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Caracas / Venezuela - Lunes 16/06/03
 


Vox Dei (II)
Walter Martínez (Dossier) / Últimas Noticias (Venezuela) - 15/06/03


A todas las personas de buena voluntad (*)

“Todo país dividido en bandos enemigos se destruye a sí mismo” (Lucas 11,17 )

La confrontación política sigue en primer plano en la Venezuela cargada de tensiones. Los grandes problemas estructurales siguen vigentes y actuales: desempleo, inseguridad, deterioro ambiental... El camino constitucional abre espacios para que, con la participación de la comunidad organizada en corresponsabilidad con el Estado democrático, nacional y local, civil y militar, se ofrezcan cauces de solución real.

La confrontación política llegó a niveles de altísima tensión durante el golpe de abril de 2002 y en los sucesos posteriores, como el paro petrolero de diciembre-enero 2003. La exacerbación política, fruto de factores tanto internos como externos, llegó a niveles tales que estuvo a punto de hundir la economía del país y la convivencia social. El rescate constitucional, más que un hecho político, manifiesta una voluntad de ética social que es necesario valorar en los actuales momentos. No se puede justificar éticamente el incremento de la conflictividad política fomentada con la finalidad de desprestigiar o hundir al adversario.

La sociedad venezolana, tanto civil como militar, dio una demostración asombrosa al lograr bordear los límites éticos de la confrontación y regresar a la vía constitucional para el tratamiento de los conflictos.

Pero este enorme esfuerzo requiere complementarse con la recuperación y reorientación de la actividad social, económica, política, cultural, que permita alejar la conflictividad de los límites de ruptura. El cauce constitucional se ha recuperado y valorado, pero ahora urge avanzar en un acuerdo político común entre los actores sociales de verdadera vocación democrática, para superar los problemas que requieren un esfuerzo de unidad nacional.

Cuánto se podría hacer en orden a lograr la unidad en la diversidad para resolver los graves problemas que agobian a la población del país, como la producción de insumos para la seguridad alimentaria, la dinamización de la economía social para la generación de empleo, el esfuerzo común para superar la insalubridad humana en nuestras grandes ciudades...

La vía constitucional requiere la unidad consciente de la comunidad nacional para aislar los extremos sociales -sectarios o fanáticos, capaces de hundir el barco por querer asumir su dirección. A nivel de la sociedad organizada y sus líderes políticos, parece tenderse a cumplir lo que observadores extranjeros aprecian en la espiritualidad de las comunidades cristianas inmersas en los medios populares: sus líderes formales, como los obispos o jerarquías institucionales, tendrán mucho que correr para alcanzarlas en su discernimiento y compromiso por la paz y el avance social.

Las comunidades cristianas y las personas de buena voluntad que se forman en el espíritu de solidaridad con criterio maduro, sin ingenuidades pero con esperanza, tienen un rol decisivo en la reconstrucción de la unidad nacional. Y ayudar así a contestar preguntas vitales para la vida de la gente, como las formuladas por el teólogo Leonardo Boff en su libro La Dignidad de la Tierra: "¿Qué educación necesitamos para rehacer una alianza con simpatía, reencantamiento y veneración hacia la naturaleza? ¿Cómo serán nuestras ciudades a escala humana para que favorezcan las virtudes sociales y refuercen los lazos de la convivencia y de la comunión? ¿Qué tipo de poesía ayuda a redescubrir el misterio del mundo y a tornar sensibles a las personas ante los fenómenos de las interrelaciones de todos los seres? ".

La firma de un acuerdo político entre representantes del gobierno y de la oposición democrática, con la facilitación del Pnud, el Centro Carter y la OEA, representa un paso adelante para rescatar la convivencia social. Sin embargo, los hechos violentos ocasionados con motivo de una manifestación opositora en la popular zona de Catia y su tratamiento mediático exacerbador de la confrontación, hacen necesario no perder la actitud de alerta. En este sentido, el debate planteado en la Asamblea Nacional en relación al Proyecto de Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión, resulta clave para el avance hacia una sociedad democrática responsablemente participativa.

El debate final que lleve a la sanción de esta Ley, debe ser de un intenso contenido espiritual en el marco histórico que le toca vivir a la gente de la Venezuela en transformación. Como lo plantean el obispo brasileño Pedro Casaldáliga y el padre claretiano José María Vigil:

"La espiritualidad no es patrimonio exclusivo de personas especiales, profesionalmente religiosas, o santas; ni siquiera es privativa de los creyentes. La espiritualidad es patrimonio de todos los seres humanos. Más aún, la espiritualidad es también una realidad comunitaria; es como la conciencia y la motivación de un grupo, de un pueblo. Cada comunidad tiene su cultura, y cada cultura tiene su espiritualidad ".

Las comunidades deben estar alerta sobre el avance o deterioro espiritual que producen cotidianamente los medios de difusión masivos. En medio del conflicto, atentos a la sentencia de Jesús, todos estamos llamados a construir la unidad nacional sobre una base ética que permita avanzar en la transformación pacífica de Venezuela".

Caracas, 31 de Mayo de 2003. (*) In Memoriam.

Mis primeras lecciones sobre lo que Juan Pablo II define como "Capitalismo Salvaje", las recibí de los profesores de mi Colegio Pío, en Uruguay, centenaria y elitesca Casa Salesiana (CX1-CP) formadora de futuros líderes políticos. Los seguidores de la Obra de Don Bosco llenaban inteligentemente el vacío histórico dejado por los Jesuitas expulsados del Sur por ser, alguna vez, "revolucionarios".

Tan solidaria era nuestra formación, que nuestras famosas instalaciones deportivas, y nuestro Teatro de tres niveles, eran compartidos los fines de semana con los muchachos de los barrios marginales, como el famoso "Mediodía", con los cuales obligatoriamente jugábamos al fútbol y al básquet, y no pocas veces terminábamos fajados a puñetazos mientras los curas trancaban las puertas y se remangaban la sotana, repartiendo tortazos de igual a igual. Entre nuestros curas profesores, la mayoría procedentes de las potencias europeas, catiritos todos, se destacaba por su aire de santidad en el Altar y por su furia contenida en la Cátedra de Sociología Cristiana, uno de piel latinoamericana:

El Padre Mola, de origen paraguayo, "Capellán de Asalto" en la Guerra del Chaco. Significaba avanzar en primera línea junto con la Infantería, sin más protección que una camisa anudada a la cintura y los santos óleos, para ir dando la extremaunción, o recibiendo confesiones y absolviendo in articulo mortis bajo el fuego de los morteros "Stockbraun". Su gran dolor, me confesó alguna vez quien era mi Confesor, era haber formado en Asunción a la crema de la heroica juventud paraguaya, para verla morir enfrentada a la no menos heroica juventud boliviana, en la Guerra del Chaco. Una guerra entre hermanos, en la que detrás estaban, de un lado la Standard Oil Company, y del otro, la Royal Dutch Shell. El Padre Mola, viviendo en Uruguay, no comía carne. Una vez, un mortero que le perdonó la vida, destripó a su lado a uno de sus ex-alumnos. Sus intestinos quedaron en un árbol, y en una macabra comunión, un pequeño trozo de su cuerpo quedó en la boca de mi Profesor.


(*) Fundalatin. Organización Ecuménica creada en Caracas (1978) en un continente bajo dictaduras militares practicantes del Terrorismo de Estado, para “salvaguardar -decían- la civilización occidental cristiana amenazada por el marxismo”.


 
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