Rojos, revolución y la Iglesia Católica
Orlando Ochoa Terán* / Semanario Quinto Día (Venezuela) - 03/08/07
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“El primer antagonismo surgió entre partidarios y opuestos a profundizar la revolución” (…) “Los revolucionistas propugnaban las milicias y rechazaban el ejército regular, querían completar la colectivización de las tierras y las empresas (…) “Se aplicaron a construir, como obligado cimiento del nuevo Estado, un ejército también nuevo y revolucionario, desde los signos externos y saludos…”.
Pío Moa - Los mitos de la Guerra Civil.
El Presidente Chávez ha venido incrementando progresiva y sistemáticamente el nivel de confrontación con los representantes de la Iglesia Católica venezolana. Su persistencia y la de sus seguidores parecen responder a una política que remeda la de otros tiempos y la de otras latitudes. Su aversión anticlerical en Venezuela contrasta con su admiración y apego a la teocracia islámica de Irán, a la cual acude con frecuencia para ponerla como ejemplo de conducta religiosa y ciudadana.
De la procacidad del Presidente Chávez y la de sus seguidores no se ha salvado ninguno de los miembros de la Iglesia, desde el más humilde sacerdote, pasando por obispos y cardenales, nacionales y extranjeros, hasta llegar al Papa. Nada extraño. En los dos milenios de su existencia esta institución no sólo ha resistido sino ha salido airosa de los embates y las agresiones de fuerzas inmensamente más poderosas. ¿Cuántas divisiones tiene el Vaticano? preguntó alguna vez con sorna Stalin al primer ministro francés Pierre Laval, quien buscaba apoyo del Partido Comunista Francés y del Vaticano a su debilitado gobierno.
En medio de las protestas juveniles del pasado mes de mayo el presidente Chávez amenazó con encabezar un “movimiento jacobino” que algunos columnistas e intelectuales tomaron como una referencia a la era del Terror de la Revolución Francesa. Lo dudamos.
La amenaza de Chávez aludía a una de sus peores derivaciones, el “jacobinismo español”, el cual le imprimió a la revolución republicana “una de las actitudes más definitorias, si no la más definitoria, su anticlericalismo”.
En este sentido estamos persuadidos que ésta calculada y sistemática instigación, desde hace años contra la Iglesia Católica, rima con el populismo de la república española que consideraba a esta institución un obstáculo para el socialismo inspirado en el modelo de la Unión Soviética.
Durante la última década España ha vivido un proceso de retrospección colectiva que la ha obligado a enfrentar los demonios de un pasado que tienen semblanza con los que se están aposentando en nuestro país. Veamos.
La historia
En esta controversial revisión del pasado español una de las obras más interesantes es la del periodista e historiador Pío Moa, quien ha logrado atraer decenas de miles de lectores convirtiendo sus investigaciones sobre los orígenes y los mitos de la Guerra Civil (GC) en verdaderos best sellers.
Los antecedentes y las vivencias políticas del autor han acrecentado su atractivo.
Moa fue un activista de la resistencia a Franco y en su juventud un miembro del partido Comunista Español (PCE). Más tarde formó filas en GRAPO, una organización terrorista maoísta que participó en acciones armadas durante y después de la dictadura de Franco.
Con una narrativa fascinante y apasionada, Moa desmonta el mito de la romántica noción que asoció la II República española con ideas de democracia y libertad. La figura central republicana fue Manuel Azaña quien tenía un concepto de república jacobino y despótico, extremadamente anticatólico. “Una república para todos”, anunció Azaña en un mitin el 28 de septiembre de 1930, “pero gobernada y pensada por los republicanos y auxiliada por los gruesos ‘batallones populares’”. Azaña concibió sus planes como una “empresa demoledora” de la herencia histórica de España que comparó con la sífilis. “El futuro no me importa, tan sólo que el presente y su módulo podrido se destruyan”.
La II República
Las amenazas no fueron en vano. Con ella se inicia una etapa republicana que Moa llama la “jacobinización del régimen”.
Ante la quema de templos, conventos y bibliotecas, alentados por un odio anticlerical Azaña aclara que “todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano”. Al proponer la proscripción de la educación católica aclara: “No me vengan a decir que esto es contrario a la libertad, porque esto es una cuestión de salud pública”. Y como si se tratara de un decreto de obligatorio cumplimiento, declaró: “España ha dejado de ser católica”.
España se escindía en dos partes.
Antonio Machado la llamó “las dos Españas”. Azaña prometía cumplir el programa del Frente Popular “para que la República jamás salga de nuestras manos, que son las manos del pueblo”.
Aunque el general Franco fue un personaje secundario en la república -alega Moa- estuvo presente a lo largo de ella como una sombra enigmática, de cuya decisión todos temían o esperaban algo.
Cuando la nueva república exige al ejército lealtad algunos militares se retiran pero Franco da un paso al frente y reprende a sus compañeros. “Los que nos hemos quedado lo vamos a pasar mal, pero creo que quedándonos podemos hacer mucho más…”.
Pronto recibirá una cruda decepción.
El gobierno republicano clausuró la Academia Militar de Zaragoza, de la cual Franco era director. Su discurso de despedida –dice Moa- fue un canto a la disciplina que recomendaba perseverar incluso “cuando el corazón pugna por levantarse en íntima rebeldía o cuando la arbitrariedad o el error van unidos a la acción del mando”.
El futuro Caudillo es pasado a disponibilidad y sometido a vigilancia. Más tarde, para aislarlo, es enviado a las Islas Baleares desde donde partirá para ponerse al frente de la división legionaria en Marruecos que se había sublevado para responder al caos general que desataron en los milicianos el triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero del 36, los asaltos a la Iglesia Católica y el asesinato del líder de la oposición, Calvo-Sotelo, por funcionarios de seguridad.
La guerra
Curiosamente, durante los años de la república que precedieron a la Guerra Civil, los partidos que van a representar el verdadero poder de los dos extremos enfrentados eran ambos minoritarios. En efecto la Falange de Primo de Rivera no pudo superar los 44.000 votos y el Partido Comunista Español (PCE) era minoría en la coalición del Frente Popular dominada por el PSOE.
La Falange adquiere relevancia cuando Franco, en medio de la sublevación, asume sus postulados de derecha y de identificación con la Iglesia Católica. Un elemento clave que la distinguirá del fascismo de Mussolini y del nazismo de Hitler, pero no será obstáculo para el apoyo estratégico de ambos a la sublevación.
La intermediación y la subordinación del PCE al gobierno de la Unión Soviética que presta ayuda militar a la república convierten a los “rojos” del PCE en el poder de facto del Frente Popular.
La acumulación de odios estimulados desde el poder condujo a desafueros insospechables contra los miembros de la Iglesia Católica. Millones de españoles que eran llamados “reaccionarios” o “derechistas” no eran sino labriegos, clase media y pequeños comerciantes que defendían el derecho a la propiedad y se identificaban con los principios de la Iglesia Católica.
El bando republicano asesinó a 7.000 religiosos, incluyendo 13 obispos, más 30 laicos católicos por el mero hecho de serlo. 142 iglesias fueron incendiadas y con ellas un patrimonio cultural invalorable.
Azaña responsabilizaba al clero y a la derecha porque no habían sabido “dejarse cortar un dedo para salvar la mano”. “No fue la Iglesia” –dice Moa- la que hostigó a la república, sino los políticos jacobinos y revolucionarios de la república quienes hostigaron sin tregua a la Iglesia.
El enigmático general Franco, líder de la sublevación y de la facción que ganó la guerra, con implacable furia derrotó al desordenado ejército republicano, aniquiló las milicias populares y se hizo dueño del poder por 36 años para, supuestamente, poner orden a un gobierno que sufría de un “exceso de retórica, un exceso de violencia, un exceso de incompetencia y un exceso de corrupción”. Los españoles de izquierda y de derecha parecen haber aprendido la lección. Lástima que la experiencia no sea transferible.
[*] Orlando Ochoa Terán / E-mail: o.ochoa@worldnet.att.net
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