EE UU, intereses, visas y terrorismo
Orlando Ochoa Terán*
/ Semanario Quinto Día No. 346 (Venezuela) - 20/06/03
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En 1998, EE UU negó la visa al candidato Hugo Chávez
y José Vicente Rangel lo calificó como “una
torpeza que lamentarán en Washington”
Es bien sabido que no hace falta una visa para ingresar a EE UU.
Decenas de miles de nuevos inmigrantes burlan cada día la
vigilancia a lo largo de las decenas de miles de kilómetros
de fronteras y costas. Los ataques del 11S a Nueva York y al Pentágono
desataron una férrea vigilancia que igualmente es burlada.
De los 19 terroristas que ejecutaron este asalto, 13 habían
ingresado legalmente y de los otros 6 las autoridades no tienen
la menor pista. Desde entonces, EE UU libra la guerra contra el
terrorismo, un concepto que se ha deformado y degenerado de tal
manera que ya nadie está seguro a que se refieren
cuando los Gobiernos hablan de terrorismo. El Gobierno de Venezuela,
por ejemplo, llama terroristas a todos sus adversarios, incluyendo
parlamentarios, empresas e instituciones. El ministro Rafael
Ramírez acaba de calificar de “terroristas”
a los 18.000 petroleros despedidos de Pdvsa. Por esta vía
ridícula e infantil, Venezuela tiene más terroristas
que la red de Al-Quaeda, Afganistán, Hezbollah, Palestina,
el Líbano e Irak juntos. Pero a los diplomáticos
estadounidenses les gusta la canción. En esta onda de terrorismo
universal, el embajador Shapiro
recomendó al Departamento de Estado que se le revocara la
visa al general Medina Gómez. Si el Departamento
de Estado juzga que el general Medina es un terrorista, ¿por
qué las autoridades venezolanas no le han formulado cargos
y llevado a juicio? ¿Una concesión graciosa del embajador
Shapiro al vicepresidente Rangel como expiación de su lastimosa
pena por el grotesco show? ¿Contradicciones entre
el Departamento de Estado y el Pentágono? Independientemente
de cual sea la razón para la decisión que se adoptó
contra el general Medina Gómez, la visa otorgada o revocada
a los hombres públicos como un símbolo de aprobación
o desaprobación terrorista de la diplomacia estadounidense,
ha caído, por abuso, en el mismo desprestigio de
la certificación de la lucha contra las drogas.
Veamos.
¿Terroristas?
En 1998, le negaron la visa al candidato Hugo Chávez
por haber participado en una asonada militar para derrocar a un
gobierno constitucional. Hoy sería por terrorista.
Entonces, comentó José Vicente Rangel que era posible
“apreciar la torpeza de los funcionarios que en el Departamento
de Estado impusieron la decisión”… “de
este error –agregó con mucha razón- se lamentarán
después en Washington”. Alguien le debería decir
al embajador Shapiro que esas torpezas no las agradece el vicepresidente.
Ningún Estado está obligado a dar razones para negar
o revocar una visa, pero en la diplomacia de EE UU prelan, teóricamente,
la violación de los derechos humanos, el atentado contra
un régimen democrático y recientemente con más
fuerza el terrorismo. Sin embargo, desde el mismo día que
se aprobó la Constitución de EE UU y se declaró
que “todos los hombres son iguales”, siempre
han existido unos más iguales que otros. El 17 de febrero
de 2000, el congresante Mark Foley, de EE UU, hubo de presentar
un proyecto legislativo en Capitol Hill denominado Ley Anti-Atrocidades
para la Deportación de Extranjeros. El leitmotiv de la ley
consideraba que en EE UU se encontraban, aproximadamente, unas 7.000
personas acusadas de violaciones de derechos humanos.
Visa y crimen
“No hay duda de que el pragmatismo político
priva sobre los principios cuando se trata de crímenes contra
la humanidad”, asegura Diane F. Orentlicher, una
profesora especialista en crímenes de guerra de la Universidad
de las Américas. Así es. Los coroneles Carl
Dorelien y Herbert Valmond, bajo la dirección de
Raúl Cedras, el general que arrebató el poder en Haití
al presidente Aristide por medio de un golpe militar, fueron acusados
de horrendos crímenes contra la humilde población
de Raboteau, donde se torturaron y masacraron a centenares de haitianos
en 1994. Los tres vivieron en EE UU por años. Emannuel
(Toto) Contant, quien dirigió un grupo paramilitar
en Haití y fue responsable de miles de asesinatos y torturas
a principios de los 90, vivió en Nueva York entre 1994 y
2002. Este año fue deportado. El Departamento de Estado le
aprobó la residencia en EE UU al ex ministro de Defensa de
El Salvador, general José Guillermo García,
y al ex comandante de la Guardia Nacional del mismo país,
coronel Carlos Eugenio Vides Casanova, incluso
después de que una comisión de la ONU concluyó
que ellos intentaron encubrir la responsabilidad de la Guardia Nacional
en el asesinato de 3 monjas de nacionalidad norteamericana en 1980.
El militar salvadoreño Pedro Antonio Andrade
estuvo involucrado en el asesinato de 4 marines, 2 hombres de negocios
de EE UU y 6 salvadoreños en la Zona Rosa de El Salvador.
En 1997, se reveló que estaba residenciado en California
bajo la protección del gobierno de EE UU. Pero esto
no lo advirtió Shapiro como jefe de la sección de
El Salvador en Departamento de Estado y secretario Político
de la Embajada de EE UU en El Salvador, ambos cargos entre 1983
y 1988. Todo lo contrario, en un testimonio ante una Corte
Federal de Los Angeles en diciembre de 1986, declaró: “Estamos
orgullosos de lo que hemos hecho en El Salvador”.
Sobre el fallecido líder del Khmer Rouge,
Pol Pot de Cambodia, inculpado en la masacre de
más de un millón de seres humanos, Ron Daniels,
del Center for Constitutional Rights de Nueva York, comentó
hace unos años: “¿Cómo puede
EE UU hablar de involucrarse en una operación para capturarlo
y al mismo tiempo presentar lo que equivale a un asilo de este abusador
de derechos humanos?”. El mismo Shapiro lo aclara, en esa
misma oportunidad de 1986, en Los Angeles: “Derechos humanos
es parte de nuestra política… pero no es nuestra única
política”.
* Orlando
Ochoa Terán - oochoa@quintodia.com.ve
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