¿Por qué votar NO?
Manuel Isidro Molina* / Semanario La Razón (Venezuela) - 16/09/07
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El mejor regalo navideño que recibiría el presidente
Hugo Chávez Frías, en su empeño por lograr esa
monstruosa ultra concentración de poder unipersonal mediante la reforma constitucional, es que un significativo porcentaje de los electores y electoras
se abstuviera en el referendo, cantando fraude
adelantado.
La mayoría está en contra de aumentar el período
presidencial de seis a siete años. La mayoría está en
desacuerdo con la reelección presidencial indefinida.
La mayoría rechaza la pretensión presidencial de
manejar las divisas de la nación y la política
monetaria. La mayoría no quiere que el presidente se
meta hasta en la sopa: mando unipersonal en la Fuerza
Armada Nacional, con injerencia hasta el nivel de
unidades y los ascensos de oficiales subalternos;
creación de vicepresidencias sin ningún control, como
se le vaya ocurriendo; ratificación personal de
acuerdos internacionales; creación personal de
municipios, distritos y otros entes político
administrativos en detrimento de la descentralización
institucional de la República y de las competencias de
gobernaciones, consejos legislativos, alcaldías,
concejos municipales y juntas parroquiales; promoción
autocrática de un “Poder Popular” que dependerá
directamente de la Presidencia de la República,vicepresidencias y ministerios.
Esa mayoría plural, incluidos vastos sectores del
chavismo, comprende que se han incluido anzuelos “sociales” como la reducción de la jornada laboral de
ocho a seis horas (36 semanales) y la seguridad social
para trabajadores y trabajadoras por su cuenta, que
debieron ser implantados institucionalmente mediante
leyes y reglamentos que el gobierno no asumió en este
turbulento período de casi ocho que viene desde el 15 de diciembre de 1999, cuando fue aprobada la actual
Constitución.
Ahora, surgió la novedad de reducir la edad para el
derecho al voto, de 18 a 16 años, cuya conveniencia o
no deberá ser analizada muy seriamente por
especialistas; sería una nueva irresponsabilidad
aprobarla a la carrera y por motivación afectiva o demagógica, como vulgar azuelo para esa porción de
adolescentes cuya madurez para tal responsabilidad
política no está probada ni recomendada en la inmensa
mayoría de los países.
¿CUÁL ABSTENCIÓN?
La abstención, como política de factores que se oponen
al proyecto de reforma chavista, es inmovilizadora, y
en el colofón del referendo constitucional resultará
favorable a los planes gubernamentales.
La abstención hay que verla como un instrumento
expresivo o de lucha de ciudadanos y ciudadanas. Mas
no, como un dogma. En los estudios internacionales
comparados se ha establecido que ella es expresión de
muy variados factores de la sociedad y obedece a
múltiples razones; desde quienes no concurren a los
actos de votación por desinterés político (“si no
trabajo no como”, “la política es sucia y no me
interesa”, “será igual, gane quien gane”, etc.), hasta
quienes se abstienen como forma de protesta contra un gobierno-sistema o acto militante contrario a toda
dominación estatal.
Dada esa diversidad, no es posible considerar “la abstención” como un fenómeno unitario, simple,
unívoco, por lo que nadie en particular podrá, nunca,
atribuirse la paternidad política de ese complejo fenómeno. De hecho, la abstención es uno de los
componentes de toda elección nacional, regional o
local, siendo las más concurridas las presidenciales,
y los de menos participación los eventos municipales y
referendos.
Salvo en casos espectaculares como las elecciones
parlamentarias venezolanas del 4 de diciembre de 2005,
que arrojaron 75% de abstención y un 7% de votos
nulos, se considera “normal” un grado de abstención de
hasta un 45-48%, más si se trata de elecciones
municipales o referendos. En 2005 tuvimos una
verdadera hecatombe política, de la cual emergió el
más débil y lastimoso parlamento venezolano, sumiso,
servil ante su amo, y sin estatura política real, pues
no representa más que un 18% de la voluntad electoral.
Si vemos la curva de abstención (www.cne.gov.ve) en
las más recientes elecciones presidenciales venezolanas, ésta se mueve entre 25,94 en 2006 (Chávez
III) y 43,69% en 2000 (Chávez II), con registros de
36,55% en 1998 (Chávez I) y 39,84% en 1993 (Caldera
II). Sin embargo, en el referendo aprobatorio de la
Constitución, el 15 de diciembre de 1999, la
abstención fue de 55,63%; es decir, votó menos de la
mitad de las y los electores, por lo que la carta
política fundamental vigente recibió una aprobación
minoritaria si se toma el conjunto del padrón
electoral. Pero, en el referendo revocatorio
presidencial del 15 de agosto de 2004, el ausentismo
llegó al 30,08%, lo que demuestra que
independientemente de los niveles de confianza en el
ente electoral (CNE) el atractivo del nivel
presidencial de los eventos es de máxima potencia.
En 1999, había amplia expectativa por el incipiente proceso transformador iniciado con el triunfo electoral presidencial de diciembre de 1998. Los factores de oposición se plantaron negativamente ante
la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente
y cargaron con las consecuencias de haber promovido el
sistema electoral mayoritario, que desestima la
representación proporcional de la pluralidad política.
En la actualidad, la tensión política está por coronar
su cenit en torno a la reforma constitucional, por lo que la participación podría alcanzar niveles
históricos, en cuanto a referendos se refiere. En esa
eventualidad, el triunfalismo gubernamental podría entrar en pánico.
EL PROBLEMA “CNE”
No hay dudas en cuanto al sesgo pro oficialista del
ochenta por ciento de los miembros del directorio del
CNE (4-1), ni en el desequilibrio político entre los
altos, medios y bajos funcionarios del ente comicial.
Ese es su talón de Aquiles: la gente del gobierno está
muy satisfecha con el Consejo Nacional Electoral
actual, mientras los opositores más obstinados no le
dan ningún crédito; entre ambos extremos hay una gran
gama de ciudadanos y ciudadanas que o bien critican
los abusos y errores gubernamentales desde posiciones
democráticas influenciadas por organizaciones
políticas viejas y nuevas, o se oponen a las políticas
gubernamentales desde ópticas independientes; ambas
corrientes critican los sesgos en el CNE, pero son
conscientes de la realidad política que exige
enfrentar esas limitaciones sin dejar de castigar eficazmente al gobierno: votar “NO” en el referendo de
diciembre próximo, es el arma.
El fraude gubernamental está montado sobre la base del
abuso de poder y el manejo ventajista de los recursos públicos, y no en el sistema electoral mismo,
independientemente de las dudas que genera el control
computarizado de las votaciones. La supervisión
nacional e internacional de los comicios y el cotejo
de comprobantes de votación y resultados electrónicos
en más de la mitad de las mesas de votación es un
mecanismo de verificación suficiente, como ocurrió en
las elecciones presidenciales de 2006.
VOTAR “NO”
El gobierno no tiene intención de dar marcha atrás. La
Asamblea Nacional que tiene a su disposición, va
viento en popa hacia el referendo, previa aprobación
del proyecto de reforma a finales de octubre próximo. Están en lo suyo, a las órdenes de Chávez. ¡Ah,
caricatura de parlamento!
No hay vuelta. La mayoría se expresará; y puede ser en
contra, si se produce una avalancha de votos
negativos, como es previsible. El mejor negocio para
Chávez, es la abstención de los potenciales votantes
del “NO”, estimulando las argumentaciones sobre la
desconfianza ante el CNE. Si la mayoría de la
población electoral está realmente dispuesta a
cerrarle el paso a las pretensiones autoritaristas y
autocráticas de Chávez, éste puede sufrir su primera
gran derrota política.
EL CONFESIONARIO
• DESDE ALTAS ESFERAS DEL SENIAT estarían fraguando en
mi contra una demanda penal por difamación, la cual
estoy dispuesto a enfrentar con la misma firmeza que
tuve, junto a mis abogados, en el caso del ex banquero
prófugo Orlando Castro. Ya me dieron el nombre de la
abogada que estudia la demanda: ¡Top secret!
• EL ABUSO SE HA HECHO NORMA en el modo de gobernar
chavista. Desplácese por la avenida Urdaneta y verá
como, de lado y lado, camionetas y carros oficiales o
de personas y empresas que van a organismos públicos
permanecen estacionados obstruyendo la tercera parte
de la capacidad de desplazamiento vehicular. Nadie ve
ni oye. La ley no entra por casa. ¿Y el presidente
Hugo Chávez Frías?
• NADA DISTINTO OCURRE en el bulevar de Sabana Grande,
donde después de décadas de reclamos vecinales se
procedió a rescatar esos magníficos espacios
capitalinos. Ah, pero quienes abusan a su antojo son
el jefe civil y otros funcionarios de la Jefatura
Civil de El Recreo: decenas de vehículos oficiales son
estacionados sobre el bulevar obstruyendo el paso
peatonal, con su desplante autoritario. Nadie ve ni
oye. La ley no entra por casa. ¿Y el alcalde Freddy
Bernal?
• Y EL JEFE CIVIL DE LA CANDELARIA decidió cerrar y
cogerse una calle, porque le vino en gana. La calle
ciega ubicada en la parte posterior de la jefatura,
utilizada tradicionalmente por el público para
estacionar vehículos y descargar y cargar mercancías,
ahora es “oficial”, es decir se la robó “la
autoridad”. Nadie ve ni oye, la ley no entra por casa. ¿Y el alcalde metropolitano Juan Barreto?
[*] Manuel Isidro Molina / E-mail: manuelisidro21@gmail.com / mim_consultores@yahoo.com
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