La manipulación de Annápolis
Humberto Decarli* / El Mundo (Venezuela) - 01/12/07
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Actualmente se encuentran reunidos en Annápolis, la capital del estado de Maryland, el premier Ehud Olmert junto al presidente Mahmud Abas bajo los auspicios de George W. Bush. Es una iniciativa tendiente a buscar una solución al problema de la creación del Estado Palestino supeditado a la tutela de Tel Aviv y Occidente en general.
Es un esfuerzo americano para explorar salidas a la conflictividad del Oriente Próximo que lesiona seriamente los intereses de las transnacionales energéticas donde precisamente la familia del ocupante de la Casa Blanca tiene participación. Es un paso para aislar a Irán de la panacea de los problemas regionales.
Washington cree dar en la clave cuando le da un espaldarazo al líder de Al Fatah, muy opaco por cierto. Arafat, a pesar de su postura autocrática y la corrupción de su entorno, tenía carisma y dio demostraciones de valentía. Sin embargo, Abas no tiene ese magnetismo y su fuerza radica en el apoyo financiero y militar de la Unión Europea, los Estados Unidos y el gobierno judío.
Hasta ahora las orientaciones han favorecido descaradamente a Israel. El Acuerdo de Oslo y la Hoja de la Ruta partían de la premisa de una retirada lenta sionista. Edward Said, el desaparecido intelectual palestino, decía que esos acuerdos comenzaban con el estigma del fracaso porque sólo se referían a los moradores de Gaza y Cisjordania donde habita el cuarenta y cinco por ciento de ese pueblo excluyendo a la diáspora en los países árabes vecinos como Siria y Jordania en los cuales está la mayoría.
Asimismo, sostenía el mencionado pensador, el establecimiento de asentamientos de colonos en el margen occidental del río Jordán era la expresión de una ocupación. Incluso había planes de constituir la capital palestina en una localidad cerca de Jerusalén para desalojar a los árabes de allí. La retirada de Gaza evidenció el poco interés hebreo por una franja miserable sin perspectiva de lucro alguno.
El triunfo electoral de Hamas ha movido a Occidente a presionar financieramente para rendir por la vía del hambre a los palestinos. No les importa el arraigo popular de este movimiento ocasionado a fin de cuentas por la torpeza americana en retrasar la creación de la nación palestina. Nada significa el apoyo de las grandes mayorías porque se trata simplemente de convalidar la triste presencia y opresión israelí desde 1948 apuntalada por el fracaso árabe en la Guerra de los Seis Días y el colaboracionismo de Egipto y Jordania, impidiendo la autodeterminación de quienes legítima y prístinamente son sus habitantes.
Ahora en la nueva conferencia los halcones del Pentágono quieren sacar del juego a Teherán quien además de detentar el poderío nuclear posee la llave de la guerra civil iraquí por la identidad chiíta de ambos pueblos. Pero más allá de los intereses del Estado gringo se encuentran los de las corporaciones de la energía fósil. Un ejemplo de ello fue la invasión a la antigua Mesopotamia bajo subterfugios falsos.
No obstante, ningún acuerdo será acertado si omite la voluntad de Palestina ni de los árabes adyacentes. La escasez petrolera aumenta la necesidad de negociar pero con verdaderos actores y no con liderazgos mediocres como el del gris Abas. Es cuestión de tiempo para la rectificación occidental debido al fracaso de la intervención en Irak, cuyas premisas fueron aniquiladas por la realidad. Es la única senda para alcanzar la paz sin humillaciones.
[*] Humberto Decarli / E-mail: hachede@cantv.net
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