Conciencia vs violencia
Manuel Isidro Molina* / Semanario La Razón (Venezuela) - 28/10/07
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Suenan tambores de guerra. A las partes extremistas del chavismo y el antichavismo les corresponde amarrar a sus locos, cualquiera sea su nivel de responsabilidades. Los insensatos tejen planes cruentos, de lado y lado, sobre un país inmenso y promisorio que quiere paz, justicia social, participación democrática con libertad y solidaridad. Trabajan para encresparnos hacia un campo de lucha fratricida, cuyas principales señales las anda soltando intimidatoriamente el gobierno con aires fascistas, prevalidos los agentes gubernamentales de impunidad y abuso de poder.
La visión monocromática, autoritarista y militarista del presidente Hugo Chávez Frías, quien se cree jefe de un cuartel llamado “Venezuela”, nos empuja hacia la imposición de un sistema político, económico, social y cultural realmente retrógrado, con un rasgo esencial, definitorio: concentración autocrática del poder, él y sólo él hasta en la sopa, un gobernante ansiosamente omnipresente, supuestamente omnisciente y omnipotente. Rodeado de subalternos acríticos, viene estirando la cuerda política con abuso de poder, verbo insultante y una serie de políticas excluyentes, discriminatorias: ha pretendido dividir al país entre “patriotas” y “traidores”, siendo los primeros los de su bando –con idéntico maniqueísmo que George W. Bush- y los segundos, quienes disentimos de sus trasnochadas ocurrencias, incluido cualquiera de su entorno que ose decir algo que roce su autoritarista ego, su jefatura única.
Violencia de Estado
A Chávez le temen los suyos. Saben que es un trapiche, para triturar y botar cual bagazo a quien no atienda sus órdenes y ocurrencias. Desde la cúspide miraflorina, se ha tejido un sistema de violencia de Estado que amenaza y ha afectado a millones de venezolanos y venezolanas, chavistas y no chavistas por igual. “Lista Tascón”, “Lista Maisanta”, el “rojo rojito” en PDVSA, el insulto y apaleo de “opositores” en plazas públicas, justicia torcida y no pocas veces tarifada, corrupción policial, descarada corrupción administrativa que excluye a quienes no se bajen de la mula, amenazas represivas, descalificaciones y mensajes monopartidistas desde los medios radioeléctricos del Estado con total impunidad, coacción y cercos económico-publicitarios contra medios de comunicación social independientes, obstrucción de fuentes informativas y del libre y acucioso trabajo reporteril e investigativo de los periodistas, servicios de espionaje que alcanzan (como en tiempos de Jaime Lusinchi y Blanca Ibáñez) hasta a los habladores de pendejadas, todo lo cual se conjuga con el más espantoso sectarismo político y la militarización de los servicios de seguridad, con una Fuerza Armada que está dejando de ser “Nacional” para recalar en instrumento personal del líder único y su política monopartidista, dizque “socialista”.
Eso es violencia de Estado. Pero además, está el cuadro de violencia generalizada en la sociedad venezolana, donde cada día son asesinadas unas treinta y cinco (35) personas, ocurre un secuestro cada 72 horas, y todos los días millares de personas son víctimas de robos, atracos, heridas de bala y armas blancas, cuyas estadísticas dejaron de ser importantes para el gobierno.
Adicionalmente, nuestra población está sometida a la violencia que generan las arbitrariedades, la corrupción y la incompetencia gubernamentales: escasez de alimentos básicos, falta de viviendas (el déficit se ha montado en 1,8 millones de unidades habitacionales), especulación y carestía de la vida hasta el brutal espectáculo de buhoneros “rojos rojitos” con patente de corso para vender leche adulterada a 25 mil bolívares el kilo, en pleno corazón de Caracas. Un tráfico automotriz que para los pelos y obstruye el normal desenvolvimiento de la vida en nuestras principales ciudades, anárquico y agresivo desplazamiento de motorizados sin ley, y un transporte público de los peores en América Latina. Todo eso, después de ocho años y ocho meses de gobierno petrodolarizado: 104 (ciento cuatro) meses de gobierno, casi una década. Esto también es violencia.
La mesa está servida.
El violentismo opositor
Frente al descrito cuadro de exacerbación de ánimos, existe un sentimiento mayoritario que muestra la auténtica aspiración del pueblo venezolano a vivir en paz, con justicia social y en libertad. Lo que no puede ser despachado como “antichavismo”, “oposición” o “traidores”, porque incluye a la mayor parte de esa primera minoría de venezolanos y venezolanas que respalda al presidente Hugo Chávez, aunque a él y sus subalternos no les interese reconocerlo.
Esa mayoría democrática y solidaria, profundamente libertaria y plural, exige respeto y ponderación para encontrar salidas civilizadas a la crisis que vivimos, en paz. Y así como rechaza la sistematizada violencia de Estado, no comparte los postulados del ultraminoritario violentismo opositor que tremola banderas para el asalto antidemocrático del poder, a propósito del abusivo ejercicio chavista del poder.
Conciencia popular democrática
Quienes constatamos la inconveniencia del camino chavista al monopartidismo, el autoritarismo y la segregación política, debemos cultivar y aferrarnos a la conciencia popular democrática del venezolano para resaltar, cultivar y defender el civilismo alimentado por la diatriba abierta y solidaria de los problemas, temas y opciones. Esa conciencia popular democrática permitirá derrotar el bodrio constitucional de Chávez, cuyas características (las del bodrio) espantan a cualquier persona racionalmente justa, en pleno siglo XXI. No caer en las provocaciones de la “violencia de Estado” ni en las del “violentismo opositor”, es fundamental.
EL CONFESIONARIO
• ESTÁ CORRIENDO UNA CAMPAÑA con la intención de destruirme moralmente, mediante anónimos en la Internet que asombran por la miseria humana que destilan. Supuestos autores son un tal “Mariano García” (mariano2021@gmail.com) y “José Gregorio Arrioja” (arriojajosegregorio@gmail.com). El primero de esos dos miserables, sin sintaxis, escribe:
“En libro sobre masacre de cantaura el delator es identicado como manuel isidro molina hijo o padre ya sabemos que el padre medró con gobiernos adecocopeyanos y aparentaba ser izquierda el hijo ladron de siete y medio desbanco a los comunicadores sociales la auditoría de gpg dio como balance un desfalco de 6 millones ESTE CORREO ES ENVIADO A PERIODICOS Y SEMANARIOS DE TODO EL PAIS…”
Y el segundo cobardón, desde www.aporrea.org, lanza un escrito de antología, que incluye estas expresiones:
“En campañas sucias Manuel Isidro tiene un doctorado. Gracias a ellas y a los palangres evidentes que recibe a través de su columna en el semanario La Razón , ha sobrevivido en los últimos años… Ese es el Manuel Isidro que se mira al espejo todas las mañanas. El mismo que se lamenta todos los días de su cara de piedra y su poco éxito con las mujeres… Manuel Isidro es un acomplejado, un periodista de dudoso éxito profesional y cuyos palangres se reconocen a kilómetros de distancia.”
Voy a enfrentar esa sucia campaña con dignidad y decoro, como siempre he enfrentado mis retos en la vida. Esos perros de presa tendrán que dar la cara. Esa inmundicia que descargan cobardonamente, no me ofende ni perturba; más me importan la solidaridad del gremio periodístico, que honrosamente presidí entre 1996 y 1998, y la dignidad del pueblo venezolano, a la cual me debo. Verán qué hacen, sus jefes financistas.
• TRANSPORTISTAS CARAQUEÑOS piden investigar el funcionamiento de la nueva empresa pública “Sistema Integral de Transporte Superficial, S. A.”, adscrita al Ministerio de Infraestructura. La preside Edwin Andrés Guevara Malavé, supuestamente cuñado del ministro José David Cabello Rondón. Dos de sus directores principales son Franklin Pérez Colina (presidente de Fontur), y Víctor Hugo Matute López (Instituto Nacional de Transporte y Tránsito Terrestre), quienes amenazaron a los transportistas con represalias administrativas, hasta la revocatoria de concesiones a las líneas de autobuses y microbuses, si continuaban protestando contra la creación de la nueva empresa por supuesta “competencia desleal”.
Aunque sus directores cobran jugosos sueldos (hasta “18 millones de bolívares mensuales”), la empresa no arranca y sigue en las indefiniciones. En el punto de cuenta presentado por el ministro al presidente Hugo Chávez, el 17-03-2007, se proyectaba una inversión de 36 mil millones de bolívares para 200 microbuses, y 7,5 millardos de bolívares para 100 rústicos de 12 puestos, en el área metropolitana de Caracas; también, 43,5 millardos de bolívares para la compra de 100 auto pullman de 50 puestos, para servicio interurbano y turismo. Para patios, talleres, estaciones terminales y edificio administrativo, el ministro proyectaba 70 millardos de bolívares; y 23,72 millardos de bolívares, para “gasto anual de personal”; súmese 31,64 millardos (“operación de unidades”), 44,21 millardos (“costos fijos de operación”), para un total de 188,35 millardos de bolívares.
[*] Manuel Isidro Molina / E-mail: manuelisidro21@gmail.com / mim_consultores@yahoo.com
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