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Caracas / Venezuela -
 


El regreso del idiota: Hugo Chávez
Michael Rowan - VenEconomía* / Soberania.org - 31/05/07


El regreso del idiota: Hugo Chávez

Tal vez no haya nada sorprendente en el poderoso regreso de las “especies de idiotas responsables por el subdesarrollo de América Latina”, tal como Álvaro Vargas Llosa describe esa aberrante raza política; pero de cualquier manera, es triste leer sobre ella. La región todavía no ha logrado resolver el problema de la pobreza y sus idiotas necesitan un chivo expiatorio.

La visión que Chávez tiene de la pobreza no se sustenta sobre ningún fundamento intelectual. Cuando de pobreza y desigualdad se trata, que según el idiota fueron impuestas por los ricos sobre los pobres, Chávez no percibe ni el problema ni la solución.

La pobreza y la desigualdad son producto de la globalización únicamente en un sentido muy limitado. Al incrementarse el número de seres humanos a seis mil millones de personas durante las siete generaciones desde 1820, dos mil millones de personas alcanzaron un estilo de vida cómodo del que nadie había disfrutado nunca antes y cuatro mil millones de personas empezaron a vivir desde el punto de vista material cinco veces mejor que lo que los humanos habían vivido antes en el planeta. El idiota no percibe esto como un triunfo sino como un fracaso.

De hecho, la globalización inventó la pobreza y la desigualdad porque antes de que ella apareciera, la única experiencia universal de vida era la pobreza; era una condición de vida. Incluso emperadores y reyes del pasado tuvieron niveles de vida con una calidad muy inferior a la que se encuentra entre los cuatro mil millones de “pobres” que actualmente habitan la Tierra. Para Estados Unidos, este hecho fue documentado en “The Good Old Times, They were Terrible”, un trabajo que describe cómo era en realidad vivir en Nueva York sin ninguna de las comodidades de la vida moderna.

Pero en el relativo, globalizado, frágil, complejo e interdependiente mundo actual, la oportunidad política del idiota reside no en el hecho de que cinco de cada seis no existiría si la globalización (y todos sus horrores) no hubiera tenido lugar, sino en que a dos de cada seis les está yendo mejor que al resto: desigualdad relativa. Y es por esta razón que la idiotez del populismo encuentra aceptación; la gente desconoce la historia y la edad promedio en América Latina no llega a 30 años.

Devolver el reloj de la globalización implica regresar a un planeta con un mil millones de habitantes, 99% de los cuales vivía una vida salvaje, desagradable y breve. Pero ésta es la solución idiota de un análisis idiota del problema de la pobreza.

Chávez, a quien Vargas Llosa describe en “El retorno del idiota”, no ve ni la más mínima gota de ironía en el hecho de que sus $100 millardos de ganancias inesperadas e inmerecidas desde 2004, apenas una migaja de los $45 billones de la economía global, provienen de la posesión geológica accidental que Venezuela tiene de un recurso que la globalización necesita para mantener funcionando el delicado motor del crecimiento.

Si Venezuela no poseyera ese recurso, absolutamente nadie escucharía una sola palabra de sus idiotas peroratas, las cuales martillean los cerebros de los venezolanos 40 horas a la semana, y en aumento... “Socialismo o muerte” en realidad significa “muerte o muerte”.

Uno de los perversos placeres que ofrece la lectura de Vargas Llosa es seguir su viaje a través de las mentes de los intelectuales de Occidente que apoyan a idiotas como Chávez.

Vargas Llosa escribe: “Nuevamente, importantes académicos y escritores están proyectando su idealismo, sus conciencias llenas de culpa o sus quejas contra sus propias sociedades sobre la escena latinoamericana (… ) propagando absurdos que moldean las opiniones de millones de lectores y santifican al idiota latinoamericano”. Amén.

Recuerda a Chávez “publicitando” el libro “Hegemonía o supervivencia. La estrategia imperialista de Estados Unidos” de Noam Chomsky, en su discurso en la ONU, cuando Chávez llamó “diablo” a George W. Bush, y a Chomsky alabando el éxito de Chávez contra el analfabetismo, las enfermedades y la pobreza en Venezuela, cosa que es falsa de toda falsedad, pero Chomsky nunca verificó los hechos. Las alabanzas que Chomsky hace de Chávez por haber enfrentado el desastre de la pobreza venezolana, de hecho, equivalen a los elogios que Bush merece por la forma como enfrentó el desastre del huracán Katrina en Nueva Orleáns.


Vargas Llosa menciona a premios Nobel que adoran a los idiotas latinoamericanos: La opinión de Harold Pinter de que Estados Unidos derrotó a los sandinistas en Nicaragua cuando en realidad hay que agradecérselo a los electores. La idea que tiene Joseph Stiglitz de que Chile alcanzó el éxito gracias a que el Estado era propietario y controlaba la economía, cuando en realidad las políticas de libre mercado son una mejor explicación.

Lo que piensa Günter Grass de que los cubanos no se han percatado de la ausencia de derechos humanos porque se sienten orgullosos del comunismo, cuando, en realidad, la historia de los derechos humanos allí es una perenne atrocidad que Grass prefiere ignorar. La ideología juega malas pasadas a la mente, similares a una neurosis. Vargas Llosa también podría haber agregado a la lista a los amantes de la idiotez: Jimmy Carter, Joseph Kennedy, Jesse Jackson, Jack Kemp, Rudy Giuliani, Dennos Kucinich y Chriss Dodd, presidenciables de Estados Unidos, quienes admiran a Chávez, o su dinero, con efusiva reverencia. Mientras la gente en Estados Unidos se apresura a denunciar la idiotez del asesino autor de la masacre en Virginia Tech., algunos encuentran espacio para alabar a los idiotas que cometen sus actos violentos sin que nadie los vea. En Venezuela mueren más personas a diario que en cualquier otro lugar, salvo en Irak.

“Este lapsus intelectual sería prácticamente inocuo si no tuviera consecuencias”, escribe Vargas Llosa. “Mas, por el hecho de que legitima un tipo de gobierno que está en el corazón del subdesarrollo económico y político de América Latina, este lapsus constituye una forma de traición intelectual”.
No se trata precisamente del tipo de traición que conduce a muchos a las cárceles en Venezuela y Cuba hoy en día, lo que puede atestiguar un gran número que cree en los derechos humanos y la libre expresión.

Este lapsus intelectual también oscurece la principal amenaza a la seguridad que enfrenta Estados Unidos actualmente. Ya sería suficientemente malo que la idiotez de Chávez estuviera confinada únicamente a Venezuela, o América Latina. Pero no es así. Chávez ha logrado infiltrarse en el sistema estadounidense de una manera tal que podría sabotearlo, y pronto.

La idiotez de combatir la inflación eliminado tres ceros a la moneda, o combatir la escasez de alimentos instalando gallineros verticales en los techos de las casas, o de luchar contra el desempleo creando una reserva armada de un millón de personas leales únicamente al caudillo, o de enfrentar la pobreza en Catia subsidiando petróleo para Boston, es una cosa. Pero ¿qué podría hacer el idiota con los misiles antibuque BrahMos, los que de hecho tal vez sean parte de su lista de compra de armamento militar por $5 millardos para 2007?

El BrahMos supersónico es un misil de fabricación india/ rusa que se lanza desde tierra, mar o aire y vuela rozando la superficie a una velocidad de Mach 3 con una ojiva de 650 libras y un alcance considerable, promocionado por sus fabricantes como “el misil crucero supersónico universal”. Con un costo de $2 millones cada uno, estos misiles están fuera del alcance de la mayoría de los idiotas, pero no de uno que ha tenido un extra de $100 millardos de ganancias petroleras adicionales desde 2004.

Un idiota que cree en el “¡socialismo o muerte!” y que tiene $5 millardos de nuevos juguetes militares,
control absoluto sobre un gobierno soberano, tanto petróleo como los sauditas (si se cuenta el crudo pesado), tanto dinero como Bill Gates y más presencia en los negocios, la política y la TV estadounidense que cualquier extranjero en el planeta no es simplemente una amenaza para América Latina; así como no es una simplemente amenaza para el Medio Oriente, el otro idiota que cree que el “Holocausto es un mito” y que “Israel debería ser borrado de la faz de la Tierra” y que está desarrollando armas nucleares.

Precisamente qué se considera intelectual es el tema de Vargas Llosa.

Los intelectuales de Occidente tienen una inmensa capacidad para tolerar el disenso y la crítica, lo que representa un rasgo admirable cuando el intelectual es honesto. ¿Dónde está la crítica intelectualmente honesta de Chávez? Él mismo no es un intelectual; sus citas, desde Jesús hasta Bolívar, sugieren que nunca ha leído más allá de la carátula de un libro, pero Chomsky, Carter, Pinter, Belafonte, el New York Times, y una buena parte del pensamiento occidental, deben jugar según reglas intelectuales imparciales.

Es profundamente deshonesto que los intelectuales occidentales legitimen a Chávez sin realizar una búsqueda rigurosa de la verdad sobre lo que dice y hace en Venezuela, América Latina, Estados Unidos y el mundo, e incluso las estaciones de gasolina donde llenan sus autos o en sus televisores donde Joe Kennedy dice “la ayuda está en camino” refiriéndose a Chávez.


Si cualquiera que se precie de intelectual se tomara la molestia de buscar, encontraría suficiente evidencia de que Chávez no es lo que dice ser, sino todo lo opuesto. “El último Rey de Escocia” no es simplemente una película sobre Idi Amin, es una metáfora sobre Chávez que resuena con gruñidos y carcajadas histéricas desde el fondo de los venezolanos de todos los colores políticos.

Los hechos están allí para que cualquiera los evalúe: Chávez no es un demócrata. No ha sido elegido con transparencia ni con imparcialidad. No está combatiendo la pobreza ni la desigualdad. No está defendiendo los derechos humanos, la paz o la estabilidad.

No es más que una persona agresiva, habilidosa para torcer la verdad. Es más experto en engañar que cualquier otro gobernante de cualquiera otra nación soberana en el mundo. “Causa un placer secreto muy especial”, dijo una vez Adolfo Hitler, “ver cómo quienes nos rodean ignoran lo que les está pasando realmente”.

He aquí un desafío intelectual para aquéllos que se interesan en analizar la capacidad de las armas militares, económicas y políticas en la guerra asimétrica, el juego planteado por Chávez. El Presidente venezolano es el único idiota del mundo que puede poner en marcha e intensificar una provocación militar estratégica, un pánico petrolero, una crisis de los mercados y una recesión mundial, todo esto junto y al mismo tiempo. Con Bush, el complemento propagandístico perfecto para el idiota, fuera del Gobierno en enero de 2009, la ventana de oportunidad para el ataque del idiota se extiende desde ahora hasta finales de 2008. Piénsenlo. ¿Cuándo es el momento perfecto para que ataque el corazón del capitalismo, el imperialismo y el colonialismo? ¿Cuándo es el momento para que llame a sus amigos en Estados Unidos para que lo apoyen? Y, por supuesto, se estará defendiendo de un ataque de Estados Unidos, pueden estar seguros de este engaño.

Álvaro Vargas Llosa nos ha hablado sobre la idiotez. Y el propio Chávez ha agregado una advertencia. “Los que piensan que estoy improvisando… están muy equivocados”, aseguró hace apenas unos meses. ¿No es momento de que el mundo occidental someta a Hugo Chávez al mismo escrutinio intelectual al que ha sometido a George W. Bush?

 

[*] Michael Rowan / E-mail: michaelrowan22@gmail.com / Nota del Editor: Los lectores de VenEconomía Mensual pueden tener acceso al texto completo del artículo “The Return of the Idiot” de Álvaro Vargas Llosa en la página web de “Foreign Policy”: http:// www.foreignpolicy.com/story/cms.php?story_id=3805

 



[*] VenEconomía Opina



 


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