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Caracas / Venezuela -
 


El ajedrez mundial del petróleo - IV: Alemania
Joel Sangronis Padrón* / Soberania.org - 15/03/07


"El control sobre recursos estratégicos se
ha convertido en la palanca primaria para  incrementar la influencia global de aquellas potencias ya sean ricas en recursos o aliadas con aquellas que si lo son".

Joseph Stroupe en: www.Geoestrategymap.com

Desde la época de Carlomagno, Alemania ha sido el corazón de Europa, centro del pensamiento científico y filosófico occidental contemporáneo (Kant, Hegel, Humboltd, Nietzche, Marx) a la vez que motor económico de la expansión industrial europea.

Alemania es el país más poblado y  económicamente poderoso de Europa (actualmente es la primera economía exportadora del mundo). Durante la guerra fría la nación germana, a partir de la división de su territorio en dos países, aceptó una relación de dependencia político-militar con los EEUU y con la entonces URSS, mientras recuperaba su condición de potencia económica dominante dentro del mundo europeo.

A partir de la reunificación, las elites políticas y económicas de Alemania no han cesado de maniobrar en la búsqueda y consolidación de un lugar preponderante para su país en un mundo multipolar. Su petición de un lugar permanente dentro del Consejo de Seguridad de la ONU es una prueba de ello, sin poder dejar de mencionar que Alemania es el mayor contribuyente mundial de las Naciones Unidas y el país que más tropas aporta al cuerpo de paz de dicha institución (Cascos Azules), con tropas en Afganistán, Los Balcanes y El Cuerno de África.

Ahora bien, dichas elites saben que su peso económico específico no basta para llevar a efecto sus aspiraciones de convertirse en uno de los polos dominantes a nivel mundial en este siglo que recién comienza; para cumplir con tal fin, Alemania necesita de los recursos energéticos de Rusia y del apoyo de Francia, el otro gran centro histórico de poder e influencia en el mundo europeo.

Como bien lo señala Henri de Grossouvre en su libro París-Berlín-Moscú: “desde la Edad Media la cualidad de la relación francoalemana ha decidido sobre la paz y la guerra en el continente europeo”.

Un eje París-Berlín-Moscú integraría el aún respetable poderío militar ruso y sus colosales reservas de gas y petróleo con el poderío económico alemán y la influencia francesa en el mundo francoparlante (Magreb, África Sub Sahariana, Mundo Árabe, Caribe Francófono, Pacífico Suroriental, Québec). Estaríamos hablando de un bloque continental que iría desde el canal de La Mancha hasta Vladivostock, desde el Mediterráneo hasta el Círculo Polar Ártico, con influencia y presencia en casi todas las regiones del mundo. Una alianza de esta naturaleza era la pesadilla de Halford MacKinder, el británico creador del término geopolítica, que a principios del siglo XX alertaba al imperio inglés sobre la necesidad de impedir a toda costa que alguna potencia o coalición de potencias  dominara la masa eurasiática, núcleo clave para el dominio del mundo. Los ideólogos imperiales de los EEUU Brzezynski, Perle, Wolfowitz, Huntington suscriben contemporáneamente la misma tesis.

Para impedir la consolidación de una alianza de esta naturaleza, los EEUU han maniobrado activamente durante los últimos años en Europa, apoyando abiertamente en las últimas elecciones alemanas a la conservadora y proatlantista Ángela Merkel (¿revolución naranja ligth?) frente al socialdemócrata y europeísta Gerhard Schröeder, convencido defensor de la necesidad y conveniencia de la alianza de su país con Francia y Rusia como contrapeso histórico al proyecto imperial usamericano; de igual forma, ahora los norteamericanos apuestan por la victoria en las próximas elecciones francesas de Nicolás Sarkozy entusiasta defensor de una relación más estrecha con los EEUU y de un distanciamiento de Alemania y de Rusia.

Ya en 1914, Lenín advertía sobre las contradicciones interimperialistas que desembocarían tarde o temprano en conflictos entre este tipo de naciones generadas por la propia naturaleza expansiva del capital y por el hecho de que sus respectivos gobiernos y ejércitos  no eran otra cosa que instrumentos al servicio de dicho capital. Actualmente las tensiones entre Europa y los EEUU no han cesado de aumentar; al no tener un enemigo común (papel que años atrás desempeñó la antigua URSS) las contradicciones y diferencias entre los dos grandes bloques noratlánticos  han aflorado con una intensidad cada vez mayor: Negativa de apertura de mercados europeos a productos transgénicos norteamericanos; competencia por el mercado aeronáutico mundial (Boeing, MacDonald Douglas-Airbus); el proyecto Galileo de posicionamiento y navegación por satélite que compite con el estadounidense GPS; Dólar contra Euro en el sistema financiero mundial y en el mercado petrolero; Agencia Espacial Europea frente a la NASA, las inéditas detenciones y juicios a agentes de la CIA en Alemania e Italia en los últimos días, etc.

Como bien lo señala Alain de Benoist: “la globalización capitalista exacerbará las divergencias de opinión e intereses entre Europa y los EEUU".

Las elites europeas, con las franco-alemanas a la cabeza,  han entendido que un control de los recursos energéticos del mundo por parte de los EEUU les dejaría a ellos (la vieja Europa como despectivamente la llamó Rumsfeld) en una posición de minusvalía extrema, acelerada en la medida en que dichas fuentes se vayan agotando.

Es claro que Alemania no busca recuperar su antiguo esplendor de estado-nación, aspira ser la cabeza y la voluntad dominante de una Europa unificada, unificada bajo su tutela económica y política.

A Pesar del triunfo electoral de la Canciller Merkel el año pasado, los acuerdos que el para entonces canciller alemán Gerhard Schröeder y el Primer Ministro ruso Vladimir Putin  firmaron en septiembre del año 2005 en Berlín,   para  la construcción de un gasoducto a través del mar  Báltico que llevará gas ruso a Europa a través de Alemania sin pasar por ningún otro país, siguen su marcha. Hay que recordar que el gobierno de la Canciller Merkel está conformado por una “Grosse Koalition” (Gran Coalición) que incluye a los socialdemócratas del SPD y que el ministerio de relaciones exteriores está en manos del socialdemócrata Frank-Walter Steinmeier, individuo muy cercano al ex Canciller Gerhard Schröeder.

La compañía que construirá y administrará este gasoducto se llama “North European Gas Pipeline Company” presidida por ¡Gerhard Schröeder! y cuyo director ejecutivo, Matthías Warning, fue en el pasado reciente agente de la Stasi (policía secreta de la RDA) y enlace de su país con la KGB soviética al mando de la cual estaba precisamente el actual Primer Ministro ruso Vladimir Putin. Este gasoducto está proyectado para extenderse en un futuro cercano a Escandinavia, el Benelux e Inglaterra, dándole a Alemania la condición de país pivote y gran distribuidor del gas ruso en Europa con las implicaciones geopolíticas que eso conlleva.

En este caso (como en todos los casos dentro de un país capitalista donde quienes dirigen el Estado son instrumentos de los intereses de sus clases dominantes), ha privado más el interés de las grandes corporaciones alemanas que las posiciones políticas de quienes coyunturalmente dirigen el gobierno de ese país. Las gigantescas compañías E.On, Basf y el Dresdner Bank son socios de la estatal rusa Gazprom en la constitución de la North European Gas Pipeline Company a través de sus filiales Wintershall (BASF) y Ruhrgas (E.On). A pesar de que las corporaciones alemanas poseen un 49% de las acciones de dicha compañía y la rusa un 51%, este porcentaje varía cuando se descubre que tanto E.On (la mayor empresa eléctrica de Europa) como Basf (la mayor química del mundo) son propietarias de un importante paquete accionario de Gazprom lo que convierte a este gasoducto que traerá gas ruso del yacimiento ártico de Shtockman, el mayor del mundo, a Europa,  en un proyecto netamente alemán.


Pero la nueva Blitzkrieg alemana no se queda aquí, en los últimos tres años la energética E.On ha intentado hacerse con la mayoría accionaria de Endesa, la mayor empresa productora y distribuidora de energía en España. Aunque los intentos de comprar Endesa han sido vetados por el gobierno español alegando motivos de seguridad nacional, es bastante probable que E.On vuelva a intentarlo en un futuro muy próximo; de esta manera los alemanes habrían cerrado unas tenazas energéticas sobre el norte y el sur de Europa, controlando el gas ruso que viene del norte a través del gasoducto del norte y el gas argelino que viene a Europa a través del gasoducto trasmediterráneo y que tiene su principal puerta de entrada en España por intermedio de Endesa. Si este objetivo germano se llegara a cumplir, habría que preguntarse como lo hacía el escritor Thomas Mann al finalizar la segunda guerra mundial: “¿Habrá en el futuro una Alemania Europea?…”…o ¿Habrá una Europa Alemana?




[*] Joel Sangronis Padrón / Ecologista y Profesor de la Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt (UNERMB) - Cabimas, Edo. Zulia / E-mail: Joelsanp02@yahoo.com

 

 





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