La psicología de masas del fascismo - II
Pablo Hernández Parra*
/ Soberania.org - 05/06/07
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Hoy día queda claro para todo el mundo que “fascismo” no es la acción de un Hitler o un Mussolini, sino la expresión de la estructura irracional de los hombres-masa. El fascismo del siglo XX planteó la cuestión básica de la conformación del carácter humano, de la mística humana y de las ansias de autoridad, que corresponde a un periodo de unos cuatro a seis mil años.
La política marxista no había tenido en cuenta, en su práctica política, la estructura caracteriológica de las masas ni el efecto social del misticismo.
El resultado fue una brecha entre el desarrollo de la base económica, que empujaba hacia la izquierda, y el de la ideología de amplias capas que se derechizaban. Esta brecha no fue advertida. Por eso tampoco podía formularse la pregunta de cómo es posible que las amplias masas se vuelvan nacionalistas en medio de la pauperización.
No se advirtió que en los comienzos de su desarrollo, al transformarse en un movimiento de masas, el fascismo se dirigió primero contra la gran burguesía, y que no se le podía neutralizar calificándole de “mero guardián del capital financiero”, aunque sólo fuera porque se trataba de un movimiento de masas.
Fueron precisamente las masas pauperizadas las que ayudaron a que el fascismo, la reacción política más extrema, tomara el poder.
Es, pues, una cuestión del papel que cumplen la ideología y la actitud emocional de estas masas como factor histórico, una cuestión de la “repercusión de la ideología sobre la base económica”. Si la miseria material de amplias masas no ha llegado a una convulsión en el sentido de la revolución social, si de la crisis han surgido ideologías objetivamente opuestas a la revolución, entonces la evolución de la ideología de las masas durante los años críticos ha inhibido el “desarrollo de las fuerzas productivas”.
El problema fundamental estriba, pues, en qué es lo que condiciona la divergencia descrita o, dicho de otro modo, qué es lo que impide la consonancia de la situación económica con la estructura psíquica de las masas. Por consiguiente, todo depende de qué se capte la naturaleza de la estructura psicológica de las masas y su relación con la base económica de la que surgió.
Si una “ideología repercute sobre el proceso económico” es porque se ha convertido en una fuerza material. Si una ideología se convierte en fuerza material cuando se apodera de las masas, debemos seguir preguntando: ¿De qué modo sucede eso? ¿De qué modo un estado de cosas ideológico, por ejemplo una teoría, puede producir un efecto material que conmocione la historia?
La ideología de cada formación social no sólo tiene la función de reflejar el proceso económico de la sociedad en cuestión, sino sobre todo la de enraizarlo en las estructuras psíquicas de los hombres de esa sociedad. Los hombres están sometidos a sus condiciones existenciales por vía doble: directamente por el influjo inmediato de su situación económica y social, e indirectamente por la estructura ideológica de la sociedad; por tanto, siempre tienen que desarrollar en su estructura psíquica una contradicción entre el influjo de la situación material y el de la estructura ideológica de la sociedad.
Una ideología social, al modificar la estructura psíquica de los hombres, no sólo se ha reproducido en el interior de estos hombres, sino que además – y esto es aún más importante –, en la forma del hombre así concretamente modificado y que por lo tanto actúa de modo distinto y contradictorio, esta ideología se ha convertido en fuerza activa, en poder material. Así y solamente así se explica la repercusión de la ideología de una sociedad sobre la base económica de la que ha surgido.
El obrero medio está sometido a una contradicción y, por tanto, no es ni inequívocamente revolucionario ni palmariamente conservador, sino que se encuentra en conflicto: su estructura psíquica se deriva, por una parte, de su situación social, que le prepara para una actitud revolucionaria, y por otra de la atmósfera general de la sociedad autoritria, que contradice esa actitud.
Es decisivo reconocer esa contradicción y averiguar cómo se manifiesta concretametne en el obrero lo reaccionario y lo progresista y revolucionario. Desde luego, el mismo planteo vale para los sectores medios.
Creer que las masas son susceptibles de una mera obnubilación signfica tener una muy baja opinión sobre ellas. En realidad, todo orden social produce en masas que lo forman las estructuras necesarias para alcanzar sus fines principales. Sin estas estructuras psicológicas de masas la guerra sería imposible. Existe una importante relación entre la estructura económica de la sociedad y la estructura psicológica de sus miembros; no sólo en el sentido de que las ideologías dominantes son las de la clase dominate, sino –lo que es más importante para la solución de problemas prácticos en política– en el de que tambien las contradicciones de la estructura económica de una sociedad están enraizadas en las estructuras psicológicas de las masas oprimidas. De otro modo, sería impensable que las leyes económicas de una sociedad no consiguieran llegar a una eficacia concreta más que a través de la acción de las masas sometidas a sus leyes.
Nunca dejará de ser un misterio para ellos (los marxistas vulgares. N.N) que jamás habrá una situación sin salida para la reacción política, y que una crisis económica aguda puede llevar tanto a la liberación social como a la barbarie. En vez de deducir su pensamiento y su acción de la realidad social, los marxistas vulgares transforman la realidad en una fantasía que se corresponda con sus deseos.
Las estructuras del carácter, que corresponden a determinada situación histórica, se forman en su rasgos fundamentales en la primera infancia, y tienen un carácter mucho más conservador que las fuerzas productivas técnicas. De ello que con el tiempo las estructuras psíquicas van retrasándose respecto del desarrollo de las condiciones sociales que les dieron origen y que evolucionan rápidamente, y entran en conflicto con las formas ulteriores de vida. Éste es el rasgo fundamental de la llamada “tradición”, es decir dela contradicción entre la vieja y la nueva situación social.
El pensar y el actuar irracionales de las masas, que se contradicen con la situación socioeconómica inmediata, son ellos mismos la consecuencia de una situación socioeconómica anterior, más antigua. Suele explicarse la retardación de la conciencia social a partir de la llamada tradición. Pero hasta ahora no se ha investigado qué es esa “tradición”, en qué fenómeno psíquicos se traduce. Hasta ahora el economicismo no se ha dado cuenta de que la cuestión esencial no es la de que el trabajador posea conciencia de su responsabilidad social, ni de cómo la posea (¡eso se sobreentiende!), sino la de averiguar que es lo que traba el desarrollo de la conciencia de su responsabilidad.
La psicología social, en cambio, se formula la pregunta contraria: lo que hay que explicar no es por que roba el hambriento o hace huelga el explotado, sino por que la mayoría de los hambrientos no roba y por que la mayoría de los explotados no entra en huelga. Por tanto, la economía social explica por completo un estado de cosas social cuando las acciones y las ideas racionales y adecuadas a su fin, es decir cuando sirven a la satisfacción de las necesidades y reflejan y prolongan directamente una situación económica. En cambio, falla cuando el pensar y el actuar de los hombres se contradicen con la situación económica, es decir cuando son irracionales.
Ser radical, de acuerdo con lo que decía Karl Marx, significa “ir a la raíz de las cosas”. Si se va a la raíz de las cosas, si se comprende su proceso contradictorio, estará asegurada la victoria sobre lo reaccionario. Si no se las comprende, se aterriza, voluntariamente o no, en el mecanicismo, en el economicismo o también en la metafísica, y necesariametne se sucumbe. Por lo tanto, una crítica tiene un sentido y un valor práctico sólo si está en condiciones de mostrar en qué punto se pasaron por alto las contradicciones de la realidad social.
¿Significa esto que la teoría económica del marxismo es fundamentalmente falsa? Quisiera ilustrar esta cuestión mediante un ejemplo. ¿Son “falsos” el microscopio de la época de Pasteur o la bomba de agua que construyó Leonardo da Vinci? El marxismo es una teoría económica científica que proviene de las condiciones sociales de principios y mediados del siglo XIX. Pero el proceso social no se detuvo, sino que se prolongó en el proceso fundamentalmente distinto del siglo XX.
Marx halló que la vida social está dominada por las condiciones de la producción económica y por las luchas de clases que surgen de aquéllas en un determinado momento histórico. Sólo en pocas oportunidades los dueños de los medios de producción sociales se sirven de la violencia brutal para dominar a la clase oprimida; su arma principal es el poder ideológico que mantienen sobre los oprimidos y que fortalece considerablemente al aparato del Estado. Ya sabemos que Marx veía en el hombre vivo y productor, con sus atributos psíquicos y físicos, la primera condición de la historia y de la política. Marx no investigó la estructura del carácter del hombre que actúa, el llamado “factor subjetivo de la historia” en sentido marxista, porque Marx era un sociólogo, no un psicologo, y porque en aquella época no existía una psicológica científica. La sociología de Marx, al desconocer la psicología de masas, contrapuso el “burgués” al “proletariado”. Esto es psicologicamente erróneo. La estructura del carácter no está restringida al capitalista, sino que abarca a los trabajadores de todos los oficios. Hay capitalistas liberales y obreros reaccionarios. No hay límites de clase relativos al carácter.
La sociología sexo-económia nació del esfuerzo de armonizar la psicología profunda de Freud con la doctrina económica de Marx. Procesos instintivos y socio-económicos determinan la existencia humana; pero debemos rechazar los intentos eclécticos que intentan combinar arbitrariamente “instinto” con “economía”. La sociología de la economía sexual resuelve la contradicción que hizo olvidar al psicoanálisis el factor social y el origen animal del hombre al marxismo. Como lo formulé en otro lugar: el psicoanálisis es la madre y la sociología el padre de la economía sexual. Pero un hijo es más que la suma de los padres. Es un ser viviente nuevo, independiente, cargado de futuro.
La psicología sexo-económica de la estructura agrega la descripción económica de la sociedad la descripción del carácter y la biológica.
La psicología politica tiene, pues, una tarea bien delimitada. No puede explicar, digamos, el surgimiento de la sociedad de clases o el modo de producción capitalista.
En cambio, tan sólo ella –y no la socioeconomía– está capacitada para investigar cómo se estructura el carácter del hombre de una época, cómo piensa, cómo actúa, cómo se manifiestan en él las contradicciones de su existencia, cómo intenta dominar su vida, etc. Es cierto que ella sólo examina al hombre individual; pero cuando se especializa en la investigación de los procesos psíquicos típicos y comunes a una capa, clase, sector de ocupación, etc., descartando las diferencias individuales, se convierte en psicología de masas.
Primera parte:
La psicología de masas del fascismo - I
Pablo Hernández Parra*
/ Soberania.org - 01/06/07
(*) Pablo Hernández Parra
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