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SECUESTRADOS Y SECUESTRADORES
Los tres secuestrados a quienes el régimen debe poner en libertad son Iván Simonovis, Henry Vivas y Lázaro Forero. Pero siguen tantos en la lista que más bien debería promulgarse la Ley de Amnistía General en que tanto insistía la izquierda cuando era oposición y que ahora que es gobierno hace más falta que nunca.
Quien haya asistido a la Universidad Central por allá, en los años setenta y siguientes, recordará aquella consigna: “¡Libertad para los presos, amnistía general…!”; que voceaban por los pasillos los militantes de Ruptura y la Liga Socialista, fachadas políticas de las organizaciones armadas PRV-FALN de Douglas Bravo y OR de Jorge Rodríguez.
Pero hay muchas diferencias. Aquellos presos eran guerrilleros reconocidos, de alguna manera orgullosos de serlo, incursos en delitos como asaltos a bancos, camiones blindados, secuestro de personas, naves y aeronaves, emboscadas contra agentes del orden público, guardia nacional y ejército, propaganda subversiva y otras actividades clandestinas, conscientemente realizadas con el propósito de derrocar el orden constitucional legítimamente establecido.
Los ahora perseguidos son los jefes de la policía, intachables oficiales de las fuerzas armadas, ex gobernadores, dirigentes gremiales, estudiantiles y hasta jueces, que siempre han realizado sus actividades dentro del más estricto apego a la legalidad, ciudadanos que nunca han actuado clandestinamente y a quienes no se les puede imputar la violación de ningún reglamento, ni siquiera de una norma moral o de buenas costumbres. ¿Será este mundo al revés lo que se ha dado en llamar “revolución”?
Por ejemplo, a la juez Mónica Fernández se le juzga por “privación ilegítima de libertad” del capitán Ramón Rodríguez Chacín; aunque cualquier transeúnte sabe que Rodríguez Chacín ni por asomo está o estuvo privado de su libertad, menos por orden de la juez, que no mencionó ese nombre en la orden de allanamiento por la que se le imputa el supuesto delito, por cierto que librada en ejercicio legítimo de sus funciones, sin extralimitación, ni abuso alguno.
En cambio, Rodríguez Chácin despacha desde una finca en Barinas imposible de adquirir para cualquier venezolano común y de la que debería dar cuenta como funcionario público, aunque sea de cargo no muy bien definido de enlace con las FARC; allí aloja a prominentes jefes guerrilleros y no se sabe si a uno que otro secuestrado. Es el jefe de la rocambolesca operación Emmanuel, que como buena operación clandestina, no se sabe lo que realmente persigue; pero si queda meridianamente claro que no es ningún rescate de rehenes. (A pocos días de escritas estas líneas, la juez Mónica Fernández convalece en una clínica herida de bala en un atentado; por su parte, el capitán Ramón Rodríguez Chacín ha sido designado, otra vez, Ministro del Interior y Justicia).
Cualquier persona normal sabe que cuando una banda de secuestradores quiere poner en libertad a alguna de sus víctimas, le basta con dejarla en una esquina, si acaso cerca de una caseta de teléfonos y hasta allí llega la cortesía.
Nadie creerá, ni que quiera, que las FARC tienen la voluntad de liberar rehenes y el gobierno colombiano no las deja hacerlo.
¿Qué justificación podría tener aquel inusitado despliegue de recursos para soltar a un niñito, su madre y otra señora, aunque sea una ex senadora? La verdad es lo que está oculto. Detrás de esa operación se esconde otra u otras.
El reto para las autoridades colombianas y para la opinión pública mundial es descubrir qué se quiere ocultar tras este despliegue, para qué sirve realmente.
Mientras se desvía la mirada hacia un sitio, lo realmente importante está ocurriendo en otro. Este es el tipo de problema que plantean las acciones de conspiradores de oficio, que siempre, en todos los casos, actúan de manera encubierta, solapada, teniendo la simulación y disimulación como principios.
LA AGENDA DE BADUEL
Es muy sencilla: promover la convocatoria de una Asamblea Constituyente (AC). Al contrario de toda la doctrina constituyentista, la AC de Baduel no tiene por objeto la redacción de una Constitución, sino una nueva conformación de los poderes públicos. Esta es la razón por la cual el régimen no se ha lanzado a apoyar la iniciativa, que es la única viable para volver a plantear el proyecto de constitución socialista. Porque implica despojarse de poderes que se consideran ya conquistados.
Desde la óptica de la oposición, los riesgos son mucho mayores. Implica volver a poner todas las apuestas en el casino del CNE que, como se sabe, no es digno de la menor credibilidad. Siempre harán lo que consideren más favorable al proceso revolucionario.
Hasta ahora Baduel sólo ha logrado el apoyo de algunos recolectores de firmas espontáneos, de Marisabel, del diario El Nacional e independientes, entre los que hacen falta profesores de derecho constitucional, para revisar las doctrinas del poder constituyente y darle sentido a una convocatoria que no cuestiona la constitución vigente, sino que clama por su ratificación, si fuera posible otra.
LA NUEVA OPOSICIÓN
Si bien puede adoptar las siglas NO, porque esa es su única carta de presentación, encierra una falla de origen, porque el éxito del NO aparentemente se debe más a las intervenciones del general Baduel, la ex primera dama Marisabel, el partido PODEMOS y la capacidad de convocatoria del movimiento estudiantil, que a los méritos como estrategas del Trío Teodoro, Rosales, Borges (TEROBO).
Son los primeros interesados en difundir la falacia de que los millones de votos que le faltan al gobierno no son ficticios, sino que se abstuvieron, porque si hubieran votado NO, ¿a qué se reduciría su espacio? Siendo la verdad más evidente que los chavistas enchufados votaron NO por propia conveniencia, como se ha demostrado incluso gráficamente. ¿Alguien puede creer que los gobernadores y alcaldes, asambleístas, magistrados del TSJ o Poder Judicial en pleno, del llamado Poder Moral, del CNE, PDVSA, CANTV y todos los funcionarios públicos tenían la opción de abstenerse?
La agenda de la NO supera a la de Baduel sino en sencillez sí en ingenuidad. Es una agenda meramente electoral: elecciones de gobernadores y alcaldes en el 2008; de Asamblea Nacional en el 2010 y luego la culminante elección presidencial en el 2012. Si todos viviéramos hasta allí y si el gobierno no hiciera nada al respecto, se irían recuperando espacios para la NO hasta arrebatarle el testigo al comandante en jefe en libérrimos comicios, eso sí, en el 2013.
Es imposible imaginar un mundo más risueño. Pero la cruel realidad lo que nos dice es que Rosales no será más gobernador del Zulia, con lo que la NO habrá perdido su mayor bastión. Ramón Martínez no será gobernador de Sucre, ni Didalco Bolívar de Aragua, Leopoldo López no será más Alcalde de Chacao, sin que esté para nada seguro que pueda ser gobernador de Miranda, Capriles Radonsky tampoco repetirá en Baruta. ¿Qué es lo que tiene seguro la NO?
Si hubiera elecciones limpias y un CNE confiable, condiciones imposibles de imaginar en este momento, las preguntas serían al revés, desde la óptica de una oposición auténtica: ¿Quién le ganaría a Enrique Mendoza en Miranda, a Enrique Salas Feo en Carabobo, Eduardo Lapi en Yaracuy, William Dávila en Mérida, al Cura Calderón en Táchira y a cualquier candidato opositor en Nueva Esparta, Monagas, Anzoátegui, Lara, Falcón, Portuguesa, Barinas, Apure y Bolívar, sin nombrar todos los que vienen a la mente?
Lamentablemente, estas ilusiones prescinden completamente de la agenda oficial, que es una parte de la realidad que no se puede desdeñar, so pena de incurrir no sólo en un grave error de cálculo, sino en una imperdonable temeridad. El problema es que se trata de una agenda oculta sobre la que sólo cabe especular y hacer deducciones a partir de lo poco que sale al público. Ya sabemos que en condiciones totalitarias “la luz pública todo lo oscurece”.
SOCIALISMO E INTERNACIONALISMO
El culto excesivo a la personalidad conduce al error de creer que el único interesado en el proceso revolucionario es el comandante en jefe, cuando una de las pocas lecciones claras del reciente 2D es que hay otros muy interesados que, en ciertas circunstancias, parecen interpretar qué es lo más conveniente para el proceso mejor que el mismo teniente coronel y, o le sacan las patas del barro, o están dispuestos a hundirlo para salvar algo que consideran superior.
Y no es sólo Baduel, Marisabel y el partido PODEMOS; el trío TEROBO o ciertos funcionarios y oficiales de las FFAA, sino que también hay que incluir a cubanos, colombianos, nicaragüenses, bolivianos y argentinos que consideran que su propia suerte depende en gran medida de lo que pase con el proceso bolivariano en Venezuela.
La Internacional Socialista y el Grupo de Sao Paolo, han cometido el error de apreciación de considerar a este proceso como revolucionario y “de izquierda” por lo que hacen extraordinarios sacrificios políticos e ideológicos para seguir apareciendo asociados con un régimen que ya sus más acreditados voceros no dudan en calificar como “impresentable”.
La bancarrota moral del socialismo internacional está excelentemente representada por ese personaje abyecto en que ha devenido el Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, que ha sufrido los peores insultos y descalificaciones del caudillo y no obstante, siguiendo la línea del partido socialista chileno, lo sigue apoyando, pese a las embarradas que se ha permitido en el propio Chile, un país antaño tan orgulloso de sí mismo.
Simplemente porque espera contar, para su candidatura a la presidencia de Chile, con los mismos maletines llenos de dólares que han beneficiado a los aliados circunstanciales del proceso en aquellos otros países. Esto a pesar de que debe tener más claro que los venezolanos que esos maletines ya no son de petrodólares, sino de narcodólares.
Está a la vista de todo el mundo que esas maletas de dólares en efectivo que están circulando tan profusamente por Latinoamérica se rellenan con dinero proveniente del narcotráfico; pero esto no le importa al socialismo internacional, que se distingue en todas sus modalidades por dos rasgos comunes: anti americanismo (que ellos llaman “anti imperialismo”) y pro guerrilla.
¿Qué dirían Willy Brand y Olof Palme ante sujetos como Zapatero que no han tenido escrúpulos en abrir las puertas de su propio país al terrorismo y al narcotráfico internacional, en aras de una ilusoria internacional contra el imperialismo norteamericano?
Esta agenda también es clara y sencilla: socialismo del siglo XXI, a todo trance y pese a la derrota electoral del 2D. Revolución latinoamericana y mundial, cuyo eje central, según la ideología bolivariana, pasa por el establecimiento de la Gran Colombia. Como corolario, las FARC ya son gobierno en Venezuela.
Esta agenda oficial deja sin efecto todas las anteriores.
(*) Luis Marín, Abogado y politólogo venezolano. Graduado en la Universidad Central de Venezuela (UCV), Caracas, en 1981. Profesor de la UCV (1988-1998) /
E-mail: lumarinre@gmail.com
Artículos del autor:
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