Lo insoportable de Chávez
Manuel Isidro Molina* / Semanario La Razón (Venezuela) - 27/05/07
|
Hugo Chávez Frías es un gobernante realmente insoportable, mandón, arbitrario, engreído, abusador, pendenciero, vulgar, desconsiderado, militarista, autoritarista y ególatra. Tiene un poco de todo eso, cobijado con un don especial para manipular a sus interlocutores y auditorios, a los cuales va dando algunas satisfacciones para entusiasmarlos y controlarlos, bajo amenazas, hasta la sumisión.
Mucha razón –y está demostrado por la historia- tuvo el libertador Simón Bolívar, cuando advirtió: “Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el Poder. El Pueblo se acostumbra a obedecerle, y él a mandarlo, de donde se origina la usurpación y la tiranía”. Lo dijo en su memorable “Discurso de Angostura”, el 15 de febrero de 1819, ante el Congreso patriota reunido bajo las banderas de libertad y justicia en la dura, por sangrienta y dolorosa, lucha anticolonial.
Ese esfuerzo fundacional, que venía desde la primera década del siglo XIX, estaba dando sus frutos, mientras el reino colonial español agonizaba.
Estadista y soldado al servicio de la independencia y un proyecto de vida republicana respetuoso de las libertades y derechos individuales y colectivos de la sociedad, en un marco de legalidad y convivencia civilizada, Simón Bolívar reclamó siempre el ejercicio ético y comedido del poder, independientemente de que a él le había correspondido dar batalla en los campos de guerra, y ejercer autoridad dictatorial en condiciones extremadamente adversas, por razones obvias.
Esa larga experiencia de estadista y soldado, lo llevó a deplorar las vilezas del poder y la política al margen de la moral y los compromisos de respeto a la sociedad, especialmente en sus vertientes militaristas: “El sistema militar es el de la fuerza, y la fuerza no es gobierno”, dijo en 1826, convencido de que el mando militar no es para la sociedad democrática civilizada, aunque válido dentro de los cuarteles y en los escenarios de la guerra. Por eso, un año después, Bolívar sentenció: “Es insoportable el espíritu militar en el mando civil”, en carta del 13 de septiembre de 1829, a su íntimo y admirado general irlandés Daniel Florencio O’Leary, quien en sus “Memorias” dejó invalorables testimonios sobre Bolívar, sus hazañas, valores, sueños y frustraciones.
Ese “espíritu militar en el mando civil” es lo que hoy conocemos como “militarismo” o mano militar (“mano militari”) en el desempeño de la función pública. El ejercicio del poder por parte del presidente Chávez no ha sido otra cosa que una sostenida cadena de artimañas militaristas para el control absoluto del poder, con algunos rasgos “democráticos”, gracias a la sumisión de los poderes públicos (Legislativo, Judicial, Electoral y Ciudadano) fraguados bajo sumisión e indignidad de sus integrantes. La de Chávez es una administración militarizada en sus fundamentos. La función pública se ha ido perfilando como una de las más controladas por los militares militaristas, con él a la cabeza: en todos los ministerios, empresas del Estado, fundaciones e institutos gubernamentales, Chávez ha inoculado el factor militarista para el control de tales instituciones: sistemas de seguridad interna controlada por militares activos o retirados, muchos de los cuales actúan desde empresas privadas de seguridad y empresas suplidoras de sistemas tecnológicos y equipos (telefonía, Internet, radiotransmisores, grabaciones ilegales, espionaje, etc.), directamente conectados con la Dirección de Inteligencia Militar (DIM) del Ministerio de la Defensa, la Dirección de los Servicios de Inteligencia Policial (DISIP) del Ministerio del Interior y Justicia, la Casa Militar y, aún, dando partes directamente el Jefe del Estado.
Toda la burocracia chavista está vigilada por tal implante militarista, cuya característica fundamental es la inexistencia de escrúpulos ante las restricciones legales y la desconsideración humana, en cuanto a derechos laborales y políticos de los ciudadanos. Chávez se ha ido quedando con los sectores civiles más dispuestos a soportar tales tratos bajo régimen de sumisión, silencio y obediencia realmente vergonzosa.
En esencia, todos los civiles andan de paso en los pasillos burocráticos gubernamentales. Sólo las mafias militaristas reinan, mandan y determinan el control del poder; los demás les sirven, acatan, cumplen. Los militaristas están en la salsa de la putrefacta corrupción administrativa que caracteriza a la gestión Chávez, el gobierno más corrupto y corruptor de la historia venezolana.
Cebados con el poder corrompido que se ha instaurado, acechan gobernaciones y alcaldías, todavía en manos de civiles de diversas tendencias políticas e ideológicas, incluidos militantes de la alianza oficialista. Los ministerios de Defensa, Interior y Justicia, Salud, Infraestructura, Telecomunicaciones y posiciones clave en el área de finanzas, impuestos, economía, relaciones exteriores y empresas básicas del Estado, están bajo la égida del militarismo chavista, independientemente de las intrigas y sordas luchas entre diversas facciones, que las hay.
Muchos de quienes todavía aplauden hasta los chistes malos de Chávez -y callan ante sus abusos y arbitrariedades- comentan, en voz baja, los potenciales peligros de un régimen signado por el militarismo y el autocratismo de un gobernante enfermo, borracho de poder, que en ocho años y medio de ejercicio ha utilizado y desechado a miles y miles de venezolanos y venezolanas –civiles y militares- que o creyeron en él (sin programa definido) o decidieron acompañarlo en un supuesto proyecto común de dignificación popular y justicia social.
En ese cuadro de control militarista –y por ende, antidemocrático-, aliñado con la irracionalidad de una supuesta “izquierda revolucionaria” partidaria del autoritarismo y la concentración antidemocrática del poder, Chávez se siente rey, pallasescamente reaparece disfrazado de militar, gritando y amenazando, como si el miedo reverencial de sus seguidores fuese trasladable al resto de la sociedad. Amenaza y grita a quienes le oponemos resistencia, o a quienes contraríen su voluntad de dominio absoluto sobre la sociedad venezolana. Y lo hace en vano, como se está demostrando, pues sin el dineral petrolero que maneja dispendiosamente para coaccionar voluntades, Chávez no tendría vida en Miraflores; la incompetencia de su gobierno es de antología, las corruptelas de sus burócratas y testaferros no tienen parangón en América Latina y el Caribe (el de Chávez es el gobierno más corrupto de la región), y sus arbitrariedades y sandeces van colmando la calma de la mayoría de los ciudadanos.
Lo he advertido en sucesivas oportunidades: el zarpazo contra Radio Caracas Televisión, no lo ha sido sólo en contra de sus propietarios, trabajadores y relacionados con esa industria; la afectación más importante y de fondo es contra los derechos de todos los venezolanos y venezolanas a ejercer libremente la expresión del pensamiento, el derecho a estar veraz, plural y oportunamente informados, así como el libre desarrollo de la personalidad, la creación y el disfrute de la riqueza cultural nacional y mundial.
Y no se trata de algo aislado, que pueda interesar a empresarios de la comunicación, periodistas, artistas, locutores y demás trabajadores de la industria televisiva. Es una expresión más de un problema sistémico, pues los controles directos e indirectos de los medios de comunicación social, desde el poder del Estado, vienen registrando un crecimiento avasallante y sostenido. Chávez y sus ministros han cumplido su proeza –igual que en los tiempos de Jaime Lusinchi y Blanca Ibáñez- basados en el poder publicitario y financiero del gobierno, coaccionando a propietarios de medios, abusando del poder amenazando, sancionando, comprando acciones de importantes empresas comunicacionales mediante testaferros, hasta llegar a un punto en que los medios informativos independientes son una minoría estoica y acechada, presionada, amenazada.
El zarpazo contra RCTV, les va a salir caro a Chávez y su gobierno. La mayoría del país está clara en cuanto a lo trascendente del concierto mafioso del poder que fue descargado contra esa empresa televisiva, tan criticada –con razón- y a la vez tan metida en la historia cultural de Venezuela, desde 1953 hasta hoy, cuando Chávez y sus adulantes medradores le han dado tremendo palo cochinero. Desde el 28 de diciembre pasado, cuando el presidente anunció la no renovación de la concesión de transmisiones abiertas de RCTV, se descargó toda una campaña abusiva de poder, en la cual han participado los más altos dignatarios de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, sin ningún reparo por parte del Poder Ciudadano, supuestamente garante de la constitucionalidad.
¿Quién le para el trote a Chávez? “Fuenteovejuna, Señor”. Es la historia, la que habla. Son los pueblos, los que deciden, en su momento, no importa cuánto poder mafioso y desconsiderado los opriman, amenacen o coaccionen. En pleno siglo XXI, nadie puede hacer lo que le dé la gana, por mucho tiempo, en el ejercicio del poder. Simplemente, no es posible. Ni con petrodólares, ni con el pretendido control desconsiderado y falta de respeto de los oficiales de la Fuerza Armada Nacional, ni con la decisión de armar un partido único gubernamental alimentado con el abuso de poder, el peculado de uso y la coacción.
El presidente Hugo Chávez Frías está entrando en la etapa final de su gobierno, que puede prolongarse hasta las elecciones de 2012 –eso deseo-, pero definitivamente camino al ocaso. Democráticamente, será sepultado históricamente por la mayoría del pueblo venezolano. Y vivirá para sufrirlo, porque tanto abuso de poder tiene que ser sancionado con el peso histórico del bravo pueblo venezolano, que colectivamente encontrará las salidas más apropiadas para retomar el cauce de dignidad, respeto, justicia y convivencia que hemos perdido en estos ocho años de oprobio militarista y autocrático. Los acontecimientos –al margen de quienes sufren nostalgia del poder perdido- irán dibujando el futuro. Es cuestión de inteligencia, dignidad, valentía y constancia, fibras esenciales de la venezolanidad, en todo tiempo.
[*] Manuel Isidro Molina / E-mail: manuelisidro21@gmail.com / mim_consultores@yahoo.com
Imprimir
Enviar |
|
|
Volver |
|
|
|
Portada |
|