El sabotaje tecnológico de PDVSA
y los derrames petroleros en el Lago de Maracaibo
Varios Autores*
/ Soberania.info
- 19/06/03
|
* Autores: Mg. Jorge Hinestroza, Docente e investigador
Área Ambiental, Facultad de Ciencias. Br. Nicanor Cifuentes,
Tesista de la Licenciatura en Biología Facultad de Ciencias.
MSc. Hender Urdaneta, Docente e investigador Área Ambiental.
Facultad de Humanidades y Educación. MSc. Blanca Medina -
Investigadora Área Ambiental. Facultad de Humanidades y Educación.
Ing. Luis H. Arciniegas, Docente Área Computación.
Facultad de Ciencias. Dra. Ana M. Castellano, Docente e investigadora
Área Social. Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas.
Ante la alarma que se promovió con las noticias de derrames
petroleros acaecidos en el Lago de Maracaibo durante el mes de enero
de 2003 y la “emergencia ambiental” decretada
por el Gobernador del Estado Zulia, Manuel Rosales
en el contexto de las movilizaciones políticas convocadas
por sectores de la oposición al gobierno nacional; preocupados
por los ecosistemas que brindan sustento natural a la sociedad en
que vivimos, y la calidad de vida de la población; en nuestra
condición de miembros de la comunidad académica de
La Universidad del Zulia, grupos ambientalistas y organizaciones
populares comprometidas con la transformación social de la
región zuliana y de Venezuela, hemos asumido nuestra responsabilidad
de iniciar una indagación que permita esclarecer los hechos
asociados a la paralización arbitraria de las operaciones
de la industria petrolera nacional por obra de un grupo de gerentes
de PDVSA alineados a una estrategia conspirativa de la denominada
Coordinadora Democrática. Es de nuestra opinión que
la complejidad de la situación planteada sobrepasa las fronteras
de las relaciones entre el sistema técnico petrolero y el
sistema físico ambiental lacustre, y comprende un conjunto
de variables de carácter humano social, por lo que consideramos
esta realidad bajo un enfoque político, ético y socio-ambiental,
y por ende, indesligable de nuestra condición de
venezolanos comprometidos con la defensa de nuestra soberanía
como Nación y de nuestros derechos económicos, políticos,
sociales, culturales y ambientales.
El propósito de este documento es describir la situación
ocasionada por el paro petrolero y asumir nuestra responsabilidad
en torno a estos escandalosos hechos, inéditos en la historia
de la nación venezolana, contribuyendo a la descripción
e interpretación de aspectos técnicos, ambientales
y éticos que formaron parte de paro y sus consecuencias,
como paso previo y necesario a una evaluación detallada que
incluya magnitudes muy definidas del impacto ambiental y socioeconómico
de la paralización de la industria petrolera. Para este efecto,
hemos llevado a cabo un conjunto de entrevistas, visitas e inspecciones
a instalaciones petroleras del Lago de Maracaibo y áreas
adyacentes, y examinado la documentación pública y
otras fuentes relevantes que se refiere a estos hechos.
La paralización total de la producción
petrolera de Occidente:
un hecho inédito en la historia petrolera mundial
A partir del 2 de diciembre de 2002, una parte de la nómina
mayor y personal ejecutivo de Petróleos de Venezuela, S.A.
(PDVSA) llevó a cabo la paralización de la industria
petrolera venezolana trayendo como consecuencia la caída
total de la producción de crudo y gas del occidente del país.
Este hecho involucró la quiebra deliberada de los
planes de contingencia previstos para asegurar la continuidad operativa
de la industria en sus diferentes localidades, la seguridad de las
instalaciones y los perjuicios al ambiente y la salud de las personas.
En Occidente, este paro significó que más
del 60% de personal de las nóminas altas desertó de
su trabajo en las actividades operacionales rutinarias, lo cual
conllevó al abandono, daños y colapso de la producción,
manejo de crudo, gas, agua, vapor, y red eléctrica de la
industria. Gran parte de la infraestructura petrolera fue
objeto de un sabotaje sistemático que resalta por el carácter
experto de su ejecución, cuyos autores aprovecharon la desprotección
general de las instalaciones causada por el abandono de labores;
junto a ello, la industria petrolera fue objeto de vandalismo y
hurto masivo, lo cual afectó, en general, las operaciones
de producción de crudo, compresión y fraccionamiento
de gas. Entre otros aspectos de importancia, resaltan la destrucción
y obstrucción de equipos e instalaciones con el propósito
deliberado de causar derrames de hidrocarburos
en los ambientes lacustres y terrestres, y deterioro profundo del
servicio de expendio de gasolina y gas doméstico a la población.
En las inspecciones realizadas en el Lago de Maracaibo se observaron
pozos y estaciones de flujo y áreas adyacentes frente a las
costas de Tía Juana y Lagunillas. En tierra, además
de estaciones de flujo, fueron inspeccionados pozos y balancines,
líneas de flujo, estaciones de vapor, subestaciones y líneas
eléctricas, pertenecientes a los campos de Tia Juana, Lagunillas
y Bachaquero; además, se realizaron entrevistas a miembros
del personal de la Gerencia de Operaciones Acuáticas y Departamento
de Seguridad e Higiene Ambiental (SHA) del distrito Tía Juana.
Asimismo, se analizó la versión de la Gobernación
del Estado Zulia y de los responsables de la paralización
de la industria petrolera, para lo cual hemos utilizado versiones
publicadas por la prensa nacional.
A través de la observación documental y de campo,
junto con el examen del comportamiento de los actores relevantes
de esta coyuntura, se logró consolidar una información
de base para nuestros análisis e interpretaciones, los cuales
fueron elaborados considerando especialmente la lógica de
las operaciones petroleras en el Lago de Maracaibo y en tierra,
junto con información relativa al comportamiento histórico
reciente de los derrames petroleros en el Lago y la descripción
de los componentes ambientales lacustres y circunlacustres. Junto
a este examen, se abordaron los aspectos éticos, políticos
y sociales inmersos en dicha problemática.
Las instalaciones y operaciones petroleras
afectadas por
abandono de labores y sabotaje en Occidente (estado Zulia)
PDVSA Occidente para el año 2002 presentó un potencial
de producción de 1,6 millones de barriles diarios de crudo
y condensado y 1,5 millardos de pies cúbicos de gas. Para
ese año se contempló la perforación de 267
pozos por parte de PDVSA y 187 pozos por parte de terceros, más
el reacondicionamiento de 591 pozos por su parte y 165 pozos por
parte de otras empresas.
La producción arrojó un promedio de 1,4 millones
de barriles diarios de crudo, manejándose directamente la
explotación en los distritos operacionales Maracaibo, Tía
Juana y Lagunillas, así como la administración y relaciones
con las empresas que operan bajo convenios operativos en los estados
Zulia, Falcón y Trujillo.
Para efectos de este análisis, conviene hacer un examen
general del emplazamiento de las instalaciones petroleras en el
Zulia, con el objeto de presentar una imagen clara de la magnitud
y naturaleza del sistema técnico afectado, y el carácter
de las operaciones llevadas a cabo para afectarlo en su conjunto.
En tierra, las instalaciones petroleras de PDVSA ocupan una superficie
superior a los 1.600 Km2; comparativamente, es un área tres
veces mayor que la ocupada por el municipio Maracaibo. Mientras
que en el lago, estas instalaciones se sitúan en una superficie
casi cuatro veces superior a esta ciudad, en alrededor de 7 mil
kilómetros cuadrados, la mayoría concentradas frente
a la costa Este, distribuidas en un área que abarca más
de la mitad del Lago de Maracaibo.
El recorrido del crudo desde los pozos hasta el embarque hacia
el exterior o hacia los centro de refinación se cumple a
partir de la recolección del petróleo desde grupos
cercanos de pozos con crudos similares los cuales son enviados hacia
estaciones de flujo. Luego, por medio de tuberías laterales
el crudo es enviado a estaciones principales (patios de tanques),
donde son almacenados según sus características. Los
oleoductos llevan el crudo ya fiscalizado hacia las plantas de procesamiento
(refinerías) o hacia los terminales de embarque. Los poliductos
transportan derivados del petróleo, tales como gasolina,
gas licuado y diesel, mientras los gasoductos transportan gas natural.
El gas natural obtenido de los yacimientos se lleva mediante tuberías
laterales a plantas de fraccionamiento donde se separan el gas y
la fracción conocida como gas licuado. El gas pasa luego
por estaciones donde se aumenta su presión (estaciones de
compresión) de manera que fluya hacia las industrias y las
ciudades mediante sistemas de distribución. Mediante tanqueros
y supertanqueros el crudo y otros productos se llevan desde los
muelles de embarque hacia los puertos de cabotaje o hacia el exterior.
Entre las facilidades de producción y servicios, en Occidente
la industria cuenta con tres plantas de generación eléctrica,
situadas en Punta Gorda, Las Morochas y Pueblo Viejo; decenas de
subestaciones eléctricas de 115/34,5 kilovoltios en el lago
y en tierra; medio centenar de subestaciones eléctricas de
34.5/6.9 kilovoltios en tierra; más de dos mil kilómetros
de líneas de distribución y cerca de un millar de
estaciones transformadoras de 6.9/0.48 Kilovoltios. Nueve patios
de almacenamiento de crudo con una capacidad de un millón
de barriles por día, están situados en las áreas
denominadas Bachaquero, Lagunillas Norte, Lagunillas Sur, F6, E1,
Ulé, Taparito, La Salina y H7 en Cabimas, que almacenan crudo
de unos 5.600 pozos activos en tierra y alrededor de 6.000 pozos
en el lago. Se estiman cerca de mil los pozos inactivos, algunos
de ellos en espera de entrar nuevamente en producción. Además,
unas 200 Estaciones de Flujo en tierra y alrededor de la misma cantidad
de estaciones en el lago, 13 Plantas de Generación de Vapor,
4 Plantas de Compresión de Gas (Lago-1, Mot-1, Mot-2 y Barúa-5),
la Planta de Fraccionamiento de Gas Licuado (GLP-Ulé), dos
Patios de Almacenamiento de Materiales, uno en La Salina (Cabimas)
y otro en Bachaquero.
Alrededor de 42,693 Km. de tuberías de petróleo
y gas conectan los cabezales de los pozos en Lago y Tierra con los
puntos de colección, distribución y transporte. Desde
los patios de tanques, el sistema de oleoductos lleva crudo a las
refinerías de Paraguaná a lo largo de unos 600 kilómetros,
y hacia los terminales de embarque de La Salina, Bajo Grande y Puerto
Miranda, con destino a la exportación.
La planta de fraccionamiento de gas licuado de Ulé a través
de un gasoducto de unos 200 kilómetros de extensión
alimenta la refinería de Amuay con butano. Igualmente, Ulé
suministra gas doméstico a la ciudad de Maracaibo, y ofrece
gas propano para las bombonas de gas de uso doméstico.
En La Salina (Cabimas) y El Menito (Lagunillas) se encuentran los
Centros de Operaciones Automatizadas (COA) donde se ejerce el control
computarizado de la producción. El sector informático
de las operaciones petroleras reviste un carácter altamente
estratégico, en tanto constituye un sensible y poderoso sistema
de control de la producción de crudo, situada la mayor parte
en el Lago de Maracaibo, e incluye también operaciones de
las plantas de procesamiento tales como refinerías, fraccionamiento
de gas, y otros sistemas como llenaderos de combustible, poliductos,
entre otros. Junto a esto, la automatización también
involucra las operaciones administrativas, tales como nóminas
de personal, sistemas de pagos a contratistas y suplidores, compra
de materiales, ordenes de trabajo, etc. En este sentido,
resalta el control absoluto de todos los sistemas automatizados
de PDVSA que la empresa INTESA
ha tenido, tanto de las operaciones en el lago y en tierra, como
de los asuntos administrativos.
Operaciones de sabotaje electrónico y atentados directos
a las instalaciones
La comisión de actos de sabotaje fue determinada
en las acciones que evidenciaron la participación del personal
de confianza, cuya naturaleza o condición brinda la experticia,
capacidad y oportunidad necesaria para lograr deliberadamente los
efectos de entorpecimiento o colapso de las instalaciones.
El plan ejecutado para detener la industria petrolera nacional
sacó provecho de la experticia técnica del personal
calificado y la disciplina industrial que acompaña los aspectos
organizacionales de esta corporación, especialmente en el
sentido de la subordinación que predomina en las cadenas
de mando. Esto es particularmente cierto en aquellas áreas
de mayor complejidad tecnológica sometidas al sabotaje, diferenciándose
aquellas acciones que no ameritan un conocimiento profundo sobre
el funcionamiento de ciertas instalaciones, aunque si requieran
una actuación dirigida técnicamente. A esto, deberán
sumarse las consecuencias derivadas del retiro de la vigilancia
en tierra y lago, especialmente, la masiva ola de hurtos y vandalismo
que azotó la industria durante el paro.
La lógica general del sabotaje fue comenzar por
la paralización de las operaciones finales del proceso petrolero
(embarque de crudo en los terminales portuarios) para asegurar que
cada fase previa (llenado de tanques, envío de crudo por
oleoductos, recolección de petróleo en estaciones
de flujo, etc.) fuera sucesivamente paralizada por la inercia de
la saturación de crudo, hasta llegar a la parada forzosa
de los pozos, en general. Esto fue acompañado con
el entorpecimiento de diversas instalaciones claves tales como plantas
compresoras de gas, plantas de vapor, plantas de generación
eléctrica, plantas de procesamiento, e inclusive el taponamiento
de oleoductos con crudo pesado, etc. cuya inmovilización
garantizaría la imposibilidad de una rápida
recuperación de la producción, en caso de intento
de reactivación. El carácter sistémico
de los mecanismos y procesos involucrados en la producción
petrolera conduce a que el bloqueo de ciertos componentes necesariamente
conduce a la interrupción del conjunto. Esto es especialmente
significativo en el caso del sabotaje de las estaciones de compresión
de gas y plantas de fraccionamiento, de las que dependen ramificaciones
operativas hacia o desde los pozos (gas lift) y gas asociado, plantas
eléctricas (gas combustible), gas de la ciudad, petroquímica,
y distribución de combustibles.
La participación de INTESA en el colapso provocado
a PDVSA fue determinante, considerando que esta empresa desde 1997
controla toda la infraestructura, facilidades, equipos, data financiera,
geológica, técnica, presupuestaria y de negocios de
la empresa y, además, el personal de soporte tecnológico
de información de PDVSA, en el cual reposa el más
decisivo control de la producción, refinación y distribución
del crudo y sus derivados.
INTESA ejerció su poder de control computarizado
para paralizar la carga, descarga y almacenamiento de crudo en los
diferentes terminales de embarque, así como para detener
el funcionamiento de la mayoría de las estaciones de flujo,
plantas compresoras, plantas de procesamiento, llenaderos de combustible,
tuberías automatizadas, etc., asegurándose que la
manipulación de las redes informáticas fuera posible
solamente por parte de los poseedores de las claves secretas de
acceso al sistema, todos empleados de INTESA sumados al “paro”,
quienes secuestraron el sistema mediante un acceso clandestino preparado
cuidadosamente con anticipación.
Este contundente sabotaje informático implicó
la utilización de módems ocultos en el interior de
paredes y escritorios para operar con acceso remoto, vía
telefónica. Cabe anotar el uso de la red INTERNET para lograr
acceso a la intranet de la corporación, en donde tanto las
comunicaciones satelitales como de microondas y radio son parte
del sistema. Toda esta plataforma tecnológica sirvió
a los fines del sabotaje: impedir el control de las operaciones
por parte de quienes siguieron laborando, aislar Occidente con respecto
a las oficinas centrales de PDVSA en Caracas, destruir la bases
de datos contentivas de las operaciones rutinarias y evitar la identificación
de operadores en distintas instalaciones y maquinarias; eventualmente,
suprimir los sistemas operativos de los servidores, desconfigurar
los routers, y finalmente, desmantelar todo el sistema de información
y control a distancia de las operaciones automatizadas.
Esto condujo al personal que continuó en sus puestos de trabajo
a una incertidumbre total en torno a los valores reales establecidos
en los puntos de control de los procesos, y obligó a presumir
un excesivo
riesgo en el manejo de las instalaciones que les indujo
a proceder a la verificación pormenorizada de los parámetros
de control de plantas y equipos, antes de adelantar el arranque
de los mismos; como consecuencia, el reinicio de las operaciones
en este caso fue muy lento y minucioso.
Como se afirmó antes, el sabotaje electrónico
se acompañó con el bloqueo físico directo de
instalaciones para impedir la producción de crudo, pues,
no toda esta producción obedece a los controles automatizados,
resultando obvia la táctica de obstaculizar, inclusive en
el campo, un arranque inmediato de las operaciones petroleras, en
caso de que los saboteadores perdieran eventualmente el control
de la situación.
Puede observarse que este aspecto de la combinación de las
formas de sabotaje estuvo directamente relacionado con el carácter
que fue asumiendo el desarrollo de las maniobras e incursiones dirigidas
a paralizar la industria, especialmente bajo el criterio de partida
de los estrategas del paro que presumieron que bastaría
la paralización de la industria petrolera venezolana durante
siete
(7) días para liquidar el gobierno del
Presidente Chávez.
La evolución del paro presentó dos fases:
la primera, donde la ausencia de mandos gerenciales y descontrol
de los sistemas automatizados provocó el desconcierto del
personal laborante, y la parálisis de la producción.
Esta situación condujo a una visión triunfalista de
los líderes responsables de la paralización al momento
en que la producción se llevó a “cero
barriles”, lo cual fue precipitadamente difundido
y aplaudido cínicamente como una evidencia de la acción
eficiente de Gente del Petróleo.
La segunda fase del sabotaje surgió bajo la influencia
de las iniciativas de reagrupamiento gerencial y reactivación
de la producción ejecutadas por parte del personal de las
nominas mayor y contractual y personal de contratistas que no se
sumaron al paro. En contraposición, el boicot pasó
de la acciones “virtuales” desde las redes informáticas,
a las acciones de campo en el propio terreno de las instalaciones
de tierra y lago. Aquí parecen evidenciarse acciones
desesperadas de los estrategas y seguidores del movimiento insurreccional,
resaltantes por el carácter destructivo
de las mismas. Al parecer, esta radicalización fue
una acción desesperada surgida a partir del momento que excedió
el límite de los siete días previsto para derribar
de su cargo al Presidente de la República, junto a las evidencias
de la capacidad de reinicio de la industria. Nótese,
que las acciones de sabotaje directo que provocaron eventos de contaminación
ambiental por derrames de crudo en el lago y tierra, y a explosiones
e incendios en tierra, ocurren precisamente en momentos en que la
respuesta de reactivación productiva del personal laborante
ya había comenzado a dar sus frutos, mientras que
las explicaciones de Gente de Petróleo para hacer ver el
fracaso del personal laborante se dirigió a demostrar la
inexperiencia de quienes asumieron la responsabilidad
de la producción, lo cual ocurrió durante la segunda
semana del mes de enero de 2003. Debe cotejarse que la reactivación
comenzó a verificarse después que las Fuerzas Armadas
tomaron el control de las instalaciones petroleras. Con
todo, buena parte de las acciones de sabotaje pueden catalogarse
como auténticos actos terroristas, los cuales
se prolongaron a lo largo de los meses de enero, febrero y marzo,
y vienen decayendo, aunque no totalmente, en el mes de abril, como
pudo evidenciarse con daños en oleoductos, y el incendio
deliberado por dos veces consecutivas de las fosa de lodos adyacente
a la planta de Ulé.
Se conoció de la participación directa de un conjunto
de empresas contratistas con diferentes grados de compromiso y papeles
cumplidos en la conspiración y ejecución del sabotaje
de las instalaciones y actividades de la industria petrolera, entre
las que figuran: VENEZUELA DIVER, COMASSO, SERVICIOS OJEDA,
CASCOPET, TUBOSERVICIOS, CORLAGO, LISA, PAPAGAYO, SAMFORD, CRAFT
y TURISLAGO.
El amplísimo territorio abarcado por las instalaciones petroleras
en el Zulia fue un factor favorable para el plan de sabotaje, especialmente
en aquellas zonas donde la custodia de la Armada y la Guardia Nacional
no alcanzó la efectividad necesaria, o no estuvo presente.
El sabotaje fue favorecido por el dominio externo del sistema de
control informático de la producción y la vulnerabilidad
que ofrece el emplazamiento de la industria en un territorio de
difícil vigilancia.
La situación ambiental del Lago de Maracaibo y la
provocación deliberada de derrames petroleros.
Durante el mes de enero de este año fueron publicadas alarmantes
denuncias de derrames petroleros en volúmenes inusitados
en aguas del Lago y campos adyacentes. Hay que señalar
que las noticias publicadas por la prensa nacional han sido presentadas
de una manera inapropiada, y por demás, errónea, desordenada
y confusa, presentándose mensajes deformados de la situación.
Los relatos noticiosos señalan cantidades de derrames
sin ofrecer marco de referencia alguno, tales como “Ya
suman 79 los accidentes ocurridos en las instalaciones petroleras
en 42 días de paro cívico” publicado
por Últimas Noticias el 14 de Enero de 2003, agregando que
“El gobernador del Zulia, Manuel Rosales, precisó
que se han producido 17 derrames de crudo en las aguas del Lago
de Maracaibo. siendo el más grave de ellos el del pozo 13A1174,
ubicado en Bachaquero, que vierte mil barriles de hidrocarburo por
día. Asegura que el chorro de petróleo sobrepasa los
doce metros de altura.” También el 16 de enero
se publicó que “Desde que se inició
el paro, un promedio de 1,8 accidentes ocurren a diario en la industria
petrolera; 82 en total, en 45 días de paralización".
O el publicado por la Revista Petrofinanzas el 24 de enero, como
sigue: “en los 53 días de paro en la industria
petrolera se han producido 25 derrames en la zona de Occidente”
. Uno de los titulares del diario Ultimas Noticias, en forma simplista
presentó una sentencia tan terminante como tendenciosa:
“Hasta 10 años tomará revertir daños
ecológicos” (Últimas Noticias Jueves
16 de Enero de 2003). Esta versión de los eventos ambientales
denunciados no se tomó el cuidado de señalar algún
tipo de precisión sobre la magnitud, sensibilidad y ubicación
de los biotopos perturbados por los derrames, por lo que los mensajes
presentan una información de baja calidad por su carácter
genérico e inexacto. Esta información, en nada contribuye
como avance para una investigación pormenorizada, ya que,
como es sabido, en estos casos, resulta obligatorio y responsable
ofrecer, como mínimo, información puntual de las áreas
concretas afectadas y su sensibilidad ecológica específica.
Lo cual era esperable considerando la experticia de los informantes,
y las supuestas bases éticas de su denuncia. Inclusive, si
tomáramos por separado algunos datos presentados en los mensajes
publicados por los medios podríamos arribar a las ya conocidas
conclusiones oficiales, de que los derrames mencionados
solo alcanzarían un impacto moderado o bajo.
A pesar del escaso valor técnico de la información
manejada, algunas organizaciones ambientalistas, tales como Audubon
de Venezuela, Vitalis, Azul, y otras, “confirmaron”
lo dicho por el Gobernador del Zulia. Inclusive, se difundieron
comunicados firmados por varias organizaciones ambientalistas con
sede en Caracas, que apoyaron esta supuesta alarma ambiental en
el Lago de Maracaibo, tales como Fujucavi (Fundación
Venezolana Jurídica para la Defensa de la Calidad de La Vida),
Fundación Científica Los Roques, Fundación
La Era Agrícola, Fundación Museo Del Mar, Fundación
Proyecto Maniapure, Fundhonat (Fundación Hombre Y Naturaleza),
Nodo Ambiental de La Red de Veedores, Sociedad Ecológica
Venezolana Vida Marina y la organización Vitalis,
ya mencionada.
De hecho, la observación de las fotografías que se
publicaron para ilustrar las “denuncias” arroja
un escenario muy distinto, cuya interpretación resulta incoherente
con el contenido alarmante de las declaraciones. Tal es el caso
de la denuncia de Juan
Fernández, de “Gente de Petróleo
- Coordinadora Democrática”, acerca de un
derrame que supuestamente alcanzó una extensión de
30 kilómetros.
En general, asombrosamente, las versiones suministradas por las
organizaciones y expertos, publicadas en la prensa, radio, y televisión
nacional y regional, adolecen de incoherencias y contenidos
errados, cuyo mayor exponente fue el caso ya mencionado
del pozo BA-1174 (Bachaquero. erróneamente referenciado en
otras noticias con el Nº 13A1174) que a través de un
chorro que alcanzaba unos ocho metros de altura (El Universal, jueves
16 de enero, 2003 (otros diarios señalaban una altura
de doce metros), que los denunciantes se atrevieron a lanzar la
desmesurada afirmación de que “está dejando
escapar alrededor de mil barriles de petróleo por día”,
contradiciendo las realidades conocidas acerca de la verdadera capacidad
productiva de los pozos lacustres, sin contar que en este caso el
pozo mostró evidencias de haber sufrido una tracción
destinada a provocar la rotura del cabezal, de manera que
el crudo cayera directamente al Lago. Junto a esto, la
evidencia resaltante del alevoso sabotaje de este pozo es que el
mismo se encontraba fuera de servicio, es decir, sin operación
alguna que pudiera ofrecer accidentabilidad por impericia de sus
supuestos operadores, como se quiso hacer ver. De hecho,
la violenta operación que logró quebrar el cabezal
del pozo hubo de utilizar una fuerza de tracción solo posible
desde una embarcación de gran potencia y utilizando una gruesa
cuerda del tipo utilizado para atraque de remolcadores y grandes
embarcaciones, o bien con una cuerda de acero o “guaya”.
Después de analizar la conducta pública asumida por
la organización “Gente del Petróleo
- Coordinadora Democrática” en los medios
de comunicación privados donde diariamente fueron vitoreados
los “logros” de la paralización
petrolera, y contrastarla con nuestra observación independiente
de los hechos y condiciones en que se verificaron los eventos de
contaminación ambiental, explosiones, incendios, accidentes
de transportes, etc., no podemos menos que creer que los
perniciosas efectos de este sabotaje fueron dirigidos a acreditarse
el triunfalismo del llamado “paro cívico nacional”.
La gestión de riesgos a la salud y ambiente en la
industria petrolera merece especial atención en relación
a esta situación provocada por este paro petrolero gerencial,
ya que involucró el abandono total de los planes de contingencia
de los servicios operacionales y contra derrames de hidrocarburos.
Los planes de contingencia son procedimientos operativos específicos
y preestablecidos de coordinación, alerta, movilización
y respuesta ante la presencia o la inminencia de un fenómeno
peligroso particular para el cual se tienen escenarios definidos
con anterioridad.
El plan de contingencia contra derrames petroleros, diseñado
para combatir derrames de crudo desde seis hasta sesenta mil barriles,
se encuentra expresado en el llamado Plan Nacional de Contingencias
contra Derrames Masivos de Hidrocarburos (PNC), cuya coordinación
en el área zuliana se incluye en la denominada Área
1 cuya coordinación tiene su sede en Tía Juana.
“El Plan Nacional de contingencia contra Derrames Masivos
de Hidrocarburos en Aguas (PNC) fue implantado en 1984 con la participación
de Petróleos de Venezuela y los ministerios de Relaciones
Exteriores, Relaciones Interiores, energía y Minas, Defensa,
Transporte y Comunicaciones y Recursos Naturales Renovables. En
1986 se ratificó la coordinación de PDVSA mediante
un decreto presidencial. Está diseñado para combatir
derrames que involucren entre seis y 60.000 barriles de crudo o
de productos de hidrocarburos. Para la aplicación del PNC
el territorio nacional está dividido en 7 zonas, de las cuales
la zona 1, con coordinación en Tía Juana, corresponde
al Lago de Maracaibo, la zona 2, con coordinación en Cardón,
corresponde al Golfo de Venezuela y la zona 7 con coordinación
en Lagunillas/Casigua, abarca la Cuenca del Río Catatumbo
desde la frontera colombiana hasta el Lago. El equipamiento del
plan incluye barreras flotantes de contención, recolectores
(desnatadores) movibles y autopropulsados, material absorbente de
diferentes tipos, tales como rollos, chorizos y mantos. En otras
zonas se emplean dispersantes, pero éstos están prohibidos
en el Lago de Maracaibo. Además de diversas embarcaciones
y gabarras de servicio, el plan cuenta en el Lago con una unidad
especializada, la OLAMAC. Como apoyo se cuenta con programas de
computación que simulan derrames y permite predecir su trayectoria
y mapas de sensibilidad que indican en tierra las áreas pobladas,
playas recreacionales y turísticas, manglares, zonas de moluscos
y avifauna, y en el agua los vientos, corrientes, batimetría,
corales y zonas de pesca.” [ Rodríguez, 2000]
Por su naturaleza, la dirección y ejecución
de los planes de contingencia recaen fundamentalmente en el personal
gerencial, precisamente el mismo personal con cargos de dirección
en PDVSA que ejecutó las acciones de paralización
de la empresa, bajo la dirección de “Gente del Petróleo”.
Esto les coloca en una particular posición de responsabilidad
técnica, política y moral, del proceso que condujo
a la paralización de esta industria con las conocidas secuelas
de daños y perjuicios acarreados al ambiente natural, la
industria misma y al país, con evidentes implicaciones legales
de responsabilidad penal y civil.
En general, el objetivo de estos planes de contingencia es asegurar
la continuidad operacional de la industria petrolera ante eventos
que puedan ocasionar perturbaciones en la producción. En
caso de paro laboral, es decir, paralización de actividades
por parte de trabajadores de la nómina contractual, las actividades
destinadas a contrarrestar el paro laboral implican una distribución
previa de responsabilidades operacionales en el personal de nómina
mayor, y, entre otras tareas, la protección de instalaciones
críticas en tierra y lago, complejos de plantas y centros
de control. Este plan incluye un conjunto de premisas operacionales
ligadas al ejercicio de guardias rotativas, aseguramiento de los
servicios rutinarios en operaciones lacustres (transporte, suministro
de materiales, combustibles, etc.) producción regular de
crudo, suministro de gas a las plantas eléctricas y complejos
de procesos, suministro de electricidad, agua, y otros. Además,
implica el control riguroso de entrada a centros de operaciones
automatizadas (COA), junto con el uso regular de los equipos telemáticos
para el control y protección tanto de la producción
como del ambiente y las personas. Otra acción necesaria incluye
el manejo estratégico del sistema de radio troncalizado para
información confidencial.
Muchos de los mecanismos y procedimientos que se encontraban
bajo la responsabilidad estratégica de la nómina mayor
para la ejecución de los planes de contingencia, cuyos principios
operativos se fundamentan en factores clave de seguridad, protección
ambiental e insumos de la producción, fueron sistemáticamente
desmantelados, entorpecidos o destruidos. A este esquema de sabotaje
se sumó la falla deliberada de los servicios contratados
de embarcaciones tales como lanchas y remolcadores en los diferentes
muelles del lago, y de transportes terrestres, cuyas funciones involucran
el transporte de personal, de materiales y equipos, combustibles,
y actividades de mantenimiento y protección ambiental. Salta
a la vista la responsabilidad de las empresas contratistas que se
sumaron a este sabotaje.
Los planes de contingencia fueron anulados en gran medida, en tanto
las opciones preventivas dirigidas a contrarrestar eventos como
toma de las instalaciones y paro de contratistas, no pudieron ser
ejecutados con esfuerzo propio, por el abandono ilegal de responsabilidades.
Obviamente, la ejecución de las operaciones previstas en
el plan de contingencia de los servicios operacionales corre pareja
con el respectivo plan de contingencia contra derrames (PNC), el
cual, como ya mencionamos, también sufrió los efectos
del abandono de labores de los ejecutivos a su cargo, ya que los
servicios operacionales también ofrecen apoyo de transporte,
comunicaciones, combustibles, etc. necesarios para ejecutar las
medidas de prevención, mitigación de riesgos y daños
a las instalaciones y las personas en la industria y comunidades
circunvecinas.
El caso de la afectación ambiental de los ecosistemas
del Lago de Maracaibo reviste una significación especial,
en tanto el violento sabotaje de instalaciones de alto riesgo como
son los equipamientos que manejan los hidrocarburos, puso
de relieve la nulidad del papel del Ministerio del Ambiente y de
los Recursos Naturales (MARN) como garante de la protección
del equilibrio ecológico del principal cuerpo de agua interno
del país, y como vigilante de las actuaciones de la industria
frente al ambiente natural.
Una vez más, se demostró la incapacidad crónica
del MARN para ejercer un monitoreo continuo de las actividades
petroleras. Ya conocida la situación de los derrames de crudo
causados deliberadamente como parte del plan de atentados que se
describe en este documento, el Ministerio del Ambiente manejó
la situación en forma genérica y ligera.
La versión de que los derrames petroleros causados no superaban
el nivel de contaminación habitual y la infeliz frase de
que la situación ambiental del lago era “normal”
no hizo sino profundizar la imagen cotidiana y tradicional
que muchos zulianos hemos tenido de PDVSA como una “caja
negra” que esta por encima de cualquier auditoría gubernamental,
mientras se consolidó la idea predominante de que la industria
petrolera mantiene una situación de derrames crónicos,
conocidos por los vecinos del lago y en general por quienes hemos
mantenido una relación vivencial permanente con la vida del
Lago de Maracaibo. Inclusive, personeros de ese ministerio
hicieron declaraciones muy explícitas en torno a la tradicional
relación de exclusión institucional que ha mantenido
PDVSA, evitando la supervisión de la gestión ambiental
petrolera por parte del ejecutivo.
Los daños habituales a la ecología
lacustre y terrestre:
un gigantesco, creciente e inauditado pasivo ambiental
Como lo declaró la titular del Ministerio del Ambiente,
los derrames ocurridos en el Lago durante el paro petrolero no presentaron
una frecuencia muy superior a los períodos anteriores y fue
observada una situación habitual en ese sentido.
Los recientes daños ocasionados a las instalaciones petroleras
de tierra y lago, la biota lacustre, esencialmente representada
por el fito y el zoo plancton, principales eslabones de la cadena
trófica, así como los moluscos, crustáceos
(invertebrados) y los peces cartilaginosos (rayas) y óseos
(vertebrados) fueron objeto de desequilibrios puntuales en lo que
respecta a la sobrevivencia y migración debido en esencia
a los derrames de crudo y otros derivados que, a modo de cerco altamente
tóxico y letal, asfixiaron específicos espacios de
vida en el sistema lacustre. Sin embargo, es necesario señalar
que la historia de las agresiones al ambiente natural en nuestra
región ha acompañado permanentemente el desarrollo
de la industria petrolera, petroquímica y carbonífera,
por lo que este caso no es una excepción a la conocida caracterización
de los efectos de estas industrias en los ecosistemas, en el mundo
entero.
Para ser específicos y responsables con estos señalamientos,
pese a que en la actualidad ninguno de los organismos
e instituciones públicas o privadas han difundido el resultado
o cuantificación del coste ambiental que significaron estos
actos de irresponsable y fascista signo, podemos citar algunas referencias
provenientes del libro “El Sistema de Maracaibo”
editado por el Dr. Gilberto Rodríguez (Centro de Ecología—IVIC)
cuando, en el capítulo 7 del mismo, dedicado al manejo de
los recursos naturales del Sistema de Maracaibo destaca en relación
a los efectos del petróleo sobre los seres vivos lo siguiente:
“El daño del petróleo y sus componentes a los
organismos puede ser por efectos mecánicos o químicos.
Los efectos químicos son ejercidos solamente por los compuestos
solubles en agua. La solubilidad de los hidrocarburos es notablemente
baja; sin embargo, las parafinas de cadena recta hasta 8 átomos
de carbono y varios compuestos aromáticos tienen una solubilidad
considerable; benceno 880 ppm; tolueno 470 ppm; pentano 360 ppm;
hexano 138 ppm; heptano, 52 ppm. A parte de los compuestos fenólicos
que son muy solubles en agua, los elementos más tóxicos
son los hidrocarburos aromáticos más volátiles.
(a)Peces: El efecto del petróleo crudo
sobre los peces es principalmente mecánico. Sin embargo,
la superficie externa del cuerpo, así como la boca y cámaras
branquiales están recubiertas de mucus que es repelente del
petróleo. Los fenoles irritan las branquias, causando fuerte
secreción y destrucción de la membrana mucosa; también
afecta el sistema nervioso central y el sistema endocrino. El límite
de toxicidad para los peces parece estar cerca de 20 ppm.
(b)Moluscos: La experiencia obtenida del estudio
de grandes derrames ocasionados por accidentes de barcos en el Mar
del Norte y en la Costa de los Estados Unidos, muestra que los moluscos
sufren fuertes mortalidades en esas ocasiones. En particular los
ostrales (Crassostrea sp. —género de las ostras de
mangle-) pueden ser obliterados cuando el petróleo se hunde
en masa.
Examinando esta situación a la luz de las acciones
dirigidas como palancas políticas, a perturbar la estabilidad
económica nacional, no podemos menos que notar la ausencia
de valores éticos ecológicos en ese movimiento político
dentro de PDVSA que involucró a factores de alto nivel técnico,
que llegaron a atreverse a desertar de sus responsabilidades en
el plan de contingencias contra derrames y permitieron la ejecución
de atentados contra el Lago de Maracaibo, y pusieron en peligro
a las comunidades adyacentes a las instalaciones petroleras.
Esta nefasta acción contra el ambiente con fines
políticos por demás ilegítimos, no solamente
trajo como consecuencia nuevos impactos negativos contra el lago,
sino que constituyó también una mayúscula violación
de la confianza que la población quiere sostener ante la
gestión de los funcionarios encargados del manejo y protección
de nuestras riquezas naturales y su preservación para las
futuras generaciones. En este panorama moralmente desolador
se revela el carácter espurio de las relaciones públicas
corporativas con que se manipuló aquella hermosa frase “Cuidar
es querer” por líderes que dirigieron a PDVSA
por muchos años y que hoy, con su movilización antinacional,
demostraron querer poco, y lejos de cuidar, prefirieron dañar.
Al lado de ese deshonroso desempeño gerencial, queremos
resaltar y apoyar lo que parece emerger como una nueva manera de
plantear la ética de las relaciones públicas ante
el entorno comunitario regional, expresada en diversas declaraciones
públicas de Félix Rodríguez, Gerente
de PDVSA Occidente, en el sentido de que la población
debe conocer la verdadera realidad de los riesgos de la producción
petrolera y contribuir a la protección de las instalaciones,
a esto sumamos las declaraciones de la Ministra del Ambiente
Ana Elisa Osorio, quien señaló que la gestión
ambiental de la industria petrolera nacional se hará mas
transparente en su gestión ambiental y el Estado retomará
su autoridad de supervisión sobre la misma.
Asimismo, queremos hacer un reconocimiento a aquellos empleados
de las diferentes nóminas de PDVSA que contribuyeron a reactivar
y mantener activa la industria petrolera aún a riesgo de
su propia integridad, como lo evidenciaron los ataques y afrentas
personales que encararon gerentes, supervisores y trabajadores de
diferentes áreas, donde se llegó inclusive a atentados
con armas de fuego, ataques a vehículos en plenas labores,
disturbios en campos petroleros, instalaciones, etc., como llegó
a ocurrir en la Costa Oriental del Lago y otros lugares del país.
Finalmente, es importante acotar que la reactivación y normalidad
productiva de PDVSA es una demostración irrefutable de que
las operaciones petroleras funcionan de una manera continua, bajo
el control operativo de un personal que demuestra preparación,
competencia técnica y destrezas apropiadas para el manejo
de las instalaciones, en tanto la supuesta siniestralidad
que fue denunciada por Gente del Petróleo y achacada a la
torpeza e inexperiencia de un personal advenedizo se ha esfumado
como una evidente falacia. Demás está decir
que no estamos presenciando un acrecentamiento de situaciones inéditas
de contaminación, explosiones e incendios en la industria
petrolera, sino que observamos la conocida situación de normalidad
productiva, en un ambiente lacustre sometido a las presiones ambientales
por todos conocidas y denunciadas de antiguo por académicos,
pescadores y ambientalistas. Es importante acotar que La Universidad
del Zulia ha ofrecido información producida en interesantes
investigaciones relacionadas, entre otras, con la siniestralidad
laboral y la afectación de la salud de la población
regional.
Seguidamente, el paro petrolero, al descontinuar la producción
de hidrocarburos e impedirse la carga de los buques-tanqueros que
transportan el crudo hacia el exterior, detuvo las exportaciones
y cortó el ingreso de divisas que obtiene el país
por el petróleo. Como consecuencia, según la declaraciones
oficiales, la Nación venezolana sufrió un descalabro
económico que ascendió a una pérdida por el
valor de 4 mil doscientos sesenta y siete millones de bolívares
(Bs. 4.267.000.000,oo), cifra que se eleva a nueve mil doscientos
dos millardos de bolívares (Bs. 9.202.000.000,oo) si sumamos
el costo del paro perteneciente al ámbito no petrolero de
la economía venezolana.
Sabotaje petrolero, democracia, soberanía y seguridad nacional
La situación descrita pone de relieve la vulneración
de la soberanía y la seguridad del país adelantada
por elementos ajenos a los intereses de la Nación, además
de que constituye un severo golpe a los derechos de los venezolanos
a la participación en la toma de decisiones de los aspectos
estratégicos de la vida republicana. La insólita ligereza
de sumar nuestra principal industria a este paro petrolero nacional
resalta en proporción directa a la unilateralidad y arbitrariedad
política de quienes se arrogaron ilegítimamente la
representación de la mayoría de la población
para ejercer acciones insurreccionales contra el Presidente de la
República.
La consecuencia inmediata de este paro petrolero fue el corte generalizado
de suministro de gasolina, gasoil y gas doméstico, entre
otros productos derivados de los hidrocarburos. Esto condujo
a una brusca y profunda caída de la calidad de vida de la
población, inédita en la historia contemporánea
del país, que se tradujo en un gran sufrimiento de la población,
principalmente debido al subsecuente desabastecimiento y encarecimiento
de todos los artículos de primera necesidad, semejando esta
situación un estado de sitio por mar y tierra con sus consecuencias
de creciente ahogamiento de las condiciones de supervivencia de
la población, que padeció de una gran incertidumbre.
Como parte del paro petrolero, esta situación fue
agravada con el fondeado de los buques petroleros frente a Maracaibo.
Al lado del intento de impedir que los embarques de gasolina descargaran
en el terminal de Bajo Grande, se difundió en forma alarmista
a través de los medios privados que se corría el riesgo
de explosión si se intentaba la movilización de estos
barcos. Esta maniobra de terrorismo psicológico provocó
muchas horas de zozobra en la población local, especialmente
de los habitantes cercanos al lago. Prominentes voceros
de la oposición aparecieron en la televisión con predicciones
de accidentes y mortandad masiva bajo las llamas que provocaría
en Maracaibo el incendio de los cuarenta y cuatro millones de litros
de gasolina que trasportaba el buque Pilín León.
La paralización petrolera y el manejo mediático
que sirvió de soporte ideológico y propagandístico
a este vasto plan conspirativo conformaron un cuadro ejemplar de
manipulación política que evidenció tácticas
terroristas, como las que hemos descrito en el caso de los derrames
petroleros intencionales y sabotaje a diversas instalaciones de
alto riesgo y el alarmismo con que se manejó públicamente
el riesgo de fondear el buque Pilín León frente a
la ciudad de Maracaibo.
En el plano de la soberanía de Venezuela, salta
a la vista que el desarrollo de este plan conspirativo puso de relieve
la vulnerabilidad de la Nación, en tanto se evidenciaron
debilidades del estado venezolano para mantener la integridad nacional,
la seguridad económica y la capacidad de respuesta de nuestras
Fuerzas Armadas frente a las amenazas a que fueron sometidas las
fuentes energéticas de indiscutible carácter estratégico
para la movilización militar. La gravedad de este panorama
adquiere una significación específica ligada a la
subordinación de nuestra principal industria a empresas de
filiación extranjera con una conducta evidentemente adversa
a los intereses de la industria nacional.
Es importante señalar que el abandono de responsabilidades
por parte de miembros de la nómina mayor de PDVSA y la reactivación
de la corporación por empleados no sumados al paro, ha
brindado una oportunidad al país para aliviar a la industria
petrolera de una onerosa sobrecarga de personal a nivel gerencial,
aunque resulta también preocupante la pérdida de una
parte de la experiencia tecnológica acumulada en este contingente
profesional que abandonó sus labores. En este punto,
emerge un aspecto moral de suma importancia, pues debe prevalecer
un tratamiento profundamente ético y transparente que contribuya
a proteger los valores bioéticos humanos y sociales de los
venezolanos y la integridad de la Nación soslayada en la
violación de los fundamentos del mejoramiento de la calidad
de vida de la población. Esta necesaria actitud ética
debe fundamentar la conducta de nuestro sistema judicial que redundará
en evitar la expansión de una “cultura de la impunidad”
en el manejo de los asuntos públicos de los venezolanos,
en éste y en todos los casos donde se evidencie, como lo
ha sido el sabotaje de PDVSA, una violación a la integridad
de la Nación Venezolana.
Es de suprema importancia recalcar que el asunto petrolero
no es un problema estrictamente técnico, reducido a los aspectos
productivos o a los efectos de la contaminación ambiental
provocada en la explotación de los hidrocarburos, sino que
está referido a las dimensiones políticas, económicas
y ecológicas centrales de la vida nacional, y por ende, gravita
de manera estratégica en la vida de cada uno de nosotros,
por lo que, en esta cuestión, la defensa de los intereses
petroleros venezolanos equivale a una necesaria política
del estado expresada en la protección de todos nuestros recursos
naturales renovables y no renovables, el aumento de nuestra renta
petrolera, la estabilización y bajo nivel de producción
de crudo con los mejores precios, y la propiedad social, pública
y soberana de Petróleos de Venezuela, bajo modalidades y
asociaciones productivas y comerciales que aseguren el control nacional
del producto petrolero para beneficio equitativo de todos los venezolanos,
donde la privatización sea solamente un mecanismo necesario
para reforzar el manejo equilibrado de la industria y no la oportunidad
para reproducir élites gerenciales que aprovechan sus poderes
funcionales para extorsionar a la Nación y beneficiar intereses
transnacionales.
En el comienzo del siglo XXI, la coyuntura de cambios que
vive PDVSA debe ser aprovechado como una formidable oportunidad
de transición hacia una organización productiva que
cumpla el papel de centro de irradiación de innovaciones
tecnológicas y sociales, que se oriente al desarrollo endógeno
y soberano de una economía respetuosa del equilibrio ecológico,
la diversidad cultural y la equidad social.
.......................................................
Mg. Jorge Hinestroza, Docente e investigador Área
Ambiental, Facultad de Ciencias. (LUZ)
Br. Nicanor Cifuentes, Tesista de la Licenciatura
en Biología Facultad de Ciencias. (LUZ)
MSc. Hender Urdaneta, Docente e investigador Área
Ambiental. Facultad de Humanidades y Educación. (LUZ)
MSc.. Blanca Medina - Investigadora Área
Ambiental. Facultad de Humanidades y Educación. (LUZ)
Ing. Luis H. Arciniegas, Docente Área Computación.
Facultad de Ciencias. (LUZ)
Dra. Ana M. Castellano, Docente e investigadora
Área Social. Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas.
(LUZ)
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