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Caracas / Venezuela -
 


La frustración de una fecha memorable
Humberto Decarli* / El Mundo (Venezuela) - 26/01/08

Acaba de celebrarse el quincuagésimo aniversario del 23 de enero de 1958. Una fecha siempre recordada porque pudo haber sido un hito histórico importante y devino en caricatura. Lo afirmo a contrapelo de los criterios tradicionales sostenidos en esta materia que lo aprecian como un momento estelar en nuestra historia contemporánea.

En efecto, la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez se produjo en un momento de crisis donde los factores de poder decidieron sacrificarlo por estar desgastado. Así, los empresarios estaban inconformes con su administración porque las dificultades económicas impedían descontar en las bolsas internacionales los papeles del Estado venezolano. El Alto Clero cambió de posición y la homilía de Monseñor Arias Blanco contribuyó al derrumbe del régimen.

Las fuerzas armadas eran el eje del general de Michelena y se fracturaron por la acumulación de desaciertos surgiendo innumerables conspiraciones culminadas con el alzamiento del coronel Hugo Trejo el primero de enero de 1958 y la presión sobre el dictador hasta su mutis el día 23. No hubo división de fondo entre los militares y prueba de ello fue que un hombre vinculado a esa administración, el Vicealmirante Wolfgang Larrazábal, fue el escogido para encabezar la junta de gobierno. Asimismo, dos oficiales perezjimenistas, Roberto Casanova y Romero Villarte, fueron integrantes originales de la misma y la presión popular los retiró para reemplazarlos por dos empresarios de un mismo grupo económico, Eugenio Mendoza y Blas Lamberti, quienes lograron el cobro de sus acreencias contra el Estado.

Sin embargo, hubo auge de masas y las movilizaciones promovidas por la Junta Patriótica demostraron protagonismo popular. Mas esa iniciativa fue pronto sustraída de la dinámica política en beneficio de las cúpulas por las maniobras de los sanedrines empresariales, militares, sindicales, religiosos y partidistas.

Los líderes que resistieron a la dictadura no fueron quienes dirigieron al país.
Simón Sáez Mérida, secretario general de A.D, en la clandestinidad, fue erradicado por la vieja guardia cuyos integrantes venían de exilios dorados. Fabricio Ojeda, cabeza de la Junta Patriótica, no fue tomado en cuenta en la provisionalidad de la Junta de Gobierno. Los comunistas, quienes participaron activamente en la lucha, fueron segregados posteriormente por Rómulo Betancourt.

El corto interinato fue recordado por el “Plan de Emergencia”, un programa de corte populista para contener la marmita social y al haber elecciones se impuso el líder de Guatire quien tenía claro el panorama al poner en práctica un acuerdo con sus pares de COPEI y U.R.D., Rafael Caldera y Jóvito Villalba. Venezuela se introdujo en la democracia representativa porque el esquema militar no era eficaz para quienes dominaban al mundo.

Retrospectivamente podemos considerar inútil la manida unión cívico-militar. Su resultante fue un esquema de poder que despilfarró varios planes Marshall, promovió la política represiva de la Escuela de las Américas, estimuló la corrupción y lo más importante, ni siquiera pudo resolver los problemas básicos del venezolano. El actual gobierno representa, además de su continuidad, el aderezo castrense propio de las época gomecista. Es lamentable pero el 23 de enero pudo haber sido la palanca para que Venezuela entrara en otra dimensión política y no en el largo túnel atravesado desde entonces.

 

 

[*] Humberto Decarli / E-mail: hachede@cantv.net



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