Contrarréplica 3 al carácter ilícito
de las Ganancias Capitalistas
Manuel C. Martínez M.* / Soberania.org - 29/05/07
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De momento, pasaré por alto su educación en materia de dialogación, pero, en beneficio de la pedagogía "revolucionaria", aunque sé que usted tiró la toalla en esta discusión (conste que respetamos su derecho de hacerlo), debo manifestarle que sigue preocupándome sus razonadas especulaciones económicas, que merecerían mis felicitaciones, si no chocaran contra sus razonables confusiones y asomos reiterados de suficiencia en esta materia de Economía Política, una ciencia que muchísima gente (profesional y paraprofesional) todavía sigue ignorando, y, por la misma razón, hasta se atreven a descalificarla prematuramente a partir de unos deleznables rudimentos técnicos y terminológicos impuestos por la interdisciplinariedad científica, por parte de algunos, y de otros, por la pesca en río revuelto, gratuita o remuneradamente, que significa un proyecto socialista comunista marxista que sigue a la espera de mejores condiciones de maduración social para poder imponerse, y que mucho menos lo haría dentro del estrecho cajón de un pseudosocialismo que ande de la mano, o pretenda convivir con el infranqueable poderoso contraesfuerzo capitalista por seguir aplastando cuanto conato de revolución halle en su paso o entorno inmediato (caso del SSXXI).
El siguiente texto le pertenece y lo tomé de su última contrarréplica 3:
"¿Cómo que Smith y Ricardo están obsoletos?, si Marx les copió al pelo la teoría del valor trabajo .. ¿O no?"
Esa interrogante es muy suya, señor Alberto.
Permítame aclararle que la obsolescencia de esos economistas, Smith y Ricardo, de ninguna manera responde a su concepción del VALOR TRABAJO; usted está muy confundido, y créame que lo comprendo. Conocemos expertos marxistas y no marxistas de connotada figuración literaria mundial que se han estrellado contra este meollo.
Tal concepción sobre el VALOR TRABAJO fue admitida ampliamente por el mismo Karl Marx, particularmente porque con ese descubrimiento se terminó con las concepciones fisiocráticas que privaban en la cosmovisión feudal del momento. Esta concepción no está en discusión sino que cegata, inconsciente y aburguesadamente esos ortodoxos terminaron justificando la obtención de ganancias por concepto de compraventa (mercado) de medios de producción y de mercancías en general (entre estas, la mercancía mano de obra), y negaron posibilidades de crisis económicas para el sistema capitalista..
Con las demostraciones de Karl Marx, sobre la conversión del comercio de mano de obra, contratada en los centros industriales, en explotación capitalista, la concepción de los ortodoxos quedó obsoleta.
Lo que sigue en discusión para algunos es que las ganancias resultan ilícitas porque sus beneficiarios no trabajan, y justifican esa leonina distribución de la riqueza sobre la base de que son "dueños" del capital. Ser dueño de capital no implica trabajo alguno, sólo se trata de una histórica relación social a secas. Cuando los actuales dueños del capital pierdan sus actuales derechos de propiedad privada y se conviertan en simples trabajadores potenciales, entonces desparecerán las ganancias, no sólo las ilícitas del momento vigente sino que esta categoría económica perderá sentido, habida cuenta de que todo el valor agregado en cada proceso de producción pertenecerá a todos los cotrabajadores, de tal manera que ya nadie podrá retener para sí parte ni alícuota alguna de ese VA, si no ha participado en su creación sólo mediante trabajo personal.
La división del trabajo manufacturero aumentó la productividad del trabajador medio y les "confirmó" a los ortodoxos o clásicos de la Economía la capacidad creadora del valor trabajo, pero al mismo tiempo las mejoras productivas del trabajador salarial aportadas por los medios de producción erróneamente les permitió justificar a sus dueños una partición del valor creado por ese trabajo, humano per se.
Digamos que esa concepción y ricardosmithiana fue muy importante para el avance en la Teoría Económica sobre Fuente del Valor, en cuanto eficazmente echó por tierra la concepción fisiocrática que atribuía capacidad productiva a la tierra del terrateniente medieval, lo que derivaba en ganancias ilícitas en favor de esta parasitaria personalidad.
Los ortodoxos Smith y Ricardo finalmente le atribuyeron capacidad creadora de valor al capital comercial y financiero, y asimilaron el intercambio de valores de uso con el de valores de cambio, o sea, pensaron que la llamada Economía Mercantil Simple, de por sí exenta de crisis, según la Ley de Say, era extensible a la Economía Capitalista que se rige por la Tasa de Ganancia adquirible en el mercado. El valor trabajo de esos economistas fue un aporte científico que no logró ir al fondo en materia de la Distribución de esa Riqueza creada en los centros industriales de producción, que usted ejemplariza con areperas.
La distribución excedentaria ortodoxa de la riqueza, más allá del monto de las depreciaciones amortizables, entre dueños de los medios de producción que funcionen en la producción, en el comercio, en los asalariados y en la banca privada, se afirma en la falsa atribución de capacidad productiva per se del capital constante (inversión en materias primas, alquileres, energéticos y afines), y en considerar a la mano de obra como una mercancía más que el inversor compra según las leyes de mercado, y consecuencialmente da por justa la paga salarial.
Digamos que con aquellos economistas ortodoxos quedó justificado el monto salarial de la mano de obra industrial y agroindustrial, se reconoció que el trabajador era el elemento clave en materia de productividad, y no la tierra, tierra que por pertenecer en propiedad privada a los terratenientes, a estos debían parar sus frutos. Con ese nuevo argumento teórico, la explotación feudal cedió paso a la explotación capitalista mediante capital dinerario para máquinas, galpones, mano de obra y afines, mercancías terminadas, dinero, etc.
Como el capital se halla en manos privadas, sólo unos pocos compran medios de producción y mano de obra asalariada. Los trabajadores se limitan a vender su fuerza de trabajo. Aquellos dejan de trabajar y se dedican a usufructuar y disponer de ganancias ilícitas para costearse su holgada vida, y para potenciar su capacidad de explotación hasta que se presente la crisis final de producción. A los segundos se les va la vida como tales asalariados.
Como los comerciantes y banqueros coparticipan con capital en la realización de la oferta-demanda, mediante la compra de mercancías terminadas y semiterminadas, de demanda final e intermedia, de locales o pago de alquileres y demás bienes de oficina, aportes de capital dinerario, etc., a estos terminó atribuyéndoseles una coproductividad de valor de cambio.
Tal concepción es la que mantiene viva la concepción capitalista y contradictoriamente busca solucionar las crisis de producción como si fueran crisis de mercado, con menos precios, mejor calidad, tasas de interés, etc., cuando de lo que se trata es de crisis de producción capitalista causada por la obtención ilícita de unas ganancias que al capitalizarse forzosamente desarrollan más la apetencia de nuevas ganancias ilícitas, al margen de la satisfacción final de la sociedad en bienes de consumo, como la arepa que a usted tanto le gusta modelar, al lado de enormes y crecientes volúmenes de mercancías oportunamente invendibles.
Por lo demás, su confusión obedece a su pretendida demostración de conocer más al Señor Heinz Dieterich que al propio Marx a quien usted pretende descalificar, una fallida descalificación que presumiblemente la hace usted por seguir a pie juntillo las asesorías del primero. Le adelanto que su admirado y teutón asesor sigue aferrado, en los actuales prolegómenos del este milenio, a lo que desde hace muchas décadas se conoce como SOCIALISMO DOMESTICADO, ahora reetiquetado en las imprentas del chavismo venezolano como "Socialismo del Siglo XXI"*.
El SSXXI ha planteado salir del capitalismo de la mano del capitalismo. A esta modalidad la piensan como novedosa fase de transición que supuestamente no han transitado los ensayistas de "socialismos" precedentes (según los panegíricos de este socialismo domesticado).
Por esta razón es imperativo señalarles que, en primer lugar, la fase de transición, debe discurrir necesariamente entre un modo de vida, o de producción, y su relevo inmediato. Cualquier modalidad de transición, llevada a cabo dentro del modo saliente, o capitalismo continuado al lado de las primeras fases del nuevo modo, como el propuesto SSXXI, no es lo que recomiendan los asesores y teóricos del marxismo clásico. *El socialismo no nace de las entrañas del capitalismo. De estas sólo nacen las premisas permisivas de esa transición tales como la sobreproducción invendible gracias al desatado desarrollo de las fuerzas productivas en maquinaria, tecnologías, y mano de obra de explosivo crecimiento.
No se trata de llevar a cabo una mezcolanza de socialismo domesticado al lado y concomitantemente con empresas capitalistas. De lo que se trata es de la fase precomunista, o sea del Socialismo Científico. Este supone una expropiación generalizada de la alta y mediana propiedad capitalista, bajo la administración del asalariado, con un Estado Socialista.
Cumplida esta fase de transición durante la cual se perseguiría la extinción de la cultura burguesa, y se perfilaría el futuro hombre comunista, entonces y ante el desarrollo consecuente de las fuerzas productivas socialistas, el comunismo haría su entrada. Esta metamorfosis ocurriría cuando se agote el Socialismo transicional, ya libre de influencias y cortapisas capitalistas que a manera de vestigios seguirían acompañando al sistema durante su gestación.
(*) Manuel C. Martínez M. - Economista (Colegio Econ. #39) -
Email: venasun@hotmail.com
web: www.pagina.de/sadelas
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