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El vocero del Consejo Nacional Electoral, Vicente Díaz (VD), súbitamente convertido en ideólogo de la Nueva Oposición, ha popularizado su teoría de los tres mitos, quizás inspirado en las anteriores "3 etapas" de la oposición que lanzó Petkoff y anticipando la táctica de las "tres R" que hoy pregona el régimen, todos a tono con la llegada en estos días de los -también tres- Reyes Magos.
Los tres mitos que se derrumbaron con el resultado del referéndum del pasado 2D son según VD: que Chávez es un dictador; que la oposición es golpista y que el CNE no es imparcial. Teoría con la que VD demuestra, para sorpresa de todos, que puede ser peor propagandista que rector del CNE.
Mito 1: Chávez es un dictador
Si reconocer el resultado adverso de un referéndum demuestra que un gobernante no es un dictador, el paso siguiente es explicar cómo es que los socialistas, gremio al que pertenece VD, siguen llamando dictador a Pinochet, mientras simultáneamente lo esgrimen como ejemplo de que es posible sacar dictadores del poder mediante procedimientos electorales.
Como se sabe, Pinochet reconoció la victoria del NO en el plebiscito celebrado el 5 de octubre de 1988, mediante el cual perdió la presidencia y se abrió el período de transición hacia la democracia en Chile el año siguiente.
Hasta un rector del CNE debería saber que un estado dictatorial es aquel en que todos los poderes públicos se reúnen en manos de un jefe (Führerstaat), como tristemente ocurre hoy en Venezuela. También que ninguna teoría de la dictadura sostiene que la condición de dictador depende de aceptar o no el resultado de un referéndum, tanto menos cuando es favorable a la continuación de su mandato.
Todo indica que de no haber aceptado el resultado que era el más conveniente para la supervivencia del proceso, entonces sí que hubiera dejado de ser un dictador y hubieran salido a la palestra quienes tienen la sartén por el mango.
Mito 2: la oposición es golpista
Más incomprensible resulta la afirmación de que el resultado del 2D derrumba el mito de que la oposición es golpista, sobre todo porque no aclara quien sostiene ese mito, salvo el mismo régimen al que VD pertenece.
Esta interpretación depende, por supuesto, de qué se entiende por oposición y qué por golpista. La verdad es que los golpistas están en el gobierno, no en la oposición; pero además, el Bloque del NO, financiado por el CNE, tampoco es la "oposición", como no sea una oposición oficial, gobiernera. Tampoco está allí la oposición que el régimen llama golpista, sino la colaboracionista.
A menos que VD insinúe que Baduel, Marisabel y PODEMOS son "oposición" o que Teodoro, Rosales y Borges, hayan sido considerados alguna vez como "golpistas". No, de ninguna manera: son oficialistas y colaboracionistas, respectivamente. La oposición auténtica está en la mitad de la población que se abstuvo de participar en la comparsa organizada por el régimen a través del CNE. Esa oposición sigue siendo "golpista", no es mito, ni se ha derrumbado.
Mito 3: el CNE no es imparcial
El triunfo del NO en las condiciones en que se produjo no es menos fraudulento y oscuro que una eventual victoria del SI. El sistema electoral sigue siendo exactamente el mismo, cualquiera que sea la opción que haya ganado el referéndum.
Se ha denunciado hasta la saciedad la adulteración inverosímil del registro electoral permanente (REP), el sistema perverso de identificación y extranjería, los doble y triple cedulados, el millón trescientos mil votantes fantasmas, las migraciones inconsultas, la conformación de mesas con adeptos al oficialismo, la alta incidencia de funcionarios interinos, los votantes difuntos y vivos dados por muertos, la lista de elegibles convertida en lista de excluibles, en fin, tantas denuncias documentadas sin que el CNE se haya dignado a darles ninguna respuesta satisfactoria, como no han entregado los escrutinios mesa por mesa, ni un padrón electoral oportuno.
Asimismo, las críticas al sistema de votación automatizado con máquinas de lotería, manejadas por una empresa tan cuestionada como Smartmatic; la testarudez en utilizar las máquinas capta huellas sin explicar para qué sirven en realidad; la ausencia de un escrutinio exhaustivo, del 100%, de manera visible y verificable; en fin, la falta de transparencia del procedimiento, la toma de la CANTV y del sistema de transmisión de datos, tampoco han recibido ni siquiera una mínima atención.
El derecho de petición de electores individuales y organizaciones civiles, como la Red de Veedores de la UCAB, pero también de organizaciones y partidos políticos ha sido ignorado por la directiva del CNE con idéntico desdén y sin apelación posible ante ninguna instancia imparcial.
¿Qué cambia por el hecho de que se haya impuesto de manera igualmente arbitraria y oscura el triunfo de la opción del NO? Las cifras dadas por el CNE son tan inconsistentes que resultan imposibles de creer, de manera que ni siquiera exhiben alguna eficacia técnica, que sea respaldada por instituciones confiables, como las universidades o vigilantes cívicos como SUMATE.
La directiva del CNE, a la vez que califica de "infames y aventureros" a sus críticos, se exhiben dándose besos y abrazos con los miembros rojo-rojitos de la Asamblea y reciben manifestaciones de gratitud del comandante en jefe, que contrastan con el trato que le da a quienes no son sus incondicionales, incluso a los resultados que no le gustaron.
El triunfo del NO lejos de ser un aval para el CNE, pone de relieve una tensión de fuerzas que no pudo ocultarse completamente a la vista del público.
En resumen, si hubiera que elegir por dónde comenzar a desmontar el aparato de dominación totalitario configurado por todos los poderes públicos dominados por el Ejecutivo, más que por la Asamblea Nacional o el TSJ, habría que comenzar, sin ninguna duda, por el CNE, primera línea de frente levantada contra la soberanía popular.
¿Es posible asistir a elecciones de alcaldes y gobernadores, de la Asamblea Nacional y eventualmente del Presidente de la República con este sistema electoral? Los partidos políticos confían en sus habilidades para moverse en un medio fraudulento y obtener resultados, aunque sean amañados, algo que repugna y espanta a los electores decentes y los aleja de la política como de una peste.
El CNE se identifica como el primer enemigo de la democracia en Venezuela.
(*) Luis Marín, Abogado y politólogo venezolano. Graduado en la Universidad Central de Venezuela (UCV), Caracas, en 1981. Profesor de la UCV (1988-1998) /
E-mail: lumarinre@gmail.com
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