Los estudiantes venezolanos
Humberto Decarli* / El Mundo (Venezuela) - 19/06/07
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El movimiento estudiantil en Venezuela es de larga data. A mediados del siglo veinte irrumpe en pleno apogeo de la dictadura gomecista. Es la generación del veintiocho con sus líderes estudiantiles debutantes, posteriormente figuras estelares. Me refiero a Pío Tamayo, Jóvito Villalba, Rómulo Betancourt, Miguel Otero Silva y los hermanos Machado, personajes importantes en nuestro devenir.
Muerto el tirano de la Mulera atisbamos una ebullición en dos planos. Los colegios privados reunidos en la Unión Nacional de Estudiantes, presidida por Rafael Caldera y otros connotados representantes. Los públicos nucleados alrededor de la Federación Nacional de Estudiantes con Villalba a la cabeza. Hubo una confrontación de ideas entre ambos sectores dada su diferencia clasista.
La muerte de Eutimio Rivas bajo las balas de la gendarmería de López Contreras, marca un hito en la historia del combate de quienes concurren a los centros de estudios. Esa fecha, el 19 de noviembre, se ha escogido como el día del estudiante en honor al mártir.
Durante el régimen perezjimenista hubo oposición permanente de los universitarios. De allí salieron los cuadros de la dirigencia posterior. Alfredo Maneiro, Teodoro Petkoff, Moisés Moleiro, son entre otros, los militantes activos de la resistencia culminada con el derrocamiento del tarugo.
Al advenir el modelo populista el sector juvenil y estudiantil de AD, se fue con su primera división, el MIR, y activó en las calles su ira bajo la consigna de estudiar y luchar. Junto a los jóvenes comunistas, fue el semillero que nutrió la lucha armada en los sesentas. De allí emanaron Américo Martín, Freddy Muñoz, Juvencio Pulgar y Alexis Adam, como presidentes de la FCU del Alma Máter.
El puntofijismo tuvo en la juventud copeyana, la JRC, el soporte en la aulas de clase. Hilarión Cardozo y Paciano Padrón estuvieron entre sus dirigentes. Otro grupo proveniente del socialcristianismo, influenciado por la Teología de la Liberación y Camilo Torres, fundó la Izquierda Cristiana.
Posteriormente, la burocratización de los organismos estudiantiles produjo escepticismo y la participación se vino a menos. El movimiento se apagó por muchos años, salvo algunas acciones vanguardistas, y se introdujo en una larga agonía. La hipertrofia financiera del Estado contribuyó a debilitarlo más.
Con Hugo Chávez la democracia formal desactivó a todo el activismo popular incluyendo a los asistentes a las entidades pedagógicas. Sin embargo, el cierre del canal de Bárcenas disparó un inusitado estremecimiento extendido a los institutos privados.
El oficialismo ha respondido con descalificaciones propias de los adecos. El ataque a la autonomía universitaria, la preservación del orden público y el llamado a los padres, forman el mismo elenco de respuesta acompañado de represión. Las lacrimógenas, los perdigones y los chorros de agua, son las expresiones punitivas para criminalizar la protesta.
Otro enfoque encuentra en las actividades estudiantiles un descubrimiento reciente desconociendo la tradición de combate en el sector. Hasta dónde llegará ese renacer es imposible responder pero lo cierto es su potencialidad. Veo con profunda alegría la difusión de la canción de Violeta Parra interpretada por la voz inconfundible de Mercedes Sosa. Un sector privilegiado, porque nuestra educación no es popular, adquiere ribetes de sensibilidad en medio de un país adormecido por la renta petrolera.
[*] Humberto Decarli / E-mail: hachede@cantv.net
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