Líderes en corrupción
Humberto Decarli* / El Mundo (Venezuela) - 05/10/07
|
La organización denominada Transparencia Internacional acaba de publicar un ranking de la corrupción en América Latina. Lo encabeza Haití y lo secunda Venezuela como los países más corrompidos de la región. La primera, una nación muy pobre, y la segunda, un Estado rico producto de la renta petrolera.
Las causas de esta conducta anómala hay que situarlas históricamente en la génesis de la nación. En efecto, el trabajo no está asociado con la construcción de la riqueza. La etnia aborigen nunca conoció el trabajo asalariado; la africana lo rechazaba por la esclavitud; y la europea tampoco porque eran guerreros acostumbrados a la rapiña derivada de sus andanzas en el mundo hispánico.
Si al anterior panorama le aunamos la carencia de institucionalidad democrática vemos cómo se incrementa la tendencia al asalto del erario. Nacimos como un país dominado por caudillos militares quienes dirigieron arbitrariamente a Venezuela en todo el siglo diecinueve. La gestión de Guzmán Blanco estuvo plagada de los abusos patrimoniales más ostensibles.
Durante la pasada centuria la situación no cambió. De las dictaduras de Cipriano Castro, Juan Vicente Gómez y Pérez Jiménez y las administraciones de los herederos del hombre de La Mulera, López Contreras y Medina Angarita, se construyó y dibujó un Estado donde las corruptelas formaban parte de su quehacer diario.
Vino luego el puntofijismo con su andanada de escándalos de corrupción. Hasta un presidente, C.A. Pérez, fue sacrificado por los factores de poder por hechos de peculado. En general, la característica de este período fue de impunidad porque no había sanción para quienes delinquieran al ser parte intrínseca de la dinámica de poder.
Con el advenimiento del chavismo, continuación militarista del populismo, la gente se creó falsas expectativas porque uno de los estandartes del candidato alterno a los adecos y copeyanos fue el adecentamiento de la gestión pública. Durante los ocho años de esta administración su fisonomía está envuelta por el manejo ilícito de la cosa pública.
Los criminólogos indican que existen motivos reales para delinquir porque apostar a la vida honesta no rinde beneficios crematísticos. La visión de los altos cuadros gubernamentales se orienta hacia el asalto al patrimonio estatal y no pierden tiempo en ostentar la riqueza mal habida. Los Hummer y los automóviles de lujo tienen ventas historicas, los whiskys de dieciocho años baten récord, el sector financiero tiene entradas inusitadas y las transnacionales energéticas alcanzan igualmente dividendos sin par. La boliburguesía emula a los doce apóstoles adecos.
El disparado precio del barril incentiva la danza del dinero obtenido por la vía del atraco al tesoro público. La carencia de control y penalización generan estímulo para la corrupción. La conformación misma de la estructura de dominio venezolano se basa en la colaboración de agentes de poder, ahora reducidos al máximo líder, la fuerza armada y quienes orientan el devenir venezolano, los dueños del mundo. Una democracia autoritaria como la vigente, ahora apuntalada por la reforma constitucional con la alta concentración de potestades en la figura del Jefe del Estado, requiere del hecho ilícito para drenar su propia dialéctica. Es imposible, dentro de su dinámica, enderezar la descomposición inherente a su vida porque sólo una transformación estructural haría posible dar un giro de ciento ochenta grados.
[*] Humberto Decarli / E-mail: hachede@cantv.net
Artículos del autor:
Reacción ante la intolerancia
Humberto Decarli* / El Mundo (Venezuela) - 02/06/07
Militarismo y cambio social
Humberto Decarli R.* / Soberania.org - 23/03/06
El mito democrático
de las
Fuerzas Armadas
Venezolanas
Humberto Decarli R.* / Soberania.org - 28/09/06
Más artículos...
Imprimir
Enviar |
|
|
Volver |
|
|
|
Portada |
|