Análisis de la actividad petrolera en el lapso 1994-1998
Gastón Parra
Luzardo* / Soberania.info
- Abril/1999
|

Aunque nominalmente este ensayo trata de la evaluación del
comportamiento de la actividad de la industria petrolera durante
el período 1994-1998, de hecho, su extenso contenido constituye
un auténtico memorial contra la estrategia de desarrollo
del sector petrolero acometida a partir de 1989 por sucesivas juntas
directivas de Pdvsa, con el apoyo de los gobiernos nacionales de
ese entonces. En consecuencia, son objeto de crítica descarnada
distintos elementos de esa estrategia, en especial, los planes de
inversión, las diversas modalidades del programa de apertura
petrolera (convenios operativos, asociaciones estratégicas,
convenios de asociación), la apertura del mercado interno
de hidrocarburos a la participación del capital privado,
la privatización parcial de la industria petroquímica,
la creación del `Fondo de Inversiones Petroleras", la
reestructuración organizativa de Pdvsa y la llamada política
de internacionalización petrolera.
En opinión del autor, la materialización
de esa estrategia respondió, antes que al interés
soberano de la nación en defensa de un recurso natural agotable
y clave para su desarrollo, al interés de un sector tecnocrático
que ejerció funciones directivas en la empresa petrolera
nacional, que se orientaba a la desnacionalización de la
industria en beneficio del sector privado transnacional del cual
ese grupo actuaba objetivamente como su principal agente en el país.
La visión ideológica de este grupo de "tecnócratas"
se habría afianzado, en opinión del autor, durante
la gestión presidencial del doctor Rafael Caldera, y sus
consecuencias se sintieron en forma muy negativa a lo largo del
período examinado. En particular, la expansión a ultranza
de la oferta petrolera interna, y en contra de las expectativas
más bien conservadoras del crecimiento esperado de la demanda
mundial de petróleo en el mediano plazo, contribuyó
a debilitar la acción concertada de los países miembro
de la OPEP y, por extensión, a provocar una baja apreciable
en los niveles de precio del crudo y sus derivados. Situación
que hizo crisis en 1998 bajo el impulso de factores no predecibles,
en especial la contracción de la demanda internacional de
hidrocarburos inducida por la crisis de las economías asiáticas.
Finalmente, dado que esos hechos ponen de relieve la contradicción
existente entre el fortalecimiento operacional y patrimonial de
la empresa petrolera, cuyo comportamiento se ha autonomizado de
las orientaciones del Estado, y la debilidad creciente de este último,
ejemplificada en la disminución sustancial de la renta fiscal
petrolera, el autor juzga necesario reformular radicalmente las
orientaciones básicas de la actuación futura de Pdvsa,
así como la estrategia general de desarrollo del país,
a la cual, forzosamente, debería subordinarse la actuación
de esa empresa.
La estrategia petrolera. El plan de negocios
de Pdvsa
Desde finales de la década de 1980, el directorio de la
industria petrolera estatal adoptó la meta de profundizar
en una estrategia que constituyera un cambio radical, acelerado
y agresivo en la nueva dirección de la política petrolera
nacional, con la finalidad de propulsar el crecimiento de las actividades
inherentes a la industria, cónsono con los tiempos de la
globalización y, con ello, estimular el refuerzo necesario
a la apertura incondicional y, por supuesto, impulsar y garantizar
la participación creciente del sector privado transnacional
en la planificación y ejecución de la política
energética venezolana, conducente hacia el proceso desnacionalizador.
Para el logro de esa estrategia, los llamados "tecnócratas"
de la industria petrolera, ya sin las falsas posturas que habían
creado para ocultar sus intenciones, incursionaron en el mundo político,
con el objeto de establecer los contactos y los acuerdos necesarios
para consolidar sus ideas y, por supuesto, lograr sus propósitos.
De esa forma lograr, entre otros objetivos, asumir las posiciones
clave en la dirección de la corporación petrolera
venezolana, y asegurar la puesta en marcha del llamado plan de expansión
de la actividad de la industria petrolera, convirtiéndose,
a través del tiempo, en el único plan
de la nación que realmente se ejecuta, y que constituye,
a nuestro juicio, una seria limitación para el alcance del
desarrollo económico y social del país.
Los mentores y ejecutores de la política de la "transnacionalización
globalizadora" lograron que la asamblea de accionistas
de Pdvsa, en su reunión del 29 de diciembre de 1989, aprobara
el plan, en el mediano plazo, por desarrollar durante el período
1989-1995, con la finalidad de incrementar el potencial de
producción a 3 millones 500 mil barriles diarios, y realizar
una inversión de 48 mil millones de dólares. El plan
petrolero (excluyendo la faja del Orinoco) requería de una
inversión que se elevaba a 33 mil millones de dólares.
A este respecto, Andrés Sosa Pietri, actuando
como presidente de Pdvsa, dijo: "En concordancia con
nuestra visión, la corporación se trazó un
ambicioso programa de expansión y diversificación
que constituye su plan de mediano plazo (1991-1996) (...) El plan
acentúa la diversificación de Petróleos de
Venezuela en las áreas de petróleo, petroquímica,
gas, carbón y bitúmenes, y fortalece las bases esenciales
en las que se sustenta el negocio petrolero" [1].
Por su parte, Gustavo Roosen, en su condición
de presidente de Petróleos de Venezuela, al abordar la justificación
del Plan de Negocios 1993-2002, señaló:
"Entre los objetivos y metas del plan que nos proponemos
para los próximos diez años está, en primer
lugar, maximizar el valor creado a nuestro accionista que es Venezuela
(...) Las metas de este plan son: aumentar las reservas probadas
de crudos convencionales de 63 mil millones de barriles a 65 mil
millones, elevar nuestro potencial de producción de, su nivel
actual de 2,8 millones de barriles diarios a 4 millones, de los
cuales 3,5 millones provendrán de las áreas tradicionales,
y 500 mil barriles de áreas nuevas que deben todavía
ser identificadas. La producción propiamente dicha se elevará
de 2,4 millones, que es la actual, a 3,6 millones de barriles diarios,
sin incluir la producción de los tres proyectos que estamos
anticipando para crudos pesados de la faja petrolífera del
Orinoco". Precisó, además, los aspectos
inherentes al gas, la refinación, la petroquímica,
la orimulsión y el carbón, y al efecto señaló:
"Para ejecutar este plan ambicioso, desde el punto
de vista cuantitativo pero realizable, hace falta, tanto el esfuerzo
propio como la apertura al sector privado nacional y extranjero"
[2] (destacado nuestro).
Pero es innegable que con el ascenso de Luis Giusti
a la presidencia de Pdvsa, desde marzo de 1994, la estrategia agresiva,
incondicional, de la apertura petrolera y con ello
impulso de modo incontenible a la participación creciente
del sector privado transnacional en el negocio petrolero, fue decisivo
para que el proceso desnacionalizador de la industria petrolera
cobrara mayor fuerza. Ciertamente, el nuevo conductor de la principal
empresa del país, no solamente consolidó el Programa
de Expansión llevado a efecto durante las gestiones anteriores,
sino que amplió, aceleró y acrecentó nuevas
acciones para desarrollar, instrumentar y ejecutar las "líneas
maestra (...) de la nueva política petrolera': Líneas
maestra, por cierto, que aparentemente no se correspondían
con la concepción ideológica, política y económica
que sustentaban los ideólogos y mentores del programa de
gobierno que regiría los destinos del país a partir
del 2 de febrero de 1994. El propio doctor Rafael Caldera,
en su campaña electoral realizada, fundamentalmente, durante
los años 1992 y 1993, arremetió contra la política
petrolera que se venía desarrollando, conforme al Programa
de Expansión, como fue el caso específico del Proyecto
"Cristóbal Colón", en su
juicio, por considerarlo inconveniente a los intereses nacionales.
Al respecto, es pertinente evocar el pensamiento del presidente
Caldera, cuando, a propósito del debate sobre el Proyecto
de Ley que Reserva al Estado la Industria y el Comercio de los Hidrocarburos,
fijó su posición en la Cámara del Senado, con
fundamentos doctrinarios en torno de la necesidad de abogar por
mantener la solidaridad con la OPEP, de luchar por lograr precios
más justos para el petróleo, de rechazar la superproducción,
por considerar que sería un crimen "...contra
la humanidad, producir petróleo en mayor cantidad de lo que
debe consumirse"; de vindicar la propiedad y control
de la industria petrolera, por parte del sector público nacional.
Aseveró que no era necesario recurrir a las asociaciones
con las empresas transnacionales para la comercialización
del petróleo. En este sentido, fue enfático
al advertir, convencido de sus razones que "...hasta
donde yo sepa, jamás las grandes empresas transnacionales
del petróleo han apoyado los pasos de Venezuela en la aspiración
de una mayor soberanía y de un mejor trato sobre su petróleo;
más bien tengo la impresión, muy razonada, de que
cada vez que la han podido obstaculizar, la han obstaculizado, y
que lejos de ser buenos compañeros o buenos socios -como
se ha dicho-, para lograr para nosotros lo mejor, han tratado siempre
de poner obstáculos, de crear reservas en este camino"
[3] . Infortunadamente,
esa concepción de la política petrolera, sustentada
y defendida por el doctor Caldera, no fue puesta en ejecución
durante su segundo mandato presidencial. En verdad, la política
petrolera que se aplicaría sería la concebida y plasmada
en el programa económico elaborado por el partido- socialcristiano
Copei, que fue presentado al país durante el proceso de elecciones
presidenciales para el período 1994-1999, cuyo candidato
fue Oswaldo Álvarez Paz. El mentor
principal de ese programa, en lo referente a la economía
y política petrolera, fue el ingeniero Luis Giusti.
En ese programa se destaca que el crecimiento del sector petrolero
"no puede llevarse a cabo dentro de los esquemas tradicionales.
Es necesario romper con el molde creado en 1975, con la fundación
de Petróleos de Venezuela y sus empresas filiales, en el
sentido de que cualquier crecimiento del sector petrolero lleva
aparejado un crecimiento de la estructura de Pdvsa (...) El camino
para lograr ese propósito es la apertura definitiva a la
participación del sector privado (nacional e internacional)
en el negocio petrolero venezolano" (destacado nuestro)[4].
En ese programa se presentan las` principales modalidades que deberían
aplicarse en la apertura petrolera; así como también
se asoman reformas fiscales con el interés de propiciar incentivos
a favor del capital extranjero. En las bases programáticas
del partido socialcristiano Copei, elaboradas por la Subcomisión
de Petróleo, también se hace énfasis en que
la OPEP debe considerarse como "...una estrategia subalterna"
y, por tanto, se deberá "...diseñar una estrategia
que permita sacar de- la discusión pública el tema
de la OPEP y de la producción venezoland'[5].
De igual manera, se sustenta el criterio de que la Ley Orgánica
que Reserva al Estado la Industria 'y el Comercio de los Hidrocarburos
debe ser modificada.. A ese respecto, afirman:
"Se impone una reforma de la ley que provea mayor flexibilidad
(.. ) El artículo 1° de dicha ley -aseveran los autores
del mencionado documento- limita las actividades de exploración,
producción, refinación, transporte, almacenamiento
y comercialización de los hidrocarburos al Estado venezolano",
y porque, además, lo establecido en el artículo 5°
suscita -prosiguen los mentores de las Bases del Programa de Gobierno
1994-1998, del Partido Copei, Subcomisión del Petróleo-
"...dudas razonables, acerca de si esta provisión
legal resulta suficiente para incentivar la participación
del capital privado en el negocio petrolero venezolano"[6].
Existe en ello, en nuestro juicio, el firme propósito
de lograr el pase de la propiedad pública a la propiedad
privada transnacional. Los objetivos y las propuestas de
las diversas modalidades para instrumentar la apertura petrolera,
así como la de otras iniciativas que a través del
tiempo se fueron incorporando, persiguen profundizar la política
de la desnacionalización de la economía venezolana.
Precisamente, en la gestión gubernamental del doctor Rafael
Caldera (1994-1999) es cuando la estrategia petrolera aludida
cobra fuerza y se sustenta en el ejercicio de un poder hegemónico
que se ejerce desde el directorio de Petróleos de Venezuela.
Esa forma de concebir la planificación y aplicación
de la estrategia petrolera venezolana difiere radicalmente de las
ideas y conceptos expuestos por el doctor Caldera, antes
de asumir su segundo mandato como presidente de la República
y revela, una vez más, la injerencia y, por ende, la fuerza
decisoria del monopoder mundial y de sus clases asociadas en el
país. Infaliblemente se impuso el afán de
arremeter contra el proceso de la nacionalización petrolera
y de consolidar la dominante presencia del capital transnacional
en la estrategia económica y la política energética
del país, con mengua de la soberanía nacional.
La historia nacional, en un análisis más profundo
del origen y significado de esas contradicciones entre lo escrito,
lo expuesto y lo que se ejecuta como gobernante, juzgará
los hechos para su real interpretación y comprensión.
En tal sentido, importa subrayar que el doctor Rafael Caldera,
en su mensaje de toma de posesión como Presidente de la República,
no fijó posición alguna en torno de la apertura petrolera,
aun cuando en los puntos esenciales de la estrategia por desarrollar
durante su período presidencial se pronunció por la
apertura de la economía y estimulo a la competitividad, en
el marco de la reciprocidad; y abogó por la conveniencia
de "...estimular la inversión privada, nacional
y extranjera, dentro de un marco de seguridad jurídica y
económica..."[7]:
Diez meses después, el Presidente de la República
de Venezuela, en Consejo de Ministros, según consta en el
Acta de la Sesión Ordinaria N° 55, del 7 de diciembre
de 1994, autorizó el Documento Base de la apertura petrolera,
para la consolidación, como se afirmara, del desarrollo del
sector petrolero venezolano. El documento, concebido y redactado
por la élite gerencial de Pdvsa, contiene "...la propuesta
de iniciar un proceso de apertura de las actividades de exploración
y producción de nuevas áreas a la participación
de capitales privados, como parte integral de la estrategia, bajo
el esquema de Ganancias Compartidas".
Finalmente, tanto en el Programa de Estabilización y Recuperación
Económicas [8], como en el
IX Plan de la Nación, se dio plena cabida al programa de
apertura petrolera, ideado por la tecnoestructura de Pdvsa.
Durante el período comprendido entre febrero de 1994 y febrero
de 1999, en el Plan de Negocios de Pdvsa se previeron escenarios
extremadamente optimistas, demasiado ambiciosos; no acordes con
las tendencias de corto, mediano y largo plazos del mercado petrolero
internacional, así como con la situación de la crisis
estructural por la cual atraviesa el país. De esa manera,
se programaron metas para un lapso de diez años, como la
de duplicar el potencial y el volumen de producción; de igual
forma, elevar -significativamente- las inversiones. Esas metas que
en el Plan de Negocios 1994-2003 eran de 4 millones 200 mil barriles
diarios, 3 millones 900 mil b/d y de 50 mil 500 millones de dólares,
respectivamente, se elevaron, en la programación establecida
en el Plan de Negocios 1998-2007, a 6 millones 900 mil b/d; 6,2
MM b/d y a 65 mil millones de dólares, correspondientemente.
De igual manera, se previeron ingresos para la nación por
más de 190 mil millones de dólares y se llegó
a garantizar que "...en el mediano- plazo y bajo escenarios
de precios razonables, el sector petrolero estará tributando
15 por ciento del PIB" [9]
.
Además de las metas señaladas, contempladas en el
Plan de Negocios, se especifican otras, tales como elevar las reservas
probadas de crudos convencionales, incrementar la capacidad de refinación,
desarrollar la faja petrolífera del Orinoco; la explotación
del gas licuado (Proyecto
"Cristóbal Colón"), aumentar la producción
petroquímica, elevar la producción de orimulsión
y de carbón.
Para e1- desarrollo de todas estas actividades y el logro de las
metas propuestas, argumentan los, mentores de las "...líneas
maestra para la definición de una nueva política petrolera",
se requiere poner en ejecución la apertura petrolera y, por
supuesto, será indispensable la participación del
capital privado.
Durante el lapso de 1994-1998, realmente la apertura petrolera,
diseñada por la tecnoestructura de Pdvsa, cobró exagerada
fuerza. En efecto, se han puesto en ejecución diversas
modalidades de apertura, tales como los convenios operativos, las
asociaciones estratégicas, los convenios de asociación
para la exploración a riesgo de nuevas áreas y la
producción de hidrocarburos, bajo el esquema de ganancias
compartidas. De igual forma, mediante ley se autorizó
la venta del 49 por ciento del capital social de la Petroquímica
(Pequiven), así como la apertura del mercado
interno de la gasolina y otros combustibles derivados de los hidrocarburos.
También se ha avanzado en propiciar la participación
del capital transnacional en las actividades correspondientes de
la industria del gas natural, que por leyes está reservada
al Estado venezolano. Para garantizar todo ese proceso de apertura
ilimitada se puso en vigencia, a partir de 1998, la nueva
organización de Petróleos de Venezuela, S.A.
Asunto que requiere de seria reflexión es el atinente a
cómo las inversiones planificadas para la ejecución
de los planes de negocios programados hasta la fecha, a partir de
la gestión gerencial de Luis Giusti, se
han incrementado significativamente, al pasar de 48 mil millones
de dólares, en el Plan de Negocios 1990-1995, 65 mil millones
de dólares, en el Plan de Negocios 1998- 2007. A este respecto,
es de subrayar que la participación del capital externo en
los programas de Pdvsa, durante la gestión de Andrés
Sosa Pietri, según su propio testimonio: "El
plan petrolero (sin la faja del Orinoco) sería acometido
directamente por Pdvsa. Nuestra estrategia no contemplaba asociaciones
en esta área. (...) El financiamiento del plan petrolero,
propiamente dicho, dependía en más de 80 por ciento
de recursos propios, y en una cantidad inferior a 20 por ciento
de montos provenientes del crédito nacional o internacional"
[10] . Y en relación
con "el financiamiento de los planes de petroquímica,
gas natural licuado para exportación, carbón y orimulsión™
-afirma Sosa Pietri- descansaba, esencialmente, en los programas
de empresas de capital mixto" [11].
En relación con el Plan de Negocios 1993-2002, "...las
inversiones propias se estimaban, aproximadamente, en 78 por ciento
del requerimiento del plan" [12]. En cambio, en el
Plan de Negocios 1994-2003, la participación del capital
externo pasó a representar 37 por ciento y las inversiones
propias disminuyeron al 63 por ciento; y, conforme al Plan de Negocios
1998-2007 el capital transnacional representa 46 por ciento del
total de la inversión prevista. Según declaraciones
de Wilmer Pulgarín, "Paulatinamente,
Venezuela se acerca a la meta establecida en el Plan de Negocios
1998-2007, el cual prevé una participación del sector
privado por 35 mil millones de dólares, mientras que Pdvsa
proyecta aportar 30 mil millones de dólares. De esta forma,
el sector privado sobrepasará a Pdvsa, en proyectos de inversión"
[13] . Lombardo Paredes,
vicepresidente de Relaciones Externas de Pdvsa, afirmó que
"...el plan petrolero para los diez próximos
años fija una inversión en Oriente de 46 mil millones
de dólares y unos 27 mil millones para el resto del país"
[14]. Lo que suma
un total de 73 mil millones de dólares.
Es indudable que las metas propuestas podrían ser mucho
menores y de esa forma -vía ejemplo- el monto de 65 mil millones
de dólares, previsto para la inversión total, podría
ser reducido sustancialmente, lo que permitiría que
Pdvsa asumiera, de manera racional y por sí sola, el desarrollo
de las actividades por ejecutar. No es conveniente pretender
mantener la dependencia de la economía de la actividad petrolera;
lo sensato y prudente consiste en estimular el proceso productivo
diversificador de carácter endógeno, para lograr el
desarrollo armónico y sustentable del país. Sin embargo,
Petróleos de Venezuela se aferra a sus planes de negocios
de manera dogmática, cuando lo conveniente sería promover
una profunda discusión y reflexión sobre la viabilidad
de ese programa de expansión. Antes, por el contrario,
pese a la crisis del mercado petrolero internacional y de sus reales
perspectivas hacia el futuro, sí fue enfático en afirmar
que el Plan de Negocios no seria modificado.
En este sentido, el Presidente de Pdvsa reiteró que "...el
Programa de Inversiones no será afectado por el reciente
acuerdo con Arabia Saudita y México, que devino en compromisos
de trece productores para reducir en poco más de 1,3 millones
de b/d, los pocos excedentes del mercado petrolero internacional"
[15]. Y, en declaraciones más
recientes, afirmó: "A pesar de la situación
planteada, se mantiene la orientación estratégica
de crecimiento de potencial en los próximos diez años,
contemplada en el Plan de Negocios de la corporación, con
el desfase en los niveles de producción correspondientes"
[16].
Por el afán de llevar adelante, de manera incontinente
-a cualquier costo- y con intransigencia dogmática, las políticas
expansivas de Pdvsa, sin admitir la necesaria posibilidad de rectificar
y hacerlas razonables, causan, en gran medida, la crisis económica
y social por la cual atraviesa la sociedad venezolana, la cual se
evidenció durante el año 1998; y que tiende a prolongarse.
Sin embargo, dados los hechos que acontecieron durante el año
1998 en el mercado petrolero internacional, que permitieron revelar
lo irreal de los planes de negocios programados
por la empresa estatal y, por supuesto, el costo que de ello se
derivaba para el país, los tecnócratas de la corporación
energética, en la elaboración del Plan de Negocios
1999-2008, ahora denominado Portafolio de Negocios, se vieron obligados
a modificar algunas de las metas antes descritas. En este orden
de ideas, Luis Giusti, al referirse al Plan de
Inversiones de Pdvsa hasta el 2008, declaró que "Las
inversiones son netamente las mismas con un estimado de inversión
de 60 mil millones de dólares, de los cuales cerca de la
mitad son desembolsos de Pdvsa, y la otra mitad del sector privado"[17].
Y Claus Graff, vicepresidente de Petróleos
de Venezuela, S.A., ante el anuncio gubernamental de adoptar el
precio del petróleo de 9 dólares para el presupuesto
de 1999, admitió, después de celebrada la Asamblea
de Accionistas, en donde se acordaron nuevos recortes, que en "...el
presupuesto de inversiones es de 15 por ciento, y en el de costos
es 20 por ciento. A esto habrá que rebajar 7 por ciento más...";
y de seguida subrayó: "Estamos haciendo el ejercicio
para, en lo posible, no afectar el volumen de producción
y, también, en lo posible, no afectar el potencial. Sin embargo,
a esos niveles sí creo que vamos a tener que afectar"
[18]. Con respecto a las
nuevas metas programadas en el Plan de Negocios 1999-2008, la Agencia
Internacional de Energía (AIE) señaló
que "Aun así, los planes de expansión
de Venezuela siguen siendo ambiciosos"' [19].
No obstante, el presidente electo, Hugo Chávez Frías,
quien al conocer que Pdvsa había acordado llevar a efecto
la Asamblea Anual de Accionistas antes del proceso electoral, cuando
lo normal era convocarla después de la primera quincena de
diciembre, solicitó a la dirigencia oficial petrolera que
no adelantaran la fecha, solicitud que -por cierto- no fue atendida;
con argumentos y razones criticó acérrimamente el
monto de las inversiones petroleras previsto para 1999 [20],
y se pronunció por una revisión a fondo de las metas
previstas en el Plan de Negocios de Pdvsa, así como los costos
operativos de la corporación energética; y fue enfático
en afirmar que "Pdvsa es un Estado dentro del Estado"[21].
Ante tales consideraciones, es de esperarse la rectificación
a fondo de la política petrolera desnacionalizadora que se
ha desarrollado durante los últimos años y, por tanto,
orientar la actividad petrolera al servicio de la economía
nacional, con el fin de impulsar la transformación del proceso
económico y social del país.
Proyecciones y perspectivas estructurales de la
demanda mundial
Las previsiones contempladas en el Plan de Negocios de Pdvsa, así
como en el documento "Circunstancias pertinentes",
que puede ser considerado como la exposición de motivos o
los fundamentos para la apertura petrolera, son excesivamente
optimistas. Se hacen esfuerzos por tratar de justificar
las metas de expansión, fundamentadas en la existencia de
enormes oportunidades de mercado, estimando tasas de crecimiento
anuales de la demanda petrolera en el mundo, demasiado halagüeñas
y no cónsonas con las reales perspectivas del mercado petrolero
internacional.
En ese orden de ideas, el presidente de la empresa matriz, ingeniero
Luis Giusti, aseveró que "El
telón de fondo del mencionado plan está configurado
por una demanda creciente de petróleo a razón de 2,5
por ciento-2,8 por ciento por año, resultante de la fuerza
inercial de los factores demográficos y del incremento de
la actividad económica mundial" [22].
Y, aun en plena crisis del mercado petrolero (1998), David
Escogido, vicepresidente de Planificación de Petróleos
de Venezuela, declaró que la tasa de crecimiento anual, durante
el período de 1998 y el 2007, se situaría entre 2,3
por ciento y 2,5 por ciento [23].
Conforme a esas premisas, entre las metas programadas en el Plan
de Negocios, se estimó, entre otras, que la producción,
exportación y los precios del petróleo tendrían
el siguiente comportamiento:
Es indudable que para llevar a efecto esas metas, en nuestro criterio,
ilusorias, se requeriría la confluencia de varios factores;
entre ellos deben señalarse los siguientes:
1. Un elevado incremento en la demanda internacional petrolera,
que tendría que superar las tasas de crecimiento estimadas
por algunos organismos especializados en la materia;
2. La OPEP tendría que duplicar su producción
actual;
3. Se requeriría un aumento muy elevado de la cuota
asignada por la OPEP a Venezuela, aun tomando en cuenta
la nueva figura utilizada a partir de la reunión N° 104,
celebrada en Viena, Austria, el 30 de marzo de 1998, de "producción
actual o real" o, en su defecto, Venezuela tendría
que desafiliarse de la Organización de Países Exportadores
de Petróleo, provocando con ello el posible desmoronamiento
de la OPEP, con lo cual se derivarían serios efectos adversos
para los países productores exportadores de petróleo
sumergidos en el subdesarrollo económico.
La propuesta de pretender elevar la producción y exportación
petroleras, a los niveles señalados, no luce lógica
ni razonable, dadas las probabilidades reales-estructurales
de la demanda del petróleo en el mercado internacional y
ni aun en el contexto de las propias proyecciones referidas por
la OPEP, la Agencia Internacional de Energía y de otras organizaciones
internacionales. Ciertamente, en el mediano y largo plazos se avanza
en la declinación del modelo económico basado en el
petróleo y, por tanto, se evidencia la disminución,
a través del tiempo, de la demanda de las materias primas,
como el petróleo, en términos de su participación
por unidad de producción industrial.
Entre los factores reales o de carácter estructural que
han venido incidiendo y que profundizan esa tendencia, deben mencionarse
los siguientes: el avance vertiginoso de la revolución
tecnológica, que se manifiesta, principalmente, en la sustitución
de las otroras industrias dinámicas por las llamadas de punta,
tales como la biotecnología, la
robótica, la cibernética, la informática, la
microelectrónica, la ingeniería genética, entre
otras, que requieren cada vez menos de la materia prima petrolera,
así como la sustitución de una gran mayoría
de bienes primarios por sucedáneos. Todo eso incide,
sin duda alguna, en que el proceso de acumulación capitalista
esté en función de los crecientes avances tecnológicos.
Por esto, la utilización del recurso petrolero tiende a disminuir.
No sin razón se afirma que "La provisión
de recursos naturales ha quedado fuera de la ecuación competitiva.
Los productos modernos simplemente utilizan menos recursos naturales"[24].
Otros de los elementos que inciden y cada vez cobran más
fuerza en la racionalización del consumo de los combustibles
fósiles, tales como el petróleo, carbón y gas,
considerados como los principales causantes del calentamiento de
la Tierra, que provoca cambios en el clima, lo constituyen la planificación,
desarrollo y aplicación de políticas en defensa del
medio ambiente, con el objetivo de controlar el calentamiento global,
mediante la limitación de las emisiones de gases de efecto
invernadero.
Ante la amenaza que supone el aumento creciente de la temperatura
mundial, 150 naciones, reunidas en Río de Janeiro, en 1992,
abordaron el tema del medio ambiente y el desarrollo, y a tal efecto,
firmaron la Convención Marco sobre Cambio Climático.
Dicha convención, que entró en vigencia el 21 de marzo
de 1994, ratificada por más de 160 países miembros,
abogó por la adopción de medidas que neutralicen el
efecto invernadero. Posteriormente, se realizaron reuniones en Berlín,
en marzo y abril de 1995; en Ginebra, en junio de 1996 y en Kyoto
( Japón) [25], en 1997, donde
se adoptaron medidas preventivas para tratar de frenar la destrucción
de la calidad del medio ambiente.
El protocolo de Kyoto estableció los objetivos
para estabilizar las concentraciones de los gases invernaderos en
la atmósfera en el nivel en que se encontraban para el año
1990, con la meta global de una reducción en promedio de
5 por ciento para el periodo 2008-2012. Además, han surgido
los frentes ecologistas con la finalidad de enfrentarse a los desmanes
y destrucciones que ha producido la explotación irracional
de esos recursos. Solamente por la aplicación del referido
protocolo, en juicio del Centro de Estudios Energéticos Globales
(CGES), el consumo petrolero para el año 2010 disminuirá
en alrededor de 4,5 millones de barriles diarios, respecto del actual
[26].
Tanto vigor e importancia ha cobrado la política de defensa
del medio ambiente, que las corporaciones petroleras internacionales,
con el pretexto de lograr respuestas a los cambios climáticos,
han creado la Coalición Global Climática (CGC)
con la finalidad de dar respuestas concertadas a lo aprobado
en la Cumbre de Kyoto.
En la medida en que aumenta la inquietud por la defensa del medio
ambiente se hace énfasis en la necesaria reducción
de energía. En ese sentido, "Se persuade a fabricantes
importantes de equipos industriales, de materiales de construcción,
de artefactos domésticos y de automóviles, que elaboren
productos con bajo consumo de energía y se imponen tributos
y reglamentaciones. Surgen, gradualmente; nuevas tecnologías
que producen aumentos de la eficiencia de hasta 1,5 por ciento al
año"[27].
La eficiencia energética, entendida como fracción
del total de energía ahorrada, como producto de las hipervelocidades
tecnológicas, cobra cada vez mayor fuerza y, por tanto, se
constata la disminución del papel que han desempeñado
las materias primas, como el petróleo, en términos
de su participación por unidad de producción industrial.
El coeficiente petrolero de la producción ha venido descendiendo
sustancialmente. Así, por ejemplo, Japón ha alcanzado
importantes logros en ese terreno. En 1973, "...el
petróleo representaba 78 por ciento del suministro primario
total de energía (...) (y) ...logró reducir su dependencia
petrolera, entre 1971 y 1991, en 20 por ciento. La proporción
de energía consumida: por unidad de PNB también observó
un decremento significativo de alrededor de 32 por ciento, entre
1973 y 1991, alcanzando uno de los niveles más bajos del
mundo [28].
Es indudable que la revolución tecnológica de energías
renovables, para satisfacer un elevado porcentaje de las necesidades
mundiales, es significativa. Entre las opciones de mediano y largo
plazos, deben ser consideradas la energía solar,
la biomasa, la energía geotérmica, la hidroelectricidad,
así como la energía ecológica, cuyos
costos de producción han venido experimentando disminución.
Otra opción la constituye la energía nuclear,
en cuyo desarrollo el propio cartel energético internacional
ha realizado cuantiosas inversiones. Si bien es cierto que la imposición
de nuevas fuentes de energía no tendrá resultados
en corto plazo, dados los desastres que, vía ejemplo, en
la energía nuclear han ocurrido y que de una u otra forma
han limitado su desarrollo en el tiempo, no es menos cierto que
esos proyectos no han sido abandonados, y se prosigue en su perfeccionamiento
tratando de evitar los males que hasta hoy han ocasionado, con el
objetivo de lograr, en definitiva, resultados positivos.
La verdad es que "La participación del petróleo
en el consumo total de energía primaria ha venido cayendo
considerablemente a favor del gas natural y de la energía
nuclear. Esta tendencia se aprecia, especialmente, en Japón
y Europa occidental. En el caso europeo, la participación
del petróleo cayó más de 21 puntos porcentuales,
entre 1973 y 1996, mientras que la participación del gas
natural aumentó más de 11 puntos porcentuales, y la
cuota de la energía nuclear se elevó más de
12 por ciento durante ese mismo período. La energía
obtenida a partir de fuentes diferentes al petróleo fue mucho
mayor en el caso de Japón, en donde la participación
del petróleo, en el consumo total de energía primaria,
cayó más del 23 por ciento, mientras que la cuota
del gas natural y la energía nuclear aumentó más
de 10 y 14 por ciento, respectivamente"[29].
El ministro de Energía y Minas, ingeniero Erwin
Arrieta Valera, al analizar las estadísticas energéticas
(período 1972-1997) correspondientes a las diversas energías
renovables (véase el siguiente cuadro), llega a la conclusión
de "...que el petróleo está siendo desplazado
sistemáticamente por otros tipos de energía -y agrega-;
...las energías sustitución, salvo el gas natural;
son intrínsecamente más costosas que el petróleo;
sin embargos todas crecieron individualmente más que el petróleo;
lo cual evidencia claramente una estrategia, por parte de los grandes
países importadores, de maximizar la; utilización
de otras fuentes de energía a expensas de petróleo
importado, haciendo énfasis en sus propias fuentes energéticas"
[30].

La declinación progresiva de la utilización del petróleo
en el proceso productivo, reviste características de tal
magnitud, que las Naciones Unidas, en su Estudio
Económico Social Mundial, correspondiente al año 1997,
señala que "...la demanda mundial aumentará
a una tasa media de apenas 1,1 por ciento al año, durante
el período que abarca la proyección, pero con mucha
lentitud después del año 2030. Tanto en las economías
de mercado desarrolladas como en las de transición, la demanda
seguirá subiendo muy lentamente antes de empezar a declinar
alrededor del año 2010".
El directorio de Pdvsa, presidido por el ingeniero Luis
Giusti, pareciera no darle la real importancia a los efectos
que los factores que hemos aludido para el comportamiento de la
demanda mundial, tienen y tendrán en la disminución
del consumo petrolero. El no prever esos factores de carácter
estructutal, será causa para el desencadenamiento de serios
trastornos en el país. Todo pareciera confirmar
la tesis de que predomina una intransigencia dogmática, obsesiva,
por parte de la cúpula gerencial de Petróleos de Venezuela,
en el afán de querer consolidar y acrecentar el Plan de Negocios
de la corporación energética estatal a cualquier
costo. Ello evidencia serias desviaciones que, sin duda
alguna, se apartan -en verdad- de la prudencia y la razón.
No existe justificación para que la estrategia de la economía
venezolana continúe trazándose preponderantemente
en la actividad petrolera, en desmedro de la integración
de la economía nacional.
Pronósticos optimistas y posibles secuelas
Aun al considerar ciertos pronósticos optimistas en relación
con el futuro de la demanda petrolera mundial, a los cuales se aferran
los altos dirigentes de la industria energética estatal,
corresponde advertir que en el Plan de Negocios de Pdvsa, el objetivo
de elevar la producción a 6 millones 200 mil barriles diarios,
para el año 2007, no es razonable y, por el contrario, podrá
derivar en un alto costo económico y social para el desenvolvimiento
económico-financiero y, por ende, para la estabilidad política
del país.
En el supuesto de que para el año 2010 la demanda mundial
de petróleo se sitúe en 83 millones de barriles diarios
y que la participación de la OPEP, como oferente, pase de
40 por ciento que representó 1997, a 47,8 por ciento, tal
cual se aprecia en las estadísticas publicadas por ese organismo
[31], significa que la producción
de los países miembro de la OPEP pasaría de 26,3 millones
de barriles diarios, en 1998, a 39,7 millones de b/d en 2010.
Conforme con estas proyecciones "entusiastas",
que desestiman los factores estructurales a los cuales hemos aludido
anteriormente, la producción que le correspondería
a Venezuela estaría alrededor de 4 millones 680 mil barriles,
es decir, una participación relativa en el orden de 11,79
por ciento, conforme con la distribución acordada en la conferencia
extraordinaria de la OPEP, celebrada en Viena, el 30 de marzo de
1998, donde se reconocieron las violaciones que la mayoría
de los países había venido incurriendo, respecto de
las cuotas acordadas en reuniones anteriores. Producto de ello,
la cuota de producción o "la producción
actual o real", como gustan calificarla quienes adversan
el sistema de cuotas de producción, para nuestro país
pasó de 2 millones 583 mil b/d, lo que significaba- 9,39
por ciento del total, a 3 millones 370 mil b/d. Es de subrayar que
en la distribución de la: producción, adoptada en
la conferencia N° 105,'- llevada a efecto en Viena, el 24 de
junio de 1998, la participación de Venezuela se redujo a
10,95 por ciento, con lo cual, de mantenerse ese porcentaje de participación;
la producción del país no debería ser superior
a los 3 millones 970 mil b/d para el año 2010.
Pero, lo más preocupante de la situación, en relación
con las proyecciones de la demanda mundial del petróleo,
radica en que, en juicio del directorio de la empresa estatal, la
misma alcanzará a 86 millones de barriles diarios, asignándole
a la OPEP una producción de 43 millones de b/d, es decir,
50 por ciento.
Aun con todos los malabarismos efectuados, con el único
propósito de pretender justificar los desmedidos planes de
negocios de Pdvsa, la meta de producir 6 millones 200 mil
b/d no es alcanzable, dado que a Venezuela, en todo caso,
le correspondería, dada su participación relativa,
asignada en la conferencia de la OPEP N° 104, un monto máximo
de 5 millones 69 mil b/d; a menos que se profundicen los planes
de sobreproducción de la industria petrolera nacional, y
con ello, se contribuya con el desmoronamiento de la OPEP,
con serias consecuencias, por supuesto, para el país.
Es de subrayar que planificar una estrategia económica,
basada en un incremento sustancial de la demanda mundial del petróleo,
constituye un elevado riesgo, La demanda internacional de este producto,
durante los últimos años, apenas varió de 73,4
millones de b/d, en 1997, a 73,6 millones en 1998. Según
cálculos de la propia OPEP [32],
se estima que para 1999 la demanda alcanzará a 74,7 millones
de b/d. Además, debe considerarse que la demanda de petróleo
de los países de la Organización de Cooperación
y Desarrollo Económico (OCDE) (los más industrializados),
con los cuales Venezuela tiene una elevada concentración
geográfica de exportaciones e importaciones, ha variado de
44,4 millones de b/d, en 1994; a 45,9 millones en 1996; 46,6 millones
de b/d, en 1997; 46,8 millones de b/d, en 1998: Para 1999 se estima
una demanda, por parte de esos países, de 47,4 millones de
b/d. Y el crecimiento de la demanda petrolera, para los próximos
años (2010), será muy moderado. Y en el caso específico
del mercado petrolero de Estados Unidos, principal mercado de nuestro
país, el comportamiento de la demanda es la siguiente:

Además, es necesario agregar, tal cual afirma Lester
Thurow, " En el área de los hidrocarburos
se ha avanzado, empleando tecnologías que permiten mejorar
los rendimientos. Por ejemplo -dijo-, en Estados Unidos se ha logrado
aumentar el porcentaje o proporción recuperable del petróleo
in situ, de 40 a 60 por ciento, lo que equivale a suponer que ese
20 por ciento adicional de petróleo recuperable, significa
que tendremos reservas de gran importancia, pues ello equivaldría
haber encontrado un nuevo campo petrolero de dimensiones gigantescas"
[33].
El plan de negocios y las modalidades de
la :apertura
Es de destacar que las valiosas opiniones de calificados expertos
e instituciones nacionales e internacionales, en torno a los diferentes
factores que inciden en la reducción del consumo mundial
del petróleo, fueron desestimadas por la tecnoestructura
de Petróleos de Venezuela, S.A., que, de manera
omnipotente, se empecinó en afianzar y acrecentar, durante
la gestión gubernamental del doctor Rafael Caldera,
los llamados planes de negocios, de forma tan desmedida, que han
causado la grave situación económica que hoy afecta
al país, así como de haber incumplido, como
nunca antes, con los compromisos asumidos en la OPEP
Evaluaremos los alcances y las incidencias que las políticas
expansivas de Pdvsa tienen y tendrán para la vida económica,
política y social del país, a menos que a tiempo se
produzca una seria rectificación.
En realidad, la estrategia ejecutada por el directorio de Petróleos
de Venezuela, S.A. para impulsar el crecimiento de las actividades
inherentes a la industria, cónsonas con los tiempos de la
llamada globalización, que impide elegir el camino propio,
estimuló el refuerzo necesario para la apertura incondicional,
con la participación creciente del sector privado transnacional
en la planificación y ejecución de la política
energética venezolana, conducente hacia el proceso desnacionalizador.
De los convenios operativos
Para llevar a efecto las metas establecidas en el plan de expansión
de Pdvsa, se ofrecieron al capital diversas modalidades de apertura.
Como parte de esa estrategia se desarrolló el programa de
reactivación de los campos petroleros, calificados al principio
de marginales y posteriormente de maduros,
con la finalidad de incrementar la producción de crudos.
La llamada modalidad de convenios operativos se inició en
1991; y en los años 1992 y 1993 se firmaron los primeros
contratos, correspondientes a lo que se calificó de I y II
rondas, con las empresas privadas extranjeras. También se
suscribió un acuerdo con la empresa Chevron
para iniciar actividades de producción en el campo Boscán
del estado Zulia. De esa forma se firmaron quince convenios. Debe
señalarse que, de acuerdo con la Ley de Nacionalización,
estos convenios operativos no requieren de la aprobación
del Congreso de la República. Con la modalidad de "Tercera
Ronda de Convenios Operativos" se ofrecieron al capital
privado extranjero y nacional veinte campos petroleros, que cubren
un área de 7.699 kilómetros cuadrados y comprenden
unos tres mil pozos, de los cuales, alrededor de 700 producen 73.6$0
barriles diarios de crudos; en su mayoría, livianos y medianos
[34], y con posibilidades dé
alcanzar 516 mil barriles por día, durante
los próximos cinco años. Las expectativas
de reservas probadas están cercanas a los 4.600 millones
de barriles de crudo, que las empresas operadoras obtuvieron a un
costo unitario mínimo. Es importante subrayar que
según los cálculos realizados por el grupo interdisciplinario
de Pdvsa y las filiales de Maraven, Corpoven y Lagoven, los veinte
campos aportarán a la producción 350 mil b/d [35].
En cambio, los representantes de las empresas transnacionales que
resultaron ganadoras en el proceso de licitación, consideran
quela producción podría alcanzar a 650 mil
b/d [36], y se estima una
inversión aproximada a 407 millones de dólares, durante
los próximos cinco años, para el desarrollo de las
actividades exploratorias, a lo que sería necesario agregar
las inversiones por realizar en la fase de explotación, con
lo cual la inversión total estimada en un período
de veinte años, según cálculos de Pdvsa, alcanzaría
a 5 mil millones de dólares. Las cuotas de participación
oficialmente denominadas "factores de valorización",
requisito establecido para la obtención de la buena pro,
para operarla en los campos petroleros licitados, llegaron a la
suma de 2.171.719.344 dólares, declarados como "ingresos
operativos", con el fin de pagar lo que corresponda
por concepto de la aplicación de la tasa impositiva. Las
áreas que resultaron con mayor participación fueron
las de Dación, ubicadas al este del estado
Anzoátegui; y la de Mene Grande, situada
en la costa oriental del lago de Maracaibo, que alcanzaron la suma
de 453.005.256 y 330.012.345 dólares, respectivamente.
Las áreas Cretácico Sur y Bachaquero resultaron
desiertas [37], con lo que la extensión
de las dieciocho (18) áreas otorgadas es de 6.875 kilómetros
cuadrados. El consorcio ganador del campo Mata presentó problemas
financieros que le impidieron entregar a tiempo la suma de 90 millones
777 mil 777 dólares, correspondientes al "factor
de valorización", lo cual obligó a proceder
a la descalificación de las empresas PBE Trading
y Pivensa, que habían resultado ganadoras en el
proceso de licitación; de tal manera que hubo necesidad de
convocar una segunda licitación, pero la empresa que resultó
ganadora renunció. En definitiva, el campo Mata
fue adjudicado a las empresas Pérez Companc de Argentina,
y la empresa nacional Jantesa. El FDV fue de 115,5
millones de dólares.
La III ronda de convenios de los campos "maduros"
se llevó a efecto en el lapso del 2 al 6 de junio de 1997,
en la que participaron 131 empresas precalificadas, tanto extranjeras
como nacionales. Es de subrayar que los consorcios participantes
fueron provistos de una información muy detallada de la condición
de cada campo, lo cual les permitió calcular reservas, costos
y productividad, con fines de elaborar las ofertas sobre las áreas
más convenientes para sus particulares intereses.
En el proceso de licitación participaron empresas de diferentes
países (Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Alemania,
China, Noruega, España, Arabia Saudita y Argentina). Al sector
nacional le fueron reservados cinco, campos, que se adjudicaron
a las empresas: Inelectra, Arco Polar Uno, Cosa, Cartera
de inversiones, Phoenix, Pivensa y Jantesa. En este sentido,
importa precisar que con la excepción del área de
Casma Anaco, donde la participación accionaria
correspondió en 100 por ciento alas empresas nacionales,
en los otros campos otorgados a los empresarios nacionales fue en
asociación con empresas extranjeras. Al respecto, es de vital
importancia considerar la advertencia formulada por Alan
J. Viergutz, ex presidente de la Cámara Petrolera:
"...el ,objetivo es que lo operen venezolanos con experiencia
en la materia. La idea no es tener testaferros (en anglosajón
frontmen o front companies) para que por detrás operen empresas
extranjeras. (... ) Si van a operar los campos, disimuladamente,
técnicos del exterior, entonces mejor agregarnos estos cinco
campos a los 15 que no tienen restricciones nacionalistas y promovemos
una licitación abierta" [38].
Las dieciocho áreas fueron otorgadas como las anteriores,
con tasas impositivas fuertemente disminuidas. La regalía
petrolera, en la práctica, se redujo de 16,66 por ciento,
establecido en la Ley de Hidrocarburos, a 1 por ciento, para los
casos en que la tasa interna de retorno sea inferior de 12 por ciento.
La alta dirigencia de la empresa estatal también
dio a conocer al país la decisión de adjudicar tres
campos petroleros a las universidades nacionales: Universidad Central
de Venezuela (UCV), Universidad de Oriente (UDO) y la Universidad
del Zulia (LUZ). Los convenios de servicio fueron suscritos
a principios de 1999.
Es de subrayar que en los convenios operativos correspondientes
a la I y II ronda se fijó el pago de honorarios y de capital,
con base en la producción de petróleo, sin tomar en
consideración la fluctuación de los precios, y el
pago correspondiente a los convenios de la tercera ronda se estableció
de acuerdo con un estipendio por servicios por cada barril producido
y entregado.
Los honorarios de operación, de capital y otros, correspondientes
a los campos asignados y en operación se indican de seguida:

La evolución de esos pagos revela que la producción
derivada de la explotación de esos campos ha ido
in crescendo. En efecto, de 78.521 b/d obtenidos en 1995,
se pasó a 283.411 barriles diarios en 1997, y se estima que
la producción total de los 33 convenios operativos, conforme
con las metas establecidas, se ubiquen en 866 mil barriles
por día.
De las asociaciones estratégicas
En relación con la modalidad de las asociaciones
estratégicas, corresponde indicar que en 1997 el
Congreso de la República aprobó el convenio de asociación
estratégica entre las empresas Lagoven-Mobil,
de Estados Unidos, y Veba Oel, de Alemania, para
el desarrollo del proyecto Cerro Negro I, que se
estima tendrá una producción de 108 mil barriles diarios
de crudo. Asimismo, se firmó el convenio Maraven
con Total, de Francia, y Statoil, Norsk Hydro,
de Noruega, para ejecutar el proyecto Hamaca, que
se calcula agregará 167 mil barriles diarios de crudo. La
participación accionaria de Pdvsa en los dos convenios es
de 41,66 por ciento y 30 por ciento, respectivamente, y se estima
un costo (inversión) de 2.128 millones de dólares
y 3.500 millones correspondientes para un total de 5.628 millones
de dólares que, sumados a las inversiones atinentes a los
dos convenios autorizados en 1993, arrojan un total superior a 11
mil millones de dólares y la producción se elevará
aproximadamente a 500 mil b/d.
Es de advertir que el proyecto Cristóbal Colón
[39] con el objeto de explotar y
comercializar el gas natural proveniente de los yacimientos ubicados
costa afuera al norte del estado Sucre, que contemplaba una inversión
en el orden de 4.900 millones de dólares, los socios acordaron
en 1996 posponer, una vez más, la ejecución del proyecto
por considerar que, dadas las condiciones existentes en el mercado,
el mismo no era rentable. Con esa decisión se concede la
razón a quienes adversaron con argumentos económicos
y jurídicos ese convenio, por considerarlo inviable e inconveniente
para la nación.
De igual manera, se han firmado otros acuerdos preliminares con
Exxon y con Coastal, dirigidos
a desarrollar un proyecto para producir crudo extrapesado; también
se han adelantado proyectos en el sector orimulsión, con
el fin de ampliar la producción.
Debe subrayarse que los dos convenios de asociaciones estratégicas
autorizados durante la gestión del doctor Rafael
Caldera, se otorgaron al capital privado con las mismas
condiciones jurídicas y económicas establecidas en
el convenio de asociación entre Lagoven con Exxon,
Shell y Mitsubishi para la explotación y comercialización
del gas natural... aprobado por el Congreso de la República
[40].
Entre los incentivos y privilegios otorgados al inversionista extranjero
debe mencionarse la pérdida de control por parte
del Estado, la cual está establecida en el artículo
5° de la Ley de Nacionalización. Se rebajó la
tasa impositiva de 67,7 por ciento a 34 por ciento; de igual manera,
se garantiza al capital extranjero que el régimen fiscal
acordado en el convenio se mantendría por el tiempo de duración
del convenio y además, se acordó entre Pdvsa y el
Ministerio de Energía y Minas, negociar la regalía
petrolera, hasta el punto de disminuirla de 16 2/3 a 1 por
ciento, afectando de esa manera la recaudación fiscal.
Además, se confirieron otros privilegios que analizaremos
más adelante.
De los convenios de asociación
Con el fin de ampliar la política de apertura petrolera,
Pdvsa impulsó los convenios de asociación para la
exploración. a riesgo de nuevas áreas y la producción
de hidrocarburos. Para tal efecto, se dio inicio al proceso de licitación
con el objeto de seleccionar las empresas inversionistas interesadas
en celebrar tales convenios.
Las diez áreas seleccionadas para el proceso de licitación
comprenden una extensión de 1.795.284,08 hectáreas
y expectativas de reservas de 6.975 millones de barriles. Existen
posibilidades de, agregar 500 mil barriles diarios a mediados de
la próxima década, y se, estima una inversión
total de 11.151 millones de dólares. En . definitiva, se
suscribieron ocho convenios de asociación entre los representantes
del Ministerio de Energía y Minas, Petróleos de Venezuela,
la Corporación Venezolana del Petróleo y los catorce
consorcios internacionales. Las áreas de El Sombrero
y Catatumbo resultaron desiertas, con lo que la
extensión de las ocho áreas otorgadas es de 1.377.401,86
hectáreas, equivalente a 13.774,02 km2, que sumados a la
extensión correspondiente a las 18 áreas petroleras
otorgadas en la 111 ronda, suman 21.473 km 2, es decir, 2,35 por
ciento de la superficie total del país.
La licitación de las diez áreas petroleras se llevó
a efecto de acuerdo con los convenios de asociación para
la exploración a riesgo de nuevas áreas y la producción
de hidrocarburos bajo el esquema de ganancias compartidas
aprobados por el Congreso de la República, con fecha 4 de
julio de 1996 [42]; y la autorización
para suscribir los ocho convenios presentados por el Ejecutivo a
la consideración de las Cámaras, fue aprobada el 19
de junio de 199642. En ese entonces se expusieron razones
de política económica y argumentos jurídicos
y éticos que advertían sobre los alcances e incidencias
desfavorables que esos convenios tendrían para el país.
Importa significar que determinadas cláusulas de los ocho
contratos firmados entre Pdvsa y los inversionistas extranjeros
no guardan exacta concordancia con las establecidas en los convenios
de asociación y el marco de condiciones aprobados por el
Congreso.
Debe referirse que las áreas otorgadas al capital transnacional
son de excelentes condiciones prospectivas, conocidas geológicamente,
con crudos medianos y livianos, todo lo cual indica que conforme
con lo previsto en el artículo 5° de la Ley de Nacionalización,
donde se establece que sólo "en casos especiales,
y cuando así convenga al interés público, el
Ejecutivo Nacional o los referidos entes podrán.. celebrar
convenios de asociación con entes privados con una participación
que garantice el control del Estado y con una duración determinada",
no se justificaba la realización de esos contratos con el
sector privado transnacional.
Como resultado de todas las modalidades de la apertura petrolera,
de acuerdo con declaraciones de Claus Graff, vicepresidente
de Pdvsa, "...las inversiones a ser realizadas a lo
largo de la duración de los convenios, unos a 20 años
y otros a 30 años, superarán los 40.000 millones de
dólares y el petróleo a producirse puede ser no menor
de 2 millones de barriles diarios, que representan 33 por ciento
de los 6 millones de barriles por día que Pdvsa aspira a
producir para el año 2006 o 2007" [43].
La verdad es que para llevar a efecto esas modalidades de la estrategia
de apertura petrolera, además de haberse otorgado
incentivos de toda naturaleza, se transgredieron algunos
artículos de las leyes venezolanas; de esa manera, se advierte
que lo consagrado en la cláusula 4° de los convenios
establecidos con los inversionistas extranjeros violan el artículo
5° de la Ley de Nacionalización, y autoriza al núcleo
empresarial transnacional a participar directamente en la planificación
de la estrategia energética del país, excesos qué
se afianzan y amplían aún más con serias lesiones
a la soberanía nacional, al fijarse en ellos condiciones
impropias como son las referentes al comité de control [44].
Asimismo, al acordar en los convenios que las controversias
que surjan en relación con los contratos se resolverán
récurrieindó al arbitraje internacional, se viola
el artículo 127 de la Constitución Nacional y el artículo
4° de la Ley de Hidrocarburos.
De igual forma, se otorgan garantías y prerrogativas
que desbordan el contenido de algunas de las cláusulas de
los referidos convenios, con resultados desfavorables para la vida
económica, política y social de la nación.
De la apertura del mercado interno
Como parte de la estrategia de apertura a la participación
del capital privado, el directorio de Pdvsa propuso la derogación
de la Ley del Mercado Interno de los Hidrocarburos, vigente desde
1973, y al efecto presentó al Ejecutivo Nacional, para su
debida remisión al Congreso de la República, un nuevo
proyecto.
El móvil esencial de ese proyecto de ley consistía
en eliminar la reserva que posee el Estado venezolano sobre todas
las actividades económicas desarrolladas por el mercado nacional
de los productos derivados de hidrocarburos, así como la
de derogar la facultad conferida al Ejecutivo Nacional de fijar
los precios de los productos por comercializarse en el mercado interno.
En efecto; el artículo 1° del proyecto de ley, elaborado
por la cúpula gerencial de Pdvsa, establecía que "...el.
ejercicio de las actividades atinentes al mercado interno de los
productos derivados de hidrocarburos queda abierto a la libre concurrencia
y ejercicio por los particulares"
[45] (destacado nuestro).
En la exposición de motivos del mencionado proyecto de ley,
se hacía énfasis en que "Esta iniciativa
de Ley del Ejecutivo Nacional, que el Congreso ha acogido, debe
entenderse como un elemento o paso dentro de un esfuerzo sistemático
para darle un nuevo rumbo a la economía de Venezuela...".
Y más adelante precisaba que dentro de los fundamentos básicos
de la política económica está "...la
reestructuración o racionalización del Estado y el
programa de privatización de empresas públicas que
vienen produciendo ingentes pérdidas a la nación...".
Se realzaba la importancia, en los fundamentos generales, de la
conveniencia en lograr "...la real execración
del monopolio y la promoción y protección de la libre
competencia, la sinceración de las tarifas de los servicios
públicos...". "Los fundamentos básicos -
prosigue la exposición de motivos - fueron objeto de los
planes y estrategias concertados entre Venezuela y el Fondo Monetario
Internacional, con base en el documento denominado Agenda Venezuela"
(destacado nuestro).
Una vez más, la cúpula gerencial de Pdvsa, al tratar
de justificar el proyecto de ley, afirmaba: "Lo que
viene sucediendo en realidad, en contra de lo que se pretendía
con la instauración de la reserva del Estado en el área
económica en mención, es que la industria petrolera
nacional ha acumulado, durante los últimos 20 años,
pérdida de oportunidades de ingreso en el mercado interno,
en magnitud aproximada a los $42.000 millones. El mecanismo para
que esto haya ocurrido ha sido el subsidio de otros sectores de
la economía y de la sociedad en su conjunto".
Lo anterior debe ser objeto de reflexión. Si esa afirmación
se correspondiera con la realidad, ¿cómo explicar
el interés que han demostrado las empresas transnacionales
de participar en la apertura del mercado interno? ¿O
es que existe el pleno acuerdo entre Pdvsa y las corporaciones petroleras
de aumentar los precios de los combustibles, hasta aproximarlos
a los prevalecientes en el mercado internacional?[46]
¿Cuál sería el precio internacional que se
debe tener como referencia?
En nuestro juicio, carece de justificación económica,
política y social pretender elevar los precios internos a
los niveles mencionados. No es razonable el criterio sustentado
por el Fondo Monetario Internacional y acogido fervorosamente por
la alta dirigenciá de Petróleos de Venezuela y del
Ejecutivo Nacional, de considerar que el costo de oportunidad debe
entenderse "...en relación con los precios a
que los productos se podrían vender en el mercado mundial".
Este discernimiento es errado y engañoso; lo correcto es
considerar el costo de oportunidad corno aquel que permite a la
unidad productiva recuperar el costo de producción de la
unidad marginal en el mercado interno [47].
Al proceder a examinar los resultados contables financieros de
la industria petrolera, se constata que por concepto de la venta
de productos derivados de hidrocarburos en el mercado nacional,
los resultados no arrojan pérdidas. La Contraloría
General de la República, en informe presentados a la consideración
de la Cámara de Diputados, en torno a los resultados económicos
de la función del mercado interno, concluye que "...del
análisis practicado, tanto a la metodología como a
la fuente de información utilizada en las estimaciones de
Pdvsa, se aprecia que la pérdida -a que alude Pdvsa- no se
corresponde con la realidad". Además, en los
estudios realizados por a Contraloría "se precisan
deficiencias relacionadas con la inclusión de partidas de
gastos, que por su naturaleza, no deberían influir en los
resultados de la función del mercado interno".
El proyecto de ley, elaborado por la alta dirigencia de
Pdvsa, constituye un paso más hacia la progresiva privatización
de Petróleos de Venezuela. En verdad, la perseverancia
demostrada por los apologistas de la apertura petrolera, de lograr
el debilitamiento del Estado, es la de provocar, definitivamente,
la desnacionalización del mercado venezolano de hidrocarburos
y, en general, la venta del patrimonio público. Al traspasar
las actividades inherentes. al mercado interno de los referidos
productos, fundamentalmente al sector privado transnacional, se
fomentará un oligopolio que en la práctica desembocará
en un "monopolio" y, por tanto, la fijación
de los precios de los productos estará en función
de sus intereses muy particulares, contraria, por supuesto, a razones
de conveniencia nacional y del genuino provecho público.
La abominación del monopolio, al cual se hace referencia
en la exposición de motivos elaborada por Pdvsa, no se corresponde
con la verdad. Lo que realmente se persigue es la sustitución
del monopolio ptíblico por el monopolio privadolucrativo,
con lo cual se horada, de esa forma, las verdaderas posibilidades
de llevar a cabo políticas esenciales para el país.
Y sé le otorgan facultades a los inversionistas extranjeros
para planificar y aplicar las estrategias que más convengan
a sus intereses.
El proyecto de ley concebido por la tecnoestructura de
Pdvsa, mediante el cual se pretendía regular las actividades
atinentes al mercado interno de los productos derivados de hidrocarburos,
permitiría a las empresas transnacionales obtener moneda
nacional, con lo cual se les posibilita el financiamiento de las
futuras inversiones por realizar; de esa manera disminuirán
o anularán los efectos de los probables ingresos de divisas
provenientes del exterior y, al mismo tiempo, las empresas podrán
transferir a sus países de origen el cien por ciento (100
por ciento) de las utilidades netas en divisas libremente convertibles;
conforme con el reglamento del Régimen de Tratamiento a los
Capitales Extranjeros y sobre Marcas, Patentes y Regalías.
Es importante precisar que de acuerdo con el artículo 2
del mencionado proyecto de ley, se permitirá la importación
de productos con destino al mercado interno. Ciertamente,
en la propia exposición de motivos se aclara que el artículo
2 "define el ámbito del mercado interno a partir
de las refinerías propiedad de las filiales de Pdvsa o de
la importación de productos con destino a dicho mercado".
En virtud de que el Congreso Nacional no debatió en torno
al proyecto de ley en referencia, durante las sesiones ordinarias
celebradas en el año 1997, y dado el apremio e interés
manifestados por la cúpula gerencial de Pdvsa, de
hacer realidad lo más pronto posible el ingreso de las transnacionales
petroleras en el mercado nacional, logró que el
Ministerio de Energía y Minas dictara la Resolución
N° 4384, de fecha 18 de noviembre de 1997, mediante la cual
se autorizó la participación de las empresas privadas,
extranjeras y nacionales, en el mercado interno.
Conforme con esa resolución, durante el mes de febrero de
1998 fueron concedidos permisos de distribución de combustibles
a través de estaciones de servicio a la Corporación
Trébol Gas, C.A. y a la Corporación
de Combustibles Monagas. También entraron en la
competencia las empresas Digasmar y Llanopetrol.
De igual forma, se firmó el contrato de distribución
de combustibles entre la Shell y Petróleos
de Venezuela. Y, según declaraciones de
Adolfo Fernández, gerente de la División
de Combustibles de la Corporación Shell, "La
idea es tener, al pasar unos cinco años, cerca de 400 estaciones
y una cuota dé 20 por ciento del mercado"
[49].
A esos permisos continuaron los otorgados a las empresas transnacionales:
Mobil de Venezuela, C.A., Texaco y la British Petroleum,
para ejecutar actividades de distribución de combustibles
a través de estaciones de servicio en el mercado interno.
Las tres corporaciones estiman realizar una inversión, para
los próximos cinco años; de 90, 250 y entre 250 y
350 millones de dólares, respectivamente, con el , fin de
poseer 250, 360 y de 300 a 400 estaciones de servicio, cada una,
en el mercado nacional. Con la apertura del mercado interno,
las empresas distribuidoras controlan alrededor del 35 por ciento
del volumen distribuido por Pdvsa, en 1.600 estaciones de servicio
establecidas en el país.
A esto es preciso agregar que empresas como Exxon, Shell,
Mobil, Texaco, Amoco, Repsol y Castrol, venden, desde 1996,
sus combustibles en el mercado interno.
Nueva Ley Orgánica de Apertura del Mercado
Interno
El Congreso de.la República, durante 1998, analizó
el referido proyecto de ley, y después de hacer importantes
y significativas modificaciones al mismo, acordó su aprobación;
el Presidente de la República, en fecha 11-09-98, le puso
el ejecútese a la Ley Orgánica de Apertura
del Mercado Interno de la Gasolina y otros Combustibles Derivados
de los Hidrocarburos para uso de Vehículos Automotores
[50].
Producto del estudio efectuado por los miembros de la Comisión
Permanente de Energía y Minas, de las cámaras de Diputados
y de Senadores, así como la participación activa desarrollada
por la directiva de Fenegas y los juicios críticos
emitidos por destacados expertos en la materia, se llegó
a la conclusión de que el proyecto de ley elaborado por la
tecnoestructura de Pdvsa, no era el más conveniente
para el país y, por lo tanto, procedía realizar
sustanciales cambios.
En breve consideración de los artículos que integran
la nueva ley, se establece que la empresa privada nacional e internacional
participe en el mercado interno de los hidrocarburos, con lo cual
se ratifica y se le da plena vigencia legal al decreto emitido por
el Ministerio de Energía y Minas, mediante el cual se autorizó
el regreso de las empresas transnacionales al mercado nacional,
tal cual ya se ha analizado. Esto significa que el Estado, a través
de su ente empresarial (Pdvsa), no será el único
oferente en el mercado, lográndose con ello, al
decir de algunos, ciertos grados de competencia que podrían
coadyuvar en beneficio del consumidor, en cuanto se refiere a la
calidad de servicio.
En el artículo 3°, al abordar las actividades que se
realizarán en el mercado interno de la gasolina y otros combustibles
derivados de los hidrocarburos, se prevé la importación
para satisfacer la demanda interna. Como se podrá observar,
tanto la participación del capital extranjero como la importación
de productos de la naturaleza indicada, estaban contenidos
en el proyecto original elaborado por Pdvsa.
En el texto del artículo 5° se reconocen ciertos derechos
preferenciales a las personas naturales o jurídicas que actualmente,
ejerzan las actividades de transporte, almacenamiento, distribución
y el expendio de los productos en el territorio nacional. La modificación
de fondo efectuada por los legisladores consistió en incorporar
al texto el parágrafo único del artículo 3°,
mediante el cual se consagra que "El Ejecutivo Nacional
establecerá por Decreto los precios de la gasolina y otros
combustibles derivados de los hidrocarburos que se expendan en el
mercado interno, objeto de esta Ley". El contenido
de esté artículo debe valorarse en sus justos términos,
por racional, prudente y por constituir una prevención de
cierta eficacia para la toma de decisiones lo más equitativa
y ponderada, por parte del Ejecutivo Nacional, por referirse a un
aspecto de vital importancia, como lo constituye la determinación
de los precios de los productos antes señalados, que verdaderamente
correspondan a los factores reales que intervienen en el proceso
productivo, incluyendo, por supuesto, el beneficio normal. Al actuar
de esa manera, con el respaldo del marco jurídico, se evitará
la voracidad de los monopolios privados en función de sus
propios intereses, sin importarles las incidencias sociales y hasta
políticas que puedan desatarse en el país.
El haberse ratificado la potestad que tiene el Ejecutivo Nacional
para fijarlos precios de la gasolina y otros productos derivados
de los hidrocarburos en el territorio venezolano, suscitó
encendidas protestas y disconformidades de parte de aquellos sectores
que abogaban por despojar al Ejecutivo de. esa facultad. El presidente
de la empresa estatal venezolana, ingeniero Luis Giusti,
tan pronto como fue sancionada la ley por el Congreso, dijo: "Aspiro
a que el Ministro de Energía y Minas y el Presidente de la
República la devuelvan para su revisión, porque en
los términos en que fue aprobada, prácticamente otorga
total discrecionalidad al Ejecutivo para la fijación de los
precios" [51]. Un
día después, quizás convencido de la dificultad
para el presidente Caldera de devolver la ley al Congreso, y probablemente,
luego de reflexionar sobre el particular, y percatarse de las posibles
vías de escape que se encuentran en la nueva ley, en cuanto
se refiere a la fijación de los precios, expresó,
en discurso pronunciado en la XXVIII Convención Nacional
de Fenegas: "Hoy tenemos ese instrumento. Creo que se ha dado
un paso al frente en ese sentido. Ya hay muchas cosas buenas en
la ley que fueron muy bien descritas por el Presidente de Fenegas.
Yo los invitaría, en esta Asamblea, a que discutan a fondo
los detalles de esta ley, para que nos ayuden a proponer al Ejecutivo
un reglamento que pueda cumplir con los propósitos que animaron
la propuesta original del Ejecutivo Nacional. Creo que va a haber
que trabajar un poco en la cadena de precios, para evitar qué
vayamos a caer o retrotraernos a lo que ha sido la discusión
secular de márgenes que ha llevado a una cantidad de problemas
y desinversión" [52]
(destacado nuestro).
En similar sentido opinó el ministro de Energía y
Minas, ingeniero Erwin Arrieta Valera, al señalar:
"Esta Ley nos permitirá empezar un nuevo camino
en función de que el precio deje de ser una decisión
forzada del Estado para que el mismo mercado, a través de
su propia fuerza, dé lineamientos y dimensión a ese
precio. (..) Más adelante, cuando el mercado esté
preparado, apuntará hacia el libre juego de la oferta y la
demanda" [53] (destacado
nuestro).
Por supuesto, las presiones de las empresas transnacionales también
han aflorado; así, por ejemplo, el gerente general de la
División de Combustibles de Shell Venezuela, Adolfo
Fernández, señaló que a la empresa
le preocupan los futuros márgenes de comercialización
del combustible, como consecuencia de la nueva ley... El representante
de la petrolera angloholandesa reiteró su confianza en que
el decreto del Ejecutivo establecerá los márgenes
necesarios para las inversiones e incrementará los esquemas
de competencia [54].
Esas opiniones dadas por los más altos representantes de
la dirigencia oficial petrolera del país y de las empresas
transnacionales, reflejan un fiel testimonio de las presiones
ejercidas sobre los poderes Ejecutivo y Legislativo, con la finalidad
de lograr la modificación de la nueva ley o, en su defecto,
a través del reglamento se desfigurara el espíritu,
propósito y razón del contenido del parágrafo
único del artículo 3° de la novísima ley,
y de esa forma cumplir con el compromiso asumido (por el directorio
de Pdvsa) con los inversionistas extranjeros de darles plena libertad,
en nombre de la "invisible mano de Dios",
para manipular los precios tal cual se establecía en el artículo
lo del proyecto de ley elaborado por la tecnoestructura de la empresa
estatal.
Discretamente, en esta oportunidad, el Presidente de la República
actuando con buen juicio, no accedió a las solicitudes formuladas,
quizás motivado porque durante su gestión gubernamental,
presionado por el Fondo Monetario Internacional,
autorizó -pese a su resistencia a esa medida-, tal como lo
manifestó en su alocución al país en el Congreso
Nacional, "Dios sabe cuánto me ha costado esta
decisión" [55],
incrementar de manera desproporcionada los precios de la gasolina
y de los otros productos derivados de los hidrocarburos. Ciertamente,
por resoluciones del Ministerio de Energía y Minas [56],
el precio promedio por litro de gasolina pasó de Bs. 5,64,
en 1994, a Bs. 67,60, en 1997 [57],
es decir, un incremento en el orden de 1.090 por ciento.
Debe referirse que a pocos días de concluir el período
gubernamental del doctor Rafael Caldera y del inicio
de la gestión presidencial de Hugo Chávez
Frías, de nuevo los representantes del sector oficial
petrolero y de las corporaciones internacionales han propalado la
tesis de que para garantizar el flujo de inversiones y evitar
inestabilidades, en el país debe procederse a un
aumento de los precios de la gasolina y, en definitiva, modificar
la actual Ley Orgánica de Apertura del Mercado Interno de
la Gasolina..., con el fin de abrogar la facultad que tiene el Ejecutivo
para fijar los precios y dejarlo a la "supuesta"
ley de oferta y la demanda.
En ese sentido, el propio presidente de la Shell en Venezuela,
Bernard Wheelahan, ha manifestado que "Queremos
un aumento de inmediato de 4 bolívares por litro, para sobrevivir.
Esto estaría dentro de un plan que lleve el margen a 14 bolívares.
Sin embargo -enfatizó-, nuestro sueño es la liberación";
y después de haber sostenido reuniones con los representantes
de la comisión de enlace del nuevo gobierno, afirmó
que "...es difícil creer. No queremos más
rumores. Nos han escuchado y es una buena señal, pero en
sus manos no está la decisión", y con
tono intimidatorio, tratando de crear incertidumbre, señaló
que el gran riesgo que se corre "es desacelerar el
sector y regresar a niveles de calidad anteriores a la apertura'
[58].
Erwin Arrieta, en su carácter de ministro
de Energía y Minas, aconsejó "...solicitar
al próximo Congreso de la República... revisar a fondo
la Ley de Mercado Interno, ya aprobada, para transformarla, modificarla,
a objeto de darle al mercado la apertura que requiere y permitir
que sea el consumidor el que tome la decisión de escoger
el precio de la gasolina que más le convenga"
[59].
Tal cual se desprende del contenido de esas declaraciones, el objetivo
es presionar sobre el gobierno del nuevo Presidente
de la República y del Poder Legislativo para lograr la santa
libertad de los precios de los productos derivados de los hidrocarburos
en el mercado nacional. A este respecto, conviene subrayar que no
existe justificación económica, contable, política,
y mucho menos social, que avale el nuevo aumento de los precios
de la gasolina y que, de aplicarse, pudiera generarse graves conflictos
sociales, que el nuevo gobierno deberá evitar[60].
Además, una medida de esa naturaleza es contradictoria con
la drástica reducción de los precios del petróleo
en el mercado internacional, y podría derivar en que el venezolano
compraría el litro de gasolina por encima del precio de exportación.
También conviene advertir que urge la revisión a fondo
de la metodología económica contable utilizada por
Pdvsa para determinar el costo de producción de la gasolina,
el cual, en nuestro criterio, no se corresponde con los factores
que realmente se utilizan para ese proceso productivo. De igual
manera, deberá considerarse el impuesto al consumo y el de
la regalía petrolera que se han incrementado considerablemente.
De la venta de acciones de Pequiven
También fue programada por la alta dirigencia de Pdvsa la
privatización de la Petroquímica de Venezuela, S.A.
(Pequiven) [61]. En efecto, el Congreso
de la República, el 01-09-98 sancionó la nueva Ley
de Estímulo al Desarrollo de las Actividades Petroquímicas,
Carboquímicas y Similares [62],
a la cual le puso el ejecútese el Presidente de la República
para que entrara en vigor a partir del 11 de septiembre de 1998.
El nuevo instrumento legal que deroga la Ley de Conversión
del Instituto Venezolano de Petroquímica en Sociedad Anónima,
sancionada el 06-07-1977, permite la enajenación
y gravamen de las acciones de Pequiven -que estaban expresamente
prohibidas-, y de esa forma se autoriza la participación
significativa del sector privado transnacional y nacional, del capital
social de la compañía filial de Pdvsa. Ciertamente,
el parágrafo único del artículo 3° reza:
"La colocación de acciones del capital de Petroquímica
de Venezuela, S.A. (Pequiven), en ningún caso se hará
por cantidades que representen, en todo momento, más del
cuarenta y nueve por ciento (49 por ciento) del total de su capital
social. En todo caso, el Estado, a través de Petróleos
de Venezuela, S.A. (Pdvsa), garantizará la suscripción
del cincuenta y uno por ciento (51 por ciento) de las acciones cuando
se produzcan incrementos de capital". A este respecto
conviene referir que el proyecto de ley sobre la materia, introducido
ante el Congreso con fecha 18-06-1996, establecía, en el
artículo 3° que: "Las acciones representativas
del capital social de Petroquímica de Venezuela, S.A. (Pequiven),
podrán ser enajenadas y gravadas a terceros y serán
de libre suscripción, tanto por personas jurídicas
como por particulares, nacionales o extranjeros".
Y en el artículo 4° se señalaba que Pequiven...
"Podrá enajenar y gravar bienes y acciones de
su propiedad en empresas filiales, cualquiera que sea el porcentaje
accionario que posea, y en empresas mixtas de carácter privado,
donde Petroquímica de Venezuela, S.A. (Pequiven) tenga cincuenta
por ciento (50 por ciento) o menos del capital social de dichas
empresas". Ante semejantes propuestas reaccionaron
algunos parlamentarios, entre ellos: Carlos Canache Mata,
Alí Rodríguez Araque, Carmelo Lauría, Manuel
Alfredo Rodríguez. De igual manera, mostraron su
disconformidad instituciones como Fundapatria, ProVenezuela
y personalidades como Diego Luis Castellanos y Kotepa Delgado,
que, dada su perseverancia, conjuntamente con otros, lograron que
los congresistas produjeran modificaciones a los artículos
propuestos en el proyecto original que, de alguna forma, mejoraron
relativamente su contenido, aun cuando se autorizó,
de forma parcial, la privatización de Pequiven.
Todo ello revela que el verdadero objetivo, por parte de los parlamentarios,
no era el de impedir la venta de las acciones de Pequiven, sino
que de lo que realmente se trataba era de establecer ciertos límites
a la participación del capital privado, con la creencia
de que con ello se garantiza el control de la empresa por parte
del Estado, olvidándose que, dada la dependencia
estructural que caracteriza a nuestro país (comercial, financiera,
económica, cultural, comunicacional, militar y política),
realmente demuestra, como en efecto ha ocurrido, que ello
es una simple ilusión.
Es de subrayar que en la exposición de motivos de la ley
en vigor se hace énfasis en la necesidad de "Adecuar
las condiciones actuales de la industria con relación al
régimen de participación estatal de la misma, constituir
el instrumento legislativo que permita la captación de capitales
privados, la mayor utilización de los recursos existentes
para favorecer el crecimiento del sector y la creación de
alianzas estratégicas a fin de promover el desarrollo, modernización
y consolidación de la empresa en el ámbito nacional,
para hacer posible la expansión y competitividad de Pequiven
en el mercado global".
La actividad económica desarrollada por Pequiven posee significativas
ventajas comparativas, con posibilidades ciertas para contribuir
con el fortalecimiento y diversificación de la economía
venezolana, generar divisas para el país y, que ha arrojado,
por lo menos durante los últimos años (1994-1997),
resultados financieros satisfactorios. En efecto, las ganancias
obtenidas pasaron de 11 mil 314 millones de bolívares, en
1994, a 114 mil 552 millones de bolívares, en 1996; asimismo,
la producción, las ventas y las exportaciones, a través
de esos años, han crecido de manera constante y significativa.
Los estudios realizados hacia el futuro son halagadores. Es
decir, que no estamos en presencia de una empresa ineficiente e
insolvente, condiciones estas exigidas en el decálogo del
llamado Consenso de Washington, para justificar la ola de privatizaciones.
Entonces ¿cómo explicar el pase de una propiedad pública,
con la venta de acciones del capital de Petroquímica de Venezuela,
hasta por un porcentaje como el antes indicado, al capital privado?
¿Cómo justificar tanto interés en impulsar
una incontenible y sospechosa privatización? ¿Acaso
se cree, de buena fe, que el avance de la política privatizadora
significa estabilidad y desarrollo para el país?
Y que, por tanto, ¿es necesario renunciar a todo lo nacional?
Infaliblemente, tal como afirma el notable economista venezolano
Diego Luis Castellanos, "El poderío privado
adquiere, con la empresa transnacional y con la trasnacionalización,
una preponderancia insospechada sobre los Estados"
[63] .
Es indudable que la decisión adoptada de vender el 49 por
ciento de las acciones de Pequiven tendrá serias implicaciones
económicas, políticas y sociales. ¿Cuál
será el curso que la industria emprenderá a partir
de ahora y hacia el futuro, considerando que uno de los aspectos
prioritarios del aperturismo unilateral es el proceso de la desregulación?
No sólo están en juego asuntos de financiamiento,
sino que, en verdad, se trata de una política desnacionalizadota
que propende a un proceso de desintegración de la actividad
económica, se fortalece la subordinación al
capital transnacional y a los organismos financieros internacionales.
La ola privatizadora conduce a la transnacionalización del
patrimonio público y, por tanto, el Estado-nación
pierde fuerza, retrocede y deja de intervenir aun en actividades
productivas que eran, de alguna forma, propias del sector público,
y se renuncia a la función reguladora en beneficio de las
empresas privadas que, en nombre de la supremacía de las
fuerzas del mercado, desatan el más feroz intervencionismo
económico.
Del fomento de inversiones petroleras (Sofip)
Entre las otras opciones de apertura, fue anunciada por Pdvsa la
creación de la Sociedad de Fomento de, Inversiones
Petroleras (Sofip), con el atractivo objetivo de fortalecer el ahorro
interno y promover la participación directa del venezolano
en el sector petrolero a través de títulos ofrecidos
en el mercado de capitales; la intención es ampliar
las opciones de financiamiento dé la industria en proyectos
petroleros, petroquímicos, gas, carbón, orimulsión,
así corno la participación de empresas mixtas en asociaciones
con filiales privadas nacionales y extranjeras. En junio de 1998,
la Comisión Nacional de Valores autorizó a EPIC,
SA., primera Entidad de Inversión Colectiva de Capital
de Riesgo para realizar una oferta pública de acciónes
por ser inscritas en la Bolsa de Valores de Caracas, de Maracaibo
y en la Bolsa de Electrónica de Venezuela. Pero, dado el
comportamiento nacional e internacional de los mercados de capitales
y petroleros, la junta directiva acordó que la oferta pública
fuese diferida [64] .
En el mensaje del Presidente de Petróleos de Venezuela,
correspondiente al informe anual de 1995, se anunció, entre
otras alternativas de apertura, la "creación
del Fondo de Inversiones Petroleras, mediante el cual el ciudadano
común, por primera vez en nuestra historia, podrá
invertir en los proyectos del sector petrolero" En
nuestro criterio, ese propósito es pura ilusión e
incita al engaño. Lo cierto es que sé trata de ganar
terreno para imponer las ideas profundamente privatizadoras en perjuicio
de los intereses verdaderamente nacionales. En un país como
Venezuela, donde predomina una desigual distribución del
ingreso, con 80 por ciento de la población sumida en la pobreza
y de acuerdo con las estadísticas del Centro de Documentación
y Análisis para los Trabajadores (Cenda), con un
valor de la canasta alimentaria que se ubicó, para noviembre
de 1998, en Bs. 222.114, y el de la cesta básica, en Bs.
444.228, mientras el salario mínimo es, actualmente, de Bs.
100.000, no es posible concebir realmente una capacidad de ahorro
del venezolano común, por lo menos de la gran mayoría
de la población, para destinarlo a los fines de invertir
a través de título. en el mercado bursátil
en la industria petrolera. De hecho, serán los sectores con
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