La hegemonía de los medios
Sandra Pinardi * / El Nacional (Venezuela) - 03/02/07
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El presidente de Telesur afirmó, a comienzos de año, que la "hegemonía de los medios" era un instrumento necesario para la revolución. Dos elementos importantes se desprenden de esa afirmación, primero, la constatación –nuevamente– de que los medios –y los discursos– constituyen la tribuna donde nuestra política tiene lugar, acontece; segundo, esta apelación a la estrategia hegemónica pone en evidencia modos de proceder y mecanismos bien delimitados para la consolidación de la "revolución".
Como respuesta inmediata, quizás, habría que negarse a los discursos, hacer ejercicios continuos de sospecha, inventar un "habla fragmentaria"; habría que pensar nuevas formas de decirse, de decirnos, que pudieran soslayar el porvenir de reincidencias que amenaza.
La aparición de esta "finalidad" en el horizonte político es iluminadora: no se trata de prohibir la "libertad de expresión" sino, más dramáticamente, de intentar que sea imposible pensar en algo distinto, imposible tener opiniones contrarias, disentir o interpretar.
Teóricamente, la hegemonía constituye un ejercicio de dominación o supremacía de un grupo social –ideológicamente determinado– sobre otro, a través de la dirección política, intelectual y moral. Los seguidores del Marxismo, y ese es quizás uno de sus anacronismos, entienden que las sociedades están siempre sometidas a juegos hegemónicos. Estas relaciones hegemónicas pueden ser mera dominación o, como pensaba Gramsci, la posibilidad de construir un nuevo tipo de sociedad, una sociedad ampliada con la que se pudiera superar su fase puramente "corporativa", es decir, su instalación y operación como un entramado de frágiles alianzas y ejercicios de poder excluyentes. Esta hegemonía propone una "sociedad ampliada" en la que los bloques sociales confluyen por eliminación de sus diferencias, por anulación de sus contradicciones. Para ello, la suma de adeptos y el acceso al poder, debería ocurrir integrando, incluyendo, en la red de relaciones que es la sociedad los intereses y necesidades de los distintos grupos sociales, como parte activa del conjunto de proyectos que delinean su destino, su futuro.
En la práctica, sin embargo, la hegemonía es de corte "totalitario", busca, como lo expuso Lenin, convertir las aspiraciones de un grupo específico de la sociedad en "voluntad colectiva y total". Un mecanismo gracias al que una "clase social" –un grupo, un sector– se adueña del destino y futuro de la colectividad, asumiendo tanto su dirección política como su dirección intelectual y moral. Una paradójica "imposición consensuada" que se realiza, aparentemente, a través de alianzas o consensos, pero que realmente está sustentada en el dominio ideológico irrestricto de un grupo sobre otro: un grupo que universaliza –totaliza- su propia perspectiva. La "clase hegemónica", entonces, es aquella que articula a sus intereses a los otros grupos sociales, a través de la dominación ideológica. La dirección intelectual y moral se resuelve por medio del predominio de una base social sobre otras que pasan a ser subalternas; se resuelve cercenando la pluralidad y la convivencia. Un conjunto de ideas se hace "voluntad colectiva" sólo cuando puede silenciar toda voz contraria o disonante.
Esta "voluntad colectiva", con efectos políticos, morales e intelectuales, domina al instalarse –erigirse– como la matriz de producción de sentido que dota de contenidos, siempre unívocos y reducidos a lo mismo, todas las acciones de la sociedad. Lo que se instituye es que un bloque social, constituido como "bloque ideológico" y en oposición a todos los demás, determina pre-juiciosamente toda posible interpretación. El ejercicio de la hegemonía es la confusión de una propiedad particular con lo colectivo, y la estructuración de un destino unidireccional para el devenir social y político.
Entre nosotros, la "voluntad colectiva", tiene la forma de un discurso, en palabras de Foucault, aparece como "el menor espacio posible entre el pensamiento y el habla".
Un discurso, una práctica que permite –o asegura– la transformación de las ideas en acciones o cosas, partiendo y repartiendo enunciados (es decir, proposiciones que al aparecer son ya hechos). Un habla excluyente, una "totalidad cerrada", sin lagunas o espacios blancos, constituida por un número limitado de enunciados que se convierten en "condiciones de existencia" o posibilidades.
Toda hegemonía parte de una idea dual de la realidad, en la que las cosas son o no son, y cuando son, son blancas o negras; una comprensión polarizada –y necesariamente conflictiva– en la que el logro de algo supone la anulación de lo otro. Por ello, la hegemonía es una dinámica compleja, y debe comprender la totalidad de los ámbitos de existencia: se ejercita, a la vez, como dirección política, un momento de fuerza y coerción; y como dirección intelectual y moral, un momento de convencimiento o aceptación. Trasciende y oblitera los consensos, las alianzas instrumentales o estratégicas, apareciendo como una "síntesis más elevada". La "voluntad colectiva", que no es más que la totalización de un conjunto de necesidades o aspiraciones particulares, se hace protagonista de la acción política: un sujeto político universalizado, una voz sin tono ni ritmo.
El uso de la noción de Hegemonía nos sitúa en una sociedad signada por enfrentamientos, y que vive de ellos, en una dinámica de desencuentros, donde la pluralidad deviene incómoda y debe ser sometida "intelectual y moralmente".
No es prioritario el diálogo, los consensos y alianzas, la convivencia, porque en el territorio de las dualidades lo que no es semejante no existe. En este sentido, la hegemonía tiene una importancia cultural ineludible, ya que el ejercicio hegemónico determina la irrupción de una "nueva cultura", de otra concepción del mundo y la vida, una que siempre estará caracterizada por intereses y necesidades particulares que se hacen "actos históricos".
Toda hegemonía determina y encausa –hipoteca– la sociedad y las personas que las constituyen. Su mayor peligro está en la intención de disciplinar las conciencias y los pensamientos, de unificar los puntos de vista, de cancelar las perspectivas, de anular el disentimiento.
[*] Sandra Pinardi / E-mail: sandrapinardi@gmail.com
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