www.soberania.org
 
Artículo
Caracas / Venezuela -
 


Presos sin Navidad
Luis Marín* / Soberania.org - 23/12/07

Frente al clamor nacional a favor de una "Navidad sin presos", el régimen optó no sólo por aumentar el número de presos y perseguidos políticos, sino por suprimir la Navidad. Esto no es broma. Ha corrido la noticia de que el ministro de defensa prohibió la instalación de arbolitos y otros motivos navideños en las instalaciones militares.

Lo que sí son bromas son la cantidad de chistes que andan circulando por ahí comparando a los militares con arbolitos de navidad, lo que de alguna manera explica que la sola presencia de los arbolitos en las instalaciones resulte en una suerte de agravio contra la fuerza armada, que no debe olvidarse es motivo para que el General Usón lleve años en prisión.

Otros organismos oficiales han continuado con esa práctica que viene de años anteriores, de ir excluyendo los arbolitos, las imágenes de Santa Claus con su trineo tirado por renos y cualquier cosa nevada, con el argumento de que éste no es un país invernal y todas esas imágenes no son más que manifestaciones de colonialismo ideológico. Al principio, se le estaba dando preferencia al pesebre y al niño Jesús en su lucha secular contra Santa por la preferencia de los niños; pero no había que dar ni un paso para darse cuenta que allí lo que se trataba era de sustituir un colonialismo por otro, el anglosajón por el español y ambos judeo cristianos.

Y aquí llegamos rápidamente al fondo del problema. Hay una ideología detrás de este combate contra los símbolos de la Navidad, cuando no contra la misma religión. Se la considera como una manifestación ideológica del imperialismo, por lo que un movimiento emancipador tiene forzosamente que romper con esas ataduras culturales, a favor de una cultura alternativa que no se sabe muy bien cuál es. El problema, que no es tonto, es que no se tiene otra religión de recambio, ni tradiciones, música, comidas ni nada con qué sustituir lo anterior.

El problema central de la búsqueda de una raíz autóctona es que una vez más se trata de buscar algo que no existe. Eso de que los indios son los habitantes originarios de América y que eso les otorga una especie de derecho primigenio sobre estas tierras es una mentira movida menos por la ignorancia que por el interés. Todo el mundo sabe que los habitantes supuestamente originarios de Suramérica provenían de las islas polinesias y los del norte llegaron de Asia a través del estrecho de Bering. ¿Por qué estas tribus mongoloides tendrían que tener más derechos que, digamos, los guerreros vikingos que también llegaron a Norteamérica? ¿Y todos ellos más que los anglosajones, españoles, portugueses y franceses?   Los indios, definitivamente, no salieron del suelo, como parecen pretender los partidarios de ideologías autóctonas.

Con tanto menos razón existe ninguna cultura realmente autóctona. Toda clase de manifestación cultural es una mezcla de elementos provenientes de muchas fuentes de diversa procedencia. Nadie debería perder ni un minuto discutiendo estas cuestiones, sino fuera porque ahora estamos redescubriendo las razones de todas las cosas, desde las instituciones jurídicas y políticas, hasta el modo de estar en el mundo, todo, gracias a la revolución bolivariana. El indigenismo redivivo encierra en sí mismo todas las paradojas de esta revolución cultural llevada hasta el límite del absurdo, lo que la hace caricaturesca y ridícula.

Los primeros en rebelarse contra el indigenismo son los propios indios, que se niegan a ser reducidos a objetos de reservaciones antropológicas y prefieren ponerse los pantalones largos y usar celular, como cualquier persona normal. Es una ofensa a la dignidad personal pretender que los indios tienen que andar en guayuco, tirando dardos y flechas, mientras cualquier niño juega game boy.

El indigenismo es auto contradictorio, porque si se pretende una pureza cultural entonces no se les podría poner ni una vacuna, porque eso destruye la propia identidad; si no se pueden cristianizar ni evangelizar, entonces no deberían hablar español ni inglés, porque otra vez se atentaría contra una supuesta identidad cultural originaria. Lo curioso es que nadie ha perpetrado una conquista y un colonialismo más cruel que los mismos indígenas entre sí, porque es cosa sabida y comprobada que las diversas tribus guerreaban entre ellas, reducían a la esclavitud a los vencidos y realizaban trasvases culturales tan radicales como podrían haber ocurrido con las invasiones bárbaras en Europa y definitivamente en toda Asia y África antes de la conquista americana.

El indigenismo es racismo y su elevación a cultura de Estado es una
modalidad de nazismo que no nos hacia falta para nada. Decir que alguien tiene una especie de derecho de preferencia para gobernar un país por el solo hecho de ser indígena es usar el mismo principio en que se basa el apartheid y no tiene ninguna superioridad moral, política, social, ni intelectual respecto del mito de la superioridad aria. La nueva constitución boliviana, motivo de tanta controversia por autodefinirse como indigenista, sería por ese solo hecho anticonstitucional y entraña un contra sentido jurídico y político.

En fin, las pretendidas novedades revolucionarias latinoamericanas, en verdad son los viejos y retrógrados prejuicios que tanto daño causaron en el siglo XX, sin ni siquiera vestirse con nuevos ropajes: racismo, colectivismo, estatismo, nacionalismo, que conducen a sus clásicas expresiones políticas de fascismo y comunismo, aderezados con el fundamentalismo religioso contemporáneo. Con los mismos enemigos enfrente: capitalismo, liberalismo, parlamentarismo, pluralismo y tolerancia religiosa. En fin, todo un cóctel irracionalista que no augura ningún desenvolvimiento pacífico y armónico.

No se trata sólo del fin de la Navidad, sino de todo su mensaje de paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Hay un sesgo profundo a favor de la guerra, no en balde se equipara e incluso se sustituye a la figura de Cristo por la del Che Guevara que, como todo el mundo sabe, es
un guerrillero y un profeta de la violencia armada. Estas cosas deben tomarse muy en serio.

Esto que parece un problema filosófico, se ha puesto recientemente de  relieve con el caso de la persecución política contra Enrique Mendoza (EM). Se le acusa entre otras cosas de incitación al odio, rebelión civil, daño a la propiedad y cosas así. Lo hace un gobierno que tiene como icono la figura del Che Guevara y que apoya abiertamente a las FARC.   Ahora bien, EM se define a sí mismo como católico, apostólico y romano, suscriptor de la doctrina social de la iglesia. La Iglesia Católica predica un acatamiento irrestricto a las autoridades seculares cualquiera sea el Estado en que desenvuelva su actividad apostólica. El centro de su doctrina lo constituyen: amor al prójimo, paz, verdad y justicia.

¿Cuál es la doctrina del Che Guevara? "El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo que lleva más allá de las limitaciones normales del ser humano y lo convierte en una implacable, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Así deben de ser nuestros soldados, un pueblo sin odio es incapaz de
enfrentarse, luchar y vencer a un enemigo brutal."

Para Lénin, la mentira es un instrumento de la lucha revolucionaria, por lo que es lícito calumniar, difamar y escarnecer al enemigo; la única "verdad" digna de tal nombre es lo que contribuya a la victoria de las fuerzas revolucionarias.

Para ambos, el escenario de la lucha política es de guerra total, de carácter existencial, contra el imperialismo y sus lacayos internos, las mal llamadas clases dominantes. ¿Qué lugar puede tener aquí la verdad, la justicia o la paz? Ninguno, la realidad se configura en guerra, odio, mentira y muerte.
Lo verdaderamente sobrecogedor es que estas doctrinas se lleven a la cumbre del Estado y dominen la mentalidad y las actuaciones de la dirección política. ¿Cómo es posible que gente así juzgue a EM con semejantes cargos?

Es muy difícil llevar a las mentes de la gente normal esta realidad, porque también es natural que las personas normales no piensen con la mentalidad que es propia del totalitarismo. No hay advertencia ni alarma que valga, nadie cree hasta no verse sumergido en la hecatombe a que conduce esta dinámica y aún en ese caso, sigue sin creer.  Por lo tanto, habrá que vivirlo.

Incluso los buenos demócratas en los espacios que todavía dicen controlar han prescindido de los adornos navideños tradicionales y los sustituyen por otros que ellos creen más adaptados a la venezolanidad, aunque nadie se haya tomado el trabajo de explicar qué cosa pueda ser esa.

Muchísimas personas de buena voluntad habían venido notando cómo se han ido sustituyendo paulatinamente de la iconografía oficial las figuras navideñas por otras que se consideran más autóctonas, como esos muñecotes de Pacheco. También hay toda una fauna que si bien sustituye a los renos que no se ven en el trópico y a los camellos y dromedarios, que tampoco son de aquí, nadie podrá explicar jamás qué tendrán que ver con la Navidad una jicotea o esos peces que saltan sobre el río Guaire en la autopista del este en Caracas.

No sólo tenemos presos que no pueden salir y exiliados que no pueden entrar, sino que los que quedamos atrapados en el medio, sin poder darle un abrazo de fin de año a ninguno de ellos, nos vemos privados de la Navidad como espacio familiar.  No sólo por falta de familia, sino por falta de Navidad. Que Dios nos de el país que seamos capaces de construir, que será el país que merezcamos.

 

 

(*) Luis Marín, Abogado y politólogo venezolano. Graduado en la Universidad Central de Venezuela (UCV), Caracas, en 1981. Profesor de la UCV (1988-1998) / E-mail: lumarinre@gmail.com

 

 

Artículos del autor:

Vacío electoral
Luis Marín* / Soberania.org - 24/09/07

Referéndum, ¿para qué?
Luis Marín* / Soberania.org - 20/09/07

Constituciones
Luis Marín* / Soberania.org - 19/09/07

Más artículos...

 

 

 

Imprimir Imprimir Enviar a un amigo Enviar
Arriba
Volver
Volver a página anterior
 
Regresar a Portada
Portada
 
Contacto: soberania.org@gmail.com