento de las mercancías fruto de la inflación ha elevado el precio de las armas de una manera tal que sólo pueden ser adquiridas por los grandes capitalistas y las capas medias ligadas directamente a él. El número de armas en manos privadas especialmente dentro de las clases medias y burguesía, es infinitamente superior al parque militar que pueda estar en manos del pueblo, incluyendo las poseídas por la delincuencia. Los sucesos de abril fueron una demostración contundente de en manos de quién están realmente las armas en nuestro país.
Las policías, ejército, justicia y cárceles existen sólo para los pendejos. Esta realidad elemental se aplica desde la antigüedad, en Venezuela fue tal vez la primera lección que los conquistadores le enseñaron a los indios y negros que convirtieron en esclavos.
4.- EL PODER ES TENER IMPUNIDAD
La escalada violenta orquestada por el Estado es expresión del poder del capital sobre el resto de la población. Este poder, cuya expresión material más notoria es la fuerza policíaco-militar-judicial, ha ido adquiriendo un poder creciente dentro del sistema que ha terminado conformando junto con la delincuencia un verdadero circulo vicioso de la impunidad y del crimen.
Es precisamente la organización de los cuerpos represivos, la organización de todos estos ejércitos policiales junto con su cofradía de jueces y fiscales, carceleros... el instrumento material concreto de la dominación que permite a la minoría propietaria sojuzgar a la mayoría desposeída. Sin este aparato de violencia, de terror y dominación del “orden democrático”, al capital le sería imposible garantizar sus ingresos y ganancias, cuando se habla de “paz y seguridad social” es precisamente de la paz y seguridad que necesita el capital para producir y asegurarse los máximos beneficios.
La burguesía paga para mantener y preservar sus privilegios y ganancias, vale decir: profundizar las injusticias y desigualdades sociales. No para hacer justicia, disminuir la pobreza y mucho menos investigar los asesinatos de un Arturo Hernández o Alexis Orta, (Estado Guárico) y de las miles de víctimas que a diario produce la acción policial y militar del capital a escala mundial. Este sistema capitalista con sus Estados correspondientes existe en todo el planeta y tiene necesidad de la impunidad ante sus crimenes porque, precisamente, a través de ellos se alimenta, se desarrolla y perpetúa.
La impunidad es la norma, no la excepción dentro del dominio del capital, ningún orden establecido al servicio de los propietarios privados puede permitir su cuestionamiento y menos enjuiciar los asesinos a su servicio. Estados Unidos no permite que sus criminales sean juzgados por los países donde cometen sus fechorías, igualmente el Estado Venezolano, de la IV o V República, tampoco puede permitir que los soportes principales de su dominación -ejercito y policías- sean investigados y menos juzgados. Permitirlo, es poner en peligro su propio sistema de represión y justicia. Lo máximo que hace el sistema con sus policías y militares asesinos o sus jueces y cómplices, es jubilarlos o cambiarlos de puesto o lugar.
Sencillamente para el sistema judicial, la justicia es un negocio, la libertad una mercancía, que sólo puede comprarla quien tenga dinero.
La policía y la llamada delincuencia común, impulsados por las condiciones materiales en que viven y estimulados por el aparato del sistema de propaganda, son las encargadas del “trabajo sucio” en beneficio del capital y la burguesía. Aplican el terror y el crimen, en los barrios de mayor concentración de la población, “convenciendo” a la opinión pública y a las masa trabajadoras para que exijan protección y seguridad para “trabajar y vivir en paz”.
Esta población victima de la violencia del capital termina pidiendo que sea el Estado capitalista el que imponga el control policíaco-militar en toda la vida social y política del país, tal como viene ocurriendo con la militarización de las instituciones educativas, vías de comunicación, hospitales, etc.
La burguesía solo puede responder a las consecuencias cada vez más catastróficas de su propio modo de producción, reforzando periódicamente su aparato de Estado para potenciar la represión física y política sobre las masas explotadas. Hoy salta a la vista el objetivo que persigue la burguesía:
1.- Aterrorizar a las masas trabajadoras y excluidas para que estas se mantengan desmovilizadas en sus luchas reivindicativas.
2.- Reforzamiento del Estado mediante la centralización de su aparato represivo (Ley de Policía Nacional)
3.- Ampliar el marco jurídico de la represión (Ley Antiterrorista).
Mientras los agentes del capital se rasgan las vestiduras en nombre de la justicia, hablan de depuración y lucha contra la impunidad, en la práctica LOS HECHOS SE IMPONEN AL DERECHO:
1.- Los tribunales otorgan beneficios a policías asesinos de Guárico, Portuguesa, Lara, Anzoátegui, Bolívar, para que sean juzgados en libertad. Y como un “manual” de procedimientos, difieren las audiencias, desechan pruebas, ocultan evidencias y otorgan beneficios y libertades a los asesinos. Las propias estadísticas de la Fiscalia General confirman que sólo el 1% de los funcionarios procesados por homicidios han sido sentenciados, tal como lo demuestra el siguiente cuadro elaborado a partir de las informaciones proporcionadas por la propia fiscalia.

2.- Modifican el COPP y las leyes, han removido jueces y “limpiado" el sistema judicial infinitas veces, el último artífice de tal depuración, el magistrado Velásquez Alvaray recomendó implosionar al TSJ como la vía para acabar con ese nido de corrupción, terminó siendo acusado de corrupción por el Ministro del Interior y Justicia, y siguiendo el guión conocido, huyó del país.
3.- Nicolás Maduro Presidente de la Asamblea Nacional: Instala una “Mesa Nacional contra el Crimen y la Violencia”, pero fue precisamente Nicolás Maduro quien engavetó el Informe de las Violaciones de los Derechos Humanos en el Estado Guárico, y la Asamblea Nacional absolvió al gobernador E. Manuit y a sus policías asesinos de la Brigada de Intervención y Apoyo (BIA) de la Policía de Guárico.
5.- EL PODER DE LA BURGUESIA SE CONSOLIDA NEGANDO LA MEMORIA HISTORICA: EL PODER NO SE REFORMA, SIMPLEMENTE SE DERROCA
Se utilizan los asesinatos y la “conmoción social” como pretexto para la aprobación de nuevas leyes que permitan al Estado mantener su fachada democrática y ampliar la base jurídica que justifique la represión y el crimen.
Hoy la socialdemocracia y las ONG's que viven de los cursos para “humanizar a los policías”, profieren gritos de escándalo ante la comprobación del curso cada vez más violento del capital y del constante reforzamiento del Estado, como si esto fuese algo “anormal” , una “desviación”, una degeneración, un proceso patológico, avalando así la tesis según la cual la democracia no sería una forma más de dominación, como si la sociedad capitalista tendiese desde un extremo de totalitarismo hacia otro de libertad y de justicia: del extremo del Estado como instrumento de fuerza ciega y bruta, al extremo opuesto del Estado de Derecho; evolución que se reflejaría en un progresivo abandono de las formas más burdas y estridentes de violencia y de brutalidad a favor de un respeto creciente. La historia mundial del capitalismo y de Venezuela dicen todo lo contrario.
Es ilusorio , según creen o quieren hacernos creer los ideólogos y políticos al servicio del capital, que con una comisión parlamentaria, una mesa de alto nivel, una depuración de los cuerpos represivos, reformas jurídicas... se van a solucionar los problemas económicos y sociales que emanan de las leyes mismas del desarrollo capitalista y que en última instancia son la causa del crimen y la violencia; pero más que ilusorio, es una sátira pretender que por la vía jurídica, con la centralización de la policía, y profundizando la militarización, puedan detener la espiral infame de violencia impuesta por el mismo desarrollo del capitalismo y sus exigencias mercantiles.
Ha quedado demostrado, en cada época histórica bajo el dominio de la propiedad privada sobre los medios de producción fundamentales de la sociedad, que mientras existan constituciones y leyes, éstas han sido y serán siempre la expresión de las necesidades y de los intereses de la clase dominante erigidas en ley, y que los “Derechos Humanos” son la base jurídica de la dominación de la clase burguesa. En esa sociedad ellos –la minoría- se garantizan la democracia y sus derechos; y ejercen la más férrea dictadura contra los de abajo: La dictadura fundada en el desempleo, el hambre, la exclusión, la miseria, el atraso, la ignorancia, la desinformación, la vivienda miserable, el trabajo esclavo de niños y mujeres, en fin la dictadura la ejerce a diario la burguesía en la propia existencia cotidiana de los millones de asalariados y pobres del mundo.
No entender esto, pretender que la justicia emane de las leyes y se extienda hasta las capas empobrecidas de la sociedad, y además esperar que sea precisamente el Estado, administrador de dichas reformas, quien concederá esa justicia es más que un absurdo, un contrasentido político e histórico. Bajo el capitalismo no sólo la fuerza de trabajo se convierte en una mercancía; el crimen y las guerras se convierten de hecho en negocios altamente lucrativos. No es casual que después del negocio de la energía la industria más lucrativa del capitalismo es precisamente la industria del crimen y no hay actividad bajo el dominio del capital que no esté ligado en una u otra forma al delito. Si la propiedad es un robo, desde sus orígenes hasta su muerte, este sistema estará siempre ligado al crimen que hoy ha sido convertido en una industria floreciente. Hace más de 140 años Carlos Marx describió magistralmente esta relación entre el crimen como industria floreciente del capitalismo cuando escribió:
“Un filosofo produce ideas; un poeta versos; un pastor, sermones; un profesor, tratados, etc. Un criminal produce crimenes. Quien examine con más atención la relación entre esta última rama de la producción y el conjunto de la sociedad renunciará a muchos prejuicios. El criminal produce, no sólo crimenes, sino también el derecho penal, y por lo tanto el profesor que da cursos sobre el derecho penal, y hasta el inevitable manual por cuyo intermedio este mismo profesor introduce en el mercado general sus cursos como “mercancías”...
Además, el criminal produce toda la organización de la policía y la justicia criminal, los agentes, jueces, verdugos, jurados, etcétera, y todos los distintos oficios que constituyen otras tantas categorías de la división social del trabajo;... la tortura por si sola dio lugar a los más ingeniosos inventos mecánicos y ocupó a muchos honestos artesanos en la producción de esos instrumentos.
El criminal produce una impresión moral -según el caso- y de esta manera brinda un “servicio” a las emociones morales y estéticas del público. Produce, no sólo las obras sobre derecho penal, el código penal, los legisladores, si no también arte, literatura, novelas, e incluso tragedias (….) crean una variación en la monotonía y la tranquilidad de la vida burguesa. La preserva del letargo y origina esta tensión y emotividad inquietas, sin las cuales hasta el aguijón de la competencia terminaría a su vez por embotarse. De esta manera, el crimen da impulso a las fuerzas productivas. Por un lado, el crimen suprime del mercado de trabajo una parte de la población excedente, y disminuye con ello la competencia entre los obreros; por el otro la lucha contra el crimen absorbe otro sector de la misma población. El criminal aparece así como uno de esos factores naturales de “nivelación” que restablece el saludable equilibrio y abre toda una perspectiva de ocupaciones “útiles”. Sería posible exponer hasta en sus menores detalles esta influencia del criminal sobre el desarrollo de la capacidad productiva. ¿Acaso las cerraduras abrían alcanzado su perfección actual si no hubiera ladrones? ¿La fabricación de los billetes de banco habría llegado a su nivel actual de perfección sin los falsificadores? ¿Habría penetrado el microscopio en el mercado común (….) si no existiera el fraude comercial….? Por sus maneras siempre nuevas de atacar la propiedad, el crimen suscita incesantemente nuevos medios de defensa y sus efectos resultan tan productivos como los de la huelga que influyen sobre la invención de las máquinas.
Abandonando la esfera del crimen privado, ¿habríamos alguna vez un mercado mundial o simplemente naciones, de no haber habido crimenes nacionales? ¿Acaso, desde los tiempos de Adán el árbol del pecado no es al mismo tiempo el árbol del conocimiento?”
(C. MARX: TEORIAS, 1862, OBRAS COMPLETAS TOMO XXVI, SITADO POR M, RUBEL)
Hoy los llamados Socialistas burgueses del siglo XXI, y sus agentes parlamentarios al servicio del capital, disfrazan sus pretensiones de dominación con reformas administrativas y policiales, en un intento por perpetuar las condiciones de esclavitud asalariada y excluida.
“LOS BURGUESES SOCIALISTAS QUIEREN PERPETUAR LAS CONDICIONES DE VIDA DE LA SOCIEDAD MODERNA, PERO SIN LAS LUCHAS Y LOS PELIGROS DERIVADOS FATALMENTE DE ELLAS, QUIEREN PERPETUAR LA SOCIEDAD ACTUAL SIN LOS ELEMENTOS QUE LA REVOLUCIONAN Y DESCOMPONEN, POR TRASFORMACIÓN DE LA SOCIEDAD NO ENTIENDEN EN MODO ALGUNO LA ABOLICIÓN DE LAS RELACIONES DE PRODUCCIÓN –LO QUE NO ES POSIBLE MÁS QUE POR LA VIA REVOLUCIONARIA- SINO UNICAMENTE REFORMAS ADMINISTRATIVAS REALIZADAS SOBRE LA BASE DE LAS MISMAS RELACIONES DE PRODUCCIÓN Y QUE POR TANTO NO AFECTAN A LAS RELACIONES CAPITAL-TRABAJO; SIRVIENDO EN EL MEJOR DE LOS CASOS PARA REDUCIRLE A LA BURGUESÍA LOS GASTOS QUE REQUIERE SU DOMINIO Y PARA SIMPLIFICARLE LA ADMINISTRACIÓN DE SU ESTADO.”
(C.Marx.- F. Engels)
Mientras exista el capitalismo con sus estados democráticos o dictatoriales, mientras impere la propiedad privada sobre las tierras y fábricas, es no sólo una utopía sino una estupidez esperar justicia del capital. Todo el aparato policíaco y militar de la burguesía es para mantener y profundizar la desigualdad social, la miseria y la pobreza. Los policías, fiscales, jueces y carceleros son empleados del Estado Capitalista con la única misión de preservar la injusticia contra los de abajo y garantizarse su impunidad, sin lo cual la paz y seguridad necesarias para el desarrollo de sus negocios y ganancias es prácticamente imposible.
No basta el crimen para someter al de abajo, es necesario garantizarle al asesino a su servicio la impunidad no sólo para tenerlo a su disposición mediante la complicidad y el chantaje, sino –y esto es lo más importante – humillar y doblegar al de abajo para que éste ni siquiera proteste o intente hacer justicia por si mismo. En la guerra, como en la lucha de clases, el objetivo supremo es el aniquilamiento del enemigo, esto significa eliminar en él toda capacidad de resistencia, vale decir: reducirlo a la pasividad y que la impotencia y la resignación se conviertan en su conciencia dominante.
El capitalismo en su lucha diaria por someter a los de abajo y reducirlos a la impotencia, tiene numerosos aliados entre los sectores “liberales y democráticos”, todos creen que el sistema capitalista es “mejorable”, que la policía es “depurable”, que es posible acabar con la violencia manteniendo intactas las actuales relaciones de producción y las condiciones materiales que la engendra.
Todos piden "mano dura" contra la delincuencia, es decir, contra los pobres, pero ninguno ve en el sistema capitalista y su régimen de trabajo asalariado, el origen del hambre, la miseria y la descomposición que causan la violencia de los de abajo.
Nada dicen que la concentración y centralización de capitales (monopolización) genera en la misma proporción exclusión, miseria y delincuencia y por ende violencia de los oprimidos.
Se atacan las consecuencias, pero se ocultan las causas.
Quienes predican desde las numerosas ONG 's defensoras de los derechos humanos de que es posible remediar los males sociales con reformas jurídicas, cambios de funcionarios y cursos de derechos humano a hombres y mujeres educados, entrenados y formados para la violencia y el crimen; y se empeñan en no querer ver el origen, la causa, de toda esta barbarie en el modo de producción capitalista, que con el proceso de centralización de capitales produce una masa creciente de indigentes asalariados, una bolsa cada vez más hinchada de desempleados y excluidos; no hacen más que abogar por la perpetuación de este modelo de sociedad.
CONCLUSIONES
1.- El incremento del crimen, el delito y la violencia social es proporcional al desarrollo del capitalismo. En la medida que el capital exhibe sus cifras de ascenso y desarrollo, aumenta en la misma proporción la exclusión y la violencia.
2.- La concentración de la riqueza (concentración y centralización de capitales) en menos manos incrementa la miseria y la pobreza en el otro extremo. Desempleo, hambre, condiciones infrahumanas en los barrios, conjuntamente con el incremento de la violencia policial, son el caldo de cultivo diario para el surgimiento, desarrollo e incremento de la violencia social una de cuyas manifestaciones –no la única – es la llamada “delincuencia común".
La violencia social del “excluido” no es otra cosa que el camino de la “sobre vivencia del más fuerte”; otros, los más débiles, caen en la prostitución y la mendicidad. Imposibilitados de acceder al reparto del producto social, los de abajo se ven forzados a recurrir a la violencia para poder subsistir.
La propiedad capitalista es un robo, El capitalismo, económica y socialmente, aparece como la destrucción de la facultad de apropiación de los productos por parte de los trabajadores y una apropiación de los mismos por parte de los capitalistas, es decir: la gran propiedad capitalista no es más que el producto de la expropiación de la riqueza generada por los trabajadores, expropiación que se realiza bajo su forma característica, por medio del salario.
La propiedad capitalista no puede existir sino a condición de que la inmensa mayoría de la sociedad sea privada de propiedad; siendo el dinero el vínculo determinante en las relaciones sociales, los de abajo reproducen lo que el capital y la burguesía le aplican a diario: robar el producto del trabajo ajeno como posibilidad para subsistir. Los de arriban explotan el trabajo humano, roban el producto del trabajo social utilizando el salario como medio de expropiación. Los de abajo recurren a la violencia en un intento por apoderarse de una parte del producto social.
El capitalismo es un sistema (patrones de producción, distribución y consumo) que se asienta en la expropiación, el crimen y la violencia, de allí su naturaleza criminal...
Como sistema, para poder subsistir y desarrollarse necesita asegurar la explotación, el saqueo, las guerras, reducir costos, desconocer derechos, fomentar el desempleo. En pocas palabras, necesita incrementar la pobreza, la miseria para incrementar su riqueza.
Esta violencia necesaria para el capital se extiende del plano económico al plano militar y social generando un espiral de violencia, cuyo único desenlace ha de ser la revolución anticapitalista o la sociedad se verá retrotraída a etapas de barbarie y oscurantismo. Si es la sociedad capitalista actual la que engendra la violencia y la “delincuencia, y esta sociedad no puede existir sino a condición de reproducirlas y aumentarlas, la solución es muy sencilla: No encarcelemos al delincuente acabemos con la fábrica que los produce, derroquemos al capitalismo y su Estado.
CENTRO DE FORMACION IDEOLOGICA / DECANATO DE EXTENSION / UNIVERSIDAD YACAMBU
Diciembre 2006
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Fuentes:
PONENCIAS ANTE EL II CONGRESO DE SALUD COMUNITARIA, UNIVERSIDAD YACAMBÙ, MAYO 2006, ESTADO LARA.
1.-VIOLENCIA UN PROBLEMA EMERGENTE DE SALUD PUBLICA
Saúl Peña Arciniegas spena@msds.gov.ve / Saludpublica_ve@hotmail.com
2.-LA VIOLENCIA COMO PROBLEMA DE SALUD PUBLICA. CENTRO DE FORMACION IDEOLOGICA DE LA UNIVERSIDAD YACAMBU
(*) Pablo Hernández Parra
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