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Caracas / Venezuela -
 


Bonapartismo caribeño
José Rafael López Padrino* / Soberania.org - 31/10/07

Si algo ha caracterizado al régimen del tte. coronel es su esencia bonapartista, la cual disimula tras un parlamentarismo genuflexo y decorativo. El Bonapartismo representa proyectos de dominación burguesa (dictaduras o gobiernos antidemocráticos) de tipo mesiánico-autoritario y cuya "legitimidad" está fundamentada en ensayos plebiscitarios. Son regimenes militaristas de carácter represivo que usurpan la representatividad del pueblo. (Marx, El dieciocho Brumario de Luís Bonaparte, 1869).

Si bien es cierto que el ascenso del tte. coronel al poder no surgió producto de un golpe de Estado, el verdadero eje y sostén de su proyecto descansa en el aparato militar-policial. Es un gobierno de bota y fusil que se ha erigido políticamente por encima de las clases sociales, que actúa como juez-árbitro de la Nación y que promueve un enfermizo culto a la personalidad. Que pretende la
concentración unipersonal del poder, con una subordinación total de la sociedad a un Estado omnipotente y represivo.

Como proyecto bonapartista no se plantea la conformación de un nuevo bloque de poder, sino la sustitución de los "viejos" por los nuevos "actores", pero siempre en favor de los sectores económicos que han influenciado y
se han beneficiado de la política económica nacional en los últimos años. Por ello, a pesar de su proclamación de "socialista", su proyecto económico-social se mantiene completamente en el marco de un modo de producción capitalista. Prueba de ello es que ha continuado ejecutando las políticas neoliberales del pasado (apertura petrolera -empresas mixtas-, pago de la deuda externa, endeudamiento interno-externo, devaluación de la moneda, etc.).

Estas medidas han profundizado la crisis económica, la cual se refleja en una elevada cifra de desempleo y un acentuado proceso de inflación a pesar del maquillaje oficialista, en un deterioro de la capacidad adquisitiva del venezolano y un proceso de desindustrialización del país. Ello a pesar de los enormes recursos que por concepto del negocio petrolero han entrado a las arcas de la nación.

El nuevo socialismo del siglo XXI del que habla el bonapartista caribeño no supone modificar el modo de producción, ni mucho menos liquidar la explotación del hombre por el hombre. En realidad, no tiene nada del auténtico socialismo, es el uso de ese vocablo como edulcorante social para cubrir el rostro del capitalismo de Estado que se propone. Vale la pena destacar que sus medidas económicas no han ido más allá de la estatización de algunas empresas, cuya mayoría habían sido privatizadas por los gobiernos anteriores, de la creación de unas pocas Empresas de Producción Social (EPS) que han resultado un total fracaso, y del establecimiento de cooperativas, todo ello sin modificar el modo de producción capitalita que permitiría una mejor distribución de la riqueza producida.

Además ha creado programas asistenciales bautizados como misiones (limosnas sociales), las cuales lejos de solventar estructuralmente el problema de la pobreza, solo sirven para mitigar coyunturalmente las calamidades socio-económicas de los más necesitados. En resumen, aquí no hay revolución, y muchos menos socialismo, se trata de un gobierno militarista, asentado en una de las instituciones principales del Estado burgués, la fuerza armada, que desarrolla políticas económicas en favor de los nuevos grupos económicos (la boliburguesía) y de las multinacionales.

Como todo régimen bonapartista el sujeto social del proyecto no son los trabajadores. El propio Chávez se ha encargado de explicarlo: "el considerar a la clase obrera como el motor del socialismo y de la revolución está obsoleto" (Programa Aló Presidente #287, 22/7/07).

El sujeto social de este nacional-socialismo recae en el lumpenproletariado, el sector más empobrecido socialmente, el cual Marx definía como la población situada socialmente por debajo del proletariado, carente de conciencia política y de clase (Marx, La ideología alemana, 1845). La ausencia de una conciencia de clase es la razón por la cual el lumpenproletariado es el sujeto social del proceso, ya que la hace más proclive a la manipulación emocional del tte. coronel en sus ambiciones bonapartistas.

Al tte. coronel le urge aprobar su proyecto de reforma constitucional a fin de transformar a Venezuela en un cuartel donde se escuche una sola voz de mando: la de él. Pero, además le permitirá asestarle un golpe mortal a la universidad autónoma y pluralista, al pujante movimiento estudiantil, a las organizaciones laborales no oficialistas, y al cacareado poder popular. Sumado a la legitimación constitucional de la exclusión política y la
criminalización de la protesta, así como la total militarización de la sociedad venezolana bajo la excusa de mantener el orden interno y defenderse frente a los enemigos externos.


 

[*] José Rafael López Padrino / E-mail: reln26@gmail.com

 

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