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Caracas / Venezuela -
 


Reservas y producción petrolera hacia su hora “cero”
José Gil* / Soberania.org - 06/08/07

Lo que ocurre con las reservas petroleras del mundo se asemeja a lo que ocurre con la alimentación. En el 2002 se publicó el libro “Geopolítica del Caos”, en el cual se señala -como ironía- que produzcamos suficiente alimento para alimentar el doble de la población mundial, pero tenemos más del 20% en situación de hambre y al menos otro 10% mal nutrido. Algunos comiendo demasiado y consumiendo lo que por “balance natural” debería ser digerido por otros.

Los recursos petroleros del globo son enormes, no hay problema de carencia, el problema es la velocidad con que están siendo agotadas, la desequilibrada forma en que son consumidas, y las nefastas consecuencias que están siendo sembradas en el presente, para que sean cosechadas por nuestros hijos. Son cada vez más los analistas que alertan sobre cambios importantes en el ámbito social, económico, político e incluso militar, considerando que el petróleo es una “razón de estado”, como escribiera Oyster Noreng en su libro “El poder del petróleo”.

Para introducir al lector no petrolero, en un lenguaje llano, a esta realidad, en primer lugar veremos los actores que juegan un papel determinante en el cálculo de reservas petroleras, luego nos pasearemos por lo que dicen algunos informes internacionales -oficiales- sobre los volúmenes de producción y consumo, para finalmente estimar cuanto tiempo pudiese quedar de petróleo y los efectos que el consumo está dejando en el camino.


El complejo mundo de cuantificar reservas

La cuantificación de las reservas petroleras es un asunto que implica criterios geológicos, de ingeniería de yacimientos, cálculo de probabilidades estadísticas, estrategias de desarrollo a largo plazo y gerencia operacionales “día a día” de campos productores, lo que hacen del tema un asunto de extenso análisis en el que se invierte tiempo, dinero y talento de empresas vanguardistas en las vivencias de este negocio.

Además del aspecto técnico, la cuantificación de reservas requiere criterios de economía. Se contabilizan reservas cuya producción cumpla ciertos criterios de rentabilidad, dictaminados por los compromisos de pagos de la empresa que los producirá, bien con sus casas matrices u otros entes bancarios. De modo que el cálculo de reservas y el tiempo de producción deben cubrir los compromisos de pago + el margen de ganancia que se espera obtener en retribución a la inversión realizada. Un campo considerado no rentable por su pronóstico de producción a 5 años pudiera convertirse en atractivo si se incorpora un plan de recuperación mejorada y un plazo de 20 años. La economía dictamina la decisión final de inversión, y requiere que haya “suficientes” reservas en el subsuelo.

Finalmente, pero posiblemente al tope de todos los demás, entra en juego el asunto político de cómo manejar el volumen de reservas en función de la visión política que tenga el dueño o administrador de esas reservas. Si pensamos por ejemplo en las reservas del campo petrolero más grande del planeta: Ghagar, en Arabia Saudita, ese gobierno dirá que posee 70 mil millones de barriles en reservas, suficientes para atraer inversiones a su pais y abrir mercados de colocacion en Japón, China, Corea del Sur y EUA. Sin embargo, analistas como Mathew Simmons sugieren que tales números están hiperinflados. ¿A quién creerle? La respuesta suele depender del interés del comprador o vendedor de ese petróleo y de las negociaciones paralelas que puedan labrarse en función de esa compra y/o venta.

Los proyectos políticos de los gobiernos de países insertados en el negocio petrolero se relacionan con intereses y estrategias que tienen una mano en el mercado de capitales internacionales, y otra en la implementación de políticas domésticas que evite el enfado de sus votantes o súbditos de coronas, principados o sultanatos. Un ajedrez de multi-intereses en el que los discursos y las acciones no siempre caminan en la misma dirección.


Sirva lo indicado para mostrar los intrincados y entrelazados caminos que deben transitarse a la hora de decidir cuantos barriles de reservas existen. Vivimos en el siglo digital y de capacidad para calcular ecuaciones complicadas en nano-segundos, pero las cifras finales no se derivan del mundo de las computadoras tanto como de las bolsas de valores, brokers, banqueros y políticos.


Vamos a creer que las cuentas no son cuentos

A pesar de lo complejo de la cuantificación de reservas, la relación actual entre consumo y descubrimiento de las mismas es tan profunda que, podemos asumir como ciertas las “manipuladas” cifras oficiales que se publican anualmente, y aunque estuviesen erradas en un 40% apenas cambiarían los resultados por un plazo de 10 años, lo que es un margen pequeño de error para lo que este escrito desea mostrar: las reservas de petróleo del planeta están siendo consumidas a una velocidad que triplica la capacidad de agregar nuevos barriles, y el desenfreno de ese consumo nos aproxima -a alta velocidad- hacia escenarios de escaces y conflictos en materia económica, social y política a escala global.


En su informe del año 2006 las estadísticas de British Petroleum (BP) indican que existen 1.200 billones de barriles de petróleo en reservas probadas, lo que por cierto, es una cantidad enorme de materia prima para generar energía. Nadie puede decir que este recurso sea escaso en el subsuelo, pero ese no es el problema. El problema radica en que estamos consumiendo unos 32.000 millones de barriles por año, lo que nos deja con el hecho que esas reservas se extinguirán en menos de 40 años. Claro está que podemos “agregar” nuevos barriles con la implementación de nuevas tecnologías y con el descubrimiento de nuevos campos, pero la realidad actual es que cerca del 90% del crudo que se produce hoy procede de campos descubiertos hace 40 años, y desde 1960 el número de descubrimientos de campos mayores a 500 millones de barriles se ha reducido hasta prácticamente cero en los últimos 5 años.

En un informe de noviembre del 2005 la Agencia Internacional de Energía señala que desde 1997 los descubrimientos apenas cubren la mitad del petróleo producido, y es en el Medio Oriente donde esta reducción se muestra más dramática, pues de 1963 a 1972 fueron descubiertos 187 billones de barriles, mientras entre 1992 y el 2002 apenas descubrieron 16 billones. Este efecto se observa a escala global, y los jugadores del negocio han venido ajustando y redireccionando sus inversiones, reduciendo especialmente las de exploración.


Problemas de cifras de producción y reservas

Algunas cifras oficiales son claramente dignas de reflexión. Por ejemplo, los 96.5 billones de barriles de las reservas oficiales de Kuwait no cambiaron prácticamente nada de 1995 al 2002, pero han producido 8 billones de barriles, sin reportar nuevos descubrimientos. Interesante ¿verdad?. Arabia Saudita publica reservas entre 258 y 262 billones de barriles durante los últimos 15 años, pero ha producido más de 100 billones de barriles.

Estos son solo 2 ejemplos que pueden observarse en casi todos los grandes productores, especialmente de la OPEP, y permiten inferir una de tres explicaciones: i) no se desea mostrar la caída real de sus reservas, ii) las tecnologías han aportado “coincidencialmente” la misma cantidad de reservas consumidas, iii) una combinación de esas dos cosas mantienen el libro de reservas bien gordito como para atraer inversiones y justificar endeudamiento y contraer compromisos internacionales con garantía en barriles, especialmente si se es un país monoexportador y multi-importador.


Problema de producción de livianos

Cerca del 95% del crudo que se produce en el mundo es liviano, por lo que sabemos que este llegará a su extinción mucho antes que los pesados y extrapesados. A ello debe agregarse que estos últimos suelen contener mayores volúmenes de azufre y otros elementos que, además de reducir la calidad del crudo, elevan su costo de refinación y causan mayor impacto ambiental durante su extracción y refinación.

En abril del 2007 se publicó un análisis hecho por uno de los asesores del poderoso grupo SAIC, que coincide con este enfoque de consumo de crudo liviano, y señala que las inversiones para ampliar la infraestructura de producción es mucho menor que la necesaria para mantener la actual o adaptarse a la creciente demanda. Si las inversiones no están dirigidas a crecer sino a mantener niveles de producción, es sensato pensar que los llamados “grande liga” no esperan incrementos sustanciales en la producción de crudo. Al parecer los estrategas no esperan que la producción pueda incrementarse a los niveles que esperan los grandes consumidores como EUA, China, e India. ¿Habrá conflictos por los recursos?

Arthur Berman, un geólogo consultor con experiencia en el mundo petrolero, señala en un artículo publicado en Mayo del 2007 por la revista “World Oil”, que al considerar los volumenes de reservas agregadas, la producción y la orientación de inversiones de capital de grandes empresas como Shell y Exxon-Mobil, pareciera que hemos llegado al “final de la era de exploración”.


¿Cuánto petróleo queda a las petroleras?

Desde el punto de vista de las grandes empresas petroleras no quedan muchas reservas. Los informes que en el 2006 publicaron las 6 empresas más grandes muestran que sus reservas actuales alcanzan para 8 a 22 años de vida. Los gráficos 1(arriba) y 2 (abajo) muestran que Exxon-Mobil reporta reservas por 21 billones de barriles, que le alcanzan para 22 años al ritmo actual de su producción. BP 18 billones, que se consumirán en 13, Shell reporta 13 billones y se estima rendirán 9 años, y le siguen Chevron y Total con 12 y 10 billones, consumibles en 11 y 7 años respectivamente, y Conoco-Philips con 8 billones, a consumir en 8 años aproximadamente.


Está claro que los esfuerzos de estas empresas se centran en generar “reservas sustitutivas” a través de nuevos descubrimientos, nuevas tecnologías en recobro, alianzas estratégicas en países productores, compra de reservas de empresas pequeñas, o fusiones entre ellas. Pero haciendo un análisis puntual de la situación hasta el 2006 esas son las cifras según sus propios informes publicados y entregados a sus accionistas, de los cuales existe copia publicada en sus portales en la Internet.


¿Cuanto petróleo queda a los países?

Desde el punto de vista de los principales productores y consumidores el panorama es preocupante por las implicaciones geopolíticas que pronostican, y los escenarios que pudieran desencadenar. La gráfica 3 (abajo) muestra que, considerando las reservas reportadas en el 2006 y el ritmo de producción del Reino Unido, esa nación tiene reservas solo para 6 años, Noruega 8, México y Canadá 11 y 13. Cabe destacar que estos últimos son los dos vecinos geográficos inmediatos al mayor consumidor del planeta como lo es Estados Unidos, y son su primer y cuarto suplidor, respectivamente. Norteamérica posee reservas para 11 años más, aunque muestra tener capacidad para mantener sus reservas en libro en ese mismo nivel. India y Rusia tienen reservas para unos 20 años. Los candidatos que destacan de la tabla son los que producirán crudo después de la primera mitad del siglo XXI: Arabia Saudita, Venezuela, Irán, Kuwait e Irán.


Es interesante que la prensa internacional recoge múltiples informes y análisis que nos hablan de la tirantés política entre los que tienen pocas reservas pero consumen muchas, contra los que suplen mayores volúmenes pero se ubican en geografías “lejanas” y con sistemas de gobierno político acusados de ser “frágiles” o “no tan confiables” por los consumidores.

Combinando entonces lo que dicen los libros de las empresas, y sumando los de las principales naciones productoras y consumidoras, el panorama mundial no pinta bien en lo que a capacidad de incremento se refiere, y en la longevidad de los recursos petroleros para el futuro, así como posibles consecuencias geopolíticas.


...y ¿En Venezuela?

Hasta el 31-12-2005 se reportaban 80 billones de barriles en reservas, que incluyen 35 billones de la Faja del Orinoco. Si los niveles de producción están en los 3 millones de barriles por día, implica que hay reservas probadas para unos 70 años, pero si se considera una benigna declinación de 5% declinación de los yacimientos longevos en realidad alcanzan para menos de medio siglo.

En marzo del 2007 PDVSA reporta 2.43 millones de barriles exportados, en comparación con los 2.71 millones exportados para el mismo mes en el 2005. Esto representa un 11% de reducción en solo 2 años. Cierto que pudiera estar más relacionado a capacidad de producción, pero agrega el reto nacional de establecer cuotas de producción factibles de ser producidas sin menguar capacidad de producción, y optimar los recursos financieros que genera el petróleo. Asunto complejo este.

Recientemente el portal de PDVSA informa que, con la
certificación de reservas en la Faja tenemos 8 billones más, pero existe un debate entre los especialistas en el tema, pues se están considerando factores de recobro del 20% y hasta 30% en esos cálculos, mientras hasta la fecha el mejor recobro ha sido de un 10%. Los estimados que sugieren desde esa casa matriz apuntan a que unos 230 billones más pudieran ser agregados.

En el caso de la Faja hay que considerar el volumen de agua, la electricidad y el gas que se necesitará para producir esas reservas, pues se trata de un crudo que requiere sistemas de levantamiento artificial en grandes proporciones para su extracción. Esto es asunto que requerirá un debate de los especialistas en los aspectos técnicos de producción, pues los extrapesados requieren una tecnología que sólo unos pocos dominan en el planeta.


Una piedra en el zapato...el calentamiento global

La evidencia científica muestra que estamos adentrándonos en una etapa de calentamiento global como no se había visto en los últimos 650.000 años. Las concentraciones de dióxido de carbono (CO2) en el globo superan las 380 partes por millón (ppm), lo que supera por mucho los niveles más altos en miles de años de historia humana.

La principal causa de este calentamiento es señalada por la comunidad científica en la dirección del uso de combustibles fósiles (petróleo y gas) como fuente de energía.
Me ahorro muchas palabras recomendando al lector que tome 75 minutos de su tiempo para mirar con atención el documental “Una verdad inconveniente”, en la que Albert Gore comparte, en un lenguaje claro, pero científicamente inapelable, la realidad que vivimos, y el futuro que podemos llegar a sufrir si no se hacen ajustes radicales y expeditos en los patrones de consumo energético.


El etanol ¿Reduce las emisiones de CO2?

Ya es un debate abierto el asunto del etanol como aditivo a combustibles fósiles para reducir emisiones de CO2. Uno de los problemas del etanol es que extensas zonas de sembradíos son quemadas para recoger como por ejemplo la caña de azúcar, rubro que apuntala el rendimiento energético como aditivo combustible por encima de la yuca y el arroz. Las emisiones que proceden de quema de vegetación y bosques representan cerca del 30% del total de CO2 enviado a la atmósfera, con el agravante que cercenamos parte del pulmón que justamente nos ayuda a generar oxigeno limpio. Además, este uso de tierras y granos ha disparado el precio de la tonelada en relación directa con el del barril, lo que golpea la capacidad de suministro de alimento y el costo del mismo.

Un análisis imparcial del asunto nos debe llevar a concluir que técnicamente el etanol si reduce las emisiones de CO2 que emite un vehículo automotor impulsado por gasolina combinada con este refinado, pero las que se generan en la quema para recolectar la materia prima para producir ese etanol son mucho mayores. Podemos concluir que además de no reducir las emisiones, es profundamente carente de ética el uso masivo de etanol como aditivo a motores de combustión.


¿Dónde vamos?

Desde hace varios años he presentado datos, informes y resultados sobre el aspecto técnico  de este tema, así como el análisis de escenarios que se pueden derivar de la situación actual de reservas y producción petrolera mundial. Desde foros itinerantes en barrios, plazas y urbanizaciones, hasta el sector universitario, las Fuerzas Armadas Nacionales y foros en el seno de la industria petrolera. Me sorprende que incluso muchos ciudadanos “comunes” muestran mayor conocimiento y sensibilidad del tema que algunos directivos y gerentes del sector, quienes muchas veces apenas tienen una leve idea de lo planteado, mientras otros aún se muestran escépticos a aceptar estos hechos.

Con un barril OPEP que rebasa los 70$ de nuevo, y mientras la agencia internacional de energía estima que la inversión requerida para modernizar la infraestructura y expandir la capacidad de suministro de energía para el 2030 equivale a 16 trillones de dólares de EUA, cabe preguntarse ¿Dónde vamos como sociedad?

Estamos viviendo el umbral de escenarios en los que nuestra supervivencia como especie está en juego. El consumo energético presente, y su proyección futura se hace inalcanzable con los recursos petroleros disponibles, aunque sean cuantiosos. Las fuentes alternativas como hidrogeno y nuclear ni remotamente pueden sostener el aparataje económico mundial que reposa sobre la base de consumo masivo de productos derivados del petróleo. Las emisiones de CO2 como resultado de la devastación de nuestro ambiente está generando cambios climáticos que prometen la desaparición de los polos en menos de 45 años, de modo que se extinguirán antes que el petróleo. Entre tanto, la sociedad vive entre la desilusión de las promesas de sus gobernantes, y el sueño que un golpe de suerte, algún Mesías o una tecnología milagrosa inventada por “expertos” resolverá el problema.


Conclusión

Sabiendo que vivimos en una sociedad que requiere tanta energía generada a partir del petróleo, cuya tendencia de consumo es insostenible en el tiempo, debemos empezar a frenar el efecto para luego comenzar a revertirlo. Estamos a tiempo de hacerlo, pero es un trabajo concertado, de cooperación y no de imposisiones. Es tiempo de que profundicemos una educación y conducta que produzca una cultura de ahorro de la energía en el ciudadano del planeta.

Decisiones sencillas como desconectar el celular una vez que se cargó, apagar las luces innecesarias, utilizar equipos de bajo consumo de electricidad, hasta acciones más organizadas como reducir la producción y consumo de carbón, exigir el estricto cumplimiento de leyes y procesos ambientales que mitiguen nuestro impacto de consumo petrolero y el manejo de sus desechos, entre otras cosas, son la meta a alcanzar en el corto plazo. Alguien dijo que uno de nuestros mayores problemas es tener “leyes rigidas de cumplimiento flexible”. Mientras se retrasen las acciones correctivas la presión de este volcán se sigue acumulando...


En el caso particular de Venezuela, cuando leemos en prensa señalamientos y acusaciones directas a la capacidad de gestión y conducta de personeros de sensible relación con el negocio petrolero, cuando pensamos en el tiempo y esfuerzo para formar al profesional que enfrente los desafíos del problema planteado en materia tecnológica, así como estrategias y planes a futuro, y cuando observamos la mono-dependencia que aun tenemos del producto petrolero... hay más razones para preocupación que para celebración, lo que invita a redoblar esfuerzos para cerrar esas brechas.

Entre tanto, algunos se preparan para enfrentar el futuro sin petróleo. Noruega, por ejemplo, ha creado un fondo de ahorros para cuando se cierre el chorro de su producción petrolera, y ya cuenta con más de 200.000 millones de dólares como contingencia para enfrentar una economía post-petrolera. Suecia está planificando ser una sociedad “no petrolera” en 15 años, sin construir plantas nucleares.

Quien suscribe entiende que para el cambio requerido no se trata de tirar todo por la ventana para la próxima semana, pero es imprescindible comenzar a dar los primeros pasos YA!. Hay que enfatizar la importancia de una educación que incluya el conocimiento de estos temas y su discusión para toma de acciones por parte de la población. La solución debe darse en conjunto, en equipo, pues de la misma forma que el problema es global, la solución depende de que hagamos un genuino esfuerzo global.

La palabra final la tiene el ciudadano común quien, con su voz y su capacidad de unirse a otras voces, es la única fuerza capaz de detener el péndulo de cuenta regresiva que nuestros abuelos y padres activaron, y que tenemos la responsabilidad de detener
.




(*) José Gil, Ingeniero Geodesta con 22 años de experiencia en las áreas de geofísica, geología e ingenieria de yacimiento y operaciones de EyP petrolera en el ámbito nacional e internacional. Investigador de la geopolítica petrolera mundial. Fue profesor de técnicas de exploración en la Universidad del Zulia, y es expositor itinerante de foros y conferencias sobre petróleo, energía y su impacto en la sociedad moderna. / Las opiniones del Ing. José Gil no representan las de la empresa para la que trabaja. / Email: jose.gil@shell.com

 





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