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Caracas / Venezuela -
 


Salarios desiguales y combinados
Manuel C. Martínez M.* / Soberania.org - 05/11/07

Desde nuestra más temprana edad, cuando empezamos a razonar, lo hacemos mediante reflexiones y juicios sobre las cosas que nos rodean tanto lejanas como mediatas e inmediatas, y sobre la conducta de nuestros semejantes y hasta sobre la de  nosotros mismos.

Y si a algo le seguimos dando respuestas especulativas es a la evidente, cotidiana y todavía no suficientemente esclarecida desigualdad de los salarios existentes en estas sociedades de trabajadores, de parásitos y de patronos.

En este momento resulta  oportuno reafirmar que de ninguna manera son trabajadores  los patronos o inversionistas  ni los supervisores de calidad laboral,  ni  los custodios ni muchos otros personajes que aparecen en nóminas y estados financieros de las empresas industriales de producción, comercio y finanzas. El hecho de recibir   una paga  sólo encarece los costos de producción, digamos que, por el contrario, merman el monto de ese  Valor Agregado (VA), exclusiva y redundantemente,  por esos asalariados, y  con cuyo justo reparto sus verdaderos creadores  bien podrían salir de la pobreza donde crónicamente  se hallan.

Tampoco son trabajadores los cuerpos burocráticos de índole no sanitaria ni docente ni procientífica. La policía, afines, los tribunales, muchos ministros y gerentes gubernamentales, por altruistas y  connotados que resulten, sólo limitan sus roles a coparticipar consuntivamente en dicho Valor Agregado (VA). Sus labores son tan improductivas como las de destapar huecos para rellenar otros, es decir, son  más bien un Valor Desagregado (VD), y buena parte de su "justificación" contable responde al mismo proceso social que no termina por hacer de cada trabajador un hombre comunista, no sólo preparado técnicamente, sino moral, responsable y solidariamente comprometido con sus responsabilidades comunitarias, o potencialmente comunistas. Digamos que  su  paga  sólo sirve  para la compra de servicios ineluctablemente importantes para la conservación clasista de  la misma sociedad que los sostiene y los acuna.

Si, por ejemplo, los capitalistas renunciaran a sus   ganancias, los precios al copnsumidor (IPC) se vendrían abajo, y aquellos no podrían justificar su paga ni su riqueza adquirida a punta del curioso  proceso laboral mediante el cual los trabajadores crean una riqueza mayor al monto de sus salarios.


Así las cosas, resulta interesante respondernos porqué unos trabajadores reciben mejor paga que otros, con  independencia de su capacidad productiva. Es que  en nuestras sociedades los salarios también se hallan muy desigualmente distribuidos, en una suerte de simetría social plenamente concordante con la desigualdad imperante que caracteriza la coexistencia de clases y conglomerados sociales, unas más parasitarias que otras, unzas explotadodoras, otras sumamente trabajadoras, al lado de otras de indigentes y vivianes.

Quede claro que los irregulares y codiciados altos  salarios que suelen recibir la alta burocracia,  la alta gerencia y el personal administrativo superior de los organismos del Estado y los de  las grandes empresas industriales,  no se ajustan, de ninguna manera, a sus  aportes laborales. Por ejemplo, las labores de fiscalización, de dirección, de contraloría, o de policía, no añaden absolutamente nada al proceso productivo de ninguna sociedad, sino, por el contrario, insistimos, reducen  notoriamente el valor de la riqueza creada que de otra manera mejoraría las condiciones sociales de vida de los verdaderos trabajadores.

Los altos salarios asignados a los jerarcas de las transnacionales, por citar un caso,  son simples dones que muy convenientemente hacen los accionistas a ese personal que van potenciando como "generaciones de relevo  y custodia",  en la oprobiosa tarea de explotar a muchos para beneficio de pocos. En este sentido, unos y otros resultan coexplotadores, y sólo reflejan la evidente, combinada y desigual paga de los salarios, en correspondencia  simétrica con  el desarrollo desigual y combinado de estos conglomerados humanos.

 

 

(*) Manuel C. Martínez M. - Economista (Colegio Econ. #39) - Email: venasun@hotmail.com
web: www.pagina.de/sadelas

 


Artículo del autor:


La Estafa Histórica





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