Marxismo cuestionado - II
Alberto Méndez Arocha*
/ Soberania.org - 04/07/07
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Nuevamente el filósofo economista Emeterio Gómez (El Universal 17/05/07, “Solo para jóvenes chavistas”) trata el tema de la revaluación de la doctrina marxista que comentamos en anterior nota, añadiendo ahora el argumento que el materialismo histórico no es válido en cuanto “creyó que las ideas de los hombres ¡y su conciencia moral! eran subproducto de sus condiciones materiales de vida”.
Al respecto hemos propuesto (v.p.ej. “El Buen Oro y el Buen Dios”) que existen dos procesos paralelos en la historia de la humanidad, que la explican, y que son la lucha económica por la apropiación de la riqueza existente en una comunidad, lucha entre grupos y sus caudillos; y la otra lucha, a veces confundida o superpuesta a la anterior, de los grupos religiosos por la conquista y conversión de los infieles, lo que hemos llamado los síndromes, intuitivos, de la hormiga roja y la hormiga negra.
Esta posición nuestra viene a ser así una posición relativamente intermedia para la actualización del marxismo, una especie de posmarxismo económico, que acepta la lucha económica (a veces social, que viene siendo lo mismo) como motor de la historia, no siempre entre clases de pobres y ricos, sino mayormente entre caudillos de la misma clase de ricos. Mientras que la parte ideológica ética o religiosa se inserta, en el otro extremo, por reivindicaciones y apropiaciones de la religión (y de las riquezas) del oponente.
La cosa se complica cuando religión y reino terrenal se asocian, como en el mundo islámico, y se empieza a saquear, violar doncellas y reprimir ciudadelas en el nombre de Dios, pero guardando el dinero asaltado.
En todo caso esta posición mixta podría contribuir a buscarle salida a una discusión demasiado antagónica, a una tercera vía, que negando la teoría del valor trabajo, negando la concepción de plusvalía como “el mas grande invento” – si reconoce el papel que ha jugado la lucha económica entre grupos de intereses antagónicos para la repartición de la misma y única torta, entre trabajadores e inversionistas de las empresas, entre los generales desempleados en la Venezuela del siglo XIX, y de cuando en cuando, no hay duda, entre los herederos de los reconcomios derivados de la explotación de esclavos y mestizos por mantuanos durante toda la Venezuela colonial.
Pero muy poco es lo que puede explicarse exclusivamente por lucha de clases sociales; aparte de la Revolución Francesa (y la Haitiana, por tanto), todas las independencias americanas, las historias europeas desde las invasiones de los mongoles, fueron luchas entre caudillos ricos. Que los que peleaban eran los pobres, esa es otra cosa que se tratará algún día, porque los soldados tenían varios tipos de pagas.
En el caso de las empresas actuales, seguirá la discusión entre capital y trabajo, por la mejor remuneración de los obreros, con la cogestión y el cooperativismo, donde las empresas de producción social (EPS) parecen ser un esfuerzo por reducir la rentabilidad del capital e incrementar la “responsabilidad social de la empresa” – solo que al limitar las ganancias de la inversión se está arriesgando cercenar el motor clave para la formación de las empresas, que son la base del empleo: del incentivo de la utilidad, para el capital y su reinversión, para los trabajadores que gerencian y laboran, para las comunidades beneficiadas, incluso por bajos precios a costos eficientes.
Porque la torta no se reparte solo entre capital y trabajo, y esta es una evidente falla de Marx, --en 1848 no existía quien defendiera a los consumidores— lo que hay que añadir en la actualización de la doctrina.
[*] Alberto Méndez Arocha / E-mail: amasocs@cantv.net
Primera parte :
Marxismo cuestionado - I
Alberto Méndez Arocha*
/ Soberania.org - 02/07/07
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