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Caracas / Venezuela -
 


Los colaboracionistas bolivarianos
Orlando Ochoa Terán* / Semanario Quinto Día (Venezuela) - 29/06/07

El término "colaboracionismo" lo acuñó el más emblemático de los colaboracionistas, el héroe de Verdun, Mariscal Philippe Pétain, presidente del régimen de Vichy que gobernó parte del territorio de Francia ocupado por Alemania hace exactamente, este mes de junio, 67 años. El exhorto de Pétain a la "colaboración" de los franceses tornó el vocablo en un estigma. Colaboracionismo adquiere entonces en su más extrema acepción la sinonimia de traición.

No existe una sola clase de colaboracionismo. A raíz de la invasión alemana a Francia, el secretario general del Partido Comunista, Maurice Thorez, se negó a luchar contra un país que era aliado de la Unión Soviética y huyó de Francia. Diputados comunistas de la Asamblea Nacional también fueron declarados traidores y enviados a una prisión en Argelia. Una vez que la Unión Soviética es invadida por Hitler y se une a los países Aliados los dirigentes comunistas pasan a ser héroes de la resistencia.

Desde que el presidente Chávez dividió a la nación en "patriotas" y "traidores", el concepto de colaboracionismo ha venido adquiriendo una particular significación. ¿Qué otra cosa puede ser para la masa bolivariana el disidente que el presidente Chávez califica permanente y genéricamente de "lacayo del imperialismo" y apátrida, sino un colaboracionista? Sin embargo, en ocho años de gobierno bolivariano no ha habido un solo juicio con algún valor jurídico que condene a un solo venezolano de la oposición como traidor o colaboracionista de un Estado extranjero. En el verano de 1944, cuando las tropas alemanas huyeron de la Francia liberada, los tribunales condenaron por colaboracionistas a 6.763 personas; 1.500 fueron ejecutadas.


La otra cara

El colaboracionismo adquiere expresión y contenido cuando se asocia a aquellos que sin ser militantes del movimiento que llega al poder, por diferentes razones se someten, pasiva o activamente, a la voluntad de un hombre fuerte. En todos los países ocupados por Alemania y Japón hubo colaboracionistas. Todas las dictaduras y autocracias latinoamericanas cultivaron sus propios colaboracionistas.

Las motivaciones o razones para colaborar con un régimen opresor adquieren diferentes formas. En los inicios de la Venezuela bolivariana muchos fueron seducidos por la posibilidad de cambios que ofrecía una revolución supuestamente democrática. En el proceso se han ido transformando en disidentes. La simpatía y convicción ideológica son también motivaciones.

Dirigentes políticos, empresarios e intelectuales de Francia de los años 30 creyeron que el nazismo era un mal menor comparado con el desorden de la Tercera República. En EE UU hubo tanta simpatía por el movimiento nazi que el gobierno hubo de regular el lobby financiado por Alemania. Desde entonces los agentes que actúan en nombre de extranjeros deben registrarse en el Departamento de Justicia.

Una Europa nazi-fascista ejerció un especial atractivo de orden y progreso que preocupó a EE UU, Gran Bretaña y a la Unión Soviética. El miedo es otro factor que motiva a colaboradores pasivos y activos. A medida que crece el miedo crecen los colaboradores pero también los que se resisten.

Los más activos y despreciables colaboracionistas del régimen de Vichy fueron los que formaron parte de la Milicia dirigida por el general francés Joseph Darnand. Un grupo, que por estar integrado por franceses legionarios, fueron más eficientes en combatir la Resistencia que la SS. Sus miembros gozaban de privilegios que se traducían en buenos salarios y alimentos escasos a los cuales no tenía acceso la población. Después de la guerra Darnand y muchos de sus compañeros milicianos fueron perseguidos, detenidos y algunos condenados a muerte.

Muy pocos lograron escapar al odio que provocaron en la población. Por muchos años Francia vivió lo que se ha dado en llamar el Síndrome Vichy o le passé qui ne passe pas (el pasado que no pasa).


Mentes cautivas

Los intelectuales no fueron una excepción y también sucumbieron al colaboracionismo. El año pasado el renombrado escritor alemán, Günter Grass, premio Nóbel de Literatura, reconocido mundialmente por su obra profundamente pacifista confesó que había pertenecido a la Waffen-SS en su juventud, el temible brazo militar de la GESTAPO que estuvo integrado por centenares de miles de voluntarios extranjeros colaboracionistas.

Francois Mitterand, el líder socialista de la posguerra que ejerció la presidencia de Francia, reconoció en los últimos años de su vida que había sido funcionario del régimen de Vichy. Entre colaboracionistas intelectuales se destacaron, entre otros, los casos del filósofo Martin Heidegger y el escritor francés Robert Brasillach. Después de la guerra no se le permitió a Heidegger enseñar hasta el año 1951. Brasillach, tuvo menos suerte, su más activa e ideológica participación lo llevó a la muerte por ejecución.

La relación entre Francia y Alemania durante la guerra fue motivo de especulaciones políticas y filosóficas que se asemejan a los comentarios nacionales e internacionales que han provocado la extraña dependencia entre la Venezuela bolivariana y la Cuba castrista. En esta relación en la cual la percepción generalizada es que un país domina ideológicamente al otro es posible identificar casos que tarde o temprano serán percibidos o juzgados como colaboracionismo. El número de cubanos en áreas relacionadas con la seguridad nacional no deja margen para la duda.

En 1945, Jean Paul Sartre, se refirió a "curiosas metáforas" que presentaban la relación política franco-germánica como un juego sexual en el cual Francia representaba el papel de la mujer. La mentalidad del colaboracionista, decía Sartre, es femenina, reconoce su debilidad y usa las mismas armas de una mujer. El colaboracionista es, en consecuencia, taimado, encantador y seductor. Como en las relaciones feudales de una sierva y el amo, el colaboracionista sabe que la fuente del poder de aquel es la fuerza.


El criollo

Así como no hubiera sido posible la consolidación de la revolución bolivariana y la colaboración de Cuba sin la participación de José Vicente Rangel, la alianza que encabezó el mariscal Philippe Pétain con Alemania no hubiera sido posible sin un hombre como Pierre Laval. De origen provinciano, Laval se graduó de abogado y ejerció en París donde se destacó como un astuto político socialista y oportunista. Inicialmente fue viceprimer ministro y luego primer ministro del régimen de Vichy. Laval fue el instrumento clave del colaboracionismo con Alemania. El primer político francés que luego de la ocupación alemana de Francia se entrevistó con Hitler fue Laval. De esta reunión, en octubre de 1940, surge la alianza colaboracionista franco-alemana que perdurará hasta la liberación de París, en agosto de 1944.

Pero la semblanza con la realidad venezolana no se agota allí. A pesar de las permanentes acusaciones de "vendidos al imperialismo" que el oficialismo le endilga a la oposición indiscriminadamente,
incluso a los jóvenes estudiantes, el régimen bolivariano no puede escapar de su propia celada. Los factores históricos y conceptuales del colaboracionismo han calado tanto en la imaginación de grandes sectores que será difícil desentenderse de ellos con facilidad.

Por último es necesario destacar que el colaboracionismo, por principio general, sobreviene después del ascenso al poder de un líder mesiánico. Así como no se le pudo endilgar el mote de colaboracionista a Goering, Borman o Speer, que lucharon al lado del Führer desde el principio no se podría hablar de colaboracionismo en casos como los de Diosdado Cabello, Jesse Chacón o Nicolás Maduro. No son estas las circunstancias de José Vicente Rangel, Jorge Rodríguez o Luisa Estella Morales, por sólo mencionar tres ejemplos. Tampoco el de Tobías Nóbrega quien está aprendiendo cuál es la verdadera diferencia entre un respaldo con convicción y el de un simple colaboracionista.


[*] Orlando Ochoa Terán / E-mail: o.ochoa@worldnet.att.net

 

"... la crueldad del nazismo no fue obra de un loco ni de un delirante. Al lado de Hitler actuaron personas comunes, mediocres, que aparentaban no tener rasgos patológicos y, sin embargo, pusieron en marcha una maquinaria atroz"

Alvaro Abós - Diario La Nación (Argentina) - 02/07/07


 


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