El ajedrez mundial del petróleo - III: Rusia
Joel Sangronis Padrón* / Soberania.org - 25/01/07
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No se es una superpotencia mundial por más de medio siglo en forma impune.

Durante la traumática década de los 90, luego de la desaparición de la URSS, el desgobierno del dipsómano Boris Yeltsin casi desmanteló por completo al estado ruso para ponerlo en manos de grupos mafiosos internos y voraces transnacionales. A principios de este tercer milenio, una joven generación de relevo (Logia Alcaldía de San Petersburgo-KGB) tomó el control del gobierno y desde entonces ha estado intentando (y consiguiendo) reinstalar a Rusia en el lugar preponderante que por extensión territorial, recursos naturales y humanos, ubicación estratégica y tradición histórica le corresponde.
La arrogancia unilateralista de los gobernantes usamericanos, aunado al desprecio y humillante trato que desde la caída de la URSS le han infringido a Rusia ha generado profundas reacciones en estas nuevas elites políticas, militares, científicas y culturales de la gran nación eslava, nacidas y amamantadas en la convicción de ser protagonistas de primer orden en la historia contemporánea mundial.
Severamente disminuida en sus capacidades militares y económicas, y perdidas buena parte de las áreas de influencia que en su momento detentó la URSS, los nuevos líderes e ideólogos rusos han apostado por la estrategia y la táctica como armas para redefinir su futuro (no en balde Rusia es la sociedad ajedrecística por excelencia en el mundo).
El Presidente Vladimir Putin, formado ideológicamente en el retorcido y peligroso, pero a la vez fascinante y sutil, mundo del espionaje (KGB) y con un curriculun que incluye una tesis doctoral sobre la utilización del petróleo como instrumento geoestratégico, intenta relanzar a Rusia como gran potencia del siglo XXI, utilizando sus colosales reservas de petróleo y gas y su condición de país pivote entre Asia oriental y Europa como herramientas para tal fin.
A diferencia de lo que en su momento preconizaron nuestros tecnócratas de la PDVSA cuartorepublicana: “El petróleo es sólo una mercancía más y sólo así debe vérsele y ser tratado”,la Rusia de Putin está utilizando sus recursos energéticos como instrumento (¿arma?) geopolítico y estratégico para posicionarse como potencia de primer orden en un nuevo escenario internacional sustentado en la multipolaridad. Para ello se basa en la lógica de una premisa que las cifras confirman día tras día: la acuciante y creciente dependencia de los hidrocarburos que padece la sociedad contemporánea, y la disposición que manifiestan (en forma abierta o secreta) los diferentes gobiernos a realizar acuerdos políticos, económicos e inclusive militares, con los países productores que les garanticen el suministro de petróleo o gas.
Las tan cacareadas fuentes alternativas de energía siguen, por ahora, perteneciendo al mundo de los buenos deseos y de las aspiraciones ecologistas. El modelo civilizatorio en el que vivimos consume hoy, con una avidez impresionante, más hidrocarburos que nunca, y no hay señales de que esta tendencia decaiga, por el contrario, tiende a acentuarse.
Rusia posee las mayores reservas de gas natural en el mundo a la vez que posee las séptimas reservas petroleras en magnitud y es el actual segundo productor mundial de petróleo; paralelamente a esto, sus reservas gasíferas y petroleras de los Urales y Siberia, al igual que las de Venezuela, son las únicas grandes reservas mundiales de hidrocarburos fuera del inestable, intervenido y volátil triángulo Mar Negro-Mar Caspio-Golfo Pérsico, lo que le otorga una apreciable condición de seguridad y confiabilidad a sus suministros, aunque las recientes disputas a principios del 2006 con Ucrania y de este año con Bielorrusia sobre el tránsito de sus hidrocarburos hacia la Unión Europea, han disparado las alarmas sobre este aspecto.
Con respecto a estos incidentes, el análisis pareciera demostrar que pesaron más en el Kremlin los motivos geopolíticos que los puramente económicos.
Sabido es que la estrategia otansista de los EEUU intentaba aislar a Rusia a través del establecimiento de un hostil cordón de repúblicas ex soviéticas con gobiernos pronorteamericanos alrededor del cuello económico de ésta (petróleo y gas). Gobiernos éstos, establecidos a través de revoluciones de colores tutoreadas por los EEUU: Naranja en Ucrania con las estrategia mediáticas y televisivas, plazas de la libertad y cacerolazos que tan bien conocemos los venezolanos y que llevaron al poder al pro norteamericano Víctor Lushenko; de terciopelo en Georgia con la Open Society Institute del megaespeculador George Soros y nuestra vieja conocida, la National Endowment for Democracy (NED) en plan estelar para derrocar al gobierno de Edward Shevarnadze y llevar al poder a Mijhail Saakashvili, declarado enemigo de Rusia; y como corolario de este plan, a finales del año pasado al parecer hubo ciertos contactos entre el gobierno bielorruso de Minsk y la CIA lo que determinó a Moscú a mostrar los dientes recordándole a los gobiernos de Ucrania, Polonia, Bielorrusia y Georgia lo dura que podría ser su existencia sin el gas y petróleo rusos en un momento en que unos exhaustos EEUU no pueden acudir económicamente en su ayuda a causa de las aventuras imperiales en Irak y Afganistán.
Decidida a hacer valer su condición de gran potencia energética del siglo XXI, y fiel al principio de que el control de la energía otorga dominio, influencia y poder, el gobierno de Vladimir Putin ha venido estableciendo acuerdos con otros países para el desarrollo de una red de oleoductos y gasoductos (amén de los ya existentes) que convertirán a Rusia en el gran árbitro del suministro de petróleo y gas para Europa y los grandes centros económicos y demográficos del Asia oriental (China, Japón, Corea del Sur).
Los principales son:
Gasoducto del Báltico:
La construcción de este gasoducto fue acordada entre Rusia y Alemania el 8 de septiembre del año 2005 en Berlín. Tiene una longitud de 1.200 Klmts y unirá la ciudad rusa de Vyoborg en la frontera con Finlandia con la alemana de Greifswald a través del mar Báltico. Tiene una capacidad de transportar 27.500 millones de metros cúbicos de gas por año; este gasoducto que en un futuro cercano se interconectará con escandinavia, el Benelux, y el Reino Unido, convertirá a Alemania en el gran distribuidor de energía para el norte de Europa en los próximos años y abre para este país insospechadas posibilidades en el gran juego de la energía mundial que trataremos en una próxima entrega.
Gasoducto Transiberiano del Este:
Este gasoducto llevará gas desde Siberia oriental hasta China con un costo de construcción de aproximadamente 8.000 millones de dólares y enviará al norte de China entre 70.000 y 80.000 millones de metros cúbicos de gas por año. También en marzo del pasado año se acordó la construcción de un segundo gasoducto que inclusive permitiría la exportación, a través de territorio chino, de una cuarta parte del gas que por el se enviara, hacia Japón.
Para calmar las presiones japonesas por haber antepuesto a China en sus negociaciones por el gas siberiano, Rusia ha firmado con el país del sol naciente acuerdos por el orden de los 28.000 millones de dólares para desarrollar los gigantescos yacimientos gasíferos y petroleros Sajalín I y II que acaba de nacionalizar sacando del juego a la Royal Dutch Shell.
Oleoducto Druzhba (Amistad):
Es el más antiguo e importante de los oleoductos actuales de Rusia; transporta cerca de 1.200.000 barriles diarios de petróleo. Partiendo de territorio ruso se interna en Bielorrusia y allí se bifurca en dos ramales, uno hacia el norte, hacia Polonia y Alemania, y el ramal sur que atravesando Ucrania, la República Checa y Eslovaquia se dirige hacia el centro de Europa.
Gasoducto Ruso-Ucraniano:
Este gasoducto cuya administración y régimen impositivo fue la aparente causa del contencioso que sostuvieron a principios del año 2006 Moscú y Kiev, sale de Rusia y atraviesa Ucrania, dividiéndose en este país en dos ramales, el más importante en capacidad va hacia el norte a través de Polonia, rumbo a la Unión Europea y uno que va al sur, hacia los Balcanes y Turquía.
Gasoducto Corriente Azul:
Construido sobre el lecho del Mar Negro desde Rusia hasta Turquía por la compañía Gazprom rusa conjuntamente con el gobierno turco y la petrolera italiana Eni, con una capacidad de 16.000 millones de metros cúbicos de gas al año; planificado para extenderse posteriormente hasta los puertos italianos del mar Adriático.
Oleoducto Ruso-Búlgaro-Griego (En Construcción):
Llevará petróleo ruso desde la ciudad de Novorosiiysk en el mar Negro hasta el puerto búlgaro de Purgás y de allí hasta la ciudad griega de Alexandrópolis en el mar Egeo. Gazprom de esta forma continúa posicionándose en el sur europeo.
De igual forma el gobierno de Putin ha logrado concertar una serie de acuerdos que le aseguran que la producción de petróleo y gas de las repúblicas centroasiáticas (Kazajastán, Uzbekistán, Turkmenistán) seguirán utilizando los ductos rusos para exportar su petróleo y gas hacia Europa y en el caso de Kazajastán, el transporte de petróleo ruso hacia China a través del oleoducto Atasu-Alashankov, recientemente inaugurado.
Es importante recordar aquí el acuerdo de inversión y asistencia técnica que se firmó el pasado año entre Gazprom y la estatal argelina Sonatrach, principal surtidora de gas natural a Portugal, España y sur de Francia que abre estos mercados a la participación del gigante gasífero ruso. También es necesario recalcar que al apoyar técnicamente el desarrollo de la industria nuclear iraní para usos pacíficos, y ser el principal suplidor de sus fuerzas armadas, Rusia ha logrado que la nación persa le permita participar en la construcción del gasoducto Irán-Pakistán-India, que está previsto en un futuro cercano llegue hasta la sureña provincia china de Yunnan, con lo que logra dirigir la producción e intereses del segundo productor de gas en el mundo hacia el sureste asiático y lo neutraliza como posible competidor de los mercados europeos.
Por último, y no por ello menos importante, son las asociaciones estratégicas realizadas por los gobiernos ruso y venezolano para la exploración, explotación de bloques en la faja petrolífera del Orinoco y con Pdvsa gas para la posible participación de Gazprom en la construcción del Gasoducto del Sur que interconectará América del Sur a partir de Venezuela y las implicaciones geopolíticas que ello tendrá.
En esa misma línea de acción Rusia ha venido recuperando sistemáticamente el control de las empresas que explotan los recursos petroleros y gasíferos en su territorio, teniendo como último episodio de esta política de estado la recuperación de los yacimientos Sajalín I y II, episodio arriba comentado. Estas acciones del estado ruso no tienen nada de nuevo o revolucionario, porque esta ha sido la tendencia mundial en los últimos años, al extremo de que actualmente cerca del 80% de las reservas mundiales de hidrocarburos le pertenecen a compañías de propiedad estatal.
En 1.999 el vicepresidente de los EEUU, Richard Cheney, afirmaba en el Instituto Internacional del Petróleo en Londres que: “El Petróleo es, fundamentalmente, un negocio entre gobiernos”; y la consultora estadounidense IHS lo confirma: “El futuro de la industria ha vuelto a manos de los gobiernos y no se prevé que esta situación cambie en los próximos años”.
Un futuro que jamás previeron nuestros tecnócratas mandamases de la Pdvsa cuartorepublicana (Giusti, Sosa Pietri, Calderón Berti, Quiroz Corradi, Coronel, Toro Hardy) quienes en su momento maniobraron para privatizar Pdvsa y ahora despotrican en contra de las acciones tomadas por el gobierno del presidente Chávez para recuperar el control de los yacimientos que fueron entregados en el proceso conocido como apertura petrolera.
En mayo del pasado año el ministerio de recursos naturales ruso anunció que a partir de ese momento la participación de las compañías estatales rusas en la explotación de yacimientos de petróleo y gas en su territorio pasaría a ser del 51% como mínimo.
¿Será una casualidad que paralelamente al otro lado del mundo el gobierno venezolano, el otro país con grandes yacimientos fuera del triángulo Mar Negro-Mar Caspio-Golfo Pérsico, anuncie medidas de igual tenor e importancia? ¿Obedecerá a estrategias conjuntas?
Zbignieb Brzezynski, ideólogo del proyecto imperial de los EEUU señala en su libro El Gran Tablero de Ajedrez: Primacía Americana e Imperativos Geoestratégicos, que uno de los imperativos de dicha geoestrategia consiste en impedir que “los bárbaros se unan”.
¿Se estarán uniendo los bárbaros en materia petrolera?
[*] Joel Sangronis Padrón / Ecologista y Profesor de la Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt (UNERMB) - Cabimas, Edo. Zulia / E-mail:
Joelsanp02@yahoo.com
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